Mes: abril 2016

Making home, de la Mixteca a Tijuana

Por: Verónica Builes Carmona

La pregunta por el habitar, es, como plantea Giglia (2012), indagar por la relación del ser humano con el mundo desde la perspectiva del espacio, la cual, en el marco de los estudios sobre la migración, ha sido en ocasiones limitada como simple contexto o escenario de fondo sobre el que se desenvuelven fenómenos sociales, culturales, políticos, económicos, religiosos, entre otros, sin profundizar sobre el papel que desempeña dentro de estos procesos el espacio en el que se recrean y la relación que establecen los individuos con éste. Es por ello que en este escrito quisiera tratar de manera breve la relación que construyen y establecen los habitantes de la colonia Camino Verde en Tijuana, originarios del municipio de San Miguel el Grande en Oaxaca, con sus propios hogares, y el proceso de construir el hogar o making home que Bonhomme define como “el proceso de asentarse y hacer del lugar donde viven su propio espacio, a través de las posesiones del hogar y prácticas cotidianas” (Bonhomme, 2011 citado en Bonhomme, 2013:2).

El hogar entonces se presenta como una ventana que nos puede dar luces para entender los procesos a partir de los cuales los migueleños, que ahora están establecidos en Tijuana, han comenzado a apropiarse de este nuevo lugar, y van materializando sobre él los cambios particulares que ha sobrellevado la experiencia migratoria en su identidad individual y social, estableciendo dinámicas particulares en sus entornos íntimos y más cercanos, a partir de las prácticas, de los objetos y de los afectos. En las casas, como menciona Calderón (2009, 2010) los migrantes representan su movilidad, ya sea desde la intimidad como estrategias para reactivar la memoria y los sentidos de pertenencia en un contexto extraño, o hacia el exterior en los lugares de origen, como forma estética y performativa de representar y exponer sus trayectorias y logros personales ante el grupo.

La historia de migración de mixtecos hacia la frontera noroeste de México tiene antecedentes que se remontan a la década de los sesenta debido a la implementación del Programa de Braceros entre México y Estados Unidos que finaliza en el año 1964, no obstante, la migración masiva de mixtecos hacia el norte se consolida en la década de los años setenta gracias a la demanda de mano de obra en el trabajo jornal de los campo agrícolas en los estados de Sinaloa, Sonora, Baja California y en el oeste de los Estados Unidos en California, Oregón y Washington (Velasco, 1995,114), según esta autora es en esta década que se comienza gestar un tipo de migración más familiar e incluso comienzan a presentarse matrimonios mixtecos en la ciudad.

Para el caso de la comunidad proveniente de San Miguel el grande, de acuerdo con la investigación realizada por Velasco (2010), la población de este municipio ubicado en el distrito Tlaxiaco de la alta mixteca, comenzó a emigrar de manera significativa en la década de los años 50 con destino a el estado de Veracruz y al Distrito Federal y más tarde, en la década de los 60 y 70 se extendió hacia el norte del país, en Sinaloa, La Paz, y finalmente San Quintín (2010, 105). Según cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo) en 1990 retomadas por Velasco (2002) el municipio de Tlaxiaco se identificaba como uno de los mayores centros de expulsión de población hacia ciudades al interior del país, junto con Silacayoapan, Tlacolula, Nochixtlan (2002, 56).

La colonia Camino Verde, donde se encuentra el bastión más grande de migueleños en Tijuana, se encuentra ubicada al sureste de la cuidad cerca de uno de sus principales nodos comerciales  (la 5 y 10). La composición interna de la colonia, su organización, división, calles y casas corresponden a su origen a partir de la invasión, en el que los terrenos eran fraccionados y vendidos por los líderes sociales que llegaron a la zona, y posteriormente fueron renegociados por y entre los vecinos. Actualmente la colonia posee servicios urbanos como luz, agua drenaje, y la mayoría de sus calles se encuentran pavimentadas, esta regularización de la colonia se dio a mediados de los 90 y en el 2000 (Félix, 2014, 105).

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Colonia Camino Verde, Tijuana

Foto: Archivo personal, trabajo de campo 2015.

Heidegger (1951) en su ensayo “Construir, habitar, pensar” plantea que el construir y el habitar son dos prácticas dialécticas que coexisten. Construimos en tanto habitamos y el construir mismo es por sí un habitar. En el caso de los migueleños el proceso de construir sus hogares ha estado íntimamente ligado al proceso de establecimiento de relaciones en y con la ciudad, a su vivencia de la misma, y su territorialización en ella. Bonhomme plantea que el migrar implica una reconfiguración en la identidad de las personas, una “transformación de [una segunda] piel” (Bonhomme, 2013:3). Un proceso de construcción y transformación de los espacios en el habitar mismo que influencia y transforma no solo el entorno sino también al sujeto, afectándose mutuamente.

La construcción de esta segunda piel para los migueleños con quienes trabajé no ha sido un proceso sencillo, ha implicado ritmos, estrategias económicas, la activación de formas solidarias en las pertenencias grupales, el aprendizaje de nuevas técnicas, el uso de diferentes materiales, etc. La construcción del hogar funge como metáfora materializada del proceso de ajuste que atraviesan estas personas en el establecimiento de redes sobre la ciudad, de su aprehensión y apropiación. Así como uno de los marcadores que definen la decisión de establecerse de manera sino definitiva, por lo menos a largo plazo en la ciudad. Aún cuando la mayoría de los proyectos migratorios de estas personas a su llegada, contemplaba el retorno como cercano.

La gran mayoría de las viviendas en las que hoy habitan los migueleños que viven en Camino Verde, son autoconstruidas lo que ha implicado un proceso mucho más lento que la adquisición de una propiedad ya construida, y el ejercicio de una serie de estrategias económicas que les han permitido, a través de la activación de los vínculos familiares y de paisanazgo, hacer posible en términos económicos la construcción.

Dentro de las razones por las cuales se opta por la autoconstrucción, por ejemplo, para quienes llegaron a la colonia durante el proceso de invasión de predio, el carácter informal y el “todo por hacer” no solo de sus propios hogares, sino también de espacios públicos. En el caso de otros migueleños que llegaron a la colonia más tarde, la decisión de construir por sus propios medios sus hogares ha estado motivada por diferentes aspectos, dentro de los que encuentro como principales: el interés de asentarse cerca de sus familiares y conocidos; los escasos recursos económicos y las pocas posibilidades de acceder a apoyos gubernamentales o de instituciones bancarias; y finalmente la valoración de lo “construido por uno mismo” y a la mala percepción que otorgan a las construcciones de interés social como las ofrecidas por instituciones como Infonavit[1]. Razones que no son excluyentes entre sí, y que de hecho se encuentran por lo regular aunadas unas con otras.

El mantenimiento de las relaciones de familiares y de paisanazgo cercanas espacialmente, brinda también para los migueleños una serie de estrategias que ponen en funcionamiento al momento de construir sus hogares y reducir los gastos económicos que dicha inversión implica. Dentro de estas estrategias se encuentra, por ejemplo, el contratar trabajadores que sean paisanos o familiares – la construcción es uno de los oficios en los que regularmente se desempeñan los mixtecos- que cobran tarifas inferiores a las regulares, a cambio de comida y bebidas durante la jornada laboral. De igual forma, entre familias o grupos de conocidos cercanos, pueden funcionar sistemas retributivos enfocados en la construcción de las viviendas, sea a través de montos de dinero, materiales para la construcción, o con trabajo. Así, cuando uno de los miembros de la red decide realizar un trabajo en su casa, los demás le dan dinero, material o jornadas de trabajo, y una vez el dador decida trabajar en su casa, los demás deberán regresarle lo que les haya sido dado. Este sistema funciona se asemeja de alguna manera al funcionamiento de la gueza, en la que los asistentes de un evento o festejo llevan al anfitrión una gueza, comúnmente son alimentos, y cuando quien haya dado la gueza haga un festejo, quien lo recibió deberá regresarlo, hay quienes incluso, así mismo, este sistema de retribución de pone en ejercicio frente a un nuevo fenómeno social, la construcción del hogar.

La primer casa que se construye, que por lo general es en materiales de bajo costo y poca resistencia, como madera e incluso madera reciclada de estibas o puertas de garajes, es en forma de cubo y con pocas divisiones internas. Los interlocutores encontraban sincronías entre estas formas de las viviendas con las casas en San Miguel el Grande que por lo general están compuestas de dos construcciones en madera de murillo. Una casa chica que corresponde a la cocina, donde se encuentra el fogón de lumbre, y una casa grande, que funge como dormitorio de los integrantes de la familia, de igual manera, sin muchas divisiones.

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Vivienda en construcción, Camino Verde-Tijuana

Foto: Archivo personal, trabajo de campo 2015.

Una vez comienza la construcción de la casa en material, el diseño de la misma comienza a alejarse cada vez más del patrón de construcciones tradicionales de San Miguel el Grande, y comienzan a asemejarse más a las construcciones citadinas de dos o más pisos –construcciones verticales con relación al crecimiento de las familias- con divisiones internas, espacios comunes y espacios privados para cada miembro del hogar.

El diseño de las viviendas parte de la idea de “la casa soñada”, el proyecto inicial para el cual el proceso es largo y pocas veces termina siendo fiel a esta primera proyección. Para ello las familias se imaginan como quieren los espacios, cuántos cuartos, dónde debe estar la cocina, la sala, etc. En algunos casos reciben asesoría de personas en el medio de la construcción, sean familiares que les asesoren en materiales y técnicas, o arquitectos para quienes trabajan que les ayudan a hacer los planos para sus viviendas.

Para el diseño los referentes son recolectados a partir de las trayectorias migratorias, el ver cómo son las casas en la ciudad, qué sirve y qué no, qué es posible conservar de las formas de las viviendas en San Miguel el Grande, y cómo se puede adaptar al espacio en Camino Verde, o cómo construyen en la ciudad, cómo trabajan la tierra tan diferente o la accidentada geografía. Así por ejemplo, el uso de llantas recicladas para compensar las inclinaciones de los terrenos o sostener la tierra, es una práctica característica en la ciudad, y ha sido adoptada también por los migueleños en sus propias viviendas. Esta particularidad en los materiales de construcción es constante en Tijuana, donde gran parte de las casas de las zonas periféricas de la ciudad y de estratos socioeconómicos bajos, son construidas con materiales reciclados como puertas, rejas, o llantas para nivelar los terrenos en pendiente.

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Casa de mixtecos altos en Camino Verde – Tijuana

Foto: Archivo personal, trabajo de campo 2015.

Durante este proceso de construcción del hogar, transcurre a la par la vida de estas personas en la ciudad se va desarrollando y consolidando, nacen sus hijos originarios de Tijuana, crecen y se socializan en el contexto de la ciudad, los padres se establecen laboralmente o conocen mejor el ámbito laboral de la ciudad, establecen redes de apoyo y amistad entre paisanos, participan de actividades comunitarias, conocen, reconocen, viven y apropian la ciudad, y la vivienda pareciera ser el registro materializado de dicho proceso.

El fogón de leña, los tenates, el molcajete, la comida, los tejidos, entre otros objetos que ocupan sus viviendas, han viajado con ellos desde Oaxaca, y aún cuando el motivo para traerlos sea su utilidad en ámbitos como la cocina, representan también vínculos emocionales con un modo de vida, una tradición, un territorio. A través de estos objetos, del uso de los espacios, de su marcación, de hábitos como la siembra en pequeñas macetas, la reutilización de los desechos orgánicos como abono, y otras prácticas cotidianas en el espacio íntimo que estas personas mantienen vivo el vínculo entre su lugar de origen y su lugar de habitación.

En el discurso de las estas personas la añoranza y la nostalgia están constantemente presentes, el asociar a Oaxaca como lugar de tranquilidad, de bienestar, de buena calidad de vida, empero, Tijuana se configura como lugar de oportunidades, de trabajo, y muy especialmente, el lugar donde nacieron y/o crecieron sus hijos, aspecto que se torna determinante ante la pregunta por el retorno. San Miguel el Grande comienza a aparecer entonces en los discursos como el lugar de origen, el lugar de añoranza, pero difícilmente el lugar de retorno en un futuro, a él se regresa en épocas vacacionales, cuando el calendario laboral de los padres y escolar de los hijos lo permite, se regresa para descansar, para visitar a los tíos y abuelos, para dar a conocer a sus hijos el lugar donde crecieron sus padres, o se regresa ocasionalmente para cumplir con su servicio como mayordomo –en muchas ocasiones delegan a alguien que viva en el pueblo y le pagan por su labor—.

Pero también se regresa a San Miguel para llevar un poco de Tijuana a él, para transformar el territorio con el bagaje de la historia que han recorrido en la ciudad, se recuperan las casas iniciales, se mejoran las condiciones, se convierten en espacios destinados a recibirlos cuando la ciudad se los permita, pero con las condiciones y comodidades que la misma ciudad les ha brindado. No solo a Tijuana ha llegado un poco de San Miguel el Grande, no solo Tijuana se ve transformada en su configuración social, cultural y en su forma urbana por la migración de mixtecos. También los pueblos de origen se han trasformado en este proceso, y las arquitecturas del hogar son una muestra de ello.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Bonhomme, Macarena, y Carolina Stefoni, 2013a, La construcción de hogar de migrantes peruanas en Chile. Santiago: XXIX Congreso Latinoamericano de Sociología – ALAS.
  • Bonhomme, Macarena, 2013b, Cultura material y migrantes peruanos en Chile: un proceso de integración desde el hogar, en Polis, Revista Latinoamericana, 12, nº 35 (2013): 63-84.
  • Giglia, Ángela, 2012, El Habitar y la Cultura, Perspectivas teóricas y de investigación, 1ª ed., España, Antrhopos – Universidad Autónoma de México.
  • Heidegger, Martín [conferencia], 1951, “Construir, habitar, pensar”, Darmstadt, en <http,//www.geoacademia.cl/docente/mats/construir—habitar—pensar.pdf>, consultado el 15 de jun de 2015.
  • Velasco, Laura, 2010, Tijuana Indígena, Estudios sobre las condiciones de vida e integración social de la población indígena a la ciudad, 1ª ed., México Cuadernos de Investigación, Comisión Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indígenas.
  • Velasco, Laura, 1995, Entre el jornal y el terruño, los migrantes mixtecos en la Frontera Noroeste de México, Nueva Antropología, XIV(47), 113–129.

[1] El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) encargado de otorgar un crédito para la obtención de vivienda a trabajadores, entre otras labores.

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La Ley de Migración y el Programa Especial de Migración mexicanos a la luz del Consenso de Montevideo*

 Por Alondra Alejandra Ambriz Nava

 

Las políticas de migración del Estado mexicano surgieron por la necesidad de <poblar> el territorio nacional por la visión desarrollista del mandato de Porfirio Díaz. Con la promulgación de la Ley de Inmigración de 1908 se sentaron las bases para la construcción de políticas de población nacionales. A pesar de que el desarrollo de toda legislación debe responder a cambios de orden económico y político, durante mucho tiempo en materia migratoria la mejor postura fue “no tener política”.

En pleno siglo XXI y bajo el reconocimiento explícito de la importancia que el fenómeno migratorio tiene a nivel individual y social, la agenda pública global y regional ofrecen protocolos y recomendaciones a los Estados sobre cómo abordar la migración internacional.

Este documento plantea una reflexión en torno a si los principios y recomendaciones del Consenso de Montevideo están o no reflejados en la política pública mexicana, específicamente en la agenda migratoria nacional.

Se sostiene como premisa que en materia migratoria se ha avanzado hacia la correspondencia entre la agenda nacional y los preceptos insertos en el Consenso de Montevideo. Se profundiza sobre la medida prioritaria: “La migración internacional y la protección de los derechos humanos de todas las personas migrantes” del Consenso y se reflexiona sobre cómo esta aparece en mayor o menor grado en la Ley de Migración (2011) y en el Programa Especial de Migración (2014-2018).

El Consenso de Montevideo y la medida prioritaria de migración internacional

El Consenso de Montevideo (2013) es resultado del trabajo conjunto de los representantes de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas quienes en la Primera Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, celebrada en la capital uruguaya, aprobaron un documento cuyo propósito es reforzar la importancia de los “temas de población” en las agendas nacionales.

Dicho documento propone dar continuidad y reafirmar los compromisos de “El Cairo, 1994”. Plantea una serie de principios generales sobre los que se sustentan ocho temas prioritarios, destacando que la integración de la población y su dinámica en el desarrollo sostenible con igualdad y derechos humanos es el pilar sobre el cual deberán construirse las políticas públicas para combatir los problemas que aquejan a la región.

Estos principios aparecen de manera transversal en las ocho medidas prioritarias, así en relación con la medida prioritaria sobre migración internacional y protección de los derechos humanos de las personas migrantes se acordó considerar los elementos de este fenómeno para las agendas y estrategias mundiales, regionales y nacionales. Se pueden resumir los acuerdos en la importancia de brindar asistencia y protección a las personas migrantes, respetar sus derechos y promover la suscripción de convenios bilaterales y multilaterales de seguridad social que incluyan a los trabajadores migrantes.

La tarea fundamental emanada del Consenso es evitar la criminalización de la migración y fortalecer la cooperación de los países de origen, destino y tránsito para garantizar el acceso a servicios básicos como son salud sexual y reproductiva y dando especial énfasis en menores, refugiados, mujeres y migrantes irregulares.

En este sentido, una declaración de voluntades nacionales tan amplia no sólo en el tema migratorio sino en los ocho temas fundamentales que establece el Consenso, resulta lógico cuestionarse ¿cómo se logrará llevar estos intereses a la agenda pública para que modifiquen en status quo de la realidad? En un primer esfuerzo por avanzar hacia responder esta interrogante y emanado del Consenso está la Guía operacional para la implementación y el seguimiento del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo. En ella el tema migratorio aparece en nueve medidas que abarcan de la 66 a la 75.

Observando su contenido, me gustaría rescatar la medida 69. Esta propone acumular años de trabajo para que los inmigrantes puedan acceder a la seguridad social, es una medida justa y que de proceder ayudaría a las familias migrantes otorgando una seguridad de cobertura médica y de pensión. Es una medida concreta, cuyos indicadores son bastante claros. Sin embargo, su implementación implicaría un esfuerzo mayor por replantear el sistema actual de seguridad social para que brinde cabida efectiva y no sólo en términos de “cobertura” a esta población, lo cual dado el proceso de desmantelamiento de los sistemas de seguridad social en México y en países como Colombia y Brasil, resulta complejo e incluso ilusorio.

Por su parte, la medida número 70 incorpora los principios de “coherencia y reciprocidad” para tratar distintas situaciones, entre ellas el retorno y la seguridad en los mecanismos de transferencias monetarias. Señala como meta contar con una legislación que incorpore estas temáticas en el qué hacer público, tarea hasta ahora pendiente en nuestro país.

Me parece importante subrayar que el Consenso invita a brindar asistencia y protección a las personas migrantes, independientemente de su condición migratoria, para lo cual sugiere posibles líneas de acción entre las cuales quero destacar: “promulgar la legislación nacional específica sobre los derechos de las personas migrantes y los reglamentos, normas y protocolos de atención necesarios para su aplicación” y “elaborar políticas y programas específicos que tengan en cuenta la condición intersectorial de la atención a los migrantes” (CEPAL, 2015:111).

En un primer esfuerzo analítico, vamos a reflexionar cómo estos principios están en mayor o menor medida en la legislación actual mexicana en materia migratoria.

Agenda migratoria mexicana reciente: hacia una postura de Estado

La cuestión migratoria ha sido parte fundamental en la historia de las políticas de población de nuestro país, desde las medidas eugenistas heredadas de la Ley de Migración de los años treinta, hasta la incorporación de este componente en la Ley de Población de 1974, pero en 2011 hay un punto de quiebre al derogar los artículos referentes a migración internacional de dicho instrumento legal para orientar su contenido en la nueva Ley de Migración de 2011.

La Ley de Migración (LM, en lo sucesivo) sí bien fue promulgada como decreto presidencial dos años antes de la celebración de Montevideo, es a mi parecer un ejemplo de inclusión del tema migratorio en la agenda pública por reconocer como principio fundamental el respeto irrestricto a los derechos humano en el cumplimiento de su objetivo, que a saber es regular lo relativo al ingreso y salida de mexicanos y extranjeros del territorio nacional, así como su tránsito y estancia.

Su diseño bisca simplificar y ordenar los procedimientos migratorios, estableciendo las bases de la política migratoria que explicite las funciones y límites de las autoridades. Sin duda es para mí un ejemplo de la importancia de una visión sobre población y desarrollo, así como de un Estado que acepta fijar una postura y no solamente “dejar pasar” el fenómeno migratorio y sus implicaciones.

Por su parte, el Programa Especial de Migración 2014-2018 (PEM, en lo sucesivo) fue publicado en abril de 2013, surge como parte de la necesidad de reforzar el proceso de planeación, monitoreo y evaluación de la política migratoria, así como de los esquemas de coordinación entre los diferentes órdenes de gobierno y con una fuerte participación de la sociedad civil. Establece así las prioridades del tema migratorio en cinco objetivos, 26 estrategias, 195 líneas de acción y 11 indicadores. Una fortaleza de este instrumento es para mí la participación activa de la academia, de los migrantes mismos y sus familias. La participación de la sociedad civil organizada es el componente que lo hace destacarse por ser incluyente y participativo.

Nos proponemos a reflexionar en torno a estos dos instrumentos a partir de las primeras dos etapas del proceso de políticas públicas propuesto por Merino (2014) y tomando como referencia en el contenido al Consenso de Montevideo en el tema migratorio internacional.

Merino (2014), señala como fundamental la definición de los problemas públicos sobre los cuales el Estado desea intervenir, adoptando una postura específica y reconociendo las causales de dicho problema. En esta etapa se vuelve fundamental la argumentación técnica, política y social, señalando los valores sustentan la acción pública. En este orden de ideas, considero que tanto la LM como el PEM muestran una revisión estadística y contextual que deja en claro la importancia que el fenómeno migratorio tiene para México al ser país de origen, destino, tránsito y retorno internacional.

En el caso de la LM se ve a un Estado fuerte que retoma los principios del Consenso de Montevideo para evitar la criminalización de la migración irregular, pues desde su puesta en vigor ningún extranjero necesita comprobar a priori su estado legal para acceder a servicios o trámites. Por su parte en el PEM hay una mayor reflexión en torno a las causas que originan la migración internacional, así como de los efectos en los ámbitos económico, social y cultural, se especifica además la pertinencia del respeto y promoción a los derechos humanos de las personas migrantes.

Como parte de los valores que se promueven, creo que hay consistencia entre los dos instrumentos y el Consenso en el caso de que se esclarece que las personas (físicas u organizaciones) protectoras de los derechos de los migrantes son también objeto de derechos, pues es bien sabido que en nuestro país este sector ha sido vulnerado por su tarea[1].

El segundo componente de las políticas de públicas según Merino es el diseño de un mapa de ruta. Este aparece en la LM pues en ella versan los lineamientos de los procesos administrativos migratorios, estableciendo el plazo y garantías para su observancia legal, sin embargo, esto será un desafío en términos de lo que Merino señala como “adaptación de las funciones” de las diferentes agencias gubernamentales porque va implícito un proceso de transición hacia normatividad que implicará romper viejos vicios de los funcionarios públicos.

En este sentido, la LM establece quién hará qué: la Secretaría de Gobernación formulará y dirigirá a política migratoria; el Instituto Nacional de Migración la instrumentará e incluso implementará el servicio de profesionalización de los servidores públicos (artículo 20 de LM). Esperamos que esto permita eliminar la corrupción y no vigilancia de los derechos humanos al interior del organismo, pues no es un hecho desconocido los atropellos que su personal comete contra las personas migrantes.

Moviendo el reflector hacia el PEM encontramos una mayor definición y análisis de las limitantes que puede enfrentar, señala que se debe cambiar de paradigma hacia uno multidimensional, de largo plazo y garante del desarrollo de las comunidades involucradas, versa sobre la inclusión de la perspectiva de género y de otros elementos de poblaciones vulnerables. En mi opinión los cinco objetivos se corresponden cabalmente con el Consenso de Montevideo no sólo en el eje de migración sino en el referente a integración de la población en el desarrollo sostenible con respeto a los derechos, en el de niñez y juventud, e igualdad de género.

Los faltantes o elementos poco claros del PEM con respecto al Consenso son: cómo el Estado Mexicano promoverá convenios bilaterales de seguridad social con Estados Unidos; cómo articulará esfuerzos para enfrentar los desafíos de la migración irregular como país de tránsito; en qué medida incorporará los principios de “coherencia y reciprocidad” en la migración de retorno, más allá de programas de repatriación y cómo dará seguridad a los mecanismos de transferencias monetarias.

A manera de conclusiones

Para cerrar me gustaría comentar sobre las siguientes etapas del proceso de políticas públicas, aunque es pronto para hablar de resultados, se pueden poner sobre la mesa algunos elementos en torno al PEM.

En primer lugar, el “campo de batalla” es amenazante sobre todo la tarea articular al menos 19 dependencias federales con cada entidad federativa, además de generar una adaptación de las funciones de los trabajadores del INM en el marco de derechos humanos, cuando sabemos que la gran mayoría de agresiones a las poblaciones en tránsito son cometidas por elementos del INM y que los Grupos Beta no tienen los elementos legales para detener a los “polleros”, por ejemplo. En materia de evaluación, creo que once indicadores es un buen número, pero más allá del número rescato el que hay un piso del cual se parte y una meta de en dónde se quiere estar en 2018.

Finalmente, el carácter dinámico de las políticas públicas permite incorporar en la agenda pública temas emergentes, pero que en el caso de la migración internacional más que emergente es un tema clave y articulado con la discusión sobre desarrollo. Considero que si hay preceptos del Consenso en la agenda migratoria actual y si bien no resuelve todo, es un avance sólido, necesario y sobre todo perfectible.

 

Referencias:

CEPAL/CELADE (2013). “Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo”.

CEPAL/CELADE (2015). “Guía operacional para la implementación y el seguimiento del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo”. Documento de trabajo para la Segunda Conferencia Regional de Población y Desarrollo.

Merino, M (2013). Políticas Públicas. Ensayo sobre la intervención del Estado en la solución de problemas, CIDE, México Distrito Federal.

Sandoval, A (2014), “El ciclo de las políticas públicas de población”, en: Cecilia Rabell (coord.), Los mexicanos. Un balance del cambio demográfico, FCE, México, pp. 49-79.

Legislaciones

  • Programa Especial de Migración:

http://www.huellasmexicanas.org/alejandra/migracion-y-politica/PEM2014%20310114.pdf

 

[1] Ver el artículo 159 de LM

Es momento de dignificar a los deportados

Por José Israel Ibarra González

En esta aportación hago un llamado a las autoridades y a la sociedad civil para emprender una campaña nacional de dignificación de las personas que son deportadas de Estados Unidos. El principal argumento son las aportaciones que hacen al desarrollo de México gracias a su experiencia de vida internacional, que incluye la adquisición de educación en Estados Unidos (sobre todo entre los más jóvenes) y de competencias laborales en desempeños que tienen certificaciones internacionales.

Un segundo argumento es la deuda histórica que el país tiene con ellos, debido a que abandonaron el territorio nacional la mayoría de las veces forzados por las crisis económicas en México y la falta de oportunidades. Desde Estados Unidos mandaron remesas que sirvieron para tapar las carencias de un Estado Mexicano incapaz de combatir la pobreza sobre todo en las zonas rurales.

Esther

Doña Esther (derecha) es una mujer deportada de Los Ángeles que administra un exitoso negocio de tamales en el Centro de Tijuana. (Foto: Israel Ibarra).

Las estadísticas de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación de México indican que en el periodo de 2005 a 2015 (hasta octubre) fueron repatriadas de Estados Unidos a México a través de la Frontera Norte y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México 4 millones 753 mil 043 personas.

Cabe señalar que una persona puede ser repatriada varias veces, lo que también es criticable, ya que esa categoría no debería de existir. El investigador Héctor Padilla señala en su artículo de 2012 “¿Repatriado? Una historia de vida y su contexto” que hay dos tipos de deportaciones: 1) los “removals”, que son personas que tras vivir varios años en Estados Unidos son expulsados con una orden judicial, y 2) los “returns”, que son capturados en su intento de ingresar al territorio estadounidense y devueltos.

Padilla escribe que al juntar las dos categorías en repatriados el gobierno mexicano quiere verse, por una parte, como un Estado de ayuda humanitaria, y por otra, evita condenar a Estados Unidos por su política antiinmigrante y no ayuda a los mexicanos a enfrentar sus juicios de deportación.

De esta manera la campaña de dignificación debe enfocarse a los removals que vivieron en Estados Unidos y adquirieron un capital simbólico y en muchas ocasiones monetario que le pueden beneficiar a México.

Cabe hacer mención que con la Ley de Responsabilidad Inmigrante y Reforma a la Inmigración Ilegal de 1996 en Estados Unidos (Illegal Immgration Reform and Immigrant Responsibility Act of 1996, IIRIRA)  las deportaciones pueden darse por causa de una acusación delincuencial por parte del aparato de Estado Norteamericano, que puede ir desde una falta menor hasta una grave.

La gráfica histórica de los migrantes removidos de acuerdo al Anuario de Migración y Remesas 2015 basado en el Yearbook of Immigration Statistics: 1995- 2013, de la Office of Immigration Statistics. U.S. Department of Homeland Security, permite observar que de todas las nacionalidades, la mexicana ocupa el mayor porcentaje de deportaciones con un 72% y que un 46% de estos fueron removidos con falta administrativa o criminal.

Por este motivo existen autoridades, sobre todo las policiacas, que tratan de ensuciar el nombre de los deportados señalando que son delincuentes expulsados de Estados Unidos. Sin embargo, no son ni la mitad de los casos y de esos los de alta criminalidad son un porcentaje menor. Además una de las principales faltas es haber reingresado a suelo estadounidense para alcanzar la reunificación familiar tras la primera deportación. Una acción que considera criminal Estados Unidos.

Pero si se analiza legalmente ellos ya cumplieron sus condenas en suelo americano y si hubieran permanecido allá tienen derecho a la reintegración social. En México ni siquiera cuentan con antecedentes penales, están “limpios”, y muchos de ellos (hombres y mujeres) están aprovechando esta oportunidad para reiniciar sus vidas.

Muchos expulsados han decidido quedarse en México bajo la amenaza de los jueces de migración de Estados Unidos de que al siguiente reingreso les pueden dar hasta 5 años de cárcel. Gracias al idioma inglés y su experiencia laboral en Estados Unidos ahora son excelentes trabajadores en call centers, también en la industria maquiladora, la construcción ligera y otra serie de actividades económicas. Aunque su inserción social no les ha sido fácil después de pasar décadas en Estados Unidos, en algunos caso toda su vida porque llegaron niños, ahora están produciendo riqueza para nuestro país y es por eso que es necesario hacer una campaña de dignificación y ayudarles a que su vuelta a casa sea como se la merecen.

Actualmente hay una iniciativa para emprender una campaña  para dignificar a los deportados impulsada a través de la recientemente creada Dirección Municipal de Atención de Tijuana, sin embargo, a este esfuerzo deben sumarse las autoridades de todos los estados de México y ante todo el Gobierno Federal.

Diario de campo: Nador, marzo 2016

Por ANA BELÉN ESTRADA GORRÍN

El siguiente texto es parte de la notas del diario de campo de un viaje que realicé recorriendo el trayecto Motril/Melilla/Nador entre el 24 y 29 de abril de 2016 para realizar un diagnóstico de la situación de los migrantes de África Occidental en Melilla y Marruecos. En este documento he omitido nombres de personas o lugares concretos y fotografías para proteger la intimidad de estas personas. Al final del documento adjunto una bibliografía de referencia que palia el hecho de que mis datos sean sesgados.

Sábado 26 de Marzo: Nador

Mi propósito para Nador es encontrarme con migrantes en tránsito hacia Europa provenientes de los países de la región de África Occidental que utilizan la ruta que llega a Marruecos a través de la frontera de Argelia limítrofe con la ciudad marroquí de Oujda

Imagen 1

Imagen 2

Ilustración 5 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1a/Africa_map_regions-es.svg/300px-Africa_map_regions-es.svg.png
Imagen 3Ilustración 6 http://ichef1.bbci.co.uk/news/ws/624/amz/worldservice/live/assets/images/2015/05/29/150529135948_4_africa_to_med_sp.gif

Marruecos supone para estos migrantes un punto de estancamiento. Para llegar a las ciudades de Ceuta y Melilla los migrantes provenientes de áfrica occidental intentan cruzar a través de los saltos de valla, escondidos en coches o a través del mar. También cruzan en embarcaciones desde el valle del Rif, zona norte de Marruecos, hacia las costas del sur de España. Existen por tanto mafias que ayudan a realizar estos viajes clandestinos; los precios para cruzar en barco a las costas de España están sobre los 2000 euros; cruzar escondido en un coche sobre los 5000 euros (según testimonios de los migrantes). Los saltos de valla, y la entrada por mar a Melilla o Ceuta, son la única opción para las personas que no pueden pagar estos precios; hay que tener en cuenta que llegar hasta Marruecos supone un enorme presupuesto, sobornando a los controles fronterizos entre países.

Las fronteras de Marruecos están fuertemente militarizadas, mediante las alambradas y una gran vigilancia policial. Existen graves violaciones de los derechos humanos en el trato que se les da a los migrantes. En primer lugar el “rechazo en frontera” es una práctica amparada por la Ley de Seguridad Ciudadana creada por el gobierno español, y con el apoyo de Europa. Rechazo en frontera es un eufemismo para nombrar la devolución en caliente, es decir, si un migrante llega a saltar la valla y es interceptado por la Guardia Civil, existen unas puertas en la valla mediante la cuales estas personas son devueltas a las autoridades marroquíes. Se viola así los principios de ‘no devolución’ (devolver a ciudadanos a un país donde sus vidas corren peligro) y el derecho de asilo de toda persona (que los migrantes puedan pedir protección internacional antes de ser devueltos a Marruecos).

Por otro lado la policía marroquí, financiada por Frontex, agrede gravemente a los migrantes que intentan cruzar a Ceuta o Melilla, o que simplemente esperan en campamentos en zonas boscosas cercanas a la frontera en suelo marroquí. Estas agresiones llegan a causar la muerte a los migrantes, o les dejan graves heridas tales como piernas o costillas partidas. Como dije no se producen solo en los intentos de cruce, sino que además la policía marroquí quema los campamentos de migrantes en un bosque cercano a la frontera donde tienen sus asentamientos y los agrede.

El estado de las personas en tránsito provenientes de África Occidental en Marruecos es el de migrantes irregulares, los que les hace tener que esconderse de la policía y vivir en campamentos alejados de las ciudades. Durante 2014, tras la presión ejercida por algunas ONG´s, el gobierno de Marruecos abre un periodo de regularización “excepcional” de migrantes en situación administrativa irregular; eso sí, con unas exigencias difícilmente cumplibles por la población subsahariana. A este proceso de regularización se le puso fin repentinamente  en febrero de 2015, lo que fue seguido por el desalojo y una fuerte represión en los campamentos, expulsando a ciudades del sur de Marruecos a unos 1200 personas.

Teniendo esta información como contexto elijo viajar a Nador en Marruecos, frontera con Melilla, para poder contactar con estas comunidades migrantes. Conozco que los campamentos siguen existiendo en torno al Monte Gurugú, y que debido a la represión policial se han desplazado a otras caras del monte más alejadas de la frontera. He intentado contactar con asociaciones y ONG´s que trabajan en el terreno, son: la Diócesis de Tánger, con delegación en Nador, que presta ayuda humanitaria; y la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, sección Nador, que presta apoyo militante, es decir a través de abogados y por la defensa de los derechos humanos. La presencia de asociaciones es escasa en Nador, teniendo en cuenta que allí viven unos 2000 migrantes en unos 12 asentamientos; según me informan estas asociaciones. No tengo cita con estas personas hasta el lunes próximo, tampoco conozco la localización a los campamentos ni como llegar allí sin vehículo; así que decido simplemente caminar por la ciudad

Mi esperanza era encontrar alguna comunidad de personas de países de África Occidental que hubiesen conseguido regularizarse y viviesen  Nador. Pensé que era una buena idea indagar la posibilidad de que existiese un restaurante senegalés, o camerunés, por ejemplo. Camino por la ciudad, mis expectativas se van desvaneciendo ya que a simple vista la población de Nador parece muy homogénea. Tras unas horas caminando me encuentro, cerca de la estación de autobús, a un chico de piel negra vendiendo en la calle; le pregunto por lo del restaurante, la comunidad, en mi francés mal hablado, siento sin embargo que lo estoy violentando, le resulta extraña la pregunta. Me dice que no conoce nada parecido en Nador. Yo tampoco estoy segura de que mi modo de acercare sea adecuado. Sigo caminando. Tras dar algunas vueltas me siento en una plaza, pasa otro chico de piel negra, le pregunto por lo del restaurante, me dice que no sabe y que él es Marroquí. Empiezo a reflexionar seriamente sobre la preguntita, sobre mis propios prejuicios, sobre la simpleza de mis categorías de racialización, sobre la complejidad de la identidad que yo no he tenido en cuenta haciendo juicios solo a través del color de la piel. Sin embargo no se me ocurre nada mejor, aunque ya casi había pensado tirar la toalla. Pasa otra persona de piel negra, es un chico más o menos joven, le pregunto por el restaurante, la comunidad… me mira extrañado, se ve nervioso, mira además a todos lados. Dice que si hay africanos, pero que viven fuera, en un bosque. Que él ha venido a pedir dinero a algún turista, que necesita dinero para las medicinas de su hijo. Le digo que yo tengo medicinas (las había traído porque me las pidió una asociación) que se las puedo dar. Me dice que mejor nos vayamos de ahí “hay mucho policía y yo soy indocumentado, sígueme”, nos adentramos en un zoco de comida, por sus pasillos, él camina a dos metros delante de mí. Nos sentamos en un lugar donde sirven té.

El me ve como turista, yo soy para él una mujer blanca occidental que dedica su tiempo a gastar dinero en viajes. En este orden, primero soy mujer; es decir, alguien mezcla de persona y objeto; luego blanca occidental, es decir, me sobra el dinero. Me pregunta si estoy casada, creo conveniente decir que sí, aunque esto tenga un efecto moderado en su actitud hacia mí; luego insiste mucho en el dinero que necesita para las medicinas, lo cual es un llamamiento a mi supuesta sensibilidad hacia los derechos humanos y el sufrimiento de las personas, y mi posición económica. Para mí él es un hombre negro, inmigrante, pobre y mezcla de sujeto y objeto de una investigación. Ambos tenemos interés en conocernos. Es importante que esto quede claro en este texto, ya que antes de conocernos como dos tábulas rasas, están estas expectativas que han propiciado y modulado el encuentro entre nosotros. A través de la convivencia estás categorías se van matizando y enriqueciendo. También por el fuerte autocuestionamiento que este encuentro va provocando sobre mí, sobre cuál es mi posición.

Pedimos un té. Z me habla de sí. Es camerunés, vive en Marruecos desde hace dos años. Ahora en un bosque a quince horas caminando desde Nador. En el bosque viven también mujeres y niños. Tiene 26 años, el vino con su mujer y dos hijos, 7 años el más adulto, tiene además otro hijo que nació en el bosque. Estudió ingeniería civil en la Universidad de Duala, no pudo terminarla y además no encontró trabajo. Migró con su  familia, viajando en autobús, sobornando a los policías con dinero en las fronteras. Entra de Argelia a Marruecos por Oujda, se instala en el Gurugú. Intenta saltar la valla, me enseña una ceja partida, y me dice que tuvo que cortarse las rastas porque los policías siempre lo agarraban del pelo. Me habla de Europa, de los derechos humanos, pero en Marruecos dice, todo está muy mal. Me dice que en el Gurugú ya no se puede vivir desde hace un tiempo, que la presión policial es muy fuerte y que han tenido que mudarse a otro lado, más alejado de la frontera. Insiste en su temor hacia la policía de Marruecos, repite que ha caminado 15 horas por una carretera escondiéndose de los policías. Dice que si la policía lo ve lo apresa y lo envía a ciudades del sur de Marruecos, lejos de la frontera. Pese al peligro él viene a Nador, algunos turistas europeos que encuentra allí le ayudan. Las personas de Nador son racistas, me explica, no tiene más que algún par de conocidos con los que no intimida más allá del saludar. Él habla árabe, lo compruebo cuando saludad a alguna gente en la tetería del mercado. Me dice que no puede trabajar, no tiene modo de ganar dinero en Nador. Le digo que me espere y vuelvo del hostal con las medicinas y una tienda de campaña y un saco de dormir que había traído conmigo. Se lo doy, lo acepta. Me invita a ir con él al bosque para presentarme a otros amigos, acepto. Habla de la posibilidad de ir en bus y taxi.

Salimos del mercado y por las calles secundarias llegamos a una plaza donde hay personas vendiendo en el suelo, esperamos escondidos detrás de una palmera a un autobús urbano que nos lleva a X. Tardamos una media hora en autobús en llegar allí. En X me dice que tenemos que tomar un taxi colectivo para ir más cerca del bosque. Los taxistas lo conocen y saludan, hablan en inglés. Subimos al taxi, con otros cuatro viajeros más el conductor. Hacemos un recorrido largo por una carretera a los pies de una montaña muy verde.

En un momento del trayecto en el arcén de la carretera comienzan a verse más personas de piel negra. Dice algo al taxista, este detiene el vehículo, bajamos del coche. Tres chicos mas vienen a recibirnos, son sus amigos, también de Camerún. Me presentan. Caminamos por el arcén. Saludamos a una mujer, sentada allí, con un niño de apenas un año. Seguimos caminando, Z me dice que ahora vamos al “petit forest”, que el “grand forest” está más adentro de la montaña y que habría que caminar aún unas cuantas horas. Nos sentamos en el bosque a los pies de la montaña, se nos une más gente. Son amables conmigo, me preguntan si estoy casada y que si soy turista y hablamos de España. Viene R, un amigo de Z que habla español. Me dicen de ir a una cafetería a ver un partido de fútbol. Me parece una buena idea. Volvemos a la carretera, caminamos un poco y llegamos a una edificación aislada, con una piscina y un restaurante y detrás, no se ve desde la carretera, una especie de almacén al que entramos. Allí hay unas 40 personas más, me explican, el grupo con el que estoy, que los demás son de Senegal, Mali, Nigeria… y también viven en el bosque. Me invitan a un refresco, lo trae un camarero marroquí desde el restaurante. Me dicen que allí pasan mucho tiempo al día. No hablamos mucho, todos tienen mucho interés en el partido y yo me limito a observar, también me siento fuertemente desubicada. Hacemos varios brindis por España. Acaba el partido y me despido. Me acompañan a la carretera, me dicen que vuelva mañana, paran a un taxi y subo. Luego el bus. Durante el trayecto me cuestiono con intensidad que clase de “turista” soy.

Domingo 27 de Marzo: Nador.

Por la mañana despierto después de haber tenido una pesadilla. Quiero tomar el barco en el puerto pero cuando compruebo el horario el barco ya había salido. Desayuno. Decido que es buena idea volver a la cafetería. Me dispongo a ir allí en torno a las 15,00 de la tarde. Al tomar el taxi le pregunto al taxista que si me recuerda de ayer, porque yo no sabía cómo se llamaba el lugar, me dice que sí, me pregunta que si voy al “bosque de los negros”. Me deja en la carretera, de nuevo había muchas personas por el arcén. Bajo del taxi y llega Z a recibirme. Vamos con su grupo de amigos que estaban a un lado de la carretera y me dicen de ir a la cafetería, “aquí no podemos estar, es peligroso que la policía nos vea contigo”. Los sigo a la cafetería, es decir, al almacén detrás del restaurante, donde hay unas mesas y sillas de plástico. Hoy no hay partido aún, allí están más o menos el mismo número de personas que el día anterior, hoy mirando una película en el televisor, sin hablar entre ellos. Me siento en una mesa con las personas que conocí ayer, al parecer estoy con “los de Camerún”.

Tomamos un refresco. Hoy pude hablar mucho más con ellos. Z me hablo de sus hijos, del que seguía en el hospital, tenía la barriga hinchada y no podía comer, su mujer y otros hijos estaban allí. Le doy un número de teléfono e indicaciones de una asociación que le puede ayudar. Sin guarda sin mucho interés. Un chico de Senegal, de la mesa de al lado, me pregunta que de donde soy; de España, le digo. Comienza a hacerme muchas preguntas, su novia está en Barcelona. Él quiere saber donde puede trabajar en España en la agricultura, porque es agricultor. Otra persona de la mesa me habla de que han intentado saltar la valla a Melilla, me enseña una costilla rota y me dice que ya no le duele, pero que si le duele el hombro, también las piernas. Recuerdo que me había llamado la atención al verlo caminar. La policía marroquí había impedido que llegase a saltar, pegándole. Z me habla de la vida en el bosque, es muy dura “nadie nos ayuda allí, la policía nos quema los campamentos y tenemos que correr más adentro en el bosque cuando la policía viene”. R, el chico que habla español, me cuenta que va a cruzar a España en barco, lleva ahí cinco meses, antes vivía en Tanger. Está esperando el buen tiempo para cruzar. Hace poco tres amigos suyos que salieron desde el boque murieron en el mar. El tiempo aún no es bueno, el mar tiene muchas olas. “Es muy caro, hay que pagar a la policía de marruecos 2000 euros para que te dejen salir en el barco; algún amigo que se queda en tierra llama a salvamento en España para que nos recoja”. Por Libia es más barato, e cuenta R, 1000 euros. Libia está en guerra y hay más tráfico de personas por haber menos controles en las costas. Pero es mucho más inseguro, llenan los barcos más allá de su capacidad y no llevas chaleco salvavidas. Aún así muchas personas se han ido de Marruecos a Libia. R tiene dos amigos en Italia. Él espera el buen tiempo para cruzar, me repite muchas veces, España, ya sólo en dos meses.

Empiezo a notar su ansiedad. Miro alrededor, ahora la cafetería me recuerda a una sala de espera de algún puerto. Nadie habla, solo en la mesa en la que estoy. Me enseñan fotos, un amigo que está en París que salió del bosque. Otro amigo que está en Bélgica, también salió de allí, también lo consiguió. Brindamos “inshala España”. Alguien llama por teléfono, es la novia de uno de ellos que está en España. Me preguntan cosas de España, también conocen bastante, algunos más que otros. Me preguntan si la gente es racista allí. Hay un pequeño grupo de marroquíes cerca de la entrada que al parecer hablan sobre mí, según me informa R, cuestionan mi presencia allí, hablan en árabe con los cameruneses. R me dice que el camarero marroquí está sorprendido ¿Qué hace un blanco hablando con un negro? Vemos videos de música de Camerún. Han pasado algunas horas. Decido que es momento de volver.

  1. y R. me acompañan a la carretera. Conozco que la gente del bosque va a la carretera los fines de semana; los sábados y los domingos no hay una fuerte vigilancia policial, estás personas van allí y hay marroquíes que los ayudan con alimentos, ropa o dinero. Entre semana tienen que estar más escondidos. Mañana es lunes. Les digo que mañana lunes vuelvo a España por la noche, ahora estamos en contacto por internet. R me dice que en dos meses nos vemos en España. Me despido. Subo a un taxi. Vuelvo al hostal.

Bibliografía de referencia:

Informes recientes sobre la frontera marroquí con CEUTAY MELILLA

-ALECMA, rapport Migration subsaharienne au Maroc. Observation dans les régions du Nord et Sud suite à la mise en place de la nouvelle politique migratoire au Maroc, 2015

-AMDH Nador, rapport annuel sur la situation des migrants à Nador, 2015

-Amnistía Internacional, Miedo y vallas. Los planteamientos de Europa para contener a las personas refugiadas. 2015

-APDHA, Derechos humanos en la frontera sur, 2015

-HRW, «Abus et expulsions: Les mauvais traitements infligés aux migrants d’Afrique subsaharienne au Maroc », 2014

-FIDH & GADEM « Maroc: entre rafles et régularisations, bilan d’une politique migratoire indécise », 2015

-Migreurop/GADEM, Gérer la frontière euro-africaine. Melilla, laboratoire de l’externalisation des frontières de l’UE au Maroc, 2015

-MSF, Violences, Vulnérabilité et Migration : Bloqués aux portes de l’Europe. Un rapport sur les migrants subsahariens en situation irrégulière au Maroc, 2014

Filmografía

-Les messagers, 2014, un film de Laetitia Tura y Helène Crouzillat

-The land between, 2014, un film de David Fedele

-Hope, 2015, un film de Boris Lojkine

-Melilla: Apagón de los Derechos Humanos, 2015, un video de la asociación Prodein

-Hasta que se abran las puertas, 2015, un reportaje de Conectando, Cordoba Internacional TV

Tarajal, desmontando la impunidad en la frontera sur, un documental coproducción Observatorio DESC et Metromuster.

Nuestros morenos en el ‘Norte’

Por Lucía Ortiz Domínguez

A la comunidad Jaguar de la UAEM

Mis primeros acercamientos hacia la temática migratoria se encuentran anclados en mi tesis de licenciatura y de maestría sobre la Costa Chica. En aquellos tiempos, cuando realicé las investigaciones [que no fue hace mucho] fui testiga de dos momentos importantes de la dinámica migratoria internacional en la región. El primero, durante los primeros años de este milenio (2003-2005), presencié cómo niñas, niños, jóvenes y adultos dejaban sus lugares de origen para irse al ‘Norte’ [Estados Unidos] y rencontrarse con su familia, estudiar y/o trabajar. También, en ese entonces, los migrantes todavía podían regresar para la fiesta de Santiago Apóstol [celebrada en julio] la cual es una de las celebridades más significativas de la Costa Chica. Los migrantes estaban físicamente ausentes pero cultural y económicamente presentes.

El otro momento importante se dio años después (2010-2012), la migración cambiaba de rumbo y las personas estaban siendo deportadas y regresaban a su lugar de origen después de años y décadas de haber vivido en Estados Unidos. Había niños nacidos en el ‘Norte’ que eran enviados por sus padres para ser criados por los abuelos, los migrantes que pudieron permanecer en Estado Unidos se hacían presentes en las donaciones que mandaban en forma de remesas para las festividades de los pueblos, y los retornados eran acogidos por sus familias en las comunidades. Los norteños regresaban a su sur, y no siempre por decisión propia.

La Costa Chica me ha enseñado mucho, por ello quiero aprovechar esta participación en el blog de la CIEM para proporcionar algunos datos estadísticos sobre migración que resulten significativos para los pobladores que habitan la región y para quienes estén interesados en el tema.

Pero antes de pasar a los números [soy una antropóloga atípica] es pertinente decir que la Costa Chica es una región habitada por población de distintos orígenes históricos, sociales y culturales, es decir, la viven mixtecos, nahuas, amuzgos, mestizos y población de origen afrodescendiente o afromexicana. La región está comprendida por municipios costeros de Guerrero y Oaxaca, aunque sus delimitaciones van cambiando de acuerdo con la historia y las investigaciones. Una de las características representativas de la Costa Chica son sus habitantes de origen africano, considerados por la academia, algunas organizaciones sociales,  y ahora también por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística e Informática (INEGI) como afromexicanos o afrodescendientes. Aunque ellos se refieren a sí mismos de forma cotidiana como morenos, morenitos, prietos o negritos.  Es así, que aprovechando los datos que ha recopilado el INEGI sobre los morenos o afromexicanos de nuestro país quiero presentar algunas cifras sobre esta población relacionadas con la migración.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2015) en nuestro país 1,381,853 personas declararon considerarse negros, afromexicanos o afrodescendientes; y 591,702 habitantes consideraron tener estos atributos en parte. Si sumamos las dos cifras podríamos decir que en México casi dos millones de personas se autoadscriben como afrodescendietes ya sea completamente o solo en algunos aspectos.

Pero no todos los afrodescentienes que habitan el país son necesariamente mexicanos, es decir no todos son afromexicanos. Para saber qué porcentaje de esta población es nacida en México la separé de los extranjeros y obtuve que el 98.1% de los casi dos millones de afrodescendientes nacieron en México y solo 1.8% nacieron en el extranjero.

De los que nacieron en nuestro país, el 18.4% dijeron ser nativos de Veracruz, el 14.7% de Guerrero y el 13.2% de Oaxaca, estados que son considerados por los expertos como las entidades más representativas de albergar población afrodescendiente. Sin embargo, resulta que no todos los afromexicanos viven donde nacieron, la mayor proporción de esta población la podemos encontrar en el Estado de México (19.1%), Veracruz (16.7%), Guerrero  (13.6%), Oaxaca (11.8%) y la ciudad de México (10.5%). Esto nos habla de que tendencialmente ha habido una migración de esta población hacia el Estado de México, ¿será que en las próximas encuestas encontremos un incremento considerable de población afrodescendiente nacida en el Estado de México?

Sobre aquellos que nacieron en el extranjero (1.8% del total de los afrodescendientes) el 38% proviene de algún país del continente Americano con excepción de Estados Unidos, el 2% es de África,  el 2% es de  Europa y el 1% de Asia. Como ejercicio metodológico separé Estados Unidos del resto de países  pues fue el que presentaba una mayor proporción de población, y resultó que el 35.9% de los afrodescendientes nacidos en el extranjero y que ahora viven en México son de dicho país. Lo consideré importante porque pensé que seguramente esta población eran los hijos e hijas de migrantes de Estados Unidos. Para comprobar está suposición investigué la edad de estas personas y resultó que el 71.6% de la población de afrodescendiente nacida en Estados Unidos son menores de 18 años. Es decir, que este es un elemento más para seguir pensando que muy probablemente son aquellos niños retornados con sus padres aunque es algo que necesita ser investigado a mayor profundidad y que la Encuesta permite obtener información sobre ello.

Ahora bien, como sucede para muchos mexicanos, Estados Unidos o el ‘Norte’ también ha sido el principal destino migratorio de la población afromexicana. De acuerdo con la encuesta intercensal 2015 (INEGI) el 4% de los afromexicanos declararon haber vivido hace cinco años en Estados Unidos. El 69% de estos son hombres y el 31% mujeres.  El 22% de los retornados viven ahora en Oaxaca, el 21% en Guerrero y el 14% en Veracruz, lo cual nos dice que muy probablemente quienes más migran son los afrodescendientes de Oaxaca y de Guerrero, es decir aquellos que habitan en la Costa Chica.

Aunque la gran mayoría de estos morenos retornados declaran tener acta de nacimiento, hay un pequeño porcentaje que dice no contar con este documento y otros más dicen estar registrados en otro país.  Estas personas quizá se fueron de niños a Estados Unidos y ahora han tenido que retornar a su país de origen y no cuentan con ningún documento que los identifique. Pero una vez más esta es otra hipótesis que necesita un trabajo cuantitativo y cualitativo más profundo.

Como hemos visto, la movilidad de los morenos se da hacia el ‘Norte’ pero también hacia el interior del país, tal y como sucede con la mayor parte de los mexicanos, además responde a las dinámicas migratorias que se están dando a nivel nacional como el retorno. Las diferencias que este grupo puede tener con respecto a lo observado a nivel nacional las podemos captar a través de un buena investigación etnográfica o bien a partir de un análisis estadístico más detallado.

 Además, considero  que para tener una idea más general de la movilidad de la población que habita una región sería mejor agruparla sin importar su origen sociocultural, esto con el objetivo de entender sus dinámicas generales. Una vez teniendo esto ya podría hacerse una comparación entre grupos para descifrar algunas diferencias culturales o ¿ustedes qué piensan?

Fuente consultada:

INEGI (2015), Encuesta Intercensal 2015, INEGI

Charla: Mediterráneo, geopolítica y desarrollo

Estimados colegas,

aquí pueden ver la charla del pasado 10 de marzo organizada por nuestra Comunidad en colaboración con El Colegio de la Frontera Norte. La charla fue impartida por dos investigadores del Centro Studi e Ricerche IDOS, su Presidente Ugo Melchionda y su colaborador histórico Antonio Ricci que se conectaron desde Italia. Contamos además con la participación de la Dra. Rosío Barajas y de la Dra. Marlene Solis, quienes nos acompañaron con sus comentarios. Esperamos que sea de su interés y aprovechamos para agradecer la participación de Ugo y Antonio, y de las doctoras Rosío y Marlene.