Destino México. Un vistazo a la creciente inmigración de venezolanos

Por Lorena Mena Iturralde

lorenilla.mena820@gmail.com

Enero de 2017

Si en los años 70 del siglo pasado alguien hubiera presagiado que los venezolanos serían protagonistas de una estampida emigratoria décadas después, la incredulidad habría sido enorme ante tamaña predicción. En esos tiempos era impensable que alguien abandonara un país que, ante los ojos del mundo, era receptor de extranjeros por las oportunidades laborales que ofrecía, producto de su “oro negro” descubierto desde los años 30.

Su Historia reseña que este país cobijó a los republicanos españoles que huían de la España franquista, pues demandaba fuerza laboral especializada en hidrocarburos, y también que tras la Segunda Guerra Mundial llegaron extranjeros del sur de Europa: españoles [especialmente de Canarias y Galicia], italianos y portugueses a ocuparse en la agricultura y la construcción. Para los años 50, se sumaron profesionales, académicos y científicos, particularmente de Latinoamérica, entre los que destacan los cubanos; y en los 70, otra gran oleada de migrantes del Cono Sur [de Argentina, Uruguay y Chile que huían de sus dictaduras y crisis], y de países como Colombia, Perú y Ecuador, atraídos por la bonanza económica que provocó la escalada en los precios internacionales del petróleo (Maestres, 2011; De la Vega, 2003; González Ordosgoitti, 1991). Recuerdo, de hecho, haber conocido un pequeño poblado de Manabí, en la costa ecuatoriana, habitado solo por adultos mayores que cuidaban a sus nietos, porque sus hijos llevaban años en esa nación petrolera y les enviaban remesas.

Venezuela era, sin duda, el ‘sueño sudamericano’. Pero su panorama empezó a cambiar en los 80, ante los declives de los precios del petróleo, que condujeron a una serie de políticas públicas apegadas a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, que provocaron las primeras fugas de población, aunque se daban a cuentagotas. En lo posterior, esto se fue haciendo más evidente. Guardia (2008), quien estudió la salida de venezolanos entre 1998 y 2007, señala que el ascenso al poder de Hugo Chávez desde 1999, contribuyó al crecimiento de este fenómeno. Como primeros antecedentes, ésta y otras investigaciones señalan dos hechos clave: el despido de casi 20 mil trabajadores de la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A. [Pdvsa], a quienes el régimen consideraba de oposición y se les imposibilitó ser contratados en otras empresas; y la persecución a ciudadanos que firmaron a favor de un referendo revocatorio de Chávez, muchos de éstos, profesionistas y gente de clase socioeconómica media, que optaron por dejar el país (De la Vega, 2003; Freitez, 2011).

Lo que vino después, tras la muerte de Chávez y el ascenso al poder de Nicolás Maduro ha sido bastante documentado por la prensa: políticas que han mantenido al país en una intensa conflictividad y polarización, una gran escalada de violencia e inseguridad, y una economía que difícilmente se traduce en bienestar para gran parte de su población, y está plagada por una desorbitante inflación, escasez de alimentos, un deficiente acceso a la salud, entre otras problemáticas.

Uno de los principales destinos de la emigración venezolana ha sido los Estados Unidos, donde según estimaciones del Banco Mundial había 130 mil residentes en 2005, y bordeaban los 172 mil en 2010. El segundo destino importante ha sido España, mientras otros se han establecido en Portugal, Italia, Australia y Canadá; y dentro de Sudamérica, se han incrementado los flujos hacia su vecino Colombia (Freitez, 2011), y a países como Ecuador[i], Argentina y Perú [en este último, por cierto, el gobierno acaba de aprobar un decreto para dar residencias temporales por un año a los venezolanos que ingresaron antes del 1 de diciembre de 2016, como medida de ayuda humanitaria][ii].

México, sin embargo, también se ha instalado en el radar de los venezolanos en los últimos 15 años. Según las estadísticas históricas del Censo Nacional de Población y Vivienda (INEGI, 2009) era incipiente su presencia en la década de los 70 (había apenas 805 personas); para el año 2000, se contabilizaban 2,823 inmigrantes y desde entonces han venido creciendo: en el censo 2010 se registraron 10,063 personas originarias de ese país; y para 2015, los venezolanos se habían convertido ya en la quinta comunidad extranjera más numerosa de México, con 15,664 residentes, por debajo de los nacidos en los Estados Unidos, Guatemala, España y Colombia, según el Consejo Nacional de Población (Conapo)[iii]; aunque otro estudio señala que la ‘diáspora’ venezolana en México alcanza ya las 20 mil personas (Páez, 2015).

Existen referencias de venezolanos asentados principalmente en la Ciudad de México, pero también en los estados de Tabasco, Campeche, Veracruz, Quintana Roo, Nuevo León, Jalisco… Muchos se han insertado en el sector petrolero y en otras áreas de alta cualificación, pues hay un gran componente de inmigrantes con perfiles profesionales competitivos, inclusive con estudios de posgrado: dentistas, administradores, ingenieros, docentes, abogados, periodistas, entre otros. Las formas de ingreso al país azteca -con miras a establecerse- son diversas: vía matrimonios mixtos, turismo [no requieren visa, aunque en los últimos años el Instituto Nacional de Migración exige cartas de invitación]; estudios, y mediante redes de paisanos [y no paisanos] que facilitan cartas de trabajo para gestionar residencias temporales.

Este último aspecto se ha visto reflejado en las estadísticas del INM: en 2014, los venezolanos se convirtieron en la sexta nacionalidad del mundo en solicitar residencias temporales en México, cuando en 2013 era la séptima[iv]; y hay reportes de 2015 que destacan que ya superaron en dichas solicitudes a los estadounidenses, españoles y asiáticos[v]. En Baja California, donde realicé una tesis cualitativa sobre la integración cultural de los venezolanos asentados en la ciudad de Tijuana[vi], constaté que en la mayoría de casos, su emigración y llegada a México constituyó una estrategia de escape a la situación que enfrentaban en Venezuela.

Foto: Lorena Mena/ 2014

Un grupo de venezolanos residentes en Tijuana, durante una concentración en contra del régimen de Nicolás Maduro en la Avenida Revolución (Foto: Lorena Mena/ 2014).

Otros aspectos que encontré fueron: a) que la mayoría no tenía idea de que esta ciudad era fronteriza con los Estados Unidos, por lo tanto, su elección no respondió a una migración de tránsito con miras a cruzar al vecino país, como se suele pensar de los latinoamericanos que aquí llegan; b) que se sienten bastante integrados a la sociedad mexicana, lo que quizá responde a sus perfiles de profesionistas y a la movilidad social y ocupacional que ello les permite; y c) que pese a los problemas de violencia que experimenta México, se sienten más confiados y seguros que en Venezuela, como se observa en estos testimonios:

 “Tal vez nosotros no tengamos un narcotráfico tan fuerte, pero es peor, tenemos un hampa común que te roba porque le gustó tu reloj o porque le gustó un anillo, un zarcillo, tu carro, por lo que sea, y aquí por lo menos, es un efecto colateral o si estás metido en un problema de narcos, pero si no, puedes sobrellevar una vida

[Harry, entrevista, 2014].

La calidad de vida que llevas aquí, se me hace imposible llevarla en Venezuela, con todo y que tenga mucho dinero. La calidad de vida me refiero a que no andas asustado en la calle, no estás así, que me van a robar, que me van a matar

[Marina, entrevista, 2014].

La dramática situación que experimenta Venezuela sin duda seguirá en la agenda de los medios de comunicación internacionales, pero la academia se verá obligada a realizar más estudios sobre esta población. Dentro del territorio mexicano hacen falta trabajos que analicen su inserción laboral y social, la migración calificada, el rol que juegan las redes de venezolanos en su inmigración, las políticas migratorias y su impacto en este colectivo, así como su participación política desde el extranjero. La invitación está abierta… y la coyuntura lo amerita.


Referencias bibliográficas

De la Vega, Iván (2003) “Emigración intelectual en Venezuela: el caso de la ciencia y la tecnología”, Interciencia vol. 28, núm. 5, pp. 259-267.

Freitez, Anitza (2011). “La emigración desde Venezuela durante la última década”, en Temas de Coyuntura, vol. 63, pp. 11-38.

González Ordosgoitti, Enrique (1991). “En Venezuela todos somos minoría” en Nueva Sociedad, número 111, pp. 128-140.

Guardia, Inés (2007). “Fuga de Venezolanos durante la revolución bolivariana (1998-2007)”. Investigaciones Geográficas, España, núm. 44, pp. 187-198.

INEGI (2009) “Población extranjera residente en México por país de nacimiento, años censales de 1895 a 2000”, Estadísticas históricas de México en <www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/integracion/pais/historicas10/Tema1_Poblacion.pdf>, consultado en enero de 2014.

Maestres, Raúl (2011) “Venezuela: Reflexiones sobre la emigración”, en: revista Debates IESA, vol. 16, núm. 2, pp. 10-11.

Páez, Tomás (2015) La voz de la diáspora venezolana, Los libros de la Catarata.


Fuentes en Internet:

[i]http://www.eluniverso.com/noticias/2016/12/18/nota/5959201/ecuador-destinos-venezolanos-que-huyen-crisis

[ii]http://peru21.pe/actualidad/gobierno-aprobo-permiso-temporal-que-facilitara-estadia-venezolanos-peru-2266834

[iii]http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/10/16/1122685

[iv]http://www.m-x.com.mx/2015-08-16/el-sueno-mexicano-de-los-venezolanos/

[v]http://www.elfinanciero.com.mx/economia/venezolanos-desplazan-a-eu-con-mas-permisos-para-trabajar-en-mexico.html

[vi]https://www.colef.mx/posgrado/wp-content/uploads/2014/…/Tesis-Mena-Iturralde.pdf

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