Mes: marzo 2017

Discriminación Histórica y la Población Inmigrante en los Estados Unidos

Miguel Mariano Alatorre | mariano.alatorre@gmail.com

El actual clima antiinmigrante que se percibe en amplios sectores de la sociedad estadounidense no es nada nuevo. Sin embargo, este tipo de retórica y acciones tan hostiles y abiertamente enfocadas en grupos específicos de gente hace tiempo que no provenían de un presidente estadounidense. El discurso del Sr. Trump es tan incendiario que Amnistía Internacional recientemente advirtió, en su reporte sobre derechos humanos, que representa un peligro para el mundo, ya que –entre otras cosas- convierte en “chivos expiatorios y deshumaniza a grupos enteros de personas”.

EL SUPER MURO DE TRUMP Y UN POCO DE HISTORIA DE POLÍTICA MIGRATORIA

En mi opinión, el muro de Trump cumplirá dos funciones principales. Una será intentar desalentar el flujo de inmigrantes sin documentos al forzarlos a tomar rutas más complicadas y al mismo tiempo elevar los costos económicos para cruzar. Pero más importante que eso será el erigir estructuras simbólicas en puntos estratégicos de la frontera para consumo interno. Nada nuevo bajo el sol, esto será una repetición (probablemente en mayor escala) de acciones emprendidas desde hace dos décadas.

La decisión de construir un muro a lo largo de la frontera en este momento es contenciosa por al menos tres razones (además de las humanitarias): Una es que el muro ya existente que se construyó en los 90’s no detuvo realmente la migración ilegal, de hecho, es posterior a la construcción del muro que los intentos de cruce alcanzan máximos históricos. Segundo es que precisamente durante los últimos diez años ha estado en constante disminución la cantidad de inmigrantes que intentan llegar a los EE.UU. En 2015 se registró el menor número de retornados “voluntarios” en la frontera sur desde 1968. Y tercero, es que costará mucho, mucho dinero, hasta 20 mil millones de dólares de acuerdo a algunas estimaciones. La obsesión de Trump por construir el muro parece que tiene menos que ver con razones pragmáticas y más con una peligrosa demagogia. Esta es una demostración muy pública hacia los sectores más conservadores de la sociedad norteamericana de que efectivamente los está “protegiendo” de los invasores del sur que amenazan con la destrucción del american way of life.

A continuación se presentan dos gráficas de fuentes distintas. Una contiene datos proporcionados por el gobierno de EE.UU. y la otra de El Colegio de la Frontera Norte en colaboración con distintas entidades gubernamentales mexicanas. Emplean metodologías distintas y registran eventos diferentes. Los retornos voluntarios son registros de personas que han sido detenidas por autoridades estadounidenses en algún punto de la frontera o cerca de ella y regresados a su país de origen sin haber sido oficialmente deportados. La Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte (Emif Norte) por su parte, encuesta en distintos puntos migratorios estratégicos a migrantes mexicanos que tienen la intención de cruzar hacia los EE.UU. Los datos de ambas fuentes indican una disminución de eventos migratorios en la frontera.

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El muro de Trump será solamente parte de la historia. Nueva legislación en materia migratoria tiene el potencial de afectar de manera más profunda a mucho más gente que una barrera física. Hiroshi Motomura (2011) recuerda que la legislación migratoria ha tenido tintes discriminatorios con base en prejuicios raciales, étnicos o de género[1] desde los albores de los Estados Unidos como nación.

Un ejemplo es la primera ley de inmigración de la joven nación independiente, la cual establecía en 1790 que la ciudadanía por naturalización únicamente podía ser otorgada a personas blancas libres y de buen carácter moral[2]. En 1882 se promulgó la Chinese Exclusion Act[3] (Ley de Exclusión de Chinos), una de las leyes más restrictivas y abiertamente racistas en la historia de los Estados Unidos, que tenía como intención explícita eliminar la inmigración de un grupo étnico específico. Y durante la Segunda Guerra Mundial, más de 110,000 inmigrantes de origen japonés incluyendo 70,000 con ciudadanía estadounidense (Zolberg, 2006:298) fueron reubicados en campos de internamiento.

A pesar de los ejemplos anteriores, hasta mediados del siglo XX la mayoría de inmigrantes provenían no de Asia, Africa o América Latina, sino de Europa. Es decir, realmente es a partir de 1965 con la modificación de la Ley de Inmigración y Nacionalidad (INA[4] por sus siglas en inglés) que la composición de la población inmigrante comienza a cambiar de una mayoría de origen europeo a una proveniente de América Latina y Asia.

Antes de 1965 la mayor proporción de inmigrantes eran de origen europeo debido en parte al sistema de cuotas[5] que regía la política migratoria desde los años 20, con el cual se estableció un sistema de límites numéricos o cupos a todos los inmigrantes con base en orígenes nacionales, esto con la finalidad de mantener la composición étnica (i.e. mayoritariamente blanca) de los Estados Unidos (Higham, 2002).

Lo anterior no significa que los inmigrantes europeos que llegaron durante el siglo XIX o durante la primera mitad del XX no hayan experimentado discriminación por parte de la población blanca nativa. Los italianos, por ejemplo, eran fuertemente “despreciados” (Alba, 1985:136) por los nativos blancos cuando aquellos comenzaron a arribar en grandes cantidades durante el periodo anteriormente mencionado, particularmente entre 1890 y 1910. Los ejemplos desafortunadamente abundan, alemanes (sobre todo durante las dos guerras mundiales), irlandeses (por ser católicos), judíos, musulmanes, etc.

Regresando a épocas más recientes, es en 1993 y 1994 que comienza la militarización de la frontera bajo las órdenes de W. Clinton con las iniciativas “Hold the Line” y “Gatekeeper” (también conocida como operación Guardián). Realmente es durante la presidencia de Clinton que se erige el muro que muchos en Tijuana conocemos y que posteriormente se fue expandiendo (e.g. Secure Fence Act de 2006). En los 90’s también presenciamos la controversial “Proposición 187” en California. Por otra parte, desde 1996 (con la promulgación de la Illegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Actlas leyes migratorias han limitado los caminos hacia la regularización migratoria al mismo tiempo que han incrementado el universo de inmigrantes irregulares. Similar a lo que sucede en la actualidad, hace 20 años se vivía en algunos sectores de la población de los EE.UU., un tenso clima político respecto de la migración, o como diría Nicholas De Genova (2004:176) de “nativismo intensificado y racismo antiinmigrante”. Si resulta familiar este discurso en pleno año 2017, es porque lo es.

POBLACIÓN INMIGRANTE EN RIESGO DE DEPORTACIÓN

Donald Trump no tardó ni siete días en su nuevo puesto para emitir una serie de órdenes ejecutivas que sientan el tono de lo que será su política migratoria durante su mandato. A grandes rasgos, establece que todas aquellas personas que son deportables (sin autorización para permanecer en los EE.UU.) sean deportadas. Esto contrasta con políticas de la época de B. Obama, en donde la atención se enfocaba en inmigrantes con antecedentes criminales. Para ser justo, debo mencionar que no es la primera vez que se tiene la intención por parte del gobierno estadounidense de deportar a una población entera. Este honor le corresponde a Operación Endgame del año 2003. Como su nombre lo indica, tenía un objetivo muy claro y ese era el de establecer el final del juego a los inmigrantes indocumentados. Su meta principal consistía en “deportar a todos los inmigrantes deportables”, en efecto, esa era la “medida de oro” con la cual se regía el gobierno del presidente Bush, Jr.

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¿Cuántas personas corren el riesgo de ser deportadas por el gobierno de Donald Trump? Bueno, de entrada sabemos que un ciudadano estadounidense no puede ser deportado de su país, así que consideraremos únicamente a la población inmigrante, es decir, aquellas personas que no nacieron en los EE.UU. (o alguno de sus territorios o posesiones). En 2015 había en EE.UU. más de 46 millones de inmigrantes, por mucho la mayor población inmigrante en cualquier país del mundo. De esa población, poco menos de la mitad se han naturalizado ciudadanos estadounidenses, lo que significa que esas personas no pueden ser deportadas.

La otra mitad, aproximadamente 22.5 millones de personas, está conformada por inmigrantes sin ciudadanía. En este grupo se incluyen personas con visas de todo tipo (incluyendo residentes legales permanentes), así como aquellas personas que no tienen documentos migratorios en regla. La posesión de una visa no necesariamente es garantía de permanencia en el país. Al momento de expirar no es seguro que será renovada, y también puede ser cancelada por el gobierno (si este así lo considera necesario) en cualquier momento. Inclusive las personas que tienen residencia legal permanente (i.e. green card) no están exentas de riesgo mientras tanto no obtengan la ciudadanía. Finalmente, del total de inmigrantes que no tienen ciudadanía, se estima que más de 11 millones se encuentran de manera indocumentada (seis millones son mexicanos). Esta es la población de inmigrantes más vulnerable y en mayor riesgo de deportación.

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En relación a los inmigrantes indocumentados que no poseen un estatus migratorio legal para residir o ingresar al país, debemos tener presente que la ilegalidad migratoria es enteramente un constructo social y legal fundamentado en leyes que han sido legisladas conforme a los intereses nacionales de los EE.UU., y consecuentemente “reforzadas por la cultura popular” (Johnson, 1997).  Es decir, las leyes de inmigración no solamente definen los requisitos de la legalidad y de quien es el inmigrante legal, sino que por definición determinan quien no lo es. Los requisitos para migrar de manera documentada a EE.UU., para obtención de ciudadanía, inclusive para determinar quién es deportable o no, han cambiado con el tiempo y continuarán cambiando.

Estos cambios en materia migratoria ya están en marcha, y dejan muy en claro que el discurso de campaña de Trump no se quedó en eso, en discurso, sino que se está materializando en política. En cinco semanas que lleva en la presidencia ya ordenó la construcción (ampliación) del muro con México; emitió acciones ejecutivas para limitar la migración de personas provenientes de países predominantemente musulmanes; restringió severamente el Programa de Admisiones a Refugiados; ha ordenado el reclutamiento de miles de nuevos oficiales para las agencias de Inmigración y Control de Aduanas y Protección Fronteriza (ICE, CBP); anunció la creación de una agencia del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para atender a víctimas de crímenes cometidos por inmigrantes. Y prácticamente ha sentado las bases legales para la posible deportación de todo inmigrante sin documentos. Con la llegada de Trump a la Casa Blanca los cambios en política migratoria no presagian nada bueno para los millones de inmigrantes y sus familias que están establecidos en el país.

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TEMOR GENERALIZADO ENTRE LA POBLACIÓN INMIGRANTE

Pocos días antes de la toma de posesión de Trump, platicaba en el este de Los Angeles, con un señor nacido en México y que tiene desde mediados de los 70’s viviendo en la ciudad. Él se naturalizó ciudadano desde hace años y todos sus hijos son nacidos allá. Me decía que en la comunidad se percibe una fuerte intranquilidad por parte de los vecinos, sobre todo aquellos que tienen familiares sin documentos. Hablaba de que había visto en semanas recientes “caravanas enteras de familias” que empacaban sus cosas y se marchaban rumbo a México. Cierto o no, aun es prematuro para saber si habrá algún incremento notable en el retorno de mexicanos como consecuencia de la actual situación en aquel país.

Semanas después conversaba con algunos empleados del consulado mexicano en Detroit, Michigan[6]. Lejos de Los Angeles y California, en donde la población de inmigrantes hispanos es muy superior a cualquier otra entidad del país (ver gráfica siguiente), la intranquilidad entre los inmigrantes parece ser aun mayor. Los funcionarios me comentaban que están atendiendo a mucho más gente de lo habitual. Muchísimos connacionales están acudiendo al consulado debido a la incertidumbre de lo que sucede. Algunas de las acciones preventivas que los inmigrantes están tomando son la obtención de actas de nacimiento mexicanas para sus niños nacidos en EE.UU. De esta manera tienen comprobante de la doble nacionalidad en dado caso de que la familia se vea obligada a salir del país como consecuencia de la deportación de uno de los miembros. También se sabe de inmigrantes indocumentados que inclusive han transferido la propiedad de casas o negocios a sus hijos estadounidenses debido al temor de enfrentar una deportación. En tono de  broma otros dicen que preferirían quemar su casa antes de dejársela a los güeros. Estos testimonios y otros indican a que existe una creciente ansiedad generalizada en comunidades de inmigrantes.

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Aunque los inmigrantes latinoamericanos han sido el grupo principal de atención de la política migratoria estadounidense en las últimas décadas, el inmigrante como tal (independientemente de su origen) ha sido históricamente blanco fácil al momento de buscar respuestas sencillas a problemas complejos de la sociedad norteamericana.

Probablemente el mayor daño de la presidencia de Donald Trump ya está hecho. Y ese es el de haber reavivado en un amplio sector de la población estadounidense el fuego de la xenofobia, racismo, misoginia e intolerancia. De manera todavía más preocupante es que no sea así, quizá lo peor para los millones de inmigrantes en Estados Unidos aún está por venir, en forma de leyes e iniciativas que denigran y criminalizan a poblaciones enteras.

 

 

 

[1] Lectura recomendada en este tópico es el libro de Martha Gardner, “The Qualities of a Citizen: Women, Immigration and Citizenship, 1870-1965”.

[2] United States Naturalization Law of March 26, 1790, 1 Stat. 103.

[3] An Act to execute certain treaty stipulations relating to Chinese, Ley Pública 47-126.

[4] H.R. 2580; Ley Pública 89-236 (Congreso, 1965), en vigor a partir del 3 de octubre de 1965 cuando fue firmada por el Presidente Lyndon Baines Johnson.

[5] El “sistema de cuotas” en realidad se refiere a la Emergency Quota Act de 1921, Ley Pública 5 del 67 Congreso (Congreso, 1921) y la subsecuente Ley de Inmigración de 1924, Ley Pública no. 139 (Congreso, 1924) .

[6] Estado que ganó Trump en la elección presidencial. Primera vez desde 1988 que los republicanos ganan Michigan.

 

Referencias Bibliográficas:

Alarcón, Rafael y Luis Calva Sánchez, 2014, La Emif Norte y la deportación de migrantes mexicanos de Estados Unidos (1999-2012), en 20 años de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México, comps., Consejo Nacional de Población (Conapo).

Alba, Richard D., 1985, The Twilight of Ethnicity Among Americans of European Ancestry: The Case of Italians, Ethnic and Racial Studies.

De Genova, Nicholas, 2004, The Legal Production of Mexican/Migrant “illegality”, Latino Studies, 2004, 2, (160-185).

Higham, John, 2002, Strangers in the Land: Patterns of American Nativism, 1860-1925, Rutgers University Press.

Johnson, Kevin R., 1997, “Aliens” and the U.S. Immigration Laws: The Social and Legal Construction of Nonpersons, The University of Miami Inter-American Law Review, Vol. 28, No. 2, International Law, Human Rights, and LatCrit Theory (Winter, 1996/1997), pp. 263-292.

Motomura, Hiroshi, 2011, Who Belongs?: Immigration Outside the Law and the Idea of Americans in Waiting.

Zolberg, Aristide R., 2006, A Nation by Design: Immigration Policy in the fashioning of America.

 

 

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