Mes: agosto 2017

Algunas referencias acerca de la migración entre Colombia y Venezuela

Por: Gabriela Pinillos.

gabrielapinillos@gmail.com

En esta entrada pretendo mostrar un panorama muy general y breve de los movimientos migratorios entre Colombia y Venezuela a partir de lo que se considera la segunda ola de migración de colombianos hacia su vecino país, y destacando algunos cambios que se han suscitado en los últimos años con los cuales se habla de procesos de retorno de colombianos y sus familias desde Venezuela y en general un periodo importante de inmigración en Colombia. Es importante aclarar que los datos son generales y que al intentar cubrir un amplio periodo de tiempo en la descripción del fenómeno, se llega a omitir datos y hechos históricos importantes, en este sentido, el objetivo que se persigue es, como ya se dijo y a partir de la experiencia propia y algunos documentos de prensa y académicos, presentar un sencillo y corto relato sobre el fenómeno de la migración desde Venezuela hacia Colombia como consecuencia de la crisis socioeconómica y política y, en general, del contexto actual que se vive en Venezuela y que demanda la atención de los estudiosos en migración y de los movimientos sur-sur.

Colombia ha sido reconocido históricamente como un país de emigración. Las cifras oficiales de migración en Colombia señalan que el porcentaje de personas que sale del país ha sido mayor que el de los extranjeros que ingresan al mismo. En los registros se destacan tres olas de emigración. La primera durante la década de los años sesenta (mayoritariamente hacia Estados Unidos), la segunda en la década de los años ochenta (dirigido a Venezuela) y la tercera durante los años noventa (en rutas hacia España). (Oficina de Migración Colombia)

La segunda ola, teniendo como destino Venezuela, sucedió principalmente en un periodo de gran crecimiento económico y una etapa de prosperidad petrolera que vivió este país y que despuntó a principios de los años ochenta. “La nacionalización del petróleo y el hierro, unida al incremento del precio del primero a partir de 1973, significó para el estado venezolano una masa importante de recursos, que en el marco de una estabilidad democrática desde 1958 y un crecimiento económico sostenido, y de los impactos de una crisis en los países industrializados sobre los países latinoamericanos no exportadores de petróleo, constituyó una coyuntura especial para la atracción de inmigrantes, particularmente colombianos”. (Mejía, 2012: 190)

En aquella época en la frontera colombo-venezolana el comercio se incrementó significativamente, beneficiados por la proximidad geográfica, muchos empresarios invirtieron en empresas y mantuvieron su capital en moneda venezolana, esto es, en bolívares. Los colombianos fronterizos hacían sus negocios en Venezuela, mientras que los venezolanos se trasladaban a la frontera del lado colombiano para hacer compras, las cuales resultaban ser muy rentables gracias al valor superior que tenía el bolívar frente al peso colombiano. A la par de estas condiciones, una cantidad de colombianos decidieron emigrar a Venezuela, motivados por la oportunidad que parecía ofrecer Venezuela frente a los problemas sociales que se vivían en Colombia en gran parte a causa del conflicto interno y la violencia que azotaba al país en ese momento. La interdependencia entre los dos países se hizo más profunda entonces. Las relaciones transnacionales y los vínculos familiares se fortalecieron con estos movimientos migratorios.

El 18 de febrero de 1983, denominado “Viernes Negro”, cambió el panorama y los movimientos migratorios de colombianos hacia Venezuela. “La caída de los precios del petróleo y la disminución de sus exportaciones agravaron circunstancias que se habían empezado a incubar en 1979 y se generó una condición de crisis que redujo drásticamente el flujo de colombianos hacia Venezuela y aceleró el retorno (Flores, 2006 citado en Mejía, 2012: 191). La debacle en el precio del bolívar frente al dólar a partir de entonces ha llevado una constante devaluación de dicha moneda hasta la fecha. Aquel amanecer del Viernes Negro en el que un gran número de colombianos llegaron a la quiebra representó un parteaguas en el intercambio y las relaciones binacionales entre Colombia y Venezuela.

En los años posteriores de la llegada a la presidencia Hugo Chávez en 1999 y con la devaluación paulatina de la moneda venezolana que venía ocurriendo desde los años 80, la dinámica de intercambio en las zonas fronterizas fue cambiando de dirección respecto a lo que había sido en los años previos de crecimiento económico venezolano. Con todos los cambios ocurridos durante más de una década, los colombianos fronterizos se adaptaron a nuevas formas de comercio y encontraron en las nuevas condiciones promovidas por el gobierno bolivariano de Chávez nuevas y diversas formas de subsistencia y de comercio, una de ellas y quizá la más documentada principalmente por los medios ha sido o fue el comercio informal de combustible traído desde Venezuela y vendido en Colombia, que representó durante muchos años grandes ganancias propiciadas por el precio del mismo en Venezuela (el más bajo en América Latina) y la diferencia en el tipo de cambio: el combustible en Venezuela es 20 veces más barato que en Colombia (uno de los más altos en América Latina) (Márquez, 2008).

Los beneficios que ofrecía el gobierno de Chávez a través de sus programas sociales en salud, educación, alimentación, beneficiaron a colombianos que tenían doble ciudadanía por los vínculos familiares fuertes entre los dos países, y también por el otorgamiento de cédulas venezolanas que promovió Chávez hacia el año 2003 cuando un alto número personas de nacionalidad colombiana obtuvieron ciudadanía venezolana. Los programas sociales, principalmente los denominados “Mercales”[1], fueron aprovechados por una parte de la población de los estratos medios y bajos en Colombia que adquirían productos de la canasta familiar en bolívares y los traían para su consumo o para ser vendidos en Colombia en moneda nacional. Así muchas familias utilizaron estos negocios como formas de subsistencia.

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Foto: Puente Internacional Simón Bolívar, Cúcuta, Colombia. 2008.

Con la muerte de Chávez, la crisis en Venezuela, que ya venía sucediendo, se agudizó de manera significativa. En la frontera la situación económica se presenta como crítica y el comercio se ha reducido drásticamente. El movimiento de personas es mínimo. Los colombianos que en el pasado emigraron a Venezuela están retornando con sus familias, así como ciudadanos venezolanos sin familia en Colombia.. Esta situación ha llevado a que Colombia se enfrente a procesos de inmigración y retorno, ante los cuales, según las autoridades de dicho país, no se tiene la capacidad necesaria para poder atender las necesidades de tanta población que ha llegado desde Venezuela. De acuerdo con diario El Tiempo “la oficina de Migración Colombia tiene reportados 40.000 venezolanos viviendo legalmente y calcula que estén 60.000 irregularmente,  pero investigadores y académicos estiman que son 900.000 los venezolanos -incluyendo los que tienen doble nacionalidad- (el 1,8 por ciento de la población colombiana), los que han llegado al país en los últimos 20 años, por el efecto de la llamada ‘revolución bolivariana’ y la crisis social en ese país.” (El Tiempo, 30 de marzo 2017).

En la frontera las condiciones para quienes han vivido del vaivén del bolívar y, en general, para toda la población de un lado y de otro, son complejas. Los colombianos ya no compran en Venezuela, no hay abastecimiento y la inflación es insostenible. Por el puente internacional Simón Bolívar transitan ahora muchas personas provenientes del territorio venezolano con la intención de quedarse en Colombia, con el deseo de buscar trabajo llegan a una de las ciudades colombianas con los más altos índices de desempleo. Las oportunidades en la frontera se agotan, en Cúcuta, capital de Norte de Santander, departamento fronterizo del lado colombiano, así como en los pueblos cercanos uno de los recursos de los que se echa mano es el trabajo sexual. Quienes cuentan con mayores recursos y redes sólidas logran moverse hacia otras ciudades, mientras que el gobierno colombiano intenta prepararse y buscar estrategias para responder a una situación que sin duda quedará registrada en términos migratorios como una gran ola de inmigración en Colombia, y en general, como un periodo complejo de cambios y transformaciones sociales profundas para ambos países.

Referencias:

Cancillería de Colombia, Oficina de migración. http://www.cancilleria.gov.co/colombia/migracion/historia

Márquez, Humberto, 2008, VENEZUELA: El costo de la gasolina más barata del mundo, Inter Press Service, http://www.ipsnoticias.net/2008/12/venezuela-el-costo-de-la-gasolina-mas-barata-del-mundo/

Mejía, William, 2012, Colombia y las migraciones internacionales. Evolución reciente y panorama actual a partir de las cifras, Revista Interdisciplinar de Mobilidade Humana, Brasília, Ano XX, Nº 39, p. 185-210.

Redacción El Tiempo, 2017, [Nota periodística], Venezolanos, la migración más grande en la historia del país, http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872

[1] La Misión Mercal S.A. (Mercado de Alimentos) es uno de los programas sociales incentivados por el gobierno venezolano. Creada oficialmente el 24 de abril de 2003, la Misión Mercal está destinada al sector alimentario, dependiente del Ministerio de la Alimentación.

El programa consiste en construir y dotar almacenes y supermercados con alimentos y otros productos de primera necesidad a bajos precios para que sean accesibles a la población más necesitada. Los alimentos están subvencionados y llegan a los estantes sin intermediarios, de manera que los precios ofrecidos suelen tener un descuento de entre el 30 y el 45 por ciento de los observados en las otras cadenas de distribución (Wikipedia)

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Las migraciones indígenas de Oaxaca según sus regiones. Una revisión de la migración interestatal[1]

Estefanía Castillo Balderas

castillo_b30 @yahoo.com.mx

La movilidad de la población oaxaqueña ha despertado gran interés desde mediados del siglo pasado, el carácter masivo que adquirió durante la década de los 90 fue objeto de estudio, análisis y discusión entre diversos académicos y académicas. No obstante, es por su carácter pluricultural y plurilingüístico que la migración oaxaqueña posee características que la ubican como un caso paradigmático de las migraciones del sur de México.  A principios del 2000, Durand y Massey (2003) ubicaron a la entidad dentro de una región emergente de migración internacional a nivel nacional ubicada en el centro del país,  aunque el objetivo central era establecer regiones migratorias y no seguir alguna regionalización anterior.

En esta aportación me interesa hacer una aproximación a las características de las migraciones de indígenas oaxaqueñas al interior de México  tomando como base la división regional más conocida y difundida. Así, este esbozo de la migración indígena por regiones pretende ser un insumo que permita un mejor entendimiento de la diversidad oaxaqueña y la forma en que ésta impacta en la dinámica social de la entidad y en particular de las migraciones.

Mapa 1. Regiones de Oaxaca.

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Fuente: CDI-PNUD. Sistema de indicadores sobre la población indígena de México, con base en INEGI, XII Censo de Población y Vivienda México, 2000 en: Millán, Saúl, 2008. Región Sur. Tomo 1. Condiciones socioeconómicas y demográficas de la población indígena, México: CDI, PNUD.

 

En el estado de Oaxaca habitan 16 grupos etnolingüisticos: amuzgo, chatino, chinanteco, chocho, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, mazateco, mixe, mixteco, náhuatl, triqui, tacuate, zapoteco y zoque, que están ubicados de forma dispersa en las regiones de la entidad. Para acercarnos con algún grado de precisión a la complejidad del territorio y la población del estado es importante considerar que éste se haya dividido o caracterizado en ocho regiones: Valles Centrales, Sierra Norte, Sierra Sur, Cañada, Mixteca, Papaloapan, Istmo y Costa, además de poseer el 24% de todos los municipios de México (570). Desde 1932 y siguiendo criterios étnicos y lingüísticos el estado de Oaxaca se dividió en siete regiones, pero a partir de 1970 se distinguió la Sierra en Norte y Sur, esto quedó formalizado por el gobierno de Oaxaca en 2009 al reconocer ocho regiones (Celaya, 2014: 15). Moguel (1979) ya había discutido y comparado las diferentes regionalizaciones del Estado, además de haber identificado las principales imprecisiones de las regionalizaciones realizadas por académicos desde 1950.

Si bien la migración interna puede considerarse como parte del proceso migratorio internacional en Oaxaca, como lo ha señalado Barabas (2016:78) por ejemplo cuando ubica la migración temporal o golondrina a otros estados del país como los antecedentes de la migración internacional.  Sin embargo, el desplazamiento de la población hacia otros estados ha adquirido su propia dinámica, como se muestra en la gráfica 1. A pesar de ello  las estimaciones realizadas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO) indican que la migración interestatal de la entidad tiende a disminuir en la siguiente década (Fernández, et al., 2012), por ahora nos interesa vislumbrar la historicidad de los flujos migratorios de indígenas oaxaqueños según las regiones expulsoras en el estado.

Gráfica 1. Población migrante estatal por regiones 1990 a 2010. Oaxaca.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la serie histórica censal e intercensal 1990-2010, INEGI, 2010.

Migración interestatal en las regiones de Oaxaca

La importancia de la migración interestatal varía en las regiones oaxaqueñas de acuerdo con la temporalidad de los primeros desplazamientos, además que no sólo corresponde a factores sociales, económicos y culturales de las regiones sino también con otras transformaciones a escala estatal y nacional. Podemos establecer como punto de partida que la migración de oaxaqueños hacia otros estados del país está vinculada al crecimiento de las ciudades y el proceso de industrialización que abarca el periodo que va de 1940 a 1970, el segundo periodo que abarca de 1980 a 2000 los desplazamientos ocurren a las ciudades intermedias (Canales y Montiel, 2007). El cambio de estas zonas a regiones integradas a la economía global incidió en la atracción de migrantes.  El auge de la industria maquiladora, la agricultura mecanizada y la exportación de alta y mediana tecnología generaron condiciones  para los desplazamientos a la Ciudad de México en primera instancia y después a Guadalajara y Monterrey, posteriormente (en la década de 1980) las ciudades fronterizas atraerían a los flujos de migrantes del sur de México.

En ese cambio general del país, las especificidades del caso oaxaqueño también coadyuvan con los desplazamientos migratorios como afectaciones climatológicas, presión demográfica sobre la tierra, el declive de la economía agrícola, escasa generación de empleos, razones socioculturales para migrar, impacto regional de megaproyectos como proyectos hidroeléctricos.

Las rutas migratorias internas de los oaxaqueños son complejas y muchas veces se traslapan con las internacionales. Si bien el auge de la migración internacional en la última década del siglo XX despuntó notablemente, a ello le precedían historias regionales de migración interna que hicieron posibles los desplazamientos a Estados Unidos, aunque la migración interna tiene su propia dinámica que se remonta a principios del mismo siglo.

En la Mixteca oaxaqueña los primeros desplazamientos internos ocurrieron a principios del siglo XX y eran de carácter interregional hacia la Cañada y  Costa. La migración golondrina comenzó a ganar importancia desde 1940 a otros estados como Veracruz y Chiapas. Esta migración temprana fue producto de ciertas condiciones regionales como la baja calidad y productividad de la tierra, la presión demográfica sobre la misma así como de condiciones climáticas desfavorables (Peña, 1950). A esta migración temporal siguieron los desplazamientos definitivos en la década de los 70. Los mixtecos y triquis son quienes componen los principales grupos de indígenas migrantes, aunque también se hablan en la región otras lenguas como el amuzgo, chocho y en menor medida el náhuatl.

En las regiones de los Valles Centrales y en la Sierra Norte los primeros desplazamientos ocurrieron en las primeras décadas del siglo XX pero las causas son distintas y el carácter definitivo ocurre una década antes que en la Mixteca, hacia 1960. Los zapotecos son el grupo que ha aportado la mayor cantidad de migrantes de ambas regiones, aunque los mixes de la Sierra Norte tienen una presencia importante.

Los zapotecos de los Valles centrales y de las comunidades aledañas a la capital del estado habían mantenido contacto continuo por el sistema de mercados pero es a principios del siglo XX cuando comienzan a establecerse en la capital del estado (Reyes, et al.: 2001). Los destinos principales durante esta época fueron la propia Ciudad de Oaxaca, la Ciudad de México y un flujo de migración golondirna a Veracruz y Chiapas (López & Runsten, 2004: 292). En 2010 los principales destinos internos de la migración de los Valles Cetrales eran la Ciudad de México, Veracruz y el Estado de México (INEGI, 2010).

 Es en la Sierra Norte donde pueden distinguirse dos etapas de la migración interna, de 1940 a 1960 hay un desplazamiento de orden laboral a la ciudad de Oaxaca y al estado de Veracruz y hacia 1970 el destino principal fue la Ciudad de México y continuaba la impotancia de la migración a la capital del estado (Ríos en Millán, 2008:138-139), la tercera etapa abarca de 1980 a 2000 pero el flujo se internacionaliza a Estados Unidos.

Es posible que la migración interna en los Valles Centrales y en la Sierra Norte haya tenido un auge importante desde 1950 hasta 1970, a lo que siguió un periodo  de  migración internacional como una forma especializada de movilidad (Canales y Montiel, 2007).

En el caso de la Costa oaxaqueña, la migración interna ocurre tardíamente si se le compara con otras regiones. Si bien la actividad comercial coadyuva en la movilidad de la población de la región es con la construcción de la carretera costera en 1960 cuando comienzan los desplazamientos frecuentes a otros estados, principalmente a Veracruz, Michoacán y a Cancún, esto ocurrió con la población afrodescendiente (Quecha, 2015). En las siguientes décadas la población de esta zona, migró por motivos educativos a otras ciudades mexicanas, en 1980 comenzaría la migración internacional,

En el Istmo de Tehuantepec la migración zapoteca es predominante,  comienzan a migrar a principios del siglo XX, al igual que los zapotecos de los Valles Centrales y de la Sierra Norte, lo hacen principalmente por motivos educativos y se dirigían a la Ciudad de Oaxaca y a la Ciudad de México (Espino, 2015). Es en 1960 cuando se integran las zonas petroleras de Veracruz y Oaxaca y a partir de entonces se entreteje una dinámica de movilidad entre ambos estados. A diferencia de otras regiones las mujeres ocupan un papel primordial en la migración, siguiendo a Espino (2015) en 1970 las mujeres zapotecas del Istmo se desplazan a Baja California para insertarse en el sector de servicios.

La Cañada, Sierra Sur y la región del Papaloapan se integraron a los flujos migratorios a mediados del siglo XX. La economía de la Cañada estrechamente vinculada los precios del café se vio seriamente afectada durante el periodo que señalamos, fueron los mazatecos quienes salieron a trabajar de forma temporal a Veracruz, después lo hicieron al centro del país. Entre 1970 y 1980 los mazatecos emprendieron el camino al norte  y noroeste del país como trabajadores agrícolas, además que se vieron afectados por la construcción de la presa Miguel Alemán que produjo un desplazamiento forzado a Veracruz ya que algunas comunidades fueron inundadas con la construcción de la represa (Millán, 2008:36).  Considerando los grupos indígenas que habitan la región (mazatecos) encontramos que los destinos principales son la Ciudad de México, el Estado de México, Veracruz, Puebla y Baja California (INEGI, 2010).

En la Sierra Sur no encontramos antecedentes claro de la importancia que ha jugado la migración interna, de 2000 a 2010 el crecimiento de la población que vive en otros estado ha tenido cambios mínimos. En 2000 la presencia de la población migrante de la Sierra Sur y de los grupos originarios de esa zona (zapotecos, mixtecos, chatinos, amuzgos y chontales) comprendía los estados de Guerrero, Ciudad de México, Veracruz  y Estado de México (Millán, 2008: 177).

Los proyectos hidroeléctricos (1950 y 1980) incidieron en las migraciones desde la cuenca del Papaloapan, o la región del Papaloapan. La construcción de las presas Miguel Alemán y  Cerro de Oro generó que de algunas comunidades indígenas oaxaqueñas fueran reubicadas en Veracruz, los chinantecos, mazatecos y zapotecos de la región también se han desplazado a otros estado como la Ciudad de México y el Estado de México (Millán, 2008: 119). Los datos  del Censo de Población y Vivienda de 2010 indican que los chatinos y mazatecos de esta región se ha desplazado a  otros estados como Baja California Sur y Chiapas (INEGI, 2010).

En este breve recuento de la migración indígena en las regiones de Oaxaca solo se han considerado algunos factores, además que esta caracterización no es exhaustiva. No obstante, este breve análisis ayuda a identificar los matices y diferencias de las migraciones indígenas de la entidad, la idea es ir explorando formas de integrar la información de la migración oaxaqueña que  hasta ahora se encuentra dispersa en diversas fuentes y estudios.

Bibliografía consultada

Barabas, Alicia, 2016, “La migración de los indígenas de Oaxaca, México, a Estados Unidos y su movilización social”, Comparative Cultural Studies: European and Latin America Perspectives, Núm. 1,  pp. 77-86.

Canales, I. Alejandro y Montiel, A., Israel, 2007. De la Migración Interna a la Internacional. En Búsqueda del eslabón perdido. Ciudad de México, CELADE, Taller Nacional sobre “Migración interna y desarrollo en México: diagnóstico, perspectivas y políticas”, Ciudad de México, 16 de abril de 2017, pp. 1-38.

Celaya, N. Y., 2011. Oaxaca: su tierra y su gente. En: Oaxaca. Historia breve,  Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Durand, Jorge y Douglas S. Massey, 2003, Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI. México: Universidad Autónoma de Zacatecas, Miguel Ángel Porrúa.

Espino, T. M. Donna., 2015. Del Istmo de Tehuantepec a Baja California: Experiencia migratoria y la reconstrucción de pertenencia en familias zapotecas en Ensenada. Tesis de Maestría,  Xalapa, Veracruz: CIESAS-Golfo.

Fernández Ham, Patricia, Velarde V., Sergio I., Hernández L., Felipa, y Murguía S., María, 2012. Dinámica Demográfica 1990-2010 y proyecciones de población 2010-2030.Oaxaca. México, D.F.: Consejo Nacional de Población (CONAPO).

López, H. Felipe y Runsten, D., 2004. El trabajo de los mixtecos y zapotecos en California: experiencia rural urbana. En: J. Fox, & G. Rivera-Salgado, Indígenas mexicanos migrantes en los Estados Unidos. México D.F: Miguel Ángel Porrúa, H. Cámara de Diputados LIX Legislatura, Universidad de California Santa Cruz, Universidad Autónoma de Zacatecas. pp. 277-309.

Millán, Saúl., 2008. Región Sur. Tomo 1. Condiciones socioeconómicas y demográficas de la población indígena, México: CDI, PNUD.

Moguel, Reyna, 1979, Regionalización para el Estado de Oaxaca, análisis comparativo, Centro de Sociología de la UABJO; México.

Peña, Moisés De La., 1950. Problemas sociales y económicos de las mixtecas. Memorias del Instituto Nacional Indigenista, II (1).

Quecha, R. C., 2015. Niñas cuidadoras en contextos migratorios. El caso de las poblaciones afrodescendientes en la Costa chica de Oaxaca. Cuicuilco, 22(64), pp. 155-175.

Reyes, Morales, R. G. y otros, 2001. Migración en los Valles Centrales de Oaxaca. Ciudades, Volúmen 50, pp. 46-54.

Fuentes electrónicas

Serie intercensal de 1990 a 2010, consultad en www.inegi.org.mx

Censo de población y vivienda 2010, consultado en www.inegi.org.mx