Mes: septiembre 2019

Atravesar un México en guerra contra el crimen

Por Isaac Vargas[1]

issac.varglez@gmail.com

14 de septiembre, 2019

Durante cerca de cinco meses realicé 20 entrevistas en un albergue para migrantes del occidente mexicano, así como a los alrededores de las vías del tren que circundan dicho lugar. Ello me permitió bosquejar algunas de las violencias que se amalgaman para expulsar a las personas de sus países (colocando la mirada analítica, debido a mis datos de campo, en la subregión compuesta por México y Centroamérica –primordialmente El Salvador, Guatemala y Honduras-). La vulnerabilidad de los migrantes, arguyo, se incrementa a su paso por caminos de los cuales se han apoderado grupos y redes criminales nacionales que han encontrado en la migración un negocio lucrativo que contribuye a incrementar sus ingresos financieros en medio de la llamada narcoguerra.   

El Migrar y sus violencias 

¿Por qué la gente migra? es una pregunta base para partir en la discusión que planteo desarrollar. La interrogante en principio podría parecer demasiado sencilla, sin embargo, entraña la posibilidad de cuestionarnos cuáles son los motivos que han llevado a millares de mujeres y hombres a migrar en la subregión conformada por México-Centroamérica.

Antes de proseguir es fundamental apuntar que retomo el acto de migrar como una estrategia de supervivencia, no únicamente económica. Esto permite apreciar el papel de la familia, el rol de la cultura, así como las emociones puestas en juego al momento de abandonar el terruño para llegar a un territorio ajeno, las comunidades transnacionales que se tejen entre un país emisor y otro receptor, o las violencias insertas en el proceso migratorio.  

Me quiero situar en el escenario que viven los migrantes a su paso por México; es importante recalcar que ellos vienen huyendo de otras violencias: el migrar funge como una válvula de escape a los problemas desencadenados por la marginación y la ausencia de un modelo viable para el buscado ascenso social. Tanto México como los países que componen Centroamérica presentan históricas brechas económicas, sociales, políticas y culturales que han animado la llegada a los Estados Unidos, como una tierra de promesas, de más de 11 millones y medio de mexicanos[1] junto con aproximadamente 3.4 millones de centroamericanos[2]. Al dejar el terruño se huye de un escenario violento, pero existe otro en el camino que le aguarda a los connacionales y transmigrantes que transitan por México para llegar a la también llamada Unión Americana.  

Un México inhóspito 

Nuestro país se ha convertido en un camino aún más hostil a partir de la guerra que estalló en 2006. Entonces en la clásica ruta migratoria del Golfo hubo mayor presencia de cárteles del narcotráfico que pronto vieron en la migración un lucrativo negocio. Ante dicho panorama se dio una proliferación de rutas y atajos para sortear violencias como la económica (altas cuotas del coyotaje, robos y cobros para dejarseguir a los migrantes en su trayecto), la física (golpes, violaciones, en general, tortura), o simbólica (amenazas causantes de un terror psicológico). 

Desde una perspectiva histórica, refiere Morales (2011), la exacerbación del narcotráfico en la región latinoamericana a finales del último cuarto del pasado siglo XX obedece a una acumulación de factores que van desde el crecimiento del consumo de drogas a nivel regional (con particularidad en Estados Unidos), aunado con la articulación de organizaciones criminales dispuestas a pelear por ese mercado y la debilidad de las instituciones de los estados en América Latina para controlar a los actores criminales junto a las consecuencias de las políticas antidrogas como principal frente de lucha; en que el prohibicionismo ha marcado la pauta. 

De acuerdo con Maldonado (2018) en el caso mexicano, sin desatender el panorama internacional bosquejado por Morales, las políticas de ajuste estructural del siglo pasado alentaron una consecuente reestructuración económica, política y social que ha contribuido a ensanchar aún más las franjas de la desigualdad, lo cual ha creado un amplio número de personas “dispuestas” a emplearse en las ilegalidades. Debido al desarrollo selectivo de la neoliberalización regiones enteras han quedado abandonadas por parte del aparato estatal; al menos en apariencia. En dichas regiones la ley está parcialmente presente, conformándose así las condiciones idóneas para que emerjan mercados al margen de las leyes acompañados de alianzas inconfesables con el mundo político. 

Testimonios de migrantes a través de una nación criminal 

En las 20 entrevistas y las charlas informales que sostuve en el albergue en el cual hice trabajo de campo, destacó en todo momento el miedo, o bien, de manera más directa, testimonios de una violencia sufrida durante el paso por México. En primer lugar, se hizo palpable la estrategia de viajar en grupo, de no salir de noche, de formar redes cada vez más grandes a lo largo del viaje como una necesidad creciente debido a una violencia criminal que insiste en apoderarse de las rutas migratorias. El acecho sobre los caminos ha repercutido en su fragmentación, bosquejando un nuevo mapa migratorio cuyas implicaciones abordaré más adelante, por ahora, el énfasis es mostrar la disputa por el migrante como mercancía entre las redes criminales. A continuación, por el espacio y las finalidades de este escrito, recupero solo algunas de las vivencias.

La primera vez que tuve acercamiento con un testimonio ligado con la vulnerabilidad de los migrantes fue cuando la señora Romina relató, en un encuentro de víctimas, que al buscar a su hija se ha encontrado con el horror. Ha conocido lugares (prostíbulos) en donde están “muchachas de otros lados de México y de otros países a quienes sus familias seguro andan buscando y fueron muy probablemente robadas o están ahí obligadas, y ellas solo quieren regresar a su casa o llegar a donde iban, porque varias se dirigían al norte”. Nos quedamos con la idea, nos dice, del paraíso turístico (la región costera de occidente), mas el Cártel Jalisco “tiene ahí muchos negocios, incluyendo la prostitución”

Posteriormente tuve la oportunidad de platicar con Pedro: un joven padre de familia de origen mexicano que fue deportado cuando intentó cruzar, por segunda ocasión, a los Estados Unidos. En su trayecto con un pollero recomendado por conocidos de su pueblo conoció a chavos del sur, como él los llama, en referencia a los migrantes provenientes de Centro y Sudamérica. Estos chavos del sur, relata Pedro, ante la falta de suficiente dinero para pagar el monto fijado para que los pasaran del otro lado debían quedarse a trabajar por una temporada en una zona del noroeste mexicano en la siembra de amapola. “Pero quién sabe que habrá pasado con ellos, a mí eso me contaron cuando estuvimos juntos en una parte del tiempo, luego nos separaron ya llegando más arriba; a los que nos íbamos y los que se quedaban”

Las palabras de la señora Romina y de Pedro versan sobre el tráfico ilícito y las redes de trata en la subregión México – Centroamérica, que de acuerdo con Canales y Rojas (2018) son actividades criminales consideradas como graves violaciones a los derechos humanos. Díaz (2018) refiere que el estado mexicano ha suscrito instrumentos internacionales los cuales en teoría previenen y combaten dichas redes, con énfasis las de trata, al reconocerlas como delitos de lesa humanidad. En el marco jurídico nacional con la reforma al artículo primero constitucional en materia de derechos humanos en 2011 junto a la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata promulgada en 2012, se ha edificado un andamiaje para proteger a las potenciales víctimas de estos delitos, entre ellas, las personas migrantes.

Pero por las condiciones ya relatadas -las zonas grises en medio de la guerra- las redes de tráfico y de trata continúan siendo alimentadas con víctimas que serán explotadas “en actividades como el empleo doméstico, el agrícola, la construcción, pesca, comercio sexual, mendicidad” (Canales y Rojas 2018, 50). Además, estos crímenes (tráfico y trata) poseen un carácter translocal y transnacional al ser una actividad compuesta por el traslado de migrantes a otras partes de México para explotarles, o a otros países, inclusive africanos y asiáticos, no solamente europeos u otras regiones de Norteamérica. Respecto al caso nacional Díaz (2018) escribe que la mayoría de las víctimas “provienen de Centroamérica – sobre todo del Triángulo del Norte y en menor medida de Belice, Nicaragua y Costa Rica” (117). Según los datos analizados por la autora por medio de informes gubernamentales y de organizaciones nacionales, en México los migrantes son llevados en su mayoría a la frontera norte (Tijuana, Los Cabos y La Paz), mas indica que Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Estado de México y Tlaxcala están entre las entidades con un creciente registro de casos de trata. En cuanto al plano internacional, la activista Alejandra Cartagena apunta que debemos tener en cuenta los corredores de comercio sexual que atraviesan el país y se interconectan con otros territorios más allá de las fronteras:

Es urgente mirar el contexto regional de violencia sistemática para de esta manera comprender a qué nos enfrentamos. Por ejemplo, en 12 horas una mujer que ha sido desaparecida con fines de trata sexual ya está en otro continente. Las primeras 24 horas de hecho son las más fundamentales, pero la simbiosis entre crimen y política se las arregla para continuar con sus crímenes y burocratizar las búsquedas (Cartagena 2018).

Laura, una mujer proveniente de Guatemala me indica que dos de sus compañeras de viaje fueron retenidas en Veracruz por hombres que vigilaban el camino. “No las dejaron seguir con nosotros. No podíamos hacer nada, sientes el enojo, pero sabes que si haces algo está tu vida ahí, que corres riesgos, porque los otros (los coyotes) ni dijeron nada”. Sin duda, la incertidumbre, sobre el destino propio y de aquellos que te acompañan, es una compañera latente a lo largo del viaje. Por ejemplo, Luis luego de que su hermano desapareció al no regresar al albergue (en Chiapas) luego de salir a charolear, se unió a un grupo de chicos para no viajar solo. Pero antes de subirse al tren para seguir su andar: 

Llegaron unos muchachos diciendo, hey manos arriba, pero fui el único que logró escaparse.Tenían machetes (…) venía un poco más atrás, por eso salí a toda carrera, aun con mi pierna lastimada. Me escondí en un hueco que había en una casa abandonada, parecía una casa. Se pasaron de largo, porque sí los escuché (…) a los otros los agarraron, sabe qué habrá pasado con ellos (Luis 2018).

Es importante observar el modo en que convergen el tráfico de personas y la trata. En apariencia los migrantes que recurren a un coyote, sin saberlo, podrían caer en las redes de trata si su perfil cumple con determinados requisitos (como los hombres que siembran amapola o las chicas en la costa del occidente). 

Un migrante puede ser entonces privado de su libertad para satisfacer un mercado de extracción de órganos que incluye “tejidos, fluidos y células humanas. Igualmente, hay un número de embarazos forzados (para la comercialización de bebés, las adopciones fraudulentas, y la obtención de tejido fetal usado en la industria cosmética), así como el uso de personas en la comisión de delitos diversos como el sicariato y el terrorismo” (Canales y Rojas 2018, 51). En esta línea, la mayor parte de los esfuerzos se han enfocado, nos dicen Canales y Rojas (2018), en combatir la trata de personas con fines de explotación sexual, descuidando las otras formas de explotación arriba enlistadas, cuyas ganancias representan importantes fuentes de ingreso para un crimen solapado por la ineficiencia del aparato de justicia mexicana para combatir el brutal devenir del migrante como mercancía. 

En el capitalismo contemporáneo, de acuerdo con Sayak Valencia (2010, 2), “los cuerpos son concebidos como productos de intercambio que alteran y rompen las lógicas de producción del capital al saltarse la fase de producción de la mercancía en la industria. Vemos una mercancía encarnada en el cuerpo y la vida humana”. En un sistema interconectado por medio de la economía, pero que condensa al resto de las esferas que rodean al ser humano, la mercantilización del cuerpo como un problema de estudio requiere de nuestra atención. Particularmente porque, en el caso de la industria de la migración, compuesta por los actores y mecanismos legales e ilegales que extraen ganancias de la movilidad, las redes de trata revestidas como redes de tráfico cometen desapariciones como efecto de una insaciabilidad económica global intermediada por las redes criminales mexicanas. Con la finalidad de proveer mujeres y hombres a diversas latitudes las personas son borradas del mapa; sus familias pierden su rastro y se configura la imposibilidad de conectar un nombre con un lugar para establecer al menos un destino final (Rojas 2017).

 A manera de colofón, podemos apreciar que la migración, especialmente aquella que va de sur a norte y pasad por México, está directamente relacionada con la violencia que convierte a los migrantes en desplazados, exiliados, detenidos, secuestrados, expulsados, retenidos. A su vez, Turner (1974) pone énfasis en el cuerpo también como una dimensión política que permite mantener el orden social, o lo que llama como “la disciplinas” del cuerpo, retomando a Foucault (2006) como una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas. Es decir que un marco de macroviolencias asecha a quienes se ven obligados a parar por una nación criminal cuyos caminos son inciertos. Ellos, los migrantes, cargados de sueños, caminan en la frontera de ser usados por las redes criminales como una mercancía dentro una economía ilegal. 

Referencias

Canales, Alejandro y Rojas, Martha Luz. 2018. Panorama de la migración internacional en México y Centroamérica. Santiago: CEPAL.

Díaz, Alvarado. 2018. “Migrantes en tránsito por la frontera sur de México, víctimas de la trata de personas: una asignatura pendiente”. Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad6:105-120.

Foucault, Michel (2006), Seguridad, territorio y población: Curso en el College de France. 1977-1978. Buenos Aires: FCE.

Maldonado, Salvador. 2018. La ilusión de la seguridad. Política y violencia en la periferia michoacana. Zamora: El Colegio de Michoacán. 

Maldonado, Salvador. 2012. “Drogas, violencia y militarización en el México rural. El caso de Michoacán”. Revista Mexicana de Sociología 1: 5-39.

Morales, César. 2011. “La guerra contra el narcotráfico en México. Debilidad del Estado, orden local y fracaso de una estrategia”. Aposta. Revista de Ciencias Sociales50: 1-35. 

Rojas, Ana. 2018. “No es una caravana: es un éxodo”: las razones de los cientos de hondureños que siguen los pasos de los que ya camina por México. BBC Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45978111

Turner, Victor (1974), Dramas, fields and methaphors. Symbolic action in human society. Ithaca-London: Cornell University Press.

Valencia, Sayak. 2010. “Economía: cuerpos en negocio”. Ponencia presentada en el Seminario Encuentro Movimiento en las Bases. Andalucía, 10 de abril. 


[1]http://www.ime.gob.mx/gob/estadisticas/2016/mundo/estadistica_poblacion.html(hasta abril de 2016)

[2]https://www.migrationpolicy.org/article/inmigrantes-centroamericanos-en-los-estados-unidos(año 2015)


[1]Estudiante del Doctorado Integral en Antropología Social en El Colegio de Michoacán, en donde desarrolla una investigación sobre la búsqueda de personas desaparecidas en Jalisco.