Autor: valecappe

La mochila de la Patria y los objetos de la migración venezolana

Por Gabriela Pinillos Quintero

30 de enero de 2019

El objetivo de este texto es plantear una reflexión hacia lo que yo llamaría la resignificación de los objetos de la migración venezolana frente al pronunciamiento de un patriotismo desde los programas y políticas del gobierno bolivariano de Venezuela. Una observación que se realiza a partir de la consecuencia no esperada de las acciones de dicho gobierno, particularmente de los programas sociales y asistenciales, sobre la población con el propósito de promover los sentimientos asociados al patriotismo para fortalecer un tipo de gobierno que a la fecha ha sido fallido por múltiples razones y causas de orden interno, pero también acompañadas de bloqueos y boicots comerciales internacionales. En este caso, la reflexión surge de la observación de un objeto específico presente en el trayecto migratorio que realizan las y los venezolanos a pie a lo largo de la carretera que desde La Parada (Villa del Rosario, Colombia) conduce hasta Bogotá (Colombia). Se trata de “la Mochila de la Patria”, la cual es parte de un programa social oficial consistente en la entrega de mochilas y útiles escolares a niños y niñas y jóvenes de los liceos y escuelas públicas a lo largo de todo el territorio venezolano. 

Hablar de patriotismo, nacionalismo y Estado es un tema sumamente complejo que requiere de la elaboración analítica y una indagación muy extensa y profunda del origen de los términos, sus raíces etimológicas y la evolución del significado que adquieren en la actualidad cada uno de estos términos. En esta entrada al blog de la Comunidad Interdisciplinario de Estudios Migratorios no tendré oportunidad de realizar este ejercicio analítico ni tampoco es mi pretensión parecer especialista en el tema. Sin embargo, retomaré algunos conceptos básicos para poder desarrollar la idea del texto.

Patria, Nación y Estado, son conceptos que se encuentran interrelacionados, pero que se confunden en los discursos populares e incluso en los discursos académicos. A cada uno de estos conceptos corresponden una serie de símbolos creados para darles significado. La Nación, por ejemplo, señala el lugar donde un individuo ha nacido (Bandieri, 2007: 22), la nación es la expresión de un nosotros que se presenta bajo la forma de una comunidad de sangre, una comunidad de suelo o una comunidad de ciudadanos (López, 2014: 99). Es una agrupación de seres humanos que habitan en un mismo territorio y que tienen un origen y unas lenguas comunes e intereses, una serie de vivencias históricas comunes y en donde hay una clara voluntad de constituirse en Nación. El Estado es la Nación soberana organizada políticamente, sobre un territorio determinado, con ordenación jurídica de conductas.

La patria, por otro lado, suscita unas relaciones afectivas. El concepto ha ido evolucionando a lo largo de la historia, como concepto se encuentra en el centro de múltiples debates y críticas desde diversos sectores políticos y académicos. Pero interesa aquí destacar, como lo plantea Vázquez (2003) “su capacidad superior para evocar el poder de la emoción y la pasión, por encima de la razón. Y, derivando de ello, su mayor poderío como motor de comportamientos humanos” (Vázquez, 2003: 55) 

“Este concepto de patria, que precede al moderno concepto de nación, pone el énfasis en un aspecto telúrico: el lazo primario de pertenencia al territorio de padres y antepasados. Una distinción conceptual entre nacionalismo y patriotismo puede resultar relativamente fácil en tanto la mayoría de estudios escinden la identidad cultural de la identidad política, y asocian a la primera con el nacionalismo y a la segunda con el patriotismo” (López, 2014: 100-114). Los gobiernos de los Estados acuden a fortalecer los sentimientos patrióticos dentro de su población para fortalecer su control y poder sobre la misma y sobre el territorio.

“En esta perspectiva “patriotismo” denota una forma específica de lealtad: aquella de ser miembro de un país o un Estado. Sin embargo, la lealtad no cubre por sí sola la gama de valores que se asocian al patriotismo, dado que este también contiene un sentido de identificación personal con, y preocupación por, la existencia y el bienestar de ese país o Estado” (Arlotti, 2016: 3-4). Los sentimientos asociados a la pertenencia a “la patria” asumen distintos objetos a lo largo de los siglos. Los llamados “símbolos patrios” son objetos creados con el objetivo de promover los sentimientos patrióticos en los individuos pertenecientes a la Nación. En Venezuela, el patriotismo, pensado como el sentimiento asociado a esa preocupación y sentimiento de bienestar hacia su país, podría decirse, ha logrado su propósito de manera más pronunciada que en otros lugares del mundo, quizás esta pueda ser una afirmación arriesgada, pero cuando se observan los propósitos de los gobiernos que han dirigido dicho país no es difícil observar la manera en que se profundiza en el establecimiento de elementos patrióticos y nacionalistas. La relación con los elementos y símbolos patrios como el himno nacional, la bandera, el escudo destaca en los discursos de los y las venezolanas. 

En los discursos y en algunas de las acciones observadas en el tránsito por Colombia de las personas que han migrado desde Venezuela a causa de la crisis económica y política de los últimos años, destacan los sentimientos asociados al abandono que se ha tenido que hacer del lugar en el que se quiere permanecer y la preocupación por los procesos de crisis y caos que vive el país. La idea del retorno acompañada de la esperanza de una recuperación de la economía y el bienestar de la Nación. 

La masiva migración venezolana actual, considerada como la cuarta ola, como ha sido documentado ya, es consecuencia de una crisis profunda del modelo económico y político implementado por el gobierno bolivariano de Venezuela que ya lleva casi 20 años en el poder, que fue iniciado por Hugo Chávez y actualmente encabezado por Nicolás Maduro. Esta oleada está conformada por población colombiana en retorno y población venezolana sin familiares en Colombia. Es importante resaltar que la crisis económica, como lo plantean distintos economistas (Rodríguez, 2018)[1], ha sido el resultado no solo de los desaciertos del actual modelo de gobierno, sino que responde a un histórico y extendido abuso de los recursos y de malos manejos de gobiernos anteriores. En ese sentido, la crisis de la economía venezolana se trata de un asunto profundamente estructural y la comprensión de la misma merece la atención a diferentes y complejas variables. Pero sin lugar a dudas, la diáspora venezolana actual, no es otra cosa que el estallido de un modelo económico insostenible y fallido acompañado de bloqueos y boicots comerciales.

El gobierno bolivariano de Venezuela, dentro de su modelo de gobierno, ha buscado promover de una manera asidua los “valores y sentimientos de la patria”, no en vano el eslogan de su gobierno “Independencia, Patria y Socialismo. Viviremos y venceremos hasta la victoria siempre”. Dentro de dicho sistema de gobierno se han ido implementando unos programas sociales denominados “Misiones”[2], los cuales están dirigidos a ofrecer servicios y derechos a las poblaciones en condiciones de pobreza y pobreza extrema en cuestiones de salud, educación, trabajo, alimentación, entre otras. Bajo esa misma lógica, el actual gobierno creó un programa denominado “la mochila de la patria”, que consiste en la entrega de una mochila con útiles escolares para niñas y niños y jóvenes de escuelas públicas a lo largo de todo el país. La mochila con los colores amarillo, azul y rojo, como muchos de los elementos y objetos que otorga el gobierno venezolano, representa, a su vez, un objeto del patriotismo venezolano. Esta mochila que se ha convertido en “el símbolo de la diáspora venezolana”, como lo mencionan algunos medios como BBC Mundo[3], parece ser una mancha tricolor que se esparce a lo largo del trayecto migratorio, un objeto que las y los migrantes han resignificado a partir de su experiencia en el éxodo de su país por la hiperinflación, la escases de medicamentos y recursos, el desempleo y los bajos salarios. 

Foto: BBC Mundo.

La migración venezolana actual representa un drama y un reto para el gobierno venezolano y también para los gobiernos de los países que constituyen el destino y el tránsito de esta fuerte oleada de migrantes. Parte de esta migración ha llamado la atención en su tránsito por Colombia, que ha sido ya documentado principalmente por medios de comunicación de prensa y televisión internacionales (El Tiempo, BBC, New York Times). Este trayecto comienza desde La Parada, el corregimiento de Villa del Rosario municipio fronterizo de Norte de Santander contiguo al Puente Internacional Simón Bolívar del lado colombiano, sin contar el trayecto recorrido al interior de Venezuela y antes de cruzar la frontera. Desde allí cientos de personas comienzan su éxodo caminando por toda la carretera que pasa por Cúcuta y municipios del departamento de Norte de Santander, Bucaramanga y municipios del departamento de Santander, Tunja y municipios de Boyacá, hasta Bogotá. Una carretera que implica un recorrido por distintas temperaturas y alturas sobre el nivel del mar, un camino en subida desde Cúcuta (440 msnm), pasando por el páramo de Berlín, donde quizá se está a la mitad del camino cuya altura comprende entre 2.800 y 4.290 metros sobre el nivel del mar, y finalmente hasta Bogotá (2600 msnm) (Algunas personas continúan su trayecto caminando hasta Perú y Ecuador). “Una marcha de 554 kilómetros de Cúcuta a la capital de Colombia, que implica enfrentar el ascenso a la Cordillera Oriental de los Andes colombianos”[4].

            La Parada[5], con una temperatura alrededor de los 31 grados centígrados, donde el aire es seco y lleno de polvo, el lugar donde cientos de personas diariamente se desplazan de un lado a otro del Puente Simón Bolívar en la frontera entre Colombia y Venezuela, aquel puente que anteriormente fue el paso de miles y miles de vehículos y personas que transitaban diariamente la que, yo diría, “ingenuamente” investigadores y medios locales llamaban “frontera más transitada de Latinoamérica” es ahora un puente peatonal internacional. Las vallas dispuestas a lo largo del puente ordenan el flujo del tránsito de quienes caminan en una dirección y en otra. En este escenario: la mochila. Los colores amarillo, azul y rojo, destacan en la dinámica del paisaje.

Foto: Gabriela Pinillos


Foto: Gabriela Pinillos

La mochila de la patria, está en todas partes, puesta en un árbol junto a un carro de perros calientes donde su dueña, una mujer venezolana, se dedica a venderlos. También en la carretera, en los buses, en los vendedores ambulantes fronterizos, en las personas que se dirigen a las empresas de transporte que ofrecen traslados “legales” y “no legales”[1]hasta Chile. 

Foto: Gabriela Pinillos
Foto: Gabriela Pinillos

[La mochila que se otorga a las niños y niñas de las escuelas en Venezuela, según cuentan algunas personas contactadas en la frontera, es usada por madres y padres o familiares de dichos niños y niñas como un recurso u objeto de la migración y el tránsito migratorio por Colombia y los demás países latinoamericanos hasta donde se realiza la gran caminata migratoria. Rodrigo contactado en el trayecto migratorio en la vía a Pamplona reafirma esta dinámica alrededor de la mochila. 

            Es así que, mientras de acuerdo con versiones de los medios, de un lado, la crisis venezolana ha afectado la el sistema educativo en tanto se ha agudizado la deserción escolar y el ausentismo. ““Los niños no van al colegio, no se inscribieron, niños que están en situación de calle porque sus padres salieron del país, niños que se quedaron al cargo de sus abuelos, que a su vez no pueden llevarlos al colegio. Tampoco cuentan con alimentación adecuada para poder ir a un centro de estudios; no tienen cómo tomar el transporte público porque tampoco hay” Manifestó Melva Paredes (diputada de la Asamblea Nacional)” (www.elvenezolanonews.com) 

Foto: Cortesía de (AP Foto/Ariana Cubillos)  http://elvenezolanonews.com

Por otro lado, el gobierno venezolano expresa que constantemente realiza campañas que difunde a través de sus medios con el propósito de fortalecer la educación y hacer frente al problema de deserción y ausentismo que existe en el país, así como a la crisis de las escuelas privadas que se han ido cerrando y como consecuencia de ello dejando a muchos niños y niñas sin cupos. 

            La mochila, en todo caso, se representa tanto como un símbolo de un sistema educativo fallido, así como un elemento de los procesos de resignificación que con la migración y, en particular, durante el tránsito migratorio los sujetos realizan de los objetos escogidos para dicho movimiento. Una resignificación de los símbolos vinculados con un tipo de patriotismo que ha querido impulsar el gobierno bolivariano de Venezuela para fortalecer su modelo político y preservarse en el poder. 

            Resulta sumamente paradójico y parece ser una puesta en escena de cómo los alcances del control del Estado sobre la población, en este caso, venezolana, se quedan limitados en el marco de sus propias fronteras. Los sentimientos de nación acompañan la migración de los individuos y los símbolos sirven como un testimonio o símbolo, en el caso venezolano, de la denuncia que se busca hacer de las fallas del gobierno. La mancha tricolor con estrellas se esparce por todo el continente dejando en evidencia la crisis del modelo y los límites del Estado. 

            En este ejercicio de observación y reflexión general sobre patriotismo, objetos y significados, es importante retormar lo planteado por Alonso Rey acerca de la importancia de “indagar en los objetos seleccionados como acompañamiento en el viaje migratorio, ya que ello permitirá dar cuenta de procesos culturales de apropiación y resignificación de los objetos, que van al unísono con procesos de identificación y construcción de la propia vivencia biográfica y migratoria por parte de las personas migrantes” (Alonso Rey, 2012: 36). Los objetos y su significado establecen también una diferenciación en las sociedades, así como lo plantea Elías (1994) y establecen criterios de identidad. Por ello detenerse a pensar en los objetos de la migración es importante en tanto y por cuanto esta observación de la interrelación entre objetos y sujetos puede arrojar múltiples elementos de análisis para comprender los efectos y el impacto en la transformación de la sociedad que promueven las distintas movilidades de la población. 

            En esta observación realizada intento poner este tema en discusión y proponer la realización de estudios vinculados con ello, ya que, en lo personal, este representa un tema de interés por el que seguiré indagando y profundizando en otros espacios.

Referencias electrónicas de consulta:

https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/como-es-el-paso-de-un-migrante-venezolano-hasta-colombia-223974

https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/como-es-el-paso-de-un-migrante-venezolano-hasta-colombia-223974

https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/madres-venezuela-cruzan-frontera-dar-luz-colombia-noticia-499243

https://www.bancomundial.org/es/events/2018/10/25/migracion-desde-venezuela-a-colombia

https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872

Referencias bibliográficas

Alonso Rey, Natalia, 2012, Las cosas de la maleta. Objetos y experiencia migratoria. Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 12, 36-56

Arlotti, Raul, 2016, Anales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

Bandieri, Luis María, Patria, nación, estado “et de quibusdam aliis”. Revista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas [en linea] 2007, 37 (Enero-Junio)

Elias, Norbert, 1994, La teoría del símbolo, Ediciones Península.

López, Liliana Maria, 2014, Figuraciones de la tierra natal: patria, nación, república. Co-herencia, 11, Julio-diciembre

Vázquez, Javier Feal, 2003, Los símbolos de la patria, Boletín de Información, ISSN 0213-6864, Nº. 281


[1]Francisco Rodríguez** 30 de octubre 2018, https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/guia-para-comprender-el-colapso-economico-de-venezuela-285096

[2]https://es.wikipedia.org/wiki/sistema_nacional_de_misiones

[3]https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/madres-venezuela-cruzan-frontera-dar-luz-colombia-noticia-499243

[4]José Ospina-valencia https://www.dw.com/es/el-p%C3%A1ramo-de-berl%C3%ADn-el-desaf%C3%ADo-para-los-venezolanos-migrantes-en-colombia/a-45435200

[5]La Parada es un corregimiento del municipio de Villa del Rosario en Norte de Santander, Colombia que se encuentra contiguo al Puente Internacional Simón bolívar que establece el límite entre Colombia y Venezuela. 

[6]Algunas personas que migran de Venezuela a Colombia lo hacen sin contar con los documentos de identidad necesarios para tal movimiento y existen algunas empresas de transporte terrestre que han sido denunciadas por trasladar a personas sin contar con los documentos oficiales. Por lo que se convierte en una acción ilegal.

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BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA CARAVANA -ÉXODO- MIGRANTE

Foto: Omar Martínez/Cuartoscuro.com

Por Chantal Lucero Vargas / CIEM 

chantallucero@gmail.com

28/11/2018

Introducción

El tema de la migración no es algo nuevo, como tampoco lo es la xenofobia, ni el nacionalismo, tres palabras que enmarcan mucho lo que se vive actualmente con la Caravana Migrante que transita por México con la finalidad de solicitar asilo en los Estados Unidos. Este éxodo migratorio -como ha sido denominado por distintos académicos en materia migratoria-no ha tenido un andar fácil.  Dejando a un lado los rumores de que el mismo es una Caravana con un tinte político muy grande involucrando distintos intereses de por medio, la realidad es que Centroamérica, especialmente los países que forman el llamado Triángulo del Norte -Guatemala, Honduras y El Salvador-, presentan índices alarmantes de violencia y pobreza extrema. 

Principales factores de expulsión de las personas provenientes del Triángulo del Norte

La violencia experimentada sistemáticamente por la población del Triángulo del Norte no es diferente a la violencia que se vive en un país de guerra. Los asesinatos, secuestros y extorsiones son algo cotidiano, los mismos son llevados a cabo en su mayoría por bandas criminales que propagan la inseguridad y reclutan a la fuerza a individuos para engrosar sus filas, y en donde la violencia sexual -principalmente a mujeres- se utiliza como una herramienta de intimidación y control (MSF, 2017), todo esto, aunado a la extrema pobreza que se vive en los mismos, trae como consecuencia la emigración hacia el norte de miles de personas año con año. De lo anterior dan cuenta las cifras dadas a conocer por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2016), en donde se refleja que unas 500,000 personas procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, entran anualmente a territorio mexicano con la finalidad de escapar de esta violencia y pobreza que impera en sus países de origen. Desgraciadamente su paso por México no es algo distinto.

Cruzar en Caravana como forma de protección

La vulnerabilidad a la que se enfrentan las personas que transitan por territorio mexicano sin los permisos correspondientes se traduce en asaltos, robos, violaciones, explotación laboral y sexual, abuso de autoridades y crimen organizado; a lo anterior se suman las condiciones climáticas extremas las cuales se presentan en gran parte del país (WOLA, 2014; CRS, 2010). Esta vulnerabilidad presentada en el tránsito migratorio ha sido uno de los motivos por los que esta población ha decidido migrar juntos, como ellos señalan: ‘para protegerse unos con otros’ y así poder llegar a Estados Unidos en busca del tan anhelado sueño americano. Sin embargo, como todo sueño, también puede haber algunas pesadillas. 

Visibilización de la Caravana Migrante a su paso por México

Según informes de Pueblos Sin Fronteras -la organización que se asume como uno de los organizadores de esta Caravana-se espera que transiten por México con la finalidad de llegar hasta la ciudad de Tijuana para de ahí cruzar juntos hacia los Estados Unidos, 30,000 migrantes. Esta cantidad está compuesta en su mayoría por hombres pero también por mujeres -algunas embarazadas-, adolescentes, niños, personas de la tercera edad así como miembros de la comunidad LGBTTTIQ (Acevedo, 2018). 30,000 migrantes que es sólo una parte de los 500,000 que año con año cruzan el país con la finalidad de llegar a Estados Unidos. Entonces: ¿por qué ahora sí los visibilizamos? 

La Caravana Migrante que actualmente transita en territorio mexicano, no es la primera de este tipo en nuestro país

La primera Caravana se inició hace más de quince años, sin embargo, ninguna había tenido tanta visibilidad como esta. Por un lado, gran parte de esta “publicidad” se la dio el propio Donald J. Trump al twittear incesantemente sobre la misma, lo anterior resultó en una atención mediática sin precedentes por la prensa a nivel mundial; por otro lado, esta Caravana quiso ser visibilizada, tal vez sea como una medida de protección para poder exigir a los países en tránsito el respecto a sus derechos humanos con todo lo que ello conlleva, tal vez, como lo señala el Padre Solalinde, sea un ardil orquestado por Pueblos Sin Fronteras para llevar de forma “impactante” a miles de migrantes centroamericanos pero también, a polleros y personas armadas (Rosagel, 2018) o quizá haya otros intereses -políticos- de por medio. 

            Tristemente esta visibilización se dio con un grupo de migrantes que el 18 de octubre del presente año derivaron la valla policial entre México y Guatemala logrando cruzar a territorio mexicano gritando ‘sí se pudo’ y ondeando la bandera hondureña. Estas actitudes despertaron el nacionalismo de varios mexicanos transformándose el mismo en  actitudes xenófobas al catalogar a este grupo de migrantes como “delincuentes”, “asesinos”, “mareros”, “drogadictos” y al empezarse a preguntar por qué México no los detenía y les daba libre paso si habían violentado la soberanía nacional.

El papel del Estado Mexicano 

México tiene firmados la mayoría de los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos. Los derechos consagrados en los mismos, por mandato Constitucional, tienen que ser respetados y garantizados a toda persona bajo jurisdicción del Estado Mexicano, sin distinción alguna y con independencia de su estatus migratorio[1].  En este contexto, si bien, los Estados tienen todo el derecho soberano de decidir quien entra y no a su territorio y por lo anterior, adoptar medidas relativas a la migración y a la seguridad de sus fronteras, también deben de cumplir con las obligaciones que les impone el derecho internacional en relación a los derechos humanos de los migrantes sin discriminación de ningún tipo, prestando asistencia y socorro a los migrantes que lo necesiten con independencia de su situación migratoria y, a la par, crear un entorno seguro y propicio para que las personas y organizaciones que presten ayuda a este grupo en particular lo hagan sin obstáculos y en un ambiente seguro (ONU, 2015). Por lo anterior, el Estado Mexicano tiene la obligación no sólo jurídica en virtud de los distintos instrumentos internacionales en materia de derechos humanos a los que se ha adherido, sino moral, de respetar los derechos humanos de toda persona migrante bajo su jurisdicción sin importar su estatus migratorio o la manera a la que entraron al territorio.

La respuesta de Estados Unidos hacia el Éxodo Migrante

Para nadie es novedad que, desde su campaña para la Presidencia de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump ha promovido una serie de acciones para frenar la migración irregular. Una de estas acciones fue la famosa iniciativa para construir un muro entre México y Estados Unidos con el fin de detener a la migración irregular procedente de México y Centroamérica. Una vez que asumió el puesto de Presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump cumplió sus promesas y en enero del 2017 – a tan sólo unos días de su toma de protesta- empezó a emitir distintas órdenes ejecutivas y reformas migratorias con la finalidad de restringir la migración irregular, sobre todo la que involucra a estos países aduciendo que Estados Unidos enfrenta una ‘crisis migratoria’[2]

            En lo concerniente a la población procedente de Centroamérica, a principio de junio del año en curso el entonces Fiscal Federal de los Estados Unidos Jeff Sessions emitió una orden para que los jueces de inmigración rechazaran las peticiones de asilo de aquellos inmigrantes que alegaran violencia de pandillas o violencia doméstica, lo anterior, al considerar que se trataba de “delitos privados” que no eran motivo para otorgar el beneficio de asilo (García, 2018). De ahí en adelante las restricciones interpuestas a este grupo en específico sólo fueron en aumento. La más reciente llegó el nueve del presente mes y año cuando el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva mediante la cual interponía nuevas reglas en materia de asilo como negar el mismo a toda aquella persona que cruzara la frontera de manera irregular. Aunque por el momento esta orden ejecutiva se encuentra paralizada hasta que la Corte tome una decisión sobre el caso y la misma sea aplicable a nivel nacional, esta orden ejecutiva es una más de las medidas tomadas por el actual gobierno de los Estados Unidos para frenar la migración irregular.

Factibilidad de las personas que integran la Caravana Migrante de la obtención de asilo en los Estados Unidos de América

Es un hecho que gran parte de las personas que forman parte de este éxodo migratorio vienen huyendo de la violencia generalizada que se vive en sus países de origen, también, una gran mayoría migra por motivos económicos en busca de una oportunidad con la finalidad de tener un futuro mejor para ellos y sus familias, sin embargo, bajo la nueva política migratoria de los Estados Unidos, éstos no son motivos válidos para solicitar asilo.

            Acorde a la Ley de Inmigración y Nacionalidad de los Estados Unidos de América, será considerado como refugiado[3] toda aquella persona que no pueda o no quiere regresar a su país por motivos persecución o un temor fundado de la misma, en razón de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un cierto grupo social o derivado de su opinión política.En este contexto, ¿qué tan posible es que Estados Unidos les conceda el asilo solicitado a las personas que integran este éxodo migrante?

GRAFICA 1. MOTIVOS PRINCIPALES DE EMIGRACIÓN DE PERSONAS PROVENIENTES DE CENTROAMÉRICA, 2017 (% EVENTOS)

Fuente: Prontuario sobre movilidad y migración internacional en la Frontera Sur de México (SEGOB, 2017)

Las personas que ostentan otra nacionalidad que no sea la estadounidense -como en el caso de las personas que integran este éxodo migrante- y que se presentan por voluntad propia ante un oficial de inmigración en alguno de los puertos oficiales de entrada a los Estados Unidos, son sujetos de una remoción expedita, la cual no es más que un proceso acelerado que autoriza al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a realizar una deportación expedita de estos individuos. Ante esta remoción, las personas que se encuentren en esta situación tienen el derecho de solicitar el asilo por la vía defensiva[1]cuando manifiesten que existe un temor fundado de que su vida correría peligro o su libertad estaría en riesgo si son regresados a sus países de origen. Si se determina que, en efecto, hay un temor creíble de que la vida o libertad de esta persona estaría en peligro si se le regresa a su país, la misma sería referida a una corte de inmigración para continuar con su proceso de asilo mismo que puede tardar años, en los cuales, la persona puede vivir en los Estados Unidos hasta que se resuelva su situación migratoria, o, en el peor de los casos, se le mantendría en detención hasta que su petición de asilo sea resuelta. En el caso que el oficial de inmigración determine que no hay un temor creíble de que la vida de la persona correría peligro si se regresara a la misma a su país de origen, lo que procedería sería su deportación inmediata (AIC, 2018).  

            Las cifras más recientes de la Oficina de Estadística Migratoria (OIS) dependiente del Departamento de Seguridad de Estados Unidos señaló que en el año 2016 hubo 65,218 solicitudes de asilo por la vía defensiva, -un aumento del 35.93 por ciento en comparación con las 45,770 solicitudes de asilo recibidas en 2015-, en donde de este número 39,881 provenían de alguno de los países que conforman el Triángulo del Norte, 12,831 de México y 1,840 de China. En ese año -2016-, tan sólo 8,726 solicitudes de asilo fueron otorgadas (Mossaad y Baugh, 2018). Lo anterior sólo ejemplifica la difícil situación a la que se enfrentarían los migrantes que integran esta Caravana si deciden solicitar asilo en los Estados Unidos en donde, cada día, se ven más reducidas sus posibilidades de acceder al mismo.

Caravana Migrante. Un futuro incierto 

Es imposible saber lo que les depara a los miles de migrantes en tránsitoque integran la actual Caravana migrante. Ya sea que decidan quedarse en México con la posibilidad de regularizar su situación migratoria o, por el contrario, decidan solicitar asilo en los Estados Unidos, su panorama se ve poco favorecedor. El actual gobierno del Presidente Donald J. Trump ha sido muy enfático al señalar que la mayoría de las personas que forman este éxodo migratorio no van a entrar a  territorio Estadounidense y, los que soliciten asilo, lo tendrán que hacer por las vías legales correspondientes, es decir, respetando cabalmente las leyes de dicho país. Lo anterior es sólo el resultado de esta política migratoria de “catch and release”[2]que el Gobierno de los Estados Unidos no tiene intención de perpetuar, tal vez por eso está desarrollando junto con México el programa “Quédate en México”, mediante el cual, las personas que soliciten asilo al vecino país se quedarían en territorio mexicano mientras se resuelva su situación migratoria. 

            Sea cual sea su decisión algo que sí ha quedado claro es que la Política Migratoria por parte del Estado Mexicano para hacer frente a una emergencia humanitaria de este tipo es aún muy endeble. Una solución en la que ya se lleva tiempo trabajando en el plano internacional es en relación al Pacto Mundial de la Migración Segura, Ordenada y Regular el cual busca gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional, si bien, el mismo no sería vinculante para los Estados, sí sería un precedente basado en una cooperación internacional en relación al tema migratorio. Lo anterior va de la mano con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, ya que la misma tiene, como uno de sus objetivos, facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas, lo que, a palabras de Starfield (2017), implicaría entre otras cosas asociarse con otros países y con organizaciones internas que proporcionan migraciones seguras y regulares trayendo como consecuencia la disminución de la tasa de criminalidad, explotaciones, abuso y la mortalidad a lo largo de las rutas migratorias tanto en los países de tránsito como en los países de destino. 

Referencias bibliográficas 

Acevedo, N. (2018). ¿Qué es Pueblo Sin Fronteras, organizador de la caravana que enfurece a Trump?.Noticias Telemundo. Disponible en: https://www.telemundo.com/noticias/2018/04/05/que-es-pueblo-sin-fronteras-organizador-de-la-caravana-que-enfurece-trump

American Immigration Council (2018). Asylum in the United States.Disponible en: https://www.americanimmigrationcouncil.org/research/asylum-united-states

Asamblea General de las Naciones Unidas (2015). Protección de los derechos humanos de los migrantes: migrantes en tránsito. Consejo de Derechos Humanos. Disponible en: https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2015/10161.pdf

Catholic Relief Services, (2010) Niñez migrante: Detención y repatriación desde México de niños, niñas y adolescentes migrantes centroamericanos no acompañados. Estados Unidos, CRS. 

García, J. (2018). Jeff Session ordena negar asilo a inmigrantes víctimas de pandillas y violencia doméstica.El Diario. Disponible en: https://eldiariony.com/2018/06/11/jeff-sessions-ordena-negar-asilo-a-inmigrantes-victimas-de-pandillas-y-violencia-domestica/

Médicos Sin Fronteras, (2017) Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada.Disponible en: https://www.msf.mx/document/forzados-a-huir-del-triangulo-norte-de-centroamerica-una-crisis-humanitaria-olvidada

Mossaad, A. y R, Baugh, (2018). Refugees and Asylees: 2016. Annual Flow Report.Office of Immigration Statistics. Estados Unidos, Homeland Security. 

Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2016). Situación de los Migrantes en Tránsito, OHCHR. Disponible en: https://www.ohchr.org/Documents/Issues/Migration/StudyMigrants/OHCHR_2016_Report-migrants-transit_SP.pdf    

Rosagel, S. (2018). Padre Solalinde advierte: ONG acarrea a traficantes de armas y de personas entre los migrantes. Disponible en:https://www.sinembargo.mx/23-11-2018/3501913

Stanfield, G. (2017). Children and Migration in the Sustainable Development Goals. En Appave, G. y N. Sinha, Migration in the 2030 Agenda. Suiza. Organización Mundial de las Migraciones.

Washington Office in Latin America (2014). Mexico’s Other Border. Security, Migration, and the Humanitarian Crisis at the Line with Central America.Disponible en:http://www.wola.org/files/mxgt/report/


[1]Hay dos formas de aplicar para el beneficio del asilo en los Estados Unidos, por la vía afirmativa y por la vía defensiva. La primera se da cuando la persona no enfrenta un procedimiento de remoción expedita y aplica a la misma a través del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS); la segunda, -por la vía defensiva- surte efectos cuando la persona enfrenta un procedimiento de remoción expedita, esto es, es defensivo porque la persona se defiende contra dicha remoción (AIC, 2018).

[2]El término “catch and release” es el término peyorativo con el cual se hace referencia a la práctica que permite que una persona que tiene un procedimiento ante un Juez de Inmigración de los Estados Unidos, pueda, durante todo el tiempo que el mismo tarde en resolverse, enfrentar dicho proceso en libertad. Este término es usado actualmente para referirse a todas las políticas de inmigración que no permiten mantener en detención a los migrantes que enfrentan un proceso migratorio.

[1]En relación a los migrantes que transitan por territorio mexicano, la Asamblea General de las Naciones Unidas a través Consejo de Derechos Humanos (2015) ha señalando que la Declaración de Derechos Humanos proclama que toda persona tiene derecho de circular y elegir su residencia en el territorio de un Estado así como el derecho de salir de cualquier país, incluso del propio y regresar a su país, en este escenario, toda persona tiene derecho de disfrutar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales sin distinción de ningún tipo, con independencia del lugar donde se encuentre y de su situación migratoria, por lo anterior, los Estados tienen la responsabilidad de promover y proteger los derechos humanos de todas las personas, incluidos los migrantes en situación irregular que se encuentren en su territorio y sometidos a su jurisdicción, especialmente de las personas vulnerables como son mujeres y niños. (ONU, 2015).

[2]No hay una definición canónica que defina qué es una crisis migratoria, sin embargo, cuando se habla de la misma se refiere generalmente a una situación crítica presentada por el incremento del flujo descontrolado de un determinado país o hacia un determinado país de personas solicitantes de asilo, refugiados, migrantes económicos así como otros migrantes en situación de vulnerabilidad. 

[3]En Estados Unidos, el asilo es una garantía otorgada al extranjero que se encuentre en dicho país o en la frontera del mismo y que encaje con la definición de refugiado acorde a la legislación internacional (AIC, 2018).

Reconceptualizaciones migratorias a partir de una reflexión geográfica de las fronteras políticas de México

Por Jorge Morales Cardiel

jorgemcardiel@gmail.com

14 de Febrero de 2018

Cuando se habla de migraciones internacionales muy pocas veces se reflexiona sobre un punto clave, una de las mayores determinantes de los flujos y contraflujos que representan los masivos movimientos de seres humanos contemporáneos: las fronteras. Estas representan un verdadero punto neurálgico, determinando las relaciones geopolíticas entre las regiones y las naciones involucradas. Fuera de los desplazamientos internos, dentro de los territorios nacionales, las fronteras juegan un papel fundamental en el tratamiento político y semántico de las migraciones internacionales.

A tal efecto, las fronteras no solo enmarcan en el plano cognitivo, territorios, soberanías o nacionalidades, sino también en el plano sublime proyectan identidades, historias y realidades sociales que quedan grabadas en el imaginario colectivo de las mayorías a lo largo del tiempo, siendo en gran parte responsables de la organización social interna. Sin ser todos estos estadios estáticos -importante decirlo- por las tensiones que se dan constantemente en un mundo cada vez más globalizado y fragmentado. Para Emanuel Kant, una de las cualidades de lo sublime es que carecía de fronteras o como decía más recientemente Zygmunt Bauman, al afirmar que las fronteras sociales y culturales coinciden cada vez menos.

Otra de las complejidades que tienen las fronteras es que son aliadas de los sistemas económicos de acumulación capitalista en los espacios geográficos que circunscriben y de donde emergen. Ya que en ellos está presente y pretende seguir reproduciéndose exponencialmente hasta el final, el control de la división del trabajo, el intercambio de bienes y el flujo de capital mediante los acuerdos comerciales transnacionales. Que han evolucionado hasta exhibir una de las principales características de estos sistemas internacionales de las migraciones con sus imbricadas fronteras: la circulación de trabajadores, en donde la libertad de movimiento es la excepción y su restricción es la norma.[1]

Restricciones en donde las fronteras parecen ser esos guardianes que aparecen al inicio de la novela “El Proceso” de Franz Kafka. Que representan a la ley cuando un campesino solicita permiso para entrar en esa misma ley, contestándole el centinela que por ahora no podía dejarlo entrar. Después el hombre reflexiona volviendo a preguntar si más tarde lo dejaría entrar. “Tal vez, pero no por ahora” contesta el guardián. Argumentando después: “Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y solo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro”.

Lo cierto es que más allá de las marcadas divisiones políticas y económicas que las fronteras intentan imprimir en la actualidad con las crecientes restricciones legales que existen en tiempos de crisis capitalista, para proteger mediante los mismos nacionalismos anacrónicos a las elites beneficiadas de siempre, es que existe otra realidad bastante sugerente dentro de los territorios; podemos decir que así como hay fronteras externas, también existen fronteras internas, inclusive hasta fronteras invisibles, lo que nos lleva a entender estas divisiones fuera de los muros. Tenemos las prácticas xenofóbicas y clasicistas que se anteponen a diario ante el arribo de más población extranjera, en mi opinión aquí encontramos una de las barreras más difíciles de derribar en la actualidad, el guardián kafkiano más sutil pero también el más poderoso al fondo del salón.

No obstante el doble sentido de las fronteras, legal-restrictivo y sublime-emancipador, estas jueguen un papel cada vez más importante dentro de los sistemas migratorios supranacionales. Sin estas condicionantes no existiría la tensión social que conllevan a los acalorados debates políticos y académicos, que no son del todo perniciosos ya que nos ayudan a avanzar en la comprensión por lo menos semántica de esta realidad, para a repensar ciertas categorías de análisis dentro del vasto campo sociológico de las migraciones.

Por ejemplo, la desigual aplicación restrictiva ante el arribo de más población extranjera y su tratamiento, que nos hacen recapacitar que no todos los que llegan son precisamente “migrantes”. Esto a raíz de la proliferación de clasificaciones excluyentes que tienen como base sistemas métricos neoliberales de un mundo en constante y frenético desarrollo. Parámetros distintivos para las migraciones calificadas o altamente calificadas como para las migraciones labores o voluntarias y que repercute directamente a las nuevas migraciones forzadas.

Vale lo mismo afirmar que las clasificaciones migratorias consideradas como voluntarias e involuntarias permiten inducir a los Estados una regularización y organización de los ingresos y egresos de personas mediante una selección de migrantes “deseados” o “indeseados”. Estos últimos han llegado a ser considerados inclusive como ilegales por encontrarse al margen de los sistemas de la migración regulada y las migraciones legales como aquellas deseadas de acuerdo con los intereses nacionales por su frenética carrera por el talento[2]. Elevando esta categorización hacia la perspectiva de ser inferidas como migración calificada o altamente calificada, retomando una perspectiva clasista que trasciende el propio capital humano y su pertinencia en el desarrollo que puedan generar.

Inclusive esta clasificación de migrantes “calificados” puede ser considerada como una política migratoria clientelista y meritocrática, al responder a lealtades políticas y a la opinión pública local, así lo considera Shachar[3], debido a que se funda en una clasificación selectiva y que apuntan a que los sistemas políticos de la migración se caractericen por la competitividad. Una manera más de discriminar a las personas según sus capacidades educativas, según Tannock[4].

Pareciera que la criminalización y persecución de los contingentes de migrantes que no tienen la posibilidad de acceder a este sistema de clasificación y que se encuentran expuestas en cualquier momento a detenciones arbitrarias, deportaciones o retornos forzados son más bien estrategias de depuración del mercado laboral, por ser una mano de obra desechable y superflua, así lo expresó de forma clara Márquez Covarrubias[5]. Sobre todo de los mercados labores pertenecientes a las economía desarrolladas, aunque en los últimos años se han unido a esta depuración las economías de los países de tránsito, como el caso de México. Deportaciones, huelga a decirlo más allá de las fronteras nacionales.

En este punto vuelve a ser importante seguir partiendo de la comprensión de que la mayoría de las migraciones internacionales responden a la desigual distribución espacial del capital y del trabajo, por lo que las fronteras existen en este punto para marcar esa línea no tan delgada, -no como las que representan en las mapas- de desigualdad social, sin descartar que internamente se presentan estas mismas desigualdades, sobre todo en las grandes ciudades.

Para quienes ven los procesos y fenómenos sociales en términos de conflicto y no de equilibrio, las fronteras mexicanas son un buen parámetro para profundizar en este análisis semántico. Al comparar fronteras, de un país tan complejo como México, de entrada no parecer lógico constreñirse a una sola teoría sociológica de las migraciones ni tampoco subsumir el concepto de fronteras a la ya de por si escasa discusión teórica sobre este tema. Ni mucho menos reducirse al marco analítico asentado en una perspectiva que hasta ahora solo se ha sostenidos dentro del nacionalismo metodológico. Esto sucede cuando se contemplan a los países como las unidades de análisis y como los actores principales.

México, resulta un escenario idóneo para estudiar en específico este fenómeno en ambas fronteras. En el sur, en donde no solo se colinda con Guatemala y Belice sino con el Triángulo norte de Centroamérica completo: Honduras, El Salvador y Nicaragua, se tiene desde hace una década una situación verdaderamente alarmante de crisis humanitaria, teniendo por origen del problema, precisamente, la propia condición y manejo de la supuesta irregularidad de este sujeto migrante.

Una situación que también se puede aplicar hacia la otra crisis humanitaria en la frontera norte, con las crecientes reinserciones producto de las deportaciones de mexicanos en ambos polos geográficos de la frontera norte del país[6], de los otros connacionales mexicanos que se desplazan hacia la misma frontera norte para intentar cruzarla de forma irregular o no documentada varados en algún punto esperando el momento para realizar el paso.

Si ponemos atención, más allá de los hechos cotidianos de persecución y violencia hacia el migrante no documentado centroamericano o mexicano en cualquier frontera, bien puede ser que todos estos cambios nos indiquen la presencia de nuevos patrones migratorios impuestos por los distintos dispositivos políticos. Inherentemente se abre la puerta a la aparición de otra nueva tendencia y la imperiosa necesidad de una nueva política por parte del Estado mexicano: los solicitantes de asilo. Tanto para los reinsertados en México desde los Estados Unidos, como para los que de nueva cuenta reinciden una vez reinstalados en sus países de origen en Centroamérica que volverán a internarse en tránsito migratorio por México y para nuevos contingentes de migrantes internacionales como los haitianos varados en el noreste del país.

Ante esta realidad me parece que desde las fronteras el tratamiento y reconceptualización de la migración forzada es clave en este sentido. Se necesita algo que se adelante a la normatividad y práctica administrativa institucional. Todos estos desplazamientos internos terminarían dándoles un tratamiento imposible de extranjeros en su propio país a los inmigrantes desde las legislaciones existentes. De este modo, ya no podemos hablar de derechos de los desplazados, sino de beneficios concedidos por el Estado en cuestión que ofrece la protección de forma selectiva, como si únicamente se tratara de recibir los beneficios democráticos y de ciudadanía que recibe un refugiado por el Estado que otorgó el asilo. Es decir, el verdadero interés humanitario por la crisis de los migrantes en tránsito se desvirtúa, pues las categorías dentro del sistema global de protección a migrantes se quedan cortas ante la realidad actual. Volviendo a Bauman para concluir mencionaba que los contingentes de migrantes desplazados como proscritos productos de la globalización, son el epítome y la encarnación más plena del espíritu de frontera.

NOTAS:

[1] Arango, Joaquín (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. [Versión electrónica], Red internacional de migración y desarrollo. En, http://migracionydesarrollo.org/.

[2] Shachar, Ayalet (2006). The race for talent: highly skilled migrants and competitive immigration regimes. En, New York University law review, núm. 81. Universidad de Toronto.

[3] Ibidem

[4] Tannock, Stuart (2011). Points of perjuice: educatios-based discrimination in Canada’s inmigration system. En, antipode, vol. 43, núm. 4, pp. 1330-1356.

[5] Marquez, Humberto (2013). El redoble de la migración forzada: inseguridad, migración y destierro. Migración y desarrollo, Segundo semestre. Vol. 12, 159-175.

[6] La perniciosa e inhumana estrategia de deportación y de control fronteriza de la Border Patrol –“La migra”- al deportar a los migrantes de extremo a extremo en la frontera norte. Teniendo como efectos la modificación de la organización comunitaria local, reconfigurando el mismo tejido social y las dinámicas económicas de las ciudades fronterizas. Además de condenar a la trashumancia a miles de repatriados que tienen que recorrer cientos de kilómetros para regresar a sus lugares de origen o para volver a intentar cruzar la frontera por el mismo lugar por donde lo intentaron antes de ser capturados, exponiéndolos abiertamente al tráfico ilícito de migrantes por parte del crimen organizado. Con todo esto, paradójicamente se están convirtiendo en indocumentados en su propio país.

SOBRE EL AUTOR:

Jorge Morales Cardiel consiguió su Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, y su Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México. obtuvo un Máster en Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña, España y actualmente es estudiante de Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA. Sus líneas de investigación son: Migración indocumentada, migración en tránsito, políticas públicas hacia la migración, migración y desarrollo, Sociología de las migraciones. Entre sus principales publicaciones: “La enchilada light”. Revista de San Gregorio de Portoviejo Ecuador. Octava edición, junio-diciembre 2014, ISSN 1390-7247. “La inmigración indocumentada por países de tránsito, nuevo paradigma de los sistemas migratorios: el caso de México y Marruecos”. Revista Perspectivas Geográficas Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Vol. 21, num, 2, 2016. El control de fronteras a cambio de los derechos humanos. 2017. Editorial Académica Española. ISBN: 978-3-639-53516-7. “Migración y (sub) desarrollo: una aproximación teórico-estructuralista”. Revista Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Cuajimalpa, Ciudad de México. Núm. 4.

 

 

Las implicaciones del imaginario en la migración

Dra. Olga Lorenia Urbalejo Castorena

lurbalejo@gmail.mx

CIEM

 1ro Septiembre de 2017

 

Referir a los imaginarios es hacerlo sobre procesos de pensamiento donde la imagen toma centralidad como guía de una realidad, que involucra llevarlos a la práctica, es decir a la concreción de “vida” en base a esa forma de traducción de la imagen mental, como los refiere Hiernaux (2007). La producción teórica sobre el tema es amplia, destacaré que en estos –los imaginarios- se involucran las subjetividades en el entramado social, paradójicamente parecen objetivizar lo simbólico, permeando todas las esferas de la vida colectiva e individual. Los imaginarios se dan en un espacio-tiempo, por tal motivo se sitúan en un momento sociohistórico, como señala Castoriadis (2010). Gilbert Durán apunta que también se involucra el contexto epistemológico y refiere a los arquetipos[1] como los puntos de unión entre los imaginarios y los procesos racionales, los cuales se corresponde con imágenes que difieren según las culturas suporponiendo varios esquemas (Durán, 1992: 63-64). Así, el cómo se involucra la creación de significados e imágenes en una sociedad migrante, es hacia donde se dirige el presente texto, destacando algunos aspectos de la migración laboral.

Imaginar a dónde se migrará

El imaginario de quien pude migrar se crea desde el lugar donde se está, el de primera migración (o bien los llamados lugares de origen), las primeras imágenes pueden sustentarse en algo que se desconoce desde la experiencia propia, pero su importancia se centra en ser uno de los primeros pasos para emprender el proyecto migratorio, lo anterior porque no podemos tener consideración de vida sin un espacio (físico o subjetivo). Al pensar hacia donde se migrará se contempla, tener un lugar donde llegar a vivir, o el lugar de trabajo, pero también se piensa en las “totalidades”, la ciudad, por ejemplo; de esta forma se mueven escalas en el imaginario, que conciernen al conocimiento propio de nuestro mundo inmediato. De tal forma que, se parte de lo ya conocido, estas son las estabilidades de las cuales se precisa para tener una imagen, y en la cual se entrecruzan las circunstancias sociales y culturales.

El imaginario además se concibe por la narración del otro, los que se han ido, como lo expone Sarzuri-Lima, “implican que el primer contacto del sujeto potencialmente migrante con la migración es a partir de una narración sobre el acto de emigrar proveniente de una persona que vive o vivió un proyecto migratorio o una persona que conoce a alguien con esa experiencia (la narrativización de las experiencias migratorias)” (2013: 132). La recepción e identificación de dicha narración, continua el autor, dependerá de la situación límite[2] en que se encuentre quien escucha, pensemos que –regularmente- se construyen historias de éxito, de esta forma los lugares de destino se idealizan, aun si la descripción física no es totalmente amable, pero considerar mejorar las condiciones de vida, da fuerza a la idea de migrar.

A Tijuana, la ciudad fronteriza que articula, según algunos, una zona comercial con el estado sureño de California, se le ha atribuido el imaginario de ciudad de trabajo (Veloz, 2011) esto hace que se piense que dicho espacio asegura tener cubiertas las necesidades “básicas” requeridas en el cotidiano. Al ser un lugar receptor de migrantes que se han socializado en la ruralidad, en sus relaciones con las actividades del campo, el ritmo urbano permite imaginar mayores ventajas respecto a los de la naturaleza, con los que se guían en los lugares agrícolas, algunos de ellos aun de autoconsumo. En el campo hay que esperar las temporadas para comer, pero en las ciudades industriales- como se han categorizado algunas ciudades fronterizas del norte, no hay que esperar meses para tener una cosecha e irse moviendo al ritmo rural, aquí hay que moverse al ritmo propio y conseguir un trabajo que no dependa del temporal. Rogelio, que llegó a Tijuana mediante una red social de ayuda solidaria, característica de las zonas señaladas, implicó en su proyecto migratorio ese imaginario, el de trabajo, habiendo migrado encontró algo distinto, así lo explica al preguntarle sobre su situación en la ciudad: “Pues una parte de mi mal, cuando no tengo trabajo y así, sin trabajo uno no puede hacer nada. Tienes trabajo, pues tienes para todo, no te preocupas de nada. Pero cuando no tienes trabajo, te preocupa cualquier cosa. Eso es lo que está complicado acá en la ciudad (2016).

Al referir la correspondencia con el espacio, el imaginario de la migración, en relación a sus subjetividades y expectativas, hay que considerar entonces que rebasa los límites geográficos, los propios como ya señalaba, y la migración tiene relación con lo apuntado por Armando Silva: “¿Acaso la imaginación no apunta por naturaleza al futuro? Y entonces ¿el mundo imaginado no es tiempo sin realizar en un espacio inexistente? Pero también ¿la ciudad imaginada no es el sustento de esa real de los espacios ciertos o constatables? (2003, p. 98). En ese futuro de un espacio inexistente el imaginario, en un lugar que no es, pero a donde se migrará, encuentra sus contradicciones. Carmen llegó a Tijuana en la década de 1960 junto a su familia, de su primer encuentro con la ciudad relata: “Recuerdo cuando nosotros entramos a Tijuana, que veíamos con papá, que veníamos de Morelia que le dicen a mamá, ya esto es Tijuana, y que no podía creerlo [la ciudad era un rancho comparada con Morelia] porque así estaba toda la avenida esa lo que es el bulevar y así quedo por muchos años” (Carmen, 2017). La permanencia de Carmen le ha permitido ver la expansión de Tijuana y la consolidación comercial, cultural y escolar en algunos sectores[3].

Los imaginarios en la migración además, pueden desplegar cambios en los lugares de origen, la socióloga del trabajo Lilia Solís, da cuenta de cómo en Santa Cruz Tacache de Mina, Oaxaca, se han construido barrios como el de la Colonia Nueva, donde los terrenos fueron adquiridos mayormente por migrantes que viven en Nueva York, en Queens, el Bronx y New Jersey, de tal forma que popularmente se le conoce como El Manhattan, el cual tiene construcciones que se diferencian de las del resto del pueblo. En una circulación de imaginarios, los pobladores de Tache de Mina pueden ver una “materialización” de la vida migrante, esa narración a la que referí, se expone a la vista de todos, a pesar de que la autora hace hincapié en que la crisis de 2008 ha disminuido las remesas y por supuesto la continuidad de las construcciones (2015). No obstante, el imaginario que se data en un contexto más próspero “suprime” las dificultades económicas actuales para dar continuidad a un proyecto migratorio ya planteado.

Del otro en las ciudades de Las Vegas, Portland, Fresno, Nueva York y Washington donde viven algunos de los tacachenos, movilizados espacialmente por la relación de subjetividades que produce el imaginario, dan cuenta de sus precariedades, de las paradojas entre vivir en el pueblo con carencias, pero en un espacio conocido donde además guardan afectos, y hacerlo hacinados en departamentos, con un horario laboral exhaustivo, pero que contradictoriamente ha permitido vislumbrar futuras migraciones de sus paisanos, mismos a quienes les recomendarían no hacerlo (discusiones, seminario la Ciudad transnacional, 2012-2014). Solís describe de esta forma su realidad, ya no imaginada:

Las condiciones de la vivienda son sumamente precarias, ya que por las altas cuotas de renta que les cobran varias familias se ven obligadas a vivir en un solo departamento. Conocí un caso en el que en un departamento vivían cuatro matrimonios diferentes y cada uno con hijos propios, además de algunas mujeres y hombres sin pareja […] Bajo el lodo, entre la tierra y detrás del ex estadio de los Mets de Nueva York, los trabajadores conviven, reparan, comen y socializan con los clientes que buscan refacciones baratas o incluso autos de segunda mano económicos. En el mismo lugar, algunas mujeres originarias de Tacache de Mina hacen y venden alimentos típicos de su pueblo, trabajando a la intemperie, en verano a temperaturas altas que alcanzan los 100 grados Fahrenheit, y en invierno a temperaturas bajas que alcanzan los 30 grados Fahrenheit. Bajo el sol, la lluvia, el lodo, la nieve y el polvo, pasan sus días trabajando (2015: 193-194).

Para finalizar

No es mi intención dejar la idea de que el imaginario de la migración se enfrente a una realidad desalentadora, sino invitar a la reflexión y al análisis más profundo de su importancia en el proyecto que se emprenden. Hay que considerar que una vez habiendo migrado los imaginarios son otros, como el urbano en el caso de los tacahenos que no tienen “derecho a la ciudad” lo cual restringe su circulación, entre otros aspectos, o bien indagar sobre los imaginarios del regreso, esto cuando se considera un retorno a un lugar que yo no es el que fue vivido.

 Fuentes

Castoriadis C. (2010). La Institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires: Tusquets editores.

Discusiones de seminarios del proyecto CONACYT, “La Ciudad Transnacional”, 2012-2014.

Hiernaux, D. (2007). Los imaginarios urbanos: de la teoría y los aterrizajes en los estudios urbanos. Eure (Santiago)33(99), 17-30.

Sarzuri-Lima, M. (2013). La construcción del” sueño español”: La migración desde los imaginarios sociales. Revista Integra Educativa6(1), 127-140.

Veloz, A. (2011). Mujeres purépechas en las maquiladoras de Tijuana: Experiencias y significados del trabajo. Madrid: Editorial Académica Española.

Silva, A. (2003). Imaginarios sociales y estética ciudadana. Escribanía. Nº11;(julio diciembre). Manizales: Universidad de Manizales.

Solís, L. (2015). Manhattan para los mixtecos. En F. Besserer y R. Nieto (editores), La ciudad transnacional comparada, la modos de vida gubernamentabilidad y desposesión (pp. 183-208). México. Universidad Autónoma Metropolitana, Juan Pablos editores.

Entrevistas:

Carmen Aguirre, realizada por Tadeo Calles Vega, 3 de mayo de 2017, Tijuana.

Rogelio Salazar, realizado por Olga Lorenia Urbalejo Castorena, 12 de septiembre de 2016, Tijuana.

[1] El concepto de arquetipo es más complejo de lo que expongo, y es uno de los aportes realizados por Durán a la teoría del imaginario, por lo tanto se puede ampliar consultando la obra del autor

[2] En el texto se expone a las situaciones límite como: “momentos en los que existencialmente creemos encontrar barreras para continuar” (Sarzuri-Lima 2013: 130).

[3] Agradezco a Tadeo Calles Vega por compartir la entrevista que realizó y permitirme hacer uso de la misma.

Las migraciones indígenas de Oaxaca según sus regiones. Una revisión de la migración interestatal[1]

Estefanía Castillo Balderas

castillo_b30 @yahoo.com.mx

La movilidad de la población oaxaqueña ha despertado gran interés desde mediados del siglo pasado, el carácter masivo que adquirió durante la década de los 90 fue objeto de estudio, análisis y discusión entre diversos académicos y académicas. No obstante, es por su carácter pluricultural y plurilingüístico que la migración oaxaqueña posee características que la ubican como un caso paradigmático de las migraciones del sur de México.  A principios del 2000, Durand y Massey (2003) ubicaron a la entidad dentro de una región emergente de migración internacional a nivel nacional ubicada en el centro del país,  aunque el objetivo central era establecer regiones migratorias y no seguir alguna regionalización anterior.

En esta aportación me interesa hacer una aproximación a las características de las migraciones de indígenas oaxaqueñas al interior de México  tomando como base la división regional más conocida y difundida. Así, este esbozo de la migración indígena por regiones pretende ser un insumo que permita un mejor entendimiento de la diversidad oaxaqueña y la forma en que ésta impacta en la dinámica social de la entidad y en particular de las migraciones.

Mapa 1. Regiones de Oaxaca.

1

Fuente: CDI-PNUD. Sistema de indicadores sobre la población indígena de México, con base en INEGI, XII Censo de Población y Vivienda México, 2000 en: Millán, Saúl, 2008. Región Sur. Tomo 1. Condiciones socioeconómicas y demográficas de la población indígena, México: CDI, PNUD.

 

En el estado de Oaxaca habitan 16 grupos etnolingüisticos: amuzgo, chatino, chinanteco, chocho, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, mazateco, mixe, mixteco, náhuatl, triqui, tacuate, zapoteco y zoque, que están ubicados de forma dispersa en las regiones de la entidad. Para acercarnos con algún grado de precisión a la complejidad del territorio y la población del estado es importante considerar que éste se haya dividido o caracterizado en ocho regiones: Valles Centrales, Sierra Norte, Sierra Sur, Cañada, Mixteca, Papaloapan, Istmo y Costa, además de poseer el 24% de todos los municipios de México (570). Desde 1932 y siguiendo criterios étnicos y lingüísticos el estado de Oaxaca se dividió en siete regiones, pero a partir de 1970 se distinguió la Sierra en Norte y Sur, esto quedó formalizado por el gobierno de Oaxaca en 2009 al reconocer ocho regiones (Celaya, 2014: 15). Moguel (1979) ya había discutido y comparado las diferentes regionalizaciones del Estado, además de haber identificado las principales imprecisiones de las regionalizaciones realizadas por académicos desde 1950.

Si bien la migración interna puede considerarse como parte del proceso migratorio internacional en Oaxaca, como lo ha señalado Barabas (2016:78) por ejemplo cuando ubica la migración temporal o golondrina a otros estados del país como los antecedentes de la migración internacional.  Sin embargo, el desplazamiento de la población hacia otros estados ha adquirido su propia dinámica, como se muestra en la gráfica 1. A pesar de ello  las estimaciones realizadas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO) indican que la migración interestatal de la entidad tiende a disminuir en la siguiente década (Fernández, et al., 2012), por ahora nos interesa vislumbrar la historicidad de los flujos migratorios de indígenas oaxaqueños según las regiones expulsoras en el estado.

Gráfica 1. Población migrante estatal por regiones 1990 a 2010. Oaxaca.

2

Fuente: Elaboración propia a partir de la serie histórica censal e intercensal 1990-2010, INEGI, 2010.

Migración interestatal en las regiones de Oaxaca

La importancia de la migración interestatal varía en las regiones oaxaqueñas de acuerdo con la temporalidad de los primeros desplazamientos, además que no sólo corresponde a factores sociales, económicos y culturales de las regiones sino también con otras transformaciones a escala estatal y nacional. Podemos establecer como punto de partida que la migración de oaxaqueños hacia otros estados del país está vinculada al crecimiento de las ciudades y el proceso de industrialización que abarca el periodo que va de 1940 a 1970, el segundo periodo que abarca de 1980 a 2000 los desplazamientos ocurren a las ciudades intermedias (Canales y Montiel, 2007). El cambio de estas zonas a regiones integradas a la economía global incidió en la atracción de migrantes.  El auge de la industria maquiladora, la agricultura mecanizada y la exportación de alta y mediana tecnología generaron condiciones  para los desplazamientos a la Ciudad de México en primera instancia y después a Guadalajara y Monterrey, posteriormente (en la década de 1980) las ciudades fronterizas atraerían a los flujos de migrantes del sur de México.

En ese cambio general del país, las especificidades del caso oaxaqueño también coadyuvan con los desplazamientos migratorios como afectaciones climatológicas, presión demográfica sobre la tierra, el declive de la economía agrícola, escasa generación de empleos, razones socioculturales para migrar, impacto regional de megaproyectos como proyectos hidroeléctricos.

Las rutas migratorias internas de los oaxaqueños son complejas y muchas veces se traslapan con las internacionales. Si bien el auge de la migración internacional en la última década del siglo XX despuntó notablemente, a ello le precedían historias regionales de migración interna que hicieron posibles los desplazamientos a Estados Unidos, aunque la migración interna tiene su propia dinámica que se remonta a principios del mismo siglo.

En la Mixteca oaxaqueña los primeros desplazamientos internos ocurrieron a principios del siglo XX y eran de carácter interregional hacia la Cañada y  Costa. La migración golondrina comenzó a ganar importancia desde 1940 a otros estados como Veracruz y Chiapas. Esta migración temprana fue producto de ciertas condiciones regionales como la baja calidad y productividad de la tierra, la presión demográfica sobre la misma así como de condiciones climáticas desfavorables (Peña, 1950). A esta migración temporal siguieron los desplazamientos definitivos en la década de los 70. Los mixtecos y triquis son quienes componen los principales grupos de indígenas migrantes, aunque también se hablan en la región otras lenguas como el amuzgo, chocho y en menor medida el náhuatl.

En las regiones de los Valles Centrales y en la Sierra Norte los primeros desplazamientos ocurrieron en las primeras décadas del siglo XX pero las causas son distintas y el carácter definitivo ocurre una década antes que en la Mixteca, hacia 1960. Los zapotecos son el grupo que ha aportado la mayor cantidad de migrantes de ambas regiones, aunque los mixes de la Sierra Norte tienen una presencia importante.

Los zapotecos de los Valles centrales y de las comunidades aledañas a la capital del estado habían mantenido contacto continuo por el sistema de mercados pero es a principios del siglo XX cuando comienzan a establecerse en la capital del estado (Reyes, et al.: 2001). Los destinos principales durante esta época fueron la propia Ciudad de Oaxaca, la Ciudad de México y un flujo de migración golondirna a Veracruz y Chiapas (López & Runsten, 2004: 292). En 2010 los principales destinos internos de la migración de los Valles Cetrales eran la Ciudad de México, Veracruz y el Estado de México (INEGI, 2010).

 Es en la Sierra Norte donde pueden distinguirse dos etapas de la migración interna, de 1940 a 1960 hay un desplazamiento de orden laboral a la ciudad de Oaxaca y al estado de Veracruz y hacia 1970 el destino principal fue la Ciudad de México y continuaba la impotancia de la migración a la capital del estado (Ríos en Millán, 2008:138-139), la tercera etapa abarca de 1980 a 2000 pero el flujo se internacionaliza a Estados Unidos.

Es posible que la migración interna en los Valles Centrales y en la Sierra Norte haya tenido un auge importante desde 1950 hasta 1970, a lo que siguió un periodo  de  migración internacional como una forma especializada de movilidad (Canales y Montiel, 2007).

En el caso de la Costa oaxaqueña, la migración interna ocurre tardíamente si se le compara con otras regiones. Si bien la actividad comercial coadyuva en la movilidad de la población de la región es con la construcción de la carretera costera en 1960 cuando comienzan los desplazamientos frecuentes a otros estados, principalmente a Veracruz, Michoacán y a Cancún, esto ocurrió con la población afrodescendiente (Quecha, 2015). En las siguientes décadas la población de esta zona, migró por motivos educativos a otras ciudades mexicanas, en 1980 comenzaría la migración internacional,

En el Istmo de Tehuantepec la migración zapoteca es predominante,  comienzan a migrar a principios del siglo XX, al igual que los zapotecos de los Valles Centrales y de la Sierra Norte, lo hacen principalmente por motivos educativos y se dirigían a la Ciudad de Oaxaca y a la Ciudad de México (Espino, 2015). Es en 1960 cuando se integran las zonas petroleras de Veracruz y Oaxaca y a partir de entonces se entreteje una dinámica de movilidad entre ambos estados. A diferencia de otras regiones las mujeres ocupan un papel primordial en la migración, siguiendo a Espino (2015) en 1970 las mujeres zapotecas del Istmo se desplazan a Baja California para insertarse en el sector de servicios.

La Cañada, Sierra Sur y la región del Papaloapan se integraron a los flujos migratorios a mediados del siglo XX. La economía de la Cañada estrechamente vinculada los precios del café se vio seriamente afectada durante el periodo que señalamos, fueron los mazatecos quienes salieron a trabajar de forma temporal a Veracruz, después lo hicieron al centro del país. Entre 1970 y 1980 los mazatecos emprendieron el camino al norte  y noroeste del país como trabajadores agrícolas, además que se vieron afectados por la construcción de la presa Miguel Alemán que produjo un desplazamiento forzado a Veracruz ya que algunas comunidades fueron inundadas con la construcción de la represa (Millán, 2008:36).  Considerando los grupos indígenas que habitan la región (mazatecos) encontramos que los destinos principales son la Ciudad de México, el Estado de México, Veracruz, Puebla y Baja California (INEGI, 2010).

En la Sierra Sur no encontramos antecedentes claro de la importancia que ha jugado la migración interna, de 2000 a 2010 el crecimiento de la población que vive en otros estado ha tenido cambios mínimos. En 2000 la presencia de la población migrante de la Sierra Sur y de los grupos originarios de esa zona (zapotecos, mixtecos, chatinos, amuzgos y chontales) comprendía los estados de Guerrero, Ciudad de México, Veracruz  y Estado de México (Millán, 2008: 177).

Los proyectos hidroeléctricos (1950 y 1980) incidieron en las migraciones desde la cuenca del Papaloapan, o la región del Papaloapan. La construcción de las presas Miguel Alemán y  Cerro de Oro generó que de algunas comunidades indígenas oaxaqueñas fueran reubicadas en Veracruz, los chinantecos, mazatecos y zapotecos de la región también se han desplazado a otros estado como la Ciudad de México y el Estado de México (Millán, 2008: 119). Los datos  del Censo de Población y Vivienda de 2010 indican que los chatinos y mazatecos de esta región se ha desplazado a  otros estados como Baja California Sur y Chiapas (INEGI, 2010).

En este breve recuento de la migración indígena en las regiones de Oaxaca solo se han considerado algunos factores, además que esta caracterización no es exhaustiva. No obstante, este breve análisis ayuda a identificar los matices y diferencias de las migraciones indígenas de la entidad, la idea es ir explorando formas de integrar la información de la migración oaxaqueña que  hasta ahora se encuentra dispersa en diversas fuentes y estudios.

Bibliografía consultada

Barabas, Alicia, 2016, “La migración de los indígenas de Oaxaca, México, a Estados Unidos y su movilización social”, Comparative Cultural Studies: European and Latin America Perspectives, Núm. 1,  pp. 77-86.

Canales, I. Alejandro y Montiel, A., Israel, 2007. De la Migración Interna a la Internacional. En Búsqueda del eslabón perdido. Ciudad de México, CELADE, Taller Nacional sobre “Migración interna y desarrollo en México: diagnóstico, perspectivas y políticas”, Ciudad de México, 16 de abril de 2017, pp. 1-38.

Celaya, N. Y., 2011. Oaxaca: su tierra y su gente. En: Oaxaca. Historia breve,  Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Durand, Jorge y Douglas S. Massey, 2003, Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI. México: Universidad Autónoma de Zacatecas, Miguel Ángel Porrúa.

Espino, T. M. Donna., 2015. Del Istmo de Tehuantepec a Baja California: Experiencia migratoria y la reconstrucción de pertenencia en familias zapotecas en Ensenada. Tesis de Maestría,  Xalapa, Veracruz: CIESAS-Golfo.

Fernández Ham, Patricia, Velarde V., Sergio I., Hernández L., Felipa, y Murguía S., María, 2012. Dinámica Demográfica 1990-2010 y proyecciones de población 2010-2030.Oaxaca. México, D.F.: Consejo Nacional de Población (CONAPO).

López, H. Felipe y Runsten, D., 2004. El trabajo de los mixtecos y zapotecos en California: experiencia rural urbana. En: J. Fox, & G. Rivera-Salgado, Indígenas mexicanos migrantes en los Estados Unidos. México D.F: Miguel Ángel Porrúa, H. Cámara de Diputados LIX Legislatura, Universidad de California Santa Cruz, Universidad Autónoma de Zacatecas. pp. 277-309.

Millán, Saúl., 2008. Región Sur. Tomo 1. Condiciones socioeconómicas y demográficas de la población indígena, México: CDI, PNUD.

Moguel, Reyna, 1979, Regionalización para el Estado de Oaxaca, análisis comparativo, Centro de Sociología de la UABJO; México.

Peña, Moisés De La., 1950. Problemas sociales y económicos de las mixtecas. Memorias del Instituto Nacional Indigenista, II (1).

Quecha, R. C., 2015. Niñas cuidadoras en contextos migratorios. El caso de las poblaciones afrodescendientes en la Costa chica de Oaxaca. Cuicuilco, 22(64), pp. 155-175.

Reyes, Morales, R. G. y otros, 2001. Migración en los Valles Centrales de Oaxaca. Ciudades, Volúmen 50, pp. 46-54.

Fuentes electrónicas

Serie intercensal de 1990 a 2010, consultad en www.inegi.org.mx

Censo de población y vivienda 2010, consultado en www.inegi.org.mx

 

Nota informativa desde Italia. El Decreto de Ley sobre la gestión de la inmigración y su “emergencia” inconstitucional

Por Valentina Cappelletti

valentina.cappelletti2@gmail.com

24 de abril de 2017

Cuestiones de “extraordinaria necesidad y urgencia”

En estos tiempos, como ocurrirá a la mayoría de las personas que publican y participan activamente en este blog, también la mirada de quien escribe se mantiene en estado de alerta con respecto a las disposiciones anunciadas por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en materia de política migratoria.

Sin embargo, el mismo impulso demagógico, la asociación de la inmigración con la cuestión de la “seguridad” y los mismos valores xenófobos -típicos de un nacionalismo de derecha siempre más predominante en el mundo occidental- que se suelen considerar como subyacentes a tales disposiciones, y que, en parte, justifican éste nuestro estado de vigilancia, no son del todo ajenos a las medidas recién aprobadas en Italia en mérito a la gestión de la inmigración.

Sin ganar la misma resonancia a escala global que la declaración de la edificación de un muro a lo largo de la frontera sur de Estado Unidos, el pasado 11 de abril la Cámara de los Diputados (Camera dei Diputati) con 240 votos a favor, 176 en contra y 12 abstenciones y con modificaciones mínimas, convirtió en ley el decreto-ley 17 de febrero de 2017, núm. 13, concerniente a las “disposiciones urgentes para la aceleración de los procedimientos en materia de protección internacional y para el contraste de la inmigración indocumentada”[1] .

Disponer sobre la gestión de la inmigración mediante el instrumento del decreto de ley[2] significa, ante todo, introducir la cuestión en un marco de “emergencia”, lo que va confirmando una línea de intervención adoptada por los gobernantes italianos (y europeos) que ha ido cristalizándose sobre todo desde 2011, con el aumento de los flujos hacia el País en concomitancia con la “Primavera árabe”, con la “Emergenza Nord Africa”. La governance de la inmigración se traduce, entonces, en operar con celeridad aplicando medidas “excepcionales” para enfrentar un supuesto estado de emergencia y de desorden que amenaza el ordinario desenvolvimiento de la justicia, fractura el orden social y afecta la percepción de la seguridad de la ciudadanía.

Así, en la relación que acompaña el “Decreto Minniti”, por el apellido del Ministro del Interior que lo propuso, se dan cuenta de todos los presupuestos de “extraordinaria necesidad y urgencia” que justifican la adopción de esta medida. Entre ellos encontramos la exigencia de acelerar:

  • la definición de los procedimientos administrativos de las Comisiones Territoriales para el reconocimiento de la protección internacional, a raíz del aumento de este tipo de solicitudes y del número de las impugnaciones jurisdiccionales que están atascando los tribunales;
  • la identificación de ciudadanos extranjeros para enfrentar la creciente exigencia conectada con “las crisis internacionales en curso”;
  • la definición de la posición jurídica de los que son conducidos en el territorio nacional en ocasión de los rescates por mar o porque son localizados en el territorio nacional;
  • el fortalecimiento de la red de centros, de estructuras, que garanticen la eficacia de la ejecución de la expulsión de extranjeros que se encuentran residiendo irregularmente en el País.

En efecto, las recientes elaboraciones de los datos del Ministerio del Interior y de la UNHCR (United Nations High Commissioner for Refugees), efectuadas por la Fundación ISMU (Indagini e Studi sulla Multietnicità), registran en los primeros tres meses del 2017 la entrada por las costas italianas de más de 24 mil migrantes, en aumento de un 30% con respecto al mismo periodo del año pasado. Además, en comparación con los primeros dos meses del 2016, también sube de un 60% el número de los solicitantes de asilo. En 2016, las Comisiones Territoriales examinaron más de 90 mil solicitudes, y el 60% de ellas tuvieron un éxito negativo (en 2015 el porcentaje de denegaciones fue de un 39%) (Gráfica 1 y 2).

Gráfica 1: Migrantes llegados por mar y solicitantes de asilo en Italia, 1997-2016.Fuente: Elaboraciones ISMU de los datos del Ministerio del Interno y de UNHCR

 Gráfica 2: Éxitos de las solicitudes de asilo en Italia, 2010-2016 Fuente: Elaboración ISMU de los datos del Ministerio del Interior

Como se puede apreciar de las gráficas, estos datos vienen a confirmar una tendencia vigente ya desde hace algunos años, y eso, en parte, debilitaría la categoría de emergencia bajo la cual el decreto ha sido emanado[3]. Sin embargo, lo que está causando la amonestación de diferentes juristas, partidos políticos[4], operadores sociales y asociaciones de la sociedad civil[5] que han acompañado con protestas todo el iter de aprobación del decreto, son los preceptos clave de la disposición, considerados incongruentes con algunos artículos de la Constitución Italiana y de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Los puntos críticos del Decreto Minniti

Cada uno de los puntos que componen el Decreto Minniti merecería ser entendido y analizado en detalle. Entre ellos cabe mencionar la decisión, poco justificada en el Decreto, de potenciar en el continente africano la red diplomática y consular con la creación de diez unidades, cuya realización absorberá un presupuesto financiero de 551.164 euros entre el año 2017 y 2019. O, por ejemplo, la institución de “Puntos de crisis”, pensados para simplificar el proceso de identificación sobre todo de los migrantes rescatados por mar, en los cuales, a parte otorgar información sobre las procedimientos de protección internacional, sobre el programa de recolocación en otros estados miembros de la UE y sobre la posibilidad de recurrir a un repatrio voluntario, se llevarán a cabo las operaciones de primero auxilio y recolección de las huellas digitales.

Sin embargo, examinaremos aquí los puntos que transforman de manera tajante el management de la inmigración en Italia. Abordaremos las modificaciones que levantan acusaciones de inconstitucionalidad y la perplejidad de quien, de este Decreto, deriva la única preocupación del gobierno de agilizar los procedimientos para el análisis de las impugnaciones de los migrantes sobre las solicitudes de asilo negadas por las Comisiones Territoriales, por un lado, y por el otro, de aumentar las expulsiones de los inmigrados más incomodos: los que llegan de la ruta líbica.

En práctica, las Comisiones Territoriales representan el primer escalón para que al migrante, mediante un procedimiento administrativo, se le reconozca (o no se le reconozca) una forma de protección internacional (asilo político, protección subsidiaria o humanitaria). Se componen de cuatro representantes: dos del Ministerio del Interior, uno de los entes locales y otro del UNHCR. La Comisión se encarga de entrevistar al solicitante de asilo en presencia de un interprete. De esta audiencia se genera una videograbación y una transcripción en lengua italiana. Hasta la fecha, en caso de deniego, el migrante puede impugnar la decisión de la Comisión frente a tribunales ordinarios, cuya sentencia de primer grado, emanada después de una audiencia, puede ser ulteriormente impugnada frente a una Corte de Apelación, y en última instancia, en la eventualidad de un nuevo deniego, frente al Tribunal de Casación.

En primer lugar, el Decreto Minniti, introduce un nuevo modelo de juicio: convierte la audiencia del primer grado en un “rito camerale”, esto significa que el Juez tomará su decisión sin una audiencia de vista con el migrante y sus defensores, es decir, sin poderle hacer preguntas, sin la presencia de sus abogados[6], solamente basándose en la toma de visión de la videograbación y de la transcripción de la entrevista proporcionadas por las Comisiones Territoriales. Por lo tanto, la eliminación de la audiencia, es decir, la erosión del principio de contradicción, comporta la adquisición de primordial importancia tanto del material entregado por las Comisiones, así como de la resolución por ellas emitida. Justamente hacia la jurisdiccionalización de estos organismos de la administración pública, se ha manifestado la inconformidad de los grupos que se oponen al Decreto. Aunque se apruebe también el reforzamiento de estas Comisiones con la asunción de personal “altamente cualificado” de tiempo indeterminado (250 unidades), se critica cómo la decisión sobre el reconocimiento de una violación al derecho a la vida de los migrantes en sus países de procedencia, descanse superficialmente en un procedimiento administrativo y en una entrevista en la cual, además, el solicitante acude sin un representante o un defensor.

En segundo lugar, las impugnaciones de primer grado serán atendidas por tribunales especializados. El Decreto, de hecho, crea 26 secciones de tribunales especializadas en materia de inmigración, protección internacional y libre circulación de los ciudadanos de la Unión Europea, ubicadas en los tribunales donde se ubican también las Cortes de Apelación, sin que su institución implique una carga adicional sobre las finanzas públicas. Tales secciones, como se establece en el texto de ley, serán compuestas por Jueces dotados de específicas competencias, garantizadas mediante cursos de formación y especialización[7], y dando prioridad a aquellos Jueces que ya hayan acumulado experiencia en el tratamiento de procedimientos en materia migratoria.

Pero es el tercer punto a despertar mayores perplejidades. El Decreto elimina la apelación en segundo grado a la decisión del primer grado emitida por estas secciones especializadas, dejando solamente al migrante la posibilidad de apelar ante el Tribunal de Casación en un plazo de 30 días y recibir una sentencia definitiva e incontestable. No sobra mencionar que muchos reconocimientos de protección subsidiaria e internacional hasta ahora han sido otorgados solamente en consecuencia de las impugnaciones de la resolución de las Comisiones Territoriales.

Las cancelación de la apelación en segundo grado y de la audiencia en el primer grado, violaría los artículos de la Constitución Italiana y de la Convención Europea de derechos Humanos que prohíben la institución de jueces extraordinarios o especiales (Art. 102), que garantizan el derecho al debido proceso (Art. 111), el derecho de defensa (Art. 24) y el derecho a ser oído (Art. 6 de la Convención Europea), creando un “derecho especial”, somero, apresurado, y basado en la inquietud de expulsar a los migrantes en el menor tiempo posible. Se está produciendo una especie de derecho “excepcional”, “diferencial” o “étnico”, o cómo se le quiera definir, ejercido, por el que se perfila como un pool “especializado” (que nunca se había creado en el País por ejemplo para el tratamiento de problemáticas igualmente enraizadas y urgentes como la corrupción), sobre una categoría “especial” de individuos, cuyo trato frente a la ley difiere del trato reservado a los ciudadanos italianos, no obstante se aplique en el mismo territorio jurisdiccional.

Para esta población de excepción, no podía faltar en el Decreto también la institución de espacios de “excepción”, retomando una intuición del filósofo Giorgio Agamben, de espacios al limite de la legalidad, “liminales”, como los definiría el antropólogo escocés Víctor Turner. En el Decreto se elabora una ulterior versión de las estructuras instituidas para retener a los extranjeros objetos de medidas de expulsión o de devolución con acompañamiento coactivo a la frontera en caso de que la decisión no sea de ejecución inmediata. En breve, se trata de una actualización de los viejos CPT (Centros de Permanencia Temporal) creados en el 1998 con la Ley Turco-Napolitano, sucesivamente transformados en CIE (Centros de Identificación y Expulsión) con el decreto de ley del 2008 tocante a las “Medidas urgentes en materia de seguridad pública”, ambos híper criticados por la falta de condiciones humanitarias adecuadas y por la suspensión de derechos humanos que se experimentaba sistemáticamente a su interior. El modelo de última generación de tales centros de confinamiento, cuya red será ampliada a cubrir todo el país (uno por región) con un gasto para su realización de 13 miliones de euros, tomará el nombre de CPR (Centro de Permanencia por el Repatrio). Los CPR serán ubicados preferiblemente en las áreas externas a los centros urbanos y fácilmente alcanzables, cercanas a los aeropuertos, como afirmado por el mismo Ministro Minniti, a garantía de la efectividad y de la rapidez de la operación de repatrio.

El rol que el Decreto asigna a los responsables de estos centros de detención administrativa también ha sido objeto de crítica, ya que sobre ellos recaerá la responsabilidad de comunicar a los solicitantes ahí hospedados las notificaciones de las actas de los procedimientos para el reconocimiento de la protección internacional procedentes de las autoridades policiales y de las Comisiones Territoriales. En este sentido, estos actores, en lugar que mantenerse parte tercera, van asumiendo el papel de brazos operantes de la esfera administrativa y de intermediarios entre ésta y los solicitantes, acercándose así a la figura del público oficial.

La siguiente disposición, que interesa a quien aspire a la protección internacional mientras se encuentre en el limbo de la jurisdicción italiana, también nos resulta bastante controvertida. El Ministro Minniti ha tenido la premura de insertarla en esta resolución de emergencia, aunque no se relacione directamente con los presupuestos de “extraordinaria necesidad y urgencia” mencionados al principio del texto de ley. En sustancia, se animan los Municipios, en acuerdo los Prefectos, a promover la participación de los solicitantes en actividades de utilidad social a favor de las colectividades locales que los están acogiendo. Sin embargo, deberá tratarse de actividades “con base voluntaria”, gratuitas, a menos que no se desarrollen en el marco de proyectos financiados por los mismos Municipios, en colaboración con las organizaciones no-profit, con recursos europeos destinados al sector de la inmigración y del asilo. Según la opinión de los grupos que se oponen al Decreto, esta especie de voluntariado social coincidiría, a todo efecto, con una forma de esclavitud contemporánea, con la legalización de una práctica de explotación de mano de obra que, a la vez, reviva una actitud paternalista adoptada históricamente por el gobierno italiano hacia ciertas categorías de inmigrantes. ¿Cuál deuda han contraído estos migrantes con nuestro País para que se les esté sutilmente exigiendo trabajar sin remuneración?

El abuso de la emergencia

Sin duda el Decreto Minniti representa otro punto de inflexión en la gestión italiana de los cuerpos migrantes. Quien promueve esta disposición es un gobierno recién formado (a raíz de las dimisiones del ex premier del Partido Democrático, Matteo Renzi). Un gobierno instable y dotado de una consenso popular débil, cuya mayoría insiste con identificarse con una izquierda moderada y progresista. Sin embargo, ideológica y prácticamente, el Decreto sigue trazando una línea de continuidad con las políticas autoritarias emanadas por gobiernos de derecha, como el paquete de seguridad Maroni o la Ley Bossi-Fini. Leyendo el texto de esta ley, de hecho, tenemos la sensación de deshojar las páginas de una novela ya leída.

A través de esta disposición se manifiesta la necesidad de ceder a las presiones de las agrupaciones de derecha, así como el año pasado la Comisión Europea tuvo que ceder a las condiciones de la Turquía de Erdogan, para controlar una instabilidad política crónica en el País, a la cual consigue un régimen de campaña electoral permanente. A la vez, se hace tangible la urgencia de este gobierno de intervenir en un tema extremamente delicado e incomodo de discutir en proximidad de posibles votaciones, como se deriva de su sistemática omisión en los programas de los partidos y en general en los últimos debates políticos preelectorales.

Así, la ficción social de la emergencia, como la de la crisis, viene en auxilio a las exigencias políticas, relacionadas con la coyuntura nacional e internacional, de un País que tiene que mantenerse en equilibrio entre los poderes del estado-nación y los vínculos políticos, económicos y jurídicos impuestos por la acción unilateral europea. La emergencia, con sus prácticas discursivas, se manifiesta como una categoría política, que puede ser arbitrariamente movilizada para otorgar al ejecutivo “poderes plenos”, para legitimar acciones al margen de la constitucionalidad con el consenso de una masa persuadida, por ejemplo, que la guerra al terrorismo se pueda combatir también a golpes de decretos migratorios.

En el ámbito de la elaboración de políticas migratorias se está, entonces, confirmando un patrón de gestión del cual los gobiernos italianos ya han experimentado y explotado la libertad de acción que le es implícita, en ocasión de los desastres naturales como los temblores en el centro del País de los últimos ocho años. La misma libertad de acción de la cual gozaba quien, poco tiempo antes de la explosión del caso de corrupción conocido como “Mafia Capitale” del 2014, afirmaba: “con los inmigrantes se gana mucho más dinero que con la droga”, con base en una experiencia consolidada en la asociación de carácter mafioso, que, en colaboración con funcionarios de gobierno, maniobraba la asignación de los fondos públicos destinados al sistema de acogida italiano.

En primer lugar, la “emergencia” exige soluciones inmediatas y exhorta a pasar directamente a la acción, a la gestión antes que a la comprensión. En segundo lugar, actuar bajo la lógica de la emergencia significa abrazar una aproximación “técnica” en la descripción de la porción de realidad social sobre la cual se quiere intervenir, lo que encubre la naturaleza meramente política y conflictual tanto del “problema”, así como de su misma gestión con los capitales que esta moviliza.

De este modo, como ha ocurrido con la aprobación de este Decreto, proceder bajo el marco de la emergencia significa no tener tiempo para un debate político exhaustivo, ni para la confrontación con los grupos extra parlamentarios, como los que se están oponiendo a la disposición de Minniti, y en general con los representantes del tercer sector: una caldera heterogénea de actores, algunos de ellos más militantes y activos en el campo, no necesariamente especializados, pero que, muchas veces, representan la única voz de las personas destinatarias de estas políticas. En cambio, me parece de detectar la voluntad de alienar a los “incompetentes”, es decir, estos y otros sujetos que no pertenecen al establishment, del proceso de toma de decisión sobre los cuerpos de los migrantes, convirtiendo la cuestión en un asunto exclusivo de tratar en los palacios de la política, o por una expertise cuya competencia debe de ser reconocida y controlada por el mismo estado.

La urgencia a actuar implica, además, soslayar el emprendimiento de un esfuerzo de comprensión del fenómeno migratorio en sus varios niveles y dimensiones. Conceptos evanescentes como el de “emergencia” o de “crisis” despiertan un imaginario que evoca el caos, algo indefinido. La “emergencia inmigración” o la “emergencia prófugos” ocultan el carácter estructural del fenómeno, dan la idea de un hecho inmanente que se abate ex maquina en nuestro presente, por lo cual se vuelve infructuoso cada intento de desentrañar el ovillo de responsabilidades y causas latentes.

Así, queda enredada la trama de figuras que participan y las que se benefician de este movimiento de personas y de su gobierno. Quedan indescifrados los multíplices motivos que empujan a huir de los contextos del sur del mundo a esta masa de prófugos: una masa percibida, en consecuencia, como una horda indiferenciada de “migrantes económicos”, así como etiquetados por los que no quieren reconocer la violación de derechos fundamentales para sacudirse del deber de dar asilo. Quedan disimuladas las responsabilidades de la degeneración del mismo sistema de gestión de la acogida. De la misma manera, queda encubierta la irreversibilidad del fenómeno, y esto representa a mi entender el corolario más crítico de la lógica de la emergencia que inspira esta disposición. La urgencia de expulsar a los prófugos que llegan por mar a través de esta agilización de las prácticas procesales insinúa un éxito en poner fin al alarme de la inmigración indocumentada, y la sanación de una situación transitoria. El Decreto Minniti no soluciona la emergencia, así como la inmigración no es un hecho transitorio. Más bien, el rechazo en reconocer las repercusiones de estos flujos en la modificación del tejido social y del paisaje cultural italiano y europeo y la reticencia en adoptar un enfoque procesual a la hora de elaborar políticas, generan soluciones provisorias, que dispensan del tomar un compromiso en el largo plazo. De hecho, conceptos que implican la asunción de una dimensión longitudinal del fenómeno, como lo es, por ejemplo, el de integración, con sus prácticas, queda un espejismo en el Decreto, una palabra demodé, a menos que no se le confunda con las prácticas de voluntariado social a favor de las colectividades locales a las que se invitan a los solicitantes de asilo.

¿Por qué los fondos dedicados a la ampliación de la red consular en Africa no se han destinado a los tribunales ordinarios, en lugar que eliminar un grado de apelación y la audiencia a vista? ¿Por qué tanta premura en promover el trabajo no remunerado (porque de eso se trata), en lugar que crear espacios de colaboración y tomas de decisión entre la ciudadanía local y los solicitantes de asilo, orientados a generar prácticas o actividades socialmente útiles, para el bienestar común y en el respeto de la dignidad de las personas? ¿Por qué no se han reforzado los canales de entrada legales por razones de estudio o de trabajo?

La emergencia y la militarización del asilo no generan soluciones, generan gestiones. Producen una praxis fuera del marco político-jurídico ordinario como lo son los centros de detención administrativa, hacen de la excepción una regla y llevan a la paradoja de que la protección de los derechos de los inmigrantes tenga que ser necesariamente mediada por su transgresión.

Notas:

[1] En italiano: “disposizioni urgenti per l’accelerazione dei procedimenti in materia di protezione internazionale, nonché per il contrasto dell’immigrazione illegale”. El Decreto Minniti ha sido presentado a la Cámara y sucesivamente convertido en ley junto con otro Decreto, promovido también por el Ministro de la Justicia Orlando, concerniente la seguridad urbana.

[2] El decreto de ley es un acta normativa que usa el gobierno en casos extraordinarios de necesidad y urgencia. Se trata de una disposición provisoria emanada por el poder ejecutivo que tiene fuerza de ley desde su presentación a la Cámara de diputados y su publicación en el Boletín Oficial del Estado, es decir, antes de ser autorizada por el Parlamento. Entra en vigor de inmediato y para que no pierda eficacia tiene que ser convertido en ley por el Parlamento dentro de los siguientes 60 días.

[3] Esta categoría se debilita aun más si pensamos que el Decreto entrará en vigor dese el 17 de agosto de este año.

[4] Partidos políticos como Radicali italiani y Sinistra italiana.

[5] Asociaciones como: Arci, Acli, Fondazione Migrantes, Baobab, Asgi, Medici senza frontiere, Cgil.

[6] El Juez puede tomar en consideración la posibilidad de una comparación entre las partes.

[7] Tales cursos serán organizados por la Escuela Superior de la Magistratura en colaboración con la Oficina Europea de Apoyo para el Asilo y con la UNHCR.

Una reflexión sobre el multiculturalismo en la antesala del trumpismo

Por Estefanía Castillo Balderas

castillo_b30 @yahoo.com.mx

13 de noviembre de 2016

 

Frente a la imposibilidad del triunfo de Donald Trump como presidente de Estados Unidos vino la incredulidad y luego la indignación. Mientras el mundo observa las implicaciones y repercusiones de un discurso en contra de las minorías y de los migrantes y familias de origen mexicano, es innegable, que nos enfrenamos al agotamiento y el quiebre de un modelo de alteridad y al regreso de un fantasma que hace tiempo ha vuelto a rondar las democracias occidentales, el extremismo de derecha. Pese a que en el siglo XX habíamos transitado, no sin una lucha constante, por la extensión de derechos y hacía el ejercicio pleno de la ciudadanía, las elecciones en Estados Unidos dejan una gran lección en términos de las políticas culturales y de identidad. Aunque hay implicaciones más amplias sólo abordaré este aspecto porque me parece que después de una larga crítica a la discriminación positiva como política de Estado, la tensión entre reivindicaciones de la redistribución de la riqueza y la reivindicación del reconocimiento ha implosionado.

Una retrospectiva del multiculturalismo

En todas las latitudes las reivindicaciones identitarias, ya sea como producto de las migraciones, de grupos nacionales pre-coloniales, de las diásporas por un reconocimiento de las especificidades culturales y derechos diferenciados han emergido en un mundo donde las luchas de clase se desmoronaron junto al ideal de un proyecto alterno al capitalismo.

Desde 1945, los conflictos sociales y políticos se manifestaron en términos étnicos, “es decir, como conflictos entre grupos y comunidades que se identifican a sí mismas, y entre ellas, en términos culturales” (Stavenhagen, 2001: 19). No obstante, la diferencia era un tema ampliamente censurado tanto en las democracias como en los regímenes socialistas, ante ello se dieron respuestas universales expresadas en tratados internacionales, que consideraban un ideal de universalidad humana. El fin de la Guerra fría, y el derrumbe del Muro de Berlín, mostraron el fin de un orden global, y el desvanecimiento de ideales universales, además de la supresión de la diversidad bajo el Estado-nación, conformación política de ocultamiento de las desigualdades y concentración de poder.

A partir de los años sesenta “con la emergencia de actores colectivos con atributos diferentes a los de los movimientos anteriores, se redefinió la discusión en torno a los sujetos sociales, los actores colectivos, las características de los movimientos y su relación con las instituciones […]” (Valenzuela, 1998: 175). Así las políticas de reconocimiento cultural fueron producto de un amplio proceso de transformación y la respuesta a las demandas de los movimientos sociales, que para 1990 en México se expresaría con la consolidación de un movimiento indígena y el reconocimiento en ciertos estados de derechos particulares a los pueblos indígenas (educación intercultural, derecho de autogobierno entre otros).

Así la noción sobre la cual descansa el modelo de inclusión de las minorías culturales, originarias o producto de las migraciones, es que tanto las diferencias como la igualdad pueden coexistir sólo en los regímenes democráticos y que éstos deben tender hacia la conservación de las diferencias culturales, garantizadas por el Estado, y el reconocimiento de que todas las culturas tienen el mismo valor (Taylor, 1993).

Mientras que para Kymlicka (1996), está claro que los derechos de las minorías no pueden incluirse en la noción de derechos humanos, ni la discriminación positiva permitiría dar respuesta a las demandas de reconocimiento. Por ello plantea un modelo de ciudadanía que otorgue derechos específicos basados en principios normativos culturalmente diferenciados, lo que llama derechos colectivos: de autogobierno (delegación de poderes a las minorías nacionales como grupos indígenas), derechos poliétnicos (apoyo financiero y protección para determinadas prácticas de grupos étnicos y religiosos), y derechos especiales de representación (escaños garantizados para grupos étnicos o nacionales en las instituciones centrales del Estado)[1].

Nancy Fraser (2008) ha advertido que la disyuntiva central del multiculturalismo y de las políticas de reconocimiento se encuentra en el campo de la justicia social. Es decir, cómo se construyen sociedades más justas si por un lado es necesaria la redistribución de riqueza de ricos a pobres y por otro lado garantizar la inclusión de las minorías, étnicas, culturales, raciales y sexuales. Además que los conflictos de estatus se enmarcan en un capitalismo neoliberal en agresiva expansión que exacerba la desigualdad económica.

La respuesta no es fácil, y el ejemplo claro es el de Estados Unidos, por un lado, la discriminación positiva tuvo algún avance durante el gobierno de Barack Obama, después de esta elección se vislumbra una regresión en términos de los derechos ganados por los movimientos sociales y por las minorías, bajo el argumento de la desposesión de un amplio sector blanco de la sociedad estadounidense. A la luz del planteamiento de Fraser, en el siguiente apartado reflexiono sobre algunas lecciones que comprueban que no habrá reconocimiento sin redistribución.

La lección de la elección estadounidense: repensar las políticas de inclusión

El fracaso del multiculturalismo y de los mecanismos de inclusión de las minorías en Estados Unidos ha tenido como epitafio el slogan de campaña reelaborado por grupos supremacistas de aquel país “make America white again”. Pero hay un elemento de particular importancia, podemos reducir el triunfo de un personaje como Donald Trump al voto del “hombre blanco enojado”, como lo definía Michael Moore, o al abandono del partido demócrata a la clase trabajadora rural como ha señalado Arlie Hochschild. Esta misma autora sostiene que las razones del voto rural estadounidense están en el sentimiento de pérdida de los obreros rurales y empobrecidos de su lugar en el camino al sueño americano. En términos metafóricos, su lugar fue ocupado por miembros de las minorías que se saltaron la fila a partir de las políticas de discriminación positiva, aquellas que dieron empleo a afroamericanos o acceso a servicios a las minorías del país.

Una vez más está en el aire la noción de si ¿Habrá que guardar nuestras diferencias culturales en pos del universalismo y de la “verdadera” diferencia, la de clase? De esta tesis y después de que en internet se viralizaran historias de miembros de minorías que votaron por Trump a partir de argumentos sobre la pérdida también de su lugar en la fila. Me temo que la respuesta es No.

Lo que me parece fundamental es reflexionar sobre la incomodidad que ha traído consigo el reconocimiento de la diferencia cultural y sobre las políticas de inclusión de las minorías como aquello que ha generado el rechazo al partido demócrata. Me parece que es necesario distinguir dos elementos imbricados, por un lado, el empobrecimiento de la clase obrera rural y por otro la forma en que el discurso antiinmigrante ha movilizado el voto de un amplio sector de la sociedad estadounidense, en esta relación es necesario indagar.

Si bien no todos y todas los votantes de Trump son racistas, no hay que apresurarnos a decir que la causa es su condición de pobreza. Sería reducir un fenómeno complejo, por ello es necesario situar el trumpismo y las causas de su advenimiento como un fenómeno social propio de este siglo pero sobre todo expandir nuestro análisis sobre la representación política que también es cultural.

Así mismo vale la pena reflexionar sobre los ciudadanos y ciudadanas de origen latinoamericano y activistas pro-Trump, embriagados por el relato profundo del sueño americano. Está claro que el reconocimiento ha tomado vías que, en el contexto económico de crisis actual, han sido insuficiente y creo que podemos decir fallidas, porque favorecen la movilización ciudadana a partir de discursos con una clara orientación racista y al sentimiento de que perdemos de forma personal cuando las minorías ganan un mínimo espacio en la agenda gubernamental y sobre todo en el mercado laboral. Sin embargo, las políticas de reconocimiento deberán transitar, y no desaparecer, hacia estrategias que concilien las desigualdades y desposesiones que atraviesan a las sociedades de primer y tercer mundo.

Bibliografía

Fraser, Nancy, 2008, “La justicia social en la era de la política de la identidad: redistribución, reconocimiento y participación”, Revista de trabajo, Año 4, Número 6.

Kymlicka, Will, 1996, Ciudadanía y multiculturalidad, Paidós, Barcelona.

Satvenhagen, Rodolfo, 2001, La cuestión étnica, El colegio de México, México.

Taylor, Charles, 1993, El multiculturalismo y “la política de reconocimiento”, FCE, México.

Valenzuela, Arce, J.M., 1998, El color de las sombras, chicanos, identidad y racismo, El Colegio de la Frontera Norte-Plaza y Valdés editores-Universidad Iberoamericana, México.

Zizek, Slavoj, 2008, En defensa de la intolerancia, Sequitur, México.

McLaren, Peter, 1998, Multiculturalismo revolucionario: pedagogías de disensión para el nuevo milenio, Siglo XXI, México.

Fuentes en línea

Álvaro Guzmán Bastida, 26 de octubre de 2016, entrevista a Arlie Hochschild, “Para la clase trabajadora blanca, Trump es casi un fenómeno religioso” recuperado en http://ctxt.es/es/20161019/Politica/9119/Elecciones-USA-Trump-Clinton-Tea-Party-Luisiana.htm

Michael Moore, 21 de julio de 2016, “5 reasons why Trump will win”, recuperado en http://michaelmoore.com/trumpwillwin/.

[1] Para ver algunas críticas al multiculturalismo ver: MClaren (1998), Zizek (2008), por menciona dos casos.