De conceptos y teorías

El ‘otro’ retorno. Una breve propuesta sobre el retorno subjetivo

Por Lucía Ortiz Domínguez

luciaortizdom@gmail.com

 

Home is where you heart is. Esta pequeña pero poderosa frase la repetía Emmanuel  -joven retornado que vive en el Estado de México- en el trayecto a casa mientras veníamos de una comida que había organizado, fuera de la ciudad, uno de sus amigos también retornado de Estados Unidos[1]. La frase me cimbró pues se vinculaba con la historia de Emma una de las integrantes de la organización Dreamers moms- Tijuana, quien estaba por regresar a Estados Unidos con su familia después de doce años de castigo por haber entrado a la Unión Americana de manera indocumentada hace más de 15 años y a quien unos días antes había tenido la oportunidad de entrevistar[2].

Emma se casó en el año 2001 en Estados Unidos. En ese mismo año comenzó su proceso migratorio para tramitar su residencia, derecho que tenía por haberse casado con un ciudadano americano. Fue en 2006, cuando recién había nacido su tercer hijo, que recibió una notificación para presentarse en Ciudad Juárez para continuar sus trámites migratorios. Cuenta que ella y su familia viajaban felices de California a Juárez, pues por fin iban a poder moverse sin miedo, a lo largo de la Unión Americana. Sin embargo, estando en Ciudad Juárez, le dijeron que no podía volver más a casa con su esposo e hijos, que tenía que esperar 10 años para estar con ellos. La habían castigado por entrar sin documentos y permanecer 6 años en esta situación en dicho país.

La noticia no fue grata para la familia, pues la madre no iba a poder regresar por un buen tiempo a casa. Pasaron algunos meses para que Emma y su esposo se pudieran organizar, incluso Emma pensó en el divorcio como una opción. Al principio los niños se quedaron con la madre en México, pero la situación en este país también resultó difícil para ella y sus hijos pues les negaron el acceso a las vacunas y a las escuelas públicas por no contar con acta de nacimiento mexicana. Ahí fue cuando Emma se volvió activista “ […] a mi me daba mucha impotencia ver a los dos gobiernos dándonos la espalda. El gobierno de Estados Unidos le estaba dando la espalda a mi esposo e hijos y no les estaba importando a ellos. Y mi país también me estaba dando la espalda como ciudadana, no me querían atender a mis hijos, no me los querían aceptar en las escuelas” cometa Emma.

Emma activista

Emma en la frontera México- Estados Unidos con la camiseta de Dreamers Moms-Tijuana. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Fue en entonces que Emma y su esposo comenzaron a tomar decisiones importantes. Por un lado, resolvieron que ella se quedara con sus hijos hasta que cumplieran cinco años, después se los llevaría su esposo a California a vivir con él. Por el otro, decidieron que Emma se estableciera en Tijuana por la cercanía con la frontera. Así, conforme iban creciendo los niños, se iban separando de la madre, aunque los veía algunos fines de semana y durante las vacaciones.

Durante doce años y medio vivieron esta separación familiar. Emma añoraba y contaba el tiempo para regresar a casa con su familia, hizo todo lo que estaba en sus manos para que esto sucediera. “Cuando mis  hijos eran chiquitos siempre le pedían a Santa Claus de regalo de navidad a su mamá y ya después juguetes. Ahora les digo a mis hijos, ‘mira ahora si te va a dar de regalo Santa Claus a tu mamá’ […] los deseos cuando de verdad vienen del corazón se cumplen”, narra Emma.

A Emma le llegó el pasaporte con el permiso a entrar a Estados Unidos para reunirse con su familia el día 7 de diciembre de 2018. Al otro día cruzó la frontera. Por fin llegaría a casa. Por fin podía participar de las tareas cotidianas con sus hijos. Por fin podía mirar sus logros. Se encontraba nerviosa cuando le realicé la entrevista, porque sabía que tenía que readaptarse a las nuevas circunstancias después de haber pasado muchos años lejos de su hogar.

Emma y su familia

Emma con sus tres hijos y esposo (lado derecho) así como reporteros (lado izquierdo) que registraron su “bienvenida a casa”. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Así como la historia de Emma, existen otras tantas que he tenido la oportunidad de escuchar y que me han hecho reflexionar sobre cómo nombrar aquél movimiento migratorio que implica volver, no al lugar de nacimiento, sino al lugar donde está tu corazón, tu casa, tu familia. En lo estudios migratorios, si bien se reconoce que la migración es un proceso inacabado, que tiene muchas idas y vueltas, un retornado se define como aquella persona que regresa al lugar de origen, de nacimiento, después de haber tenido una experiencia de migrante internacional (Gandini, Lozano- Ascenico, Gaspar, 2016).

La historia de Emma, además de mostrar un proceso de separación familiar, ejemplifica que, regresar al lugar/país del que los migrantes son expulsados también es posible a través de un proceso de reunificación familiar, si el o la migrante contrae matrimonio con un(a) ciudadano(a) estadounidense, por ejemplo; y cuando se cumplen los años de castigo. Es decir, es posible regresar y además de manera documentada (aunque no necesariamente), al lugar al que los migrantes consideran “su hogar” pese a que no sea su país de nacimiento, sino aquél donde está la familia o el corazón, tal y como lo señala Emmanuel a través de la frase con la que abrí este texto.

A este tipo de retorno propongo llamarlo “retorno subjetivo” pues es un regreso que alude a la parte emocional y por lo tanto subjetiva de la pertenencia. Asimismo, si pensamos en aquellos migrantes mexicanos de la generación 1.5 que crecieron en Estados Unidos, que retornaron a México bajo distintas circunstancias, y que por motivos diversos han podido regresar a Estados Unidos estamos, según esta breve propuesta, hablando de migrantes que también experimentan un retorno subjetivo. Pues están regresando al país que consideran su casa.

Si bien, el “retorno subjetivo” es un concepto para reflexionar y por supuesto discutir, considero que la historia de Emma así como otras experiencias, nos invitan a darle una vuelta de tuerca al concepto de retorno y nos sugieren incorporarle el factor subjetivo a la categoría, e involucrar elementos como reunificación familiar, hogar, emociones, raíces, entre otros. Ello con el objeto de explicar estos regresos al lugar de emigración luego de una experiencia de retorno o deportación al país de origen.

Bibliografía

Gandini, F. L. A. (2016). El retorno en el nuevo escenario de la migración entre México y Estados Unidos. Secretaría de Gobernación.

[1] Esta platica la sostuvimos el 9 de diciembre de 2018 en el Estado de México

[2] Entrevista telefónica realizada el 4 de diciembre de 2018.

 

 

 

 

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Reconceptualizaciones migratorias a partir de una reflexión geográfica de las fronteras políticas de México

Por Jorge Morales Cardiel

jorgemcardiel@gmail.com

14 de Febrero de 2018

Cuando se habla de migraciones internacionales muy pocas veces se reflexiona sobre un punto clave, una de las mayores determinantes de los flujos y contraflujos que representan los masivos movimientos de seres humanos contemporáneos: las fronteras. Estas representan un verdadero punto neurálgico, determinando las relaciones geopolíticas entre las regiones y las naciones involucradas. Fuera de los desplazamientos internos, dentro de los territorios nacionales, las fronteras juegan un papel fundamental en el tratamiento político y semántico de las migraciones internacionales.

A tal efecto, las fronteras no solo enmarcan en el plano cognitivo, territorios, soberanías o nacionalidades, sino también en el plano sublime proyectan identidades, historias y realidades sociales que quedan grabadas en el imaginario colectivo de las mayorías a lo largo del tiempo, siendo en gran parte responsables de la organización social interna. Sin ser todos estos estadios estáticos -importante decirlo- por las tensiones que se dan constantemente en un mundo cada vez más globalizado y fragmentado. Para Emanuel Kant, una de las cualidades de lo sublime es que carecía de fronteras o como decía más recientemente Zygmunt Bauman, al afirmar que las fronteras sociales y culturales coinciden cada vez menos.

Otra de las complejidades que tienen las fronteras es que son aliadas de los sistemas económicos de acumulación capitalista en los espacios geográficos que circunscriben y de donde emergen. Ya que en ellos está presente y pretende seguir reproduciéndose exponencialmente hasta el final, el control de la división del trabajo, el intercambio de bienes y el flujo de capital mediante los acuerdos comerciales transnacionales. Que han evolucionado hasta exhibir una de las principales características de estos sistemas internacionales de las migraciones con sus imbricadas fronteras: la circulación de trabajadores, en donde la libertad de movimiento es la excepción y su restricción es la norma.[1]

Restricciones en donde las fronteras parecen ser esos guardianes que aparecen al inicio de la novela “El Proceso” de Franz Kafka. Que representan a la ley cuando un campesino solicita permiso para entrar en esa misma ley, contestándole el centinela que por ahora no podía dejarlo entrar. Después el hombre reflexiona volviendo a preguntar si más tarde lo dejaría entrar. “Tal vez, pero no por ahora” contesta el guardián. Argumentando después: “Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y solo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro”.

Lo cierto es que más allá de las marcadas divisiones políticas y económicas que las fronteras intentan imprimir en la actualidad con las crecientes restricciones legales que existen en tiempos de crisis capitalista, para proteger mediante los mismos nacionalismos anacrónicos a las elites beneficiadas de siempre, es que existe otra realidad bastante sugerente dentro de los territorios; podemos decir que así como hay fronteras externas, también existen fronteras internas, inclusive hasta fronteras invisibles, lo que nos lleva a entender estas divisiones fuera de los muros. Tenemos las prácticas xenofóbicas y clasicistas que se anteponen a diario ante el arribo de más población extranjera, en mi opinión aquí encontramos una de las barreras más difíciles de derribar en la actualidad, el guardián kafkiano más sutil pero también el más poderoso al fondo del salón.

No obstante el doble sentido de las fronteras, legal-restrictivo y sublime-emancipador, estas jueguen un papel cada vez más importante dentro de los sistemas migratorios supranacionales. Sin estas condicionantes no existiría la tensión social que conllevan a los acalorados debates políticos y académicos, que no son del todo perniciosos ya que nos ayudan a avanzar en la comprensión por lo menos semántica de esta realidad, para a repensar ciertas categorías de análisis dentro del vasto campo sociológico de las migraciones.

Por ejemplo, la desigual aplicación restrictiva ante el arribo de más población extranjera y su tratamiento, que nos hacen recapacitar que no todos los que llegan son precisamente “migrantes”. Esto a raíz de la proliferación de clasificaciones excluyentes que tienen como base sistemas métricos neoliberales de un mundo en constante y frenético desarrollo. Parámetros distintivos para las migraciones calificadas o altamente calificadas como para las migraciones labores o voluntarias y que repercute directamente a las nuevas migraciones forzadas.

Vale lo mismo afirmar que las clasificaciones migratorias consideradas como voluntarias e involuntarias permiten inducir a los Estados una regularización y organización de los ingresos y egresos de personas mediante una selección de migrantes “deseados” o “indeseados”. Estos últimos han llegado a ser considerados inclusive como ilegales por encontrarse al margen de los sistemas de la migración regulada y las migraciones legales como aquellas deseadas de acuerdo con los intereses nacionales por su frenética carrera por el talento[2]. Elevando esta categorización hacia la perspectiva de ser inferidas como migración calificada o altamente calificada, retomando una perspectiva clasista que trasciende el propio capital humano y su pertinencia en el desarrollo que puedan generar.

Inclusive esta clasificación de migrantes “calificados” puede ser considerada como una política migratoria clientelista y meritocrática, al responder a lealtades políticas y a la opinión pública local, así lo considera Shachar[3], debido a que se funda en una clasificación selectiva y que apuntan a que los sistemas políticos de la migración se caractericen por la competitividad. Una manera más de discriminar a las personas según sus capacidades educativas, según Tannock[4].

Pareciera que la criminalización y persecución de los contingentes de migrantes que no tienen la posibilidad de acceder a este sistema de clasificación y que se encuentran expuestas en cualquier momento a detenciones arbitrarias, deportaciones o retornos forzados son más bien estrategias de depuración del mercado laboral, por ser una mano de obra desechable y superflua, así lo expresó de forma clara Márquez Covarrubias[5]. Sobre todo de los mercados labores pertenecientes a las economía desarrolladas, aunque en los últimos años se han unido a esta depuración las economías de los países de tránsito, como el caso de México. Deportaciones, huelga a decirlo más allá de las fronteras nacionales.

En este punto vuelve a ser importante seguir partiendo de la comprensión de que la mayoría de las migraciones internacionales responden a la desigual distribución espacial del capital y del trabajo, por lo que las fronteras existen en este punto para marcar esa línea no tan delgada, -no como las que representan en las mapas- de desigualdad social, sin descartar que internamente se presentan estas mismas desigualdades, sobre todo en las grandes ciudades.

Para quienes ven los procesos y fenómenos sociales en términos de conflicto y no de equilibrio, las fronteras mexicanas son un buen parámetro para profundizar en este análisis semántico. Al comparar fronteras, de un país tan complejo como México, de entrada no parecer lógico constreñirse a una sola teoría sociológica de las migraciones ni tampoco subsumir el concepto de fronteras a la ya de por si escasa discusión teórica sobre este tema. Ni mucho menos reducirse al marco analítico asentado en una perspectiva que hasta ahora solo se ha sostenidos dentro del nacionalismo metodológico. Esto sucede cuando se contemplan a los países como las unidades de análisis y como los actores principales.

México, resulta un escenario idóneo para estudiar en específico este fenómeno en ambas fronteras. En el sur, en donde no solo se colinda con Guatemala y Belice sino con el Triángulo norte de Centroamérica completo: Honduras, El Salvador y Nicaragua, se tiene desde hace una década una situación verdaderamente alarmante de crisis humanitaria, teniendo por origen del problema, precisamente, la propia condición y manejo de la supuesta irregularidad de este sujeto migrante.

Una situación que también se puede aplicar hacia la otra crisis humanitaria en la frontera norte, con las crecientes reinserciones producto de las deportaciones de mexicanos en ambos polos geográficos de la frontera norte del país[6], de los otros connacionales mexicanos que se desplazan hacia la misma frontera norte para intentar cruzarla de forma irregular o no documentada varados en algún punto esperando el momento para realizar el paso.

Si ponemos atención, más allá de los hechos cotidianos de persecución y violencia hacia el migrante no documentado centroamericano o mexicano en cualquier frontera, bien puede ser que todos estos cambios nos indiquen la presencia de nuevos patrones migratorios impuestos por los distintos dispositivos políticos. Inherentemente se abre la puerta a la aparición de otra nueva tendencia y la imperiosa necesidad de una nueva política por parte del Estado mexicano: los solicitantes de asilo. Tanto para los reinsertados en México desde los Estados Unidos, como para los que de nueva cuenta reinciden una vez reinstalados en sus países de origen en Centroamérica que volverán a internarse en tránsito migratorio por México y para nuevos contingentes de migrantes internacionales como los haitianos varados en el noreste del país.

Ante esta realidad me parece que desde las fronteras el tratamiento y reconceptualización de la migración forzada es clave en este sentido. Se necesita algo que se adelante a la normatividad y práctica administrativa institucional. Todos estos desplazamientos internos terminarían dándoles un tratamiento imposible de extranjeros en su propio país a los inmigrantes desde las legislaciones existentes. De este modo, ya no podemos hablar de derechos de los desplazados, sino de beneficios concedidos por el Estado en cuestión que ofrece la protección de forma selectiva, como si únicamente se tratara de recibir los beneficios democráticos y de ciudadanía que recibe un refugiado por el Estado que otorgó el asilo. Es decir, el verdadero interés humanitario por la crisis de los migrantes en tránsito se desvirtúa, pues las categorías dentro del sistema global de protección a migrantes se quedan cortas ante la realidad actual. Volviendo a Bauman para concluir mencionaba que los contingentes de migrantes desplazados como proscritos productos de la globalización, son el epítome y la encarnación más plena del espíritu de frontera.

NOTAS:

[1] Arango, Joaquín (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. [Versión electrónica], Red internacional de migración y desarrollo. En, http://migracionydesarrollo.org/.

[2] Shachar, Ayalet (2006). The race for talent: highly skilled migrants and competitive immigration regimes. En, New York University law review, núm. 81. Universidad de Toronto.

[3] Ibidem

[4] Tannock, Stuart (2011). Points of perjuice: educatios-based discrimination in Canada’s inmigration system. En, antipode, vol. 43, núm. 4, pp. 1330-1356.

[5] Marquez, Humberto (2013). El redoble de la migración forzada: inseguridad, migración y destierro. Migración y desarrollo, Segundo semestre. Vol. 12, 159-175.

[6] La perniciosa e inhumana estrategia de deportación y de control fronteriza de la Border Patrol –“La migra”- al deportar a los migrantes de extremo a extremo en la frontera norte. Teniendo como efectos la modificación de la organización comunitaria local, reconfigurando el mismo tejido social y las dinámicas económicas de las ciudades fronterizas. Además de condenar a la trashumancia a miles de repatriados que tienen que recorrer cientos de kilómetros para regresar a sus lugares de origen o para volver a intentar cruzar la frontera por el mismo lugar por donde lo intentaron antes de ser capturados, exponiéndolos abiertamente al tráfico ilícito de migrantes por parte del crimen organizado. Con todo esto, paradójicamente se están convirtiendo en indocumentados en su propio país.

SOBRE EL AUTOR:

Jorge Morales Cardiel consiguió su Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, y su Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México. obtuvo un Máster en Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña, España y actualmente es estudiante de Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA. Sus líneas de investigación son: Migración indocumentada, migración en tránsito, políticas públicas hacia la migración, migración y desarrollo, Sociología de las migraciones. Entre sus principales publicaciones: “La enchilada light”. Revista de San Gregorio de Portoviejo Ecuador. Octava edición, junio-diciembre 2014, ISSN 1390-7247. “La inmigración indocumentada por países de tránsito, nuevo paradigma de los sistemas migratorios: el caso de México y Marruecos”. Revista Perspectivas Geográficas Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Vol. 21, num, 2, 2016. El control de fronteras a cambio de los derechos humanos. 2017. Editorial Académica Española. ISBN: 978-3-639-53516-7. “Migración y (sub) desarrollo: una aproximación teórico-estructuralista”. Revista Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Cuajimalpa, Ciudad de México. Núm. 4.

 

 

Las implicaciones del imaginario en la migración

Dra. Olga Lorenia Urbalejo Castorena

lurbalejo@gmail.mx

CIEM

 1ro Septiembre de 2017

 

Referir a los imaginarios es hacerlo sobre procesos de pensamiento donde la imagen toma centralidad como guía de una realidad, que involucra llevarlos a la práctica, es decir a la concreción de “vida” en base a esa forma de traducción de la imagen mental, como los refiere Hiernaux (2007). La producción teórica sobre el tema es amplia, destacaré que en estos –los imaginarios- se involucran las subjetividades en el entramado social, paradójicamente parecen objetivizar lo simbólico, permeando todas las esferas de la vida colectiva e individual. Los imaginarios se dan en un espacio-tiempo, por tal motivo se sitúan en un momento sociohistórico, como señala Castoriadis (2010). Gilbert Durán apunta que también se involucra el contexto epistemológico y refiere a los arquetipos[1] como los puntos de unión entre los imaginarios y los procesos racionales, los cuales se corresponde con imágenes que difieren según las culturas suporponiendo varios esquemas (Durán, 1992: 63-64). Así, el cómo se involucra la creación de significados e imágenes en una sociedad migrante, es hacia donde se dirige el presente texto, destacando algunos aspectos de la migración laboral.

Imaginar a dónde se migrará

El imaginario de quien pude migrar se crea desde el lugar donde se está, el de primera migración (o bien los llamados lugares de origen), las primeras imágenes pueden sustentarse en algo que se desconoce desde la experiencia propia, pero su importancia se centra en ser uno de los primeros pasos para emprender el proyecto migratorio, lo anterior porque no podemos tener consideración de vida sin un espacio (físico o subjetivo). Al pensar hacia donde se migrará se contempla, tener un lugar donde llegar a vivir, o el lugar de trabajo, pero también se piensa en las “totalidades”, la ciudad, por ejemplo; de esta forma se mueven escalas en el imaginario, que conciernen al conocimiento propio de nuestro mundo inmediato. De tal forma que, se parte de lo ya conocido, estas son las estabilidades de las cuales se precisa para tener una imagen, y en la cual se entrecruzan las circunstancias sociales y culturales.

El imaginario además se concibe por la narración del otro, los que se han ido, como lo expone Sarzuri-Lima, “implican que el primer contacto del sujeto potencialmente migrante con la migración es a partir de una narración sobre el acto de emigrar proveniente de una persona que vive o vivió un proyecto migratorio o una persona que conoce a alguien con esa experiencia (la narrativización de las experiencias migratorias)” (2013: 132). La recepción e identificación de dicha narración, continua el autor, dependerá de la situación límite[2] en que se encuentre quien escucha, pensemos que –regularmente- se construyen historias de éxito, de esta forma los lugares de destino se idealizan, aun si la descripción física no es totalmente amable, pero considerar mejorar las condiciones de vida, da fuerza a la idea de migrar.

A Tijuana, la ciudad fronteriza que articula, según algunos, una zona comercial con el estado sureño de California, se le ha atribuido el imaginario de ciudad de trabajo (Veloz, 2011) esto hace que se piense que dicho espacio asegura tener cubiertas las necesidades “básicas” requeridas en el cotidiano. Al ser un lugar receptor de migrantes que se han socializado en la ruralidad, en sus relaciones con las actividades del campo, el ritmo urbano permite imaginar mayores ventajas respecto a los de la naturaleza, con los que se guían en los lugares agrícolas, algunos de ellos aun de autoconsumo. En el campo hay que esperar las temporadas para comer, pero en las ciudades industriales- como se han categorizado algunas ciudades fronterizas del norte, no hay que esperar meses para tener una cosecha e irse moviendo al ritmo rural, aquí hay que moverse al ritmo propio y conseguir un trabajo que no dependa del temporal. Rogelio, que llegó a Tijuana mediante una red social de ayuda solidaria, característica de las zonas señaladas, implicó en su proyecto migratorio ese imaginario, el de trabajo, habiendo migrado encontró algo distinto, así lo explica al preguntarle sobre su situación en la ciudad: “Pues una parte de mi mal, cuando no tengo trabajo y así, sin trabajo uno no puede hacer nada. Tienes trabajo, pues tienes para todo, no te preocupas de nada. Pero cuando no tienes trabajo, te preocupa cualquier cosa. Eso es lo que está complicado acá en la ciudad (2016).

Al referir la correspondencia con el espacio, el imaginario de la migración, en relación a sus subjetividades y expectativas, hay que considerar entonces que rebasa los límites geográficos, los propios como ya señalaba, y la migración tiene relación con lo apuntado por Armando Silva: “¿Acaso la imaginación no apunta por naturaleza al futuro? Y entonces ¿el mundo imaginado no es tiempo sin realizar en un espacio inexistente? Pero también ¿la ciudad imaginada no es el sustento de esa real de los espacios ciertos o constatables? (2003, p. 98). En ese futuro de un espacio inexistente el imaginario, en un lugar que no es, pero a donde se migrará, encuentra sus contradicciones. Carmen llegó a Tijuana en la década de 1960 junto a su familia, de su primer encuentro con la ciudad relata: “Recuerdo cuando nosotros entramos a Tijuana, que veíamos con papá, que veníamos de Morelia que le dicen a mamá, ya esto es Tijuana, y que no podía creerlo [la ciudad era un rancho comparada con Morelia] porque así estaba toda la avenida esa lo que es el bulevar y así quedo por muchos años” (Carmen, 2017). La permanencia de Carmen le ha permitido ver la expansión de Tijuana y la consolidación comercial, cultural y escolar en algunos sectores[3].

Los imaginarios en la migración además, pueden desplegar cambios en los lugares de origen, la socióloga del trabajo Lilia Solís, da cuenta de cómo en Santa Cruz Tacache de Mina, Oaxaca, se han construido barrios como el de la Colonia Nueva, donde los terrenos fueron adquiridos mayormente por migrantes que viven en Nueva York, en Queens, el Bronx y New Jersey, de tal forma que popularmente se le conoce como El Manhattan, el cual tiene construcciones que se diferencian de las del resto del pueblo. En una circulación de imaginarios, los pobladores de Tache de Mina pueden ver una “materialización” de la vida migrante, esa narración a la que referí, se expone a la vista de todos, a pesar de que la autora hace hincapié en que la crisis de 2008 ha disminuido las remesas y por supuesto la continuidad de las construcciones (2015). No obstante, el imaginario que se data en un contexto más próspero “suprime” las dificultades económicas actuales para dar continuidad a un proyecto migratorio ya planteado.

Del otro en las ciudades de Las Vegas, Portland, Fresno, Nueva York y Washington donde viven algunos de los tacachenos, movilizados espacialmente por la relación de subjetividades que produce el imaginario, dan cuenta de sus precariedades, de las paradojas entre vivir en el pueblo con carencias, pero en un espacio conocido donde además guardan afectos, y hacerlo hacinados en departamentos, con un horario laboral exhaustivo, pero que contradictoriamente ha permitido vislumbrar futuras migraciones de sus paisanos, mismos a quienes les recomendarían no hacerlo (discusiones, seminario la Ciudad transnacional, 2012-2014). Solís describe de esta forma su realidad, ya no imaginada:

Las condiciones de la vivienda son sumamente precarias, ya que por las altas cuotas de renta que les cobran varias familias se ven obligadas a vivir en un solo departamento. Conocí un caso en el que en un departamento vivían cuatro matrimonios diferentes y cada uno con hijos propios, además de algunas mujeres y hombres sin pareja […] Bajo el lodo, entre la tierra y detrás del ex estadio de los Mets de Nueva York, los trabajadores conviven, reparan, comen y socializan con los clientes que buscan refacciones baratas o incluso autos de segunda mano económicos. En el mismo lugar, algunas mujeres originarias de Tacache de Mina hacen y venden alimentos típicos de su pueblo, trabajando a la intemperie, en verano a temperaturas altas que alcanzan los 100 grados Fahrenheit, y en invierno a temperaturas bajas que alcanzan los 30 grados Fahrenheit. Bajo el sol, la lluvia, el lodo, la nieve y el polvo, pasan sus días trabajando (2015: 193-194).

Para finalizar

No es mi intención dejar la idea de que el imaginario de la migración se enfrente a una realidad desalentadora, sino invitar a la reflexión y al análisis más profundo de su importancia en el proyecto que se emprenden. Hay que considerar que una vez habiendo migrado los imaginarios son otros, como el urbano en el caso de los tacahenos que no tienen “derecho a la ciudad” lo cual restringe su circulación, entre otros aspectos, o bien indagar sobre los imaginarios del regreso, esto cuando se considera un retorno a un lugar que yo no es el que fue vivido.

 Fuentes

Castoriadis C. (2010). La Institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires: Tusquets editores.

Discusiones de seminarios del proyecto CONACYT, “La Ciudad Transnacional”, 2012-2014.

Hiernaux, D. (2007). Los imaginarios urbanos: de la teoría y los aterrizajes en los estudios urbanos. Eure (Santiago)33(99), 17-30.

Sarzuri-Lima, M. (2013). La construcción del” sueño español”: La migración desde los imaginarios sociales. Revista Integra Educativa6(1), 127-140.

Veloz, A. (2011). Mujeres purépechas en las maquiladoras de Tijuana: Experiencias y significados del trabajo. Madrid: Editorial Académica Española.

Silva, A. (2003). Imaginarios sociales y estética ciudadana. Escribanía. Nº11;(julio diciembre). Manizales: Universidad de Manizales.

Solís, L. (2015). Manhattan para los mixtecos. En F. Besserer y R. Nieto (editores), La ciudad transnacional comparada, la modos de vida gubernamentabilidad y desposesión (pp. 183-208). México. Universidad Autónoma Metropolitana, Juan Pablos editores.

Entrevistas:

Carmen Aguirre, realizada por Tadeo Calles Vega, 3 de mayo de 2017, Tijuana.

Rogelio Salazar, realizado por Olga Lorenia Urbalejo Castorena, 12 de septiembre de 2016, Tijuana.

[1] El concepto de arquetipo es más complejo de lo que expongo, y es uno de los aportes realizados por Durán a la teoría del imaginario, por lo tanto se puede ampliar consultando la obra del autor

[2] En el texto se expone a las situaciones límite como: “momentos en los que existencialmente creemos encontrar barreras para continuar” (Sarzuri-Lima 2013: 130).

[3] Agradezco a Tadeo Calles Vega por compartir la entrevista que realizó y permitirme hacer uso de la misma.

Entre el quehacer y el hacer: breves y discutibles reflexiones sobre nuestro papel frente al periodo Trump y sus antecesores

Por: Lucía Ortiz Domínguez

 luciaortizdom@gmail.com

9 de febrero de 2017

Hay momentos históricos en los que el contexto habla por sí mismo y me parece que actualmente nos está gritando. Discursos y actos xenófobos hacia los migrantes que han contribuido a enriquecer al país que ahora los quiere expulsar; amenazas de continuar con las deportaciones que acrecientan el clima de miedo y hostilidad en la comunidad migrante; constantes intimidaciones públicas para construir otro muro (con dinero de los mexicanos), terminar el que está o edificar un muro sobre el muro; la posibilidad de concluir con el Tratado de Libre Comercio (TLC), el riesgo latente al desarraigado de los migrantes que han vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos, una política gubernamental mexicana que no ha respondido a los retornados y medianamente a los migrantes, son ejemplos de que nuestro presente histórico nos reclama, creo yo, a actuar.

Tanto las amenazas como los hechos impactan de distinta forma sobre nuestras subjetividades y vida cotidiana. Me incluyo porque lo que nos está sucediendo desde hace algunos años en materia migratoria y económica no es una cuestión exclusiva de los migrantes, si es que existe eso, sino es una realidad que nos incumbe y nos compromete a pensar para actuar.

Considerar que la migración es de competencia de quienes la viven es limitar el campo de acción colectiva, sería reducir o eliminar las responsabilidades que tenemos como estudiosos de la migración, como ciudadanos, como personas y como seres humanos. Con ello quiero decir que las visiones, perspectivas e ideas que se puedan generar sobre una hecho concreto, en este caso la migración, son fundamentales para poder proponer pequeños cambios. Un migrante sabe y conoce en carne propia lo que significa serlo, una persona deportada también. Los que no hemos vivido estos procesos, efectivamente carecemos de la experiencia vivida, pero contamos con otras herramientas que nos hacen capaces de generar y contribuir a que los migrantes y los retornados sean respetados y reconocidos por sus experiencias y sobre todo tratados con dignidad y respeto.

Quiero expresar que he percibido la existencia de una crítica recurrente de la sociedad civil, de quienes trabajan en instituciones gubernamentales e incluso de los estudiantes de posgrado hacia el quehacer y el impacto de la investigación académica en ciencias sociales en los problemas sociales. La crítica versa sobre la tendencia a realizar investigación académica que se queda en las bibliotecas o en congresos y que pocas veces logra conectar con la vida cotidiana y con sus irrupciones.

Pareciera que se hablan dos lenguajes distintos, los grupos u organizaciones de la sociedad civil consideran que las investigaciones académicas están dirigidas exclusivamente a responder a las necesidades del mundo académico mientras que los académicos consideran que al involucrarse con la sociedad civil se pierde la objetividad y el rigor científico.

Como estudiante de posgrado, que he colaborado con algunas organizaciones de migrantes, quisiera invitar a la reflexión sobre cómo podríamos construir códigos comunes entre dos mundos, sin perder el rigor y ética en nuestras investigaciones y para generar campos de reciprocidad entre nosotros.

Cuando hacemos investigación y buscamos exclusivamente reconocimiento académico a través del “rigor científico” corremos el riesgo de olvidar un elemento necesario de cualquier investigación, el para qué: ¿para qué queremos contribuir al conocimiento de la población migrante?, ¿para qué hacer una investigación sobre migración?, ¿a quién responde nuestra investigación?, y nos enfocamos en el cómo metodológico para demostrar que nuestra investigación está sustentada. Priorizar una cuestión sobre otra depende del tiempo que tenemos para realizar nuestras pesquisas y de una decisión personal, pero creo que se pueden hacer las dos cosas aunque podría implicar más trabajo. Por ejemplo, las organizaciones de la sociedad civil por lo regular necesitan datos sencillos que pueden ser construidos colectivamente y que no estén impregnados de tanta teoría, en ello podemos aportar nosotros como académicos para que nuestra investigación y nuestro quehacer puedan tener un impacto real, sencillo e inmediato sin el vanidoso deseo de cambiar al mundo. O bien, podemos estar en momentos coyunturales que les ayude a demostrar que somos más de uno los que estamos interesados en cambiar las cosas, siendo conscientes de que apoyamos como ciudadanos informados sin la necesidad de involucrar nuestras tarjetas institucionales. Con ello quiero decir que tenemos la oportunidad de apoyarlos desde nuestra identidad académica y desde nuestro derecho individual de ejercer una ciudadanía política informada. Los límites y la forma de participar o contribuir dependen de la ideología académica de cada quien, lo importante es que desde la posición que queramos adoptar intentemos contribuir con los conocimientos que generamos con pequeños actos que permitan enfrentar las problemáticas sociales.

También debemos tomar conciencia de que las investigaciones individuales en Ciencias Sociales en sentido literal son imposibles. Nosotros siempre necesitamos de la colaboración y cooperación de muchos actores para conducir nuestros propósitos investigativos, nos respaldamos en nuestros colegas, en personas expertas, en migrantes, en no migrantes, en retornados, para darle cuerpo a nuestra investigación. Hay que reconocer que nuestra investigación es un trabajo colectivo. En este sentido, al intercambiar experiencias generamos redes que nos permite conectar diversos actores. Esto se traduce en que a lo largo de nuestro proceso vamos generando capital social que podemos compartir de manera muy sencilla: presentando personas, poniendo en contacto organizaciones que consideramos que pueden trabajar juntos, organizando Foros, etcétera. Que se cristalicen o no las relaciones no depende de nosotros, es un trabajo que ya depende de ellos y de los encuentros y desencuentros que puedan tener. Nosotros simplemente podemos fungir como intermediarios entre personas y colectivos cuyos encuentros puedan traducirse en felices coincidencias.

En fin, lo escrito hasta aquí es solo una reflexión personal y creo que es momento de atrevernos a proponer formas para colaborar, aportar y generar empatía y solidaridad entre los que estamos interesados y dispuestos a que las cosas funcionen de una mejor forma para todos, sobre todo frente a este contexto que nos grita cada día más. Los invito a compartir ideas sobre las formas en que podemos colaborar más con nuestro entorno sin dejar a un lado nuestra responsabilidad de generar investigaciones de calidad.

bansky

Imagen: Banksy, (S/F), recuperado en: http://www.banksy.co.uk/out.asp, 9 de febrero de 2017.

La espacialidad de los festejos a los santos patronales en los contextos migratorios étnizados

Por:  Lorenia Urbalejo Castorena

Los espacios amplios que se producen en un contexto migratorio van dotando de sentido y de pertenencias a los lugares habitados. Así, en una frontera dinámica social, cultural y económicamente, los procesos donde los indígenas han ido configurando una Tijuana étnica les da una visibilización y participación en nichos que les permite tener un proyecto de comunidad.

Entre las prácticas que a los grupos indígenas les han posibilitado la construcción y apropiación de un espacio, se encuentran los festejos a los santos patronales, que resulta ser un circuito en donde se insertan varias celebraciones a los santos que se han trasladado desde sus lugares de migración, y que no solamente implican un día, sino la organización anual e incluso realizar otros eventos, como los bailes para recabar fondos. Las fiestas, además han llevado a algunos grupos a dejar su impronta en el paisaje urbano, mediante la construcción de recintos religiosos católicos, para realizar ahí sus celebraciones. De tal forma que los festejos se presentan como una síntesis de la vida étnica en la frontera, así lo expresa Jesús, purépecha, (2016) al mencionar que ahí puede mostrarse quienes son porque es perceptible la organización, las relaciones entre paisanos, la lengua las danza y la música.

Para analizar la importancia de estas prácticas en Tijuana, enseguida abordaré el tema desde su espacialidad, para lo cual  referiré de manera breve y general,  la relación del espacio construido y apropiado por los grupos indígenas que han migrado a Tijuana, con énfasis en mixtecos, tanto de Oaxaca como de Guerrero y purépechas; de tal modo referiré a la expresión de la religiosidad vista desde los festejos a los santos patrones, para observar el significado que le dan esta práctica y el cómo les permite de la misma forma una construcción simbólica de comunidad, siendo grupos dispersos que van haciendo territorio mediante lugares donde circulan santos y se domina lo espacial.

Los festejos étnicos, su espacio en Tijuana[1]

En los festejos, aun tratándose de actividades religiosas, se hace más énfasis en la práctica étnica, a diferencia de otros del mismo tipo entre la población no indígena, donde sí hay una connotación marcadamente religiosa y sus actividades tienen que ver con ser buenos católicos. De tal manera que lo que distingue a su religiosidad es precisamente el sentido étnico que le dan. Cuando hablo de religiosidad es entendida  dentro de lo popular, sobre la cual indica Barelli, citando a Santamaria como,  “el conjunto de experiencias, actitudes y comportamientos simbólicos que demuestran la existencia de un imaginario social que incluye lo sobrenatural en la realidad cotidiana” (Santamaria, en Barelli 2011: 68). “De esta manera, el autor identifica a la religiosidad no sólo como parte de lo litúrgico, lo ritual o lo cultural sino que la incluye en una amplia gama de comportamientos individuales y colectivos que definen el proceso global de simbolización” (Barelli 2011: 68).

En Tijuana evidentemente que estas prácticas tienen relación con los espacios, territorios, de donde se ha migrado. Entre las conceptualizaciones que se hacen del espacio, multidimensional, encontramos lo apuntado por Claval que lo define como:

Una escena donde los seres humanos se ofrecen al espectáculo, representan papeles que los valorizan, los enriquecen o les aseguran ciertos poderes, tiene en cuenta al individuo y a las iniciativas de que es autor. Nos hace descubrir el sentido que le dan los seres humanos a los decorados que los rodean y que, en gran medida, han construido. Nos hace entrar en el universo de sus valores y creencias, y aclara las estrategias que retienen en su vida social, política y cultural (2002: 38).

Este espacio una vez apropiado se hace territorio y se territorializa,  según Barabas (2013) tanto en discurso con una narrativa como en ritualidad, es decir mediante las prácticas culturales, a las que refieren como dadoras de  sentido a sus vidas, las consideran como definitorias de su ser indígena en la ciudad, las más importantes giran en torno a la realización de festejos a los santos patronales de los pueblos y éstas se realizan año con año  para no olvidar, para mostrar lo que son; lo que lleva además a seguir relacionándose porque se tiene que cooperar, organizar, así son también son guía de su vida ritual y de grupalidad. A decir de Claudio (mixteco de Oaxaca) estas actividades y otras como la faena y la gueza son “una práctica muy ancestral que ha permitido sobrevivir al grupo social, junto con nuestras tradiciones y costumbres” (comunicación personal). Que en este caso suceden en el espacio publico, y la discusión entre lo público y privado de un espacio, se habla de un espacio en disputa política. Borja (2016) que podría ser objeto de análisis para casos como el que  abordo, pero es un tema en el que no profundizaré en este texto.

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Casa del carguero y carguera, altar a San Martín Caballero (purépecha), colonia Lagunitas, Tijuana, 2014. Foto: Lorenia Urbalejo

Por lo general dichos festejos ocurren en lugares concretos, en las mismas canchas deportivas o en calles específicas de las colonias, pero algunos otros van cambiando dependiendo de quién ocupe la mayordomía o sea el carguero, por ejemplo para los purépechas de Tanaco, municipio de Cherán, Michoacán, el lugar donde se realiza el ensayo varia según quien sea el carguero (por la ubicación de su casa), dicho ensayo tiene varias actividades, entre otras, se presentan las danzas para el festejo a San Martín Caballero. En 2015 este festejo fue más sencillo y la celebración se concentró en la realización de una misa, de tal forma que no obstante encontremos una serie de actividades que debieran realizarse cada año como son: Procesiones, misas, comidas, cohetes (en algunas quemas de castillos de cohetes) presentación de danzas, bandas y baile con grupos tocando en vivo y torneo de basquetbol, esto puede variar dependiendo de quién tenga la organización a su cargo, debido a que los recursos para financiar las fiesta son propios y con ciertas excepciones los apoyan instituciones, federales o municipales, o tienen un patrocinador.

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Comida en el festejo a San Esteban (de la asociación San Esteban Atatlahuca radicados en Tijuana, mixtecos de Oaxaca) Colonia El Pipila, Tijuana, 2016. Foto: Lorenia Urbalejo

Así los festejos tienen su propio espacio-temporalidad, están insertos en una agenda amplia que compone precisamente el espacio social, configurado una geografía flexible. Permite a la vez, una vinculación mediante el ejercicio de comunidad que lo suponen como un instrumento que refiere también a la movilidad de los recursos simbólicos.

El propósito principal de las celebraciones es rescatar y mantener una cultura que los ha llevado a tener las relaciones que hoy se tienen, pero de la misma forma esta expresión de la religiosidad permite un reconocimiento de las instituciones, aun en aquéllos casos que cuando se realizan no hay una presencia de las  “autoridades”, como en el caso de los e Bénito Juárez (mixtecos de Oaxaca) lo hacen visible al momento de entablar relaciones con instituciones como con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

En relación a los festejos han proliferado las bandas y grupos de danza, tanto para mostrar, como para subsistir, y conservar las traiciones,  que dentro del ejercicio de la religiosidad están en relación con la globalización. Se mantiene una idea de la reproducción de la comunidad mediante el ejercicio de esta festividad que conlleva un año de trabajo.

Reflexión final

Finalmente las prácticas culturales observadas en las fiestas patronales adquieren múltiples significados, el más importante es el que da coherencia a ser indígena en Tijuana. Los festejos también se hace intermediario entre jóvenes y adultos para involucrarse con lo comunitario. Asimismo es un escenario para expresar lo étnico y una plataforma para en su exhibición continuar la inserción a la vida política de las instituciones. Cabe mencionar que las reapropiaciones discursivas se utilizan en función de los intereses propios, donde no solo lo étnico queda explicito, sino el cómo se intersecta con clase y género, en juego de relaciones de poder donde las instituciones políticas entran en éstas

La religiosidad permite estos espacios, amplios como se han documentado, de resignificados e identitarios. Son espacios sociales y además a través de los festejos patronales el espacio queda politizado, por esa razón se trasciende a lo religioso y la fe, e insta en la legitimación de una ciudadanía con las características propuestas por T.H. Marshall (los derechos civiles, políticos y sociales).

Fuentes

Barelli, A. I. (2011). Religiosidad Popular: El caso de la Virgen de Urkupiña en San Carlos de Bariloche. Cultura y Religión5(1), 64-79.

Barabas, A. M. (2014). La territorialidad indígena en el México contemporáneo. Chungará (Arica)46(3), 437-452.

Borja, J. (2016). Ciudades y ciudadanía. Bases del debate contemporáneo (Conferencia). COLEF.

Claval, P. (2002). El enfoque cultural y las concepciones geográficas del espacio.

[1] Personalmente desde 2007 he documentado nueve  festejos a santos patronales, siete de mixtecos y dos de purépechas (uno en el municipio de Playas de Rosarito) pero he sabido por pláticas que hay otros; algunas de estas fiestas han dejado de realizarse, otros santos tienen dos celebraciones, porque hay disputas hacia el interior de los grupos, además hay una estrecha relación entre la organización de los festejos y la asociaciones que tienen varios grupos indígenas en la ciudad. Así, en ciertos casos se trabaja en conjunto, asociaciones y las cofradías que son dirigidas mediante el sistema de cargos activo en la migración. Este sistema es una forma de organización comunitaria jerárquica, encabezada por el mayordomo o mayordoma o bien carguero y carguera, y seguida por topiles o diputados para el caso mixteco, cada figura tiene una comisión que generalmente incluye una cooperación económica.  Para estos casos el sistema de cargos funciona sólo para los festejos religiosos.

Yo no soy yo quien ha migrado: breves comentarios sobre el uso de la categoría segunda generación

Por: Olga Lorenia Urbalejo

Algunos aspectos de la vida familiar parecen heredarse sin la posibilidad de rechazarlo, ser migrante con frecuencia es uno de dichos aspecto. Mayormente son en los estudios sobre migración internacional realizados en Estados Unidos y Europa, que se utiizan las categorizaciones en torno a hijas/os de migrantes, así se refiere a la generación 1.5 cuando los hijos e hijas llegaron siendo pequeños en compañía de los padres a los espacios receptores, así también, está la generación 2 – segunda generación- que refiere a cuando se ha nacido en el lugar de migración familiar.

Estos abordajes han permitido referir las diferencias entre los subgrupos establecido desde la academia (entre otros), lo anterior desde teorías que comprenden las propuesta de asimilación, las cuales han dejado a los sujetos involucrados en un clivaje, entre aquello que se pierde (como algo negativo) y lo que se conserva, poniendo a  las generaciones mencionadas con una carga en pro del mantenimiento de los rasgos identitarios y definitorios de los grupos  étnicos o nacionalidades a las que parecen pertenecer. Dichas estudios dan cuenta de la pérdida de identidad étnica señalan Portes y Rumbaut;  lo autores refieren en específico al caso entre hijos de migrantes europeos, y al considerar la teoría asimilacionista, también ponen en perspectiva el racismo (211: 210) como una de las consecuencias de señalar a un grupo que parece no tener identificación con el lugar donde vive, pero sobre todo porque es visto como el otro, por la lengua que habla, su físico, el tiempo de residencia, y más, en una población que se observa así misma siendo semejante.

Además de utilizar las categorías para realizar estudios, estas tienen repercusiones en los marcos sociales, como si ser migrante se tratará de algo que se hereda biológicamente de padres a hijos, un continuum trasngeneracional expresa Moncusi, que lejos de sólo aportar datos, puede padecerse y que responde a “el sencillo hecho demográfico de que los inmigrantes tienen hijos y al hecho sociológico de que estos comparten con su progenitores formas de discriminación y a veces un estrato social derivado de la trayectoria migratoria de aquéllos” (Moncusi,  2007: 7). Enmarcar a quienes no han migrado como si lo hubieran hecho dota, además, a las personas de extranjería, comenta Grimson, quien también expone que bajo este argumento todas perteneceríamos a una larga lista de generaciones migrantes, prácticamente infinita (2011: 39).

De tal manera, tanto racismo como discriminación son vividas entre las llamadas segundas generaciones, porque la relación que se hace con lo migrante es muchos sentidos resulta negativa, se relaciona con un desarraigo y en el caso extremo con peligro. En Baja California, estado mexicano caracterizado por ser un polo de atracción laboral, se enfatizan las diferencias de no haber nacido en el lugar, y hay una distinción a nivel federal y estatal sobre los  grupos indígenas, divididos entre nativos y de migrantes, lo que trastoca a los habitantes con esas características, insisto aun sin haber migrado, pero que los refiere como los que “nos son de esta tierra”.

Así, no se precisa de una migración internacional para hacer observaciones sobre las consecuencias de ser segunda generación, y si además ponemos en perspectiva lo étnico, lo anterior se hace complejo debido a que hay una jerarquización sobre lo indígena- con menor valía social- de tal modo que en esta diada, indígena y migrante, en un sociedad “receptora” que se considera no indígena,  presupone una doble exclusión.

Algunas preguntas para concluir serían: cómo, las estudiosas de la migración, podrían aportar para desbiologizar desde las categorías, o a la no ponderación de autenticarse de un lugar.  Cómo analizar a una población situada en un espacio que les genera sentido de pertenencia y poner en relación una historia familiar, sin deslegitimar las propias experiencias de vida. Lo anterior, claro, no exceptúa los casos donde hay identificaciones o bien los que dan cuenta de claras reivindicaciones identitarias y políticas, por ejemplo las concernientes a la etnicidad. De tal forma que considero que los estudios que abordan a personas cuya historia de vida se ve relacionada con un movimiento espacial, no debería  fijar sólo sus abordajes en aquéllos aspectos que permanecen como si fuera un valor por si mismo, sino virar las miradas y ampliar su perspectiva hacia aquello que da cuenta de otros procesos.

Bibliografía

Grimson, Alejandro (2011). Doce equívocos sobre las migraciones. Nueva Sociedad, num.233: 34-43.

Moncusí, Albert (2007).“Segundas generaciones: la inmigración como condición hereditaria”, en Revista de Antropología Iberoamericana, núm. 3: 459- 487.

Portes, Alejandro, Rubén G. Rumbaut (2011). Legados: la historia de la segunda generación inmigrante, Miguel Ángel Porrúa, Ciudad de México.

Migrantes retornados y el dilema del empleo

23-Marzo Reunion REDMigREt

Reunión de la Red de Migrantes Retornados en Guayaquil, Ecuador

Por Lorena Mena Iturralde

Desde 2008 el retorno de emigrantes a su país de origen se volvió un fenómeno de interés mediático, académico y gubernamental en el contexto ecuatoriano. La crisis financiera internacional que afectó a los Estados Unidos y Europa e impactó en el empleo y por ende a miles de migrantes laborales procedentes de países en desarrollo, obligó a muchos a hacer maletas y retornar.

Hacer frente a la reinserción tras varios años de residencia en el extranjero es el siguiente reto. Los jefes de hogar, principalmente, deben buscar los medios de sustento para ellos y sus familias y enfrentarse sobre la marcha a la adaptación a su nueva realidad. No es extraño, de hecho, que en mis conversaciones con ecuatorianos que retornaron desde España, principal destino migratorio del país andino desde finales de los 90, el tema del trabajo y las dificultades para emplearse tras años de ausencia, predominen en sus relatos.

Son regresos que en muchos casos están asociados con el fracaso de un proyecto migratorio, proyecto que no se abandona hasta haberlo intentado todo en el extranjero. Hay quienes perdieron su “piso” (departamento) al ser embargados por bancos ante la imposibilidad de pagar sus hipotecas; quienes vivieron del subsidio de desempleo hasta que agotaron tal prestación; los que trabajaron “en negro” (clandestinamente) y en condiciones de alta precariedad; los que optaron por vivir hacinados para compartir gastos, entre otras estrategias de supervivencia en medio de la crisis española.

Al final, para concretar su regreso, pocos pudieron acogerse a programas de ayuda oficiales como el implementado por el gobierno de España, o el plan Bienvenid@s a Casa del gobierno ecuatoriano. Sus requisitos y escasa cobertura fueron algunas limitantes, aunque de entrada se venden bastante bien. Por ejemplo, el programa español APRE, más conocido como Plan de retorno voluntario, otorgaba al solicitante la posibilidad de cobrar su prestación por desempleo en dos partes: 40% en España y 60% en Ecuador, pero a cambio, el inmigrante debía firmar su compromiso de no volver al país ibérico en al menos tres años. Y no solo él, sino todos los miembros de la familia que fueron reagrupados, porque también debían irse. Sobre el programa ecuatoriano, una de las críticas más difundidas es que parecía enfocarse en retornados con cierta capacidad financiera, pues se les pedía una contraparte económica para acceder a recursos para emprendimientos en Ecuador.

En general, lo que ha predominado es una movilidad autónoma de retorno, y puede deducirse que la reinserción laboral ha sido igual. El autoempleo es una de las principales vías para empezar de nuevo y en esta modalidad de trabajo, los migrantes retornados no necesariamente aplican lo aprendido en el extranjero, porque el mercado tiene demandas distintas y otras condiciones salariales. Lo cuenta con desilusión Alan, un migrante retornado que hoy trabaja como taxista en las calles de Guayaquil, capital económica y la ciudad más poblada del Ecuador. “Manejé con licencia profesional en carreteras de España, operé aplanadoras, maquinaria pesada en empresas de construcción (…) y en tres entrevistas de trabajo aquí me dijeron No, que como no tengo experiencia en Ecuador eso aquí no sirve”, relata.

Por un lado, los empleadores argumentan “falta de experiencia”, por otro lado, el problema es la edad, pues muchos retornados tienen más de 40 años. Y si se trata de pedir créditos para abrir negocio propio, la negativa de la banca es por no tener bienes o el aval de personas que suscriban como garantes, algo difícil de conseguir de alguien ajeno a la familia y más cuando recién se ha vuelto del extranjero.

El problema de emplear migrantes retornados en Ecuador ha sido tal, que actualmente está en espera de discusión legislativa una Ley Orgánica de Movilidad Humana que reemplazará a la Ley de Migración vigente, que data de los años 70, e incluye en uno de sus apartados 14 artículos referentes a “la condición de migrante retornado”. Dicho proyecto fue presentado a mediados de 2015 y señala como migrante retornado a la persona ecuatoriana que cumpla una de las siguientes condiciones: 1) haber permanecido o haberse radicado más de 3 años en el exterior y estar en territorio nacional; o 2) estar en condiciones de extrema vulnerabilidad en un país extranjero y con manifiesto de volver al Ecuador.

Define también tres tipos de retorno: voluntario, forzado y humanitario o solidario; y en otro artículo habla de la “recuperación de talentos”, esto es, que el Estado ecuatoriano facilitará el retorno de emigrantes artesanos, agricultores, técnicos, profesionales y científicos, y motivará en el sector público y privado la creación de bolsas de empleo, con ofertas laborales que estarán a disposición de los retornados. Además, menciona que todas las instituciones públicas deben diseñar e implementar programas de fomento al emprendimiento, vía proyectos empresariales, de innovación, comerciales, de servicios, tecnológicos, profesionales, artesanales, productivos, educativos, socioculturales; y que las instituciones del sistema financiero deben desarrollar mecanismos para aceptar y reconocer los antecedentes crediticios o comerciales y las referencias bancarias de otros países para facilitar a los retornados el acceso a servicios y beneficios de la banca.

Según los datos del Censo de Población, más de 30 mil ecuatorianos volvieron desde España durante el quinquenio 2005-2010. Seis años después de ese censo, y dado el contexto adverso que persiste en España, la cifra con seguridad ha aumentado. Entre iniciativas de ley y programas de apoyo, que han sido buenos intentos para ayudar a esta población, lo cierto es que el peso más grande de la reinserción laboral, social, escolar (en los casos de hijos menores, muchos nacidos en España) y de otro tipo que se derivan de este fenómeno complejo, ha recaído enormemente en la iniciativa y la creatividad de los retornados y, con suerte y si mantuvieron sus redes transnacionales sólidas, con el apoyo de sus familias.