El “making of” de la investigación

¿Antrop(sic)ología de lo inútil? Reflexiones psicológicas acerca de qué hacer de las emociones en el trabajo de campo que no sirven para “el capítulo”

Valeria Giannuzzi
El Colegio de la Frontera Norte
Tijuana, 16 de Octubre de 2017
vgiannuzzidcs@colef.mx  

El proceso de investigación tiene momentos increíblemente divertidos y memorables, algunos de ellos son interesantes, otros muy difíciles. En la historia de vida de quien investiga, dicho proceso necesita ser interiorizado para poder ser entendido a muchos niveles, y no únicamente para los objetivos de una publicación. No es un caso que se utilice la identidad toda entera para decir de qué vivimos, no “trabajamos en una universidad”, sino que “somos investigadores”. Si es cierto que todo investigador de ciencias sociales necesita en algún momento de una recapitulación de la experiencia de campo, muchas veces no se reportan en los textos los procesos de atribución de sentido, de pensar las emociones, de reflexión y autorreflexión que no entran directamente en el objeto de estudio. ¿Qué hacer entonces de recuerdos, emociones y sensaciones que por razones de tiempo, espacio y criterios académicos parecen no tener un lugar adecuado?

¿De qué manera podemos reconocer las emociones (tanto en camino como a posteriori) y actuar consecuentemente para lograr un análisis profunda, honesta y que incluya la reflexión de nuestra propia experiencia?

Para contestar a estas preguntas, presentaré a continuación unas postales del trabajo de campo que realicé en Roma y en Londres con los migrantes de Bangladesh entre Abril de 2016 y Agosto de 2017[1], junto con unas notas de reflexión. Estas piezas, agarradas casi a caso desde carpetas reales y virtuales, diarios de campo, entrevistas, pláticas informales, son todavía muy vivas en mi memoria. No todo será útil, no todo entrará en la tesis.

La temporada de campo se cerró hace poco. Con las transcripciones aún por terminar, recuerdos que afloran de repente y un documento por escribir, es fundamental sacar cuentas con tanto material, y entender cómo y cuándo incluirlo en el corpus de un razonamiento coherente.

  • Diario de campo: Roma, 28 de mayo de 2016. “Voy a una fiesta multicultural de la escuela primaria de la colonia, lugar emblemático del barrio y del trabajo de integración que se hace desde las aulas, cada día. Cada año se reúnen las familias con la comida típica de los países de origen y los fondos recaudados van a financiar los proyectos de la escuela. Es un día soleado y placentero. Mientras platico cerca del banco bangladés, se acercan varias personas para tomar fotos con las mujeres, hermosísimas en su sari[2] de colores. Les digo que me encantaría ser elegante como ellas. En menos de media hora R., que había conocido pocos días antes de ese momento, me invita a su casa, me presta un bellísimo vestido, me maquilla y regresamos a la fiesta en donde ahora, todas las bangladeses quieren tomarse selfie conmigo y los italianos me miran como si fuera una “freak”. Veo una señora italiana ya mayor, vestida con ropa típica africana, me lanza una mirada cómplice”.

Más que la pena inicial, gana el sentimiento de valentía, y de acabar de utilizar una estrategia que nunca hubiera podido planificar. Gracias a esta mujer que me propuso vestirme como ellas, los demás vieron afuera mi deseo interior. Lo cual me hizo reflexionar sobre el manejo de las percepciones externas: todos somos extranjeros. La apropiación cultural es un tema muy delicado. Las situaciones siempre pueden ser leídas desde ángulos diferentes. Cuando vestía el traje prestado por R., he mezclado las cartas en la mesa, y cambié las distancias. Las mujeres bangladeses parecieron todas muy felices de verme así, se acercaban, me platicaban, era como estar vistiendo un canal para que ellas pudieran acercarse a mi. Los italianos, sin embargo, no parecieron apreciarlo, creo me consideraron irrespetuosa, rara, a través de sus miradas no me hicieron olvidar quien soy, que no aplico, que soy diferente. En otras ocasiones en donde habían muy pocos o ningún italiano, poco tiempo después, adaptar mi código de vestimenta se volvió una costumbre inmediata, tanteando en el terreno del encuentro cultural.

  • Diario de campo: Roma, 14 de junio de 2016. “Tenía cita con Priyesh para la entrevista, luego me cancela, luego me dice que vaya, pero tiene un problema. Decido ir. Después de todo, lo conozco desde hace años y nunca he visto donde trabaja. Llego a uno de estos miles de Bed & Breakfast escondidos en los viejos edificios reconvertidos de Piazza Vittorio, pegado a la columnata de la plaza. Priyesh está ahí, en la recepción. La jefa de Priyesh es china y se han peleado, y quieren que yo medie por ellos, los dos están muy enojados. Aunque la fascinación de estar viviendo en una novela de Amara Lakhous me agarra por unos momentos, recuerdo mi objetivo.”

Me sentía en una película, o bien en esta novela que tanto amo “Clash of Civilizations over an elevator in Piazza Vittorio”, estoy fascinada, me siento Indiana Jones en una parte de Roma poco frecuentada por los italianos, y descubro, se me perdone la banalidad, que ahí también la gente vive sus vidas, tiene sus dramas y victorias cotidianas. Reconozco el proceso de exotización que por tanto que quisiera evitar, ahí está. Y una vez reconocido, puedo actuar de consecuencia. Bien la curiosidad, mal el morbo. Reduzco la distancia alejándome. Reconociendo al Otro su “extraneidad”, sin por ello ponerlo arriba o abajo, sino a la par, y buscando constantemente el equilibrio de la relación a través de la conciencia de las formas implícitas de poder dadas por los roles, las proveniencias, las relaciones, las apariencias, el género.

  • Horas de grabación en las cuales se escuchan llamadas en bengali, entrevistados que discuten en su lengua sobre la respuesta apropiada que me van a dar durante una mediación, gente que pregunta “¿ella entiende?” que es, junto con otras pocas cosas, lo único que entiendo, y digo “no”, pero luego pienso que entender la palabra “entender” y responder que no, quizás sea un error.

Aprendí a tolerar la frustración de estar horas sin entender una palabra de lo que está diciendo la gente. (a no ser de que hablen de los días de la semana, o de alguna comida, en ese caso, si, entiendo). Aprendí a concentrarme en otras cosas. Observé como se disponen y hacen diferentes uso del espacio hombres y mujeres, hinduistas y musulmanes, jóvenes y ancianos. Cómo se tratan a las personas externas a la comunidad, sus fronteras a veces porosas, a veces visibles y físicas. De qué forma se vive el tiempo, y como está marcado por eventos. Cómo se empieza y termina una conversación, la manera de comer. No me aburrí nunca.

  • Diario de campo: Roma, 1 de julio de 2016

“El día del partido Italia-España estaba esperando a mi entrevistado Kamlesh, que me llama a la hora de la cita para decirme que había olvidado que había el partido y que llegaría después. En la espera, Italia mete su gol del 2 a 0 y un muchacho bangla sale gritando “Italia! Italia!” . Era la tienda de un barbero, habían unos 10 hombres, todos bangladeses, juntos alrededor de una pantalla, todos por Italia. Pasa una joven italiana que me dice “cómo si ahora hasta quieren apropiarse de nuestro equipo! Ellos no son italianos, que creen!” Le contesto algo cáustico, pero otra vez recuerdo el objetivo, sonrío y miro para otro lado.”

Estoy investigando, no estoy aquí para pelearme con una desconocida. Rabia. Control. Rabia. Me centro en otra cosa para no pensar en esta chica porque si, me hubiera encantado sentarme con ella y hablar. Por el partido, sólo hay una felicidad auténtica y sincera de que esta gente pertenece, el fútbol es un agregador sin iguales y en Italia, a veces, puede ser más importante tu equipo que el color de tu piel. Pienso que Kamlesh siempre se quedó pensando que se quería ir para Londres y nunca lo hizo, pasaron 20 años y aún seguía en Roma. Este partido tan importante me hace conectar con una frase que me dijo una vez cuando le pregunté porque él se había quedado: “No sé porqué sigo aquí. Puede que me hice más italiano de lo que quería, amo demasiado a este lugar”.

Parafraseando a Renzo Carli (2003), es fundamental en el trabajo que sigue la experiencia, la organización a través de categorías capaces de otorgar sentido a la relación, que concreta la experiencia misma. Es decir, “pensar las emociones” y las simbolizaciones afectivas o sea, los procesos que fundan la relación con el real como competencia metodológica para construir hipótesis acerca de la relación. En este sentido, el reto consiste en reconocer-se en relación con individuos, contextos, comunidades y, a partir de ello, insertarlas en el corpus teórico que hemos estado tejiendo antes y después de nuestro contacto con el campo.

No todo sirve para el capítulo, pero todo sirve al proceso de conocimiento.

Incluso leer y revivir el campo desde el escritorio, en una etapa necesaria de asentamiento de la experiencia, puede ser muy emocionante, capaz de enseñar cosas que cuando estábamos allá con cuerpo y alma todos enteros, no podíamos entender.

Reconocer y tomarse un tiempo para las muchas emociones por las cuales pasamos como investigadores, nos hace más conscientes, más capaces de organizar las informaciones, menos desubicados. Ignorar que la labor con las personas implica un gran trabajo emocional, tiene la consecuencia de un desgaste que presenta la cuenta a través de distracciones, malentendidos, huecos de razonamiento. Hace falta recordar que de humanos tratamos y humanos somos, y la fascinante complejidad que se desprende de este enlace, hace que no existan dos experiencias iguales, y por eso merece la pena estudiarlas.

La lógicas académicas implican entrega y cierre entro un marco necesariamente limitante, sin embargo, no se debe seguir confundiendo el concepto de útil en su derivación materialista, ya que la capacidad de insertar la conciencia emotiva en los conocimientos teóricos es quizás una de las metas más altas que como investigadores podamos perseguir.

[1] Todos los nombres de personas y lugares han sido alterados para proteger la privacidad de los sujetos;

[2] Traje típico del subcontinente indio;

Anuncios

Entre el quehacer y el hacer: breves y discutibles reflexiones sobre nuestro papel frente al periodo Trump y sus antecesores

Por: Lucía Ortiz Domínguez

 luciaortizdom@gmail.com

9 de febrero de 2017

Hay momentos históricos en los que el contexto habla por sí mismo y me parece que actualmente nos está gritando. Discursos y actos xenófobos hacia los migrantes que han contribuido a enriquecer al país que ahora los quiere expulsar; amenazas de continuar con las deportaciones que acrecientan el clima de miedo y hostilidad en la comunidad migrante; constantes intimidaciones públicas para construir otro muro (con dinero de los mexicanos), terminar el que está o edificar un muro sobre el muro; la posibilidad de concluir con el Tratado de Libre Comercio (TLC), el riesgo latente al desarraigado de los migrantes que han vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos, una política gubernamental mexicana que no ha respondido a los retornados y medianamente a los migrantes, son ejemplos de que nuestro presente histórico nos reclama, creo yo, a actuar.

Tanto las amenazas como los hechos impactan de distinta forma sobre nuestras subjetividades y vida cotidiana. Me incluyo porque lo que nos está sucediendo desde hace algunos años en materia migratoria y económica no es una cuestión exclusiva de los migrantes, si es que existe eso, sino es una realidad que nos incumbe y nos compromete a pensar para actuar.

Considerar que la migración es de competencia de quienes la viven es limitar el campo de acción colectiva, sería reducir o eliminar las responsabilidades que tenemos como estudiosos de la migración, como ciudadanos, como personas y como seres humanos. Con ello quiero decir que las visiones, perspectivas e ideas que se puedan generar sobre una hecho concreto, en este caso la migración, son fundamentales para poder proponer pequeños cambios. Un migrante sabe y conoce en carne propia lo que significa serlo, una persona deportada también. Los que no hemos vivido estos procesos, efectivamente carecemos de la experiencia vivida, pero contamos con otras herramientas que nos hacen capaces de generar y contribuir a que los migrantes y los retornados sean respetados y reconocidos por sus experiencias y sobre todo tratados con dignidad y respeto.

Quiero expresar que he percibido la existencia de una crítica recurrente de la sociedad civil, de quienes trabajan en instituciones gubernamentales e incluso de los estudiantes de posgrado hacia el quehacer y el impacto de la investigación académica en ciencias sociales en los problemas sociales. La crítica versa sobre la tendencia a realizar investigación académica que se queda en las bibliotecas o en congresos y que pocas veces logra conectar con la vida cotidiana y con sus irrupciones.

Pareciera que se hablan dos lenguajes distintos, los grupos u organizaciones de la sociedad civil consideran que las investigaciones académicas están dirigidas exclusivamente a responder a las necesidades del mundo académico mientras que los académicos consideran que al involucrarse con la sociedad civil se pierde la objetividad y el rigor científico.

Como estudiante de posgrado, que he colaborado con algunas organizaciones de migrantes, quisiera invitar a la reflexión sobre cómo podríamos construir códigos comunes entre dos mundos, sin perder el rigor y ética en nuestras investigaciones y para generar campos de reciprocidad entre nosotros.

Cuando hacemos investigación y buscamos exclusivamente reconocimiento académico a través del “rigor científico” corremos el riesgo de olvidar un elemento necesario de cualquier investigación, el para qué: ¿para qué queremos contribuir al conocimiento de la población migrante?, ¿para qué hacer una investigación sobre migración?, ¿a quién responde nuestra investigación?, y nos enfocamos en el cómo metodológico para demostrar que nuestra investigación está sustentada. Priorizar una cuestión sobre otra depende del tiempo que tenemos para realizar nuestras pesquisas y de una decisión personal, pero creo que se pueden hacer las dos cosas aunque podría implicar más trabajo. Por ejemplo, las organizaciones de la sociedad civil por lo regular necesitan datos sencillos que pueden ser construidos colectivamente y que no estén impregnados de tanta teoría, en ello podemos aportar nosotros como académicos para que nuestra investigación y nuestro quehacer puedan tener un impacto real, sencillo e inmediato sin el vanidoso deseo de cambiar al mundo. O bien, podemos estar en momentos coyunturales que les ayude a demostrar que somos más de uno los que estamos interesados en cambiar las cosas, siendo conscientes de que apoyamos como ciudadanos informados sin la necesidad de involucrar nuestras tarjetas institucionales. Con ello quiero decir que tenemos la oportunidad de apoyarlos desde nuestra identidad académica y desde nuestro derecho individual de ejercer una ciudadanía política informada. Los límites y la forma de participar o contribuir dependen de la ideología académica de cada quien, lo importante es que desde la posición que queramos adoptar intentemos contribuir con los conocimientos que generamos con pequeños actos que permitan enfrentar las problemáticas sociales.

También debemos tomar conciencia de que las investigaciones individuales en Ciencias Sociales en sentido literal son imposibles. Nosotros siempre necesitamos de la colaboración y cooperación de muchos actores para conducir nuestros propósitos investigativos, nos respaldamos en nuestros colegas, en personas expertas, en migrantes, en no migrantes, en retornados, para darle cuerpo a nuestra investigación. Hay que reconocer que nuestra investigación es un trabajo colectivo. En este sentido, al intercambiar experiencias generamos redes que nos permite conectar diversos actores. Esto se traduce en que a lo largo de nuestro proceso vamos generando capital social que podemos compartir de manera muy sencilla: presentando personas, poniendo en contacto organizaciones que consideramos que pueden trabajar juntos, organizando Foros, etcétera. Que se cristalicen o no las relaciones no depende de nosotros, es un trabajo que ya depende de ellos y de los encuentros y desencuentros que puedan tener. Nosotros simplemente podemos fungir como intermediarios entre personas y colectivos cuyos encuentros puedan traducirse en felices coincidencias.

En fin, lo escrito hasta aquí es solo una reflexión personal y creo que es momento de atrevernos a proponer formas para colaborar, aportar y generar empatía y solidaridad entre los que estamos interesados y dispuestos a que las cosas funcionen de una mejor forma para todos, sobre todo frente a este contexto que nos grita cada día más. Los invito a compartir ideas sobre las formas en que podemos colaborar más con nuestro entorno sin dejar a un lado nuestra responsabilidad de generar investigaciones de calidad.

bansky

Imagen: Banksy, (S/F), recuperado en: http://www.banksy.co.uk/out.asp, 9 de febrero de 2017.

Migración, organizaciones de inmigrantes y movimientos sociales en México ¿Es el tema migratorio un asunto de izquierda?

Por Christian Ángeles Salinas / Alumno del Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales / El Colegio de la Frontera Norte / 

 

El 20 de junio de 2016, en su columna del diario Milenio, Ricardo Alemán hizo un señalamiento muy preocupante sobre una de las más importantes organizaciones de inmigrantes a nivel internacional el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB)[1]. Afirmando lo siguiente: “la mafiosa CNTE también avanzó en los campos político y guerrillero. Por un lado estableció una alianza con Andrés Manuel López Obrador y su partido MORENA […] y por otro, pactó con organizaciones afines a la guerrilla, como el FIOB”. Más allá de la ostentosa ignorancia del señor Alemán que evidencia con ese señalamiento y de la difamación que hace de una de las organizaciones de inmigrantes más prolíficas en los últimos 30 años, su afirmación nos enfrenta como investigadores a una realidad que hasta hoy, creo, no hemos sido capaces de afrontar, me refiero a la imperiosa necesidad de la objetividad que desde la academia y de los críticos de ésta se nos impone a los investigadores para ocultar o tratar de no tomar partido a partir de nuestras investigaciones. Sin embargo, la realidad se encarga de ponernos siempre en nuestro lugar y de ofrecernos elementos ejemplares para afinar nuestros conceptos y categorías.

Por ejemplo, y volviendo al tema magisterial en México, la manifestación del FIOB a favor de la CNTE en diferentes ciudades en California es una muestra palpable del transnacionalismo del que hablaron Portes, Guarnizo y Landolt,  (1999) definido como un proceso en el cual los individuos inmigrantes de una comunidad mantienen relaciones sociales con sus lugares de origen y con los lugares de llegada. Después de visualizar esto, nos queda la pregunta, ¿podemos separar el tema migratorio de las demandas y movilizaciones sociales  tanto en México como en Estados Unidos? Las organizaciones de inmigrantes son una de las formas más eficientes para intensificar las relaciones sociales entre los que se van y los que se quedan (con esto no quiero decir que sean o que hayan sido las únicas). Por lo tanto, es importante siempre prestar atención al crisol de actores (entre ellos las organizaciones de inmigrantes) que rodean a una manifestación social.

Cuando realizamos d acercamientos a la realidad, como investigadores, (y hasta donde me dicta la conciencia), me es imposible no poder tomar partido a favor de una reforma migratoria en Estados Unidos con la que se vean beneficiadas miles de familias que hoy sufren el drama de la separación por la deportación, me es imposible no ponerme de lado de los dreamers o de los otros dreamers que buscan ser aceptados en el mercado laboral profesional en Estados Unidos. Lo cual no significa que tenga alguna afinidad política con Bernie Sanders, ex aspirante a la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, únicamente por ser quien se ha manifestado, explícitamente, en contra de las deportaciones y la separación familiar y a favor de un una reforma migratoria sin cortapisas. Y lo mismo sucede cuando se ha tenido la posibilidad de mirar la pobreza y la marginación en la que se encuentran muchas zonas de los estados del sur del México o hasta en la pujante e innovadora Tijuana. Uno no puede decir que no es necesaria una reforma educativa, y ante eso cualquier documento que se nos presente como reforma educativa se pensaría que es la panacea para la educación en México. Sin embargo, cuando a todas luces se trata disfrazar una reforma laboral como educativa se debe denunciar. La crítica se vuelve central, la aceptación de reformas no debe hacerse a ciegas, sin reflexionarlas y sobre todo sin consultar a los principales afectados. Así se trate de una reforma migratoria o una reforma educativa.

El crisol de agentes que interactúan en la realidad social, al interior de movimientos sociales, debe ser reconocido dentro del marco analítico de las investigaciones académicas; ahondar en la historicidad de los agentes y no sólo de los contextos actuales y/o inferencias a futuro. Besserer (2016) afirma que las diásporas y comunidades transnacionales son las receptoras de las decisiones de los estados nacionales yo añadiría que no sólo cuando se es migrante sino que las decisiones respecto a la migración impactan a los que se quedan y así mismo las decisiones hacia los que se quedan impactan a los que se van.

Desdeñar o desprestigiar el apoyo que reciben las movilizaciones sociales desde fuera es señal de aceptación sin ser crítico, por lo tanto, es tarea nuestra, de los académicos como diría Besserer (2016): criticar las decisiones de los estados nacionales y criticar a aquellos que no lo hagan. Lo cual no significa ser de izquierda o de derecha sino simplemente es poner en práctica todo aquello de lo que tanto nos vanagloriamos, conocimiento.

Referencias

Alemán, Ricardo, 2016, [columna], ¡Ya tienen sus muertos…! El nuevo crimen organizado, Milenio Diario, http://www.milenio.com/firmas/ricardo_aleman/Durante_anos-la_mafiosa_CNTE_busco_la_tragedia_18_759704056.html última consulta, 26 de agosto 2016.

Besserer, Federico, 2016, [conferencia], Culturales – Transnacionales. Historias de encuentros y desencuentros en el estudio de la realidad social contemporánea, El Colegio de la Frontera Norte, 26 de agosto 2016.

Portes, A., L. Guarnizo y P. Landolt, 1999, The study of transnationalism: pitfalls and promise of an emergent research field, Ethnic and Racial Studies Volume 22 Number 2 Marzo 1999.

Velasco, Laura, 2014, Organización y liderazgo de migrantes indígenas en México y Estados Unidos. El caso FIOB en Migración y desarrollo vol.12 no.23 Zacatecas  2014.

[1] El Frente Indígena de Organizaciones Binacionales tiene su antecedente más remoto en el Frente Indígena Mixteco-Zapoteco Binacional, fundado en 1991 en la ciudad de Los Ángeles, California. Desde entonces ha habido una recomposición de su membrecía y liderazgos que en cierta forma refleja el desenvolvimiento de la migración internacional y los retos de la acción colectiva en lugares urbanos y rurales, a la vez que en México y Estados Unidos. […] su trayectoria define en la actualidad al FIOB como un agente político que actúa localmente con un proyecto transnacional. Es decir, lo que en términos empíricos se observa es un conjunto de activistas organizados bajo un sistema de normas y reglas, con una cierta división del trabajo y que actúa en forma local en un campo político transnacional, aun cuando los comités regionales desarrollen intereses locales (Velasco, 2014: 106).

Reflexiones generales sobre los retos metodológicos y prácticos para las mujeres en campo

Por Gabriela Pinillos

Significativos y orientadores son los temas que se tratan en los manuales de investigación cualitativa y en los capítulos metodológicos de las tesis doctorales más recientes, sin embargo, un tema que resulta poco recurrente y para el cual no se elaboran manuales, es el de los retos metodológicos y prácticos que surgen en cada inmersión en campo, quizá por la particularidad de toda experiencia nueva en campo y de cada investigador e investigadora, quizá también por el hecho de que las habilidades para sortear retos y riesgos se adquieren, fundamentalmente, en la acumulación de experiencias, mismas que se logran básicamente bajo una dinámica de “ensayo-error”. Todavía menos recurrente es el reto que representa para una mujer este proceso de inmersión y acercamiento con el objeto de estudio y los sujetos de investigación.

En esta entrada al blog de la Comunidad Interdisciplinaria de Estudios Migratorios, quisiera referirme justamente a eso, a la importancia y la necesidad de la elaboración de apartados metodológicos que nos hablen sobre las experiencias particulares en campo, sobre la forma en que se van creando estrategias para superar las desventadas en materia de género, estrategias que posibilitan la seguridad y la libertad, y al tiempo, una inmersión profunda y comprometida con las comunidades con las que se trabaja. Este ejercicio de reflexión surge a partir de una experiencia reciente de inmersión en campo dentro del marco de elaboración de mi tesis doctoral, y de los desafíos y riesgos que, como estudiante, he tenido que asumir, en la mayoría de los casos, por mi condición de género, no solo frente a los diferentes sujetos de estudio, sino también frente a diversos actores en el ámbito académico.

Antes de entrar a hacer trabajo de campo ya había sido advertida por una investigadora sobre la dificultades a las que me enfrentaría, siendo una mujer, en el acercamiento, para mi caso particular, con poblaciones en situación de calle, ya que, como en el imaginario general, los sujetos que conforman esta población son automáticamente equiparables a usuarios de sustancias psicoactivas -y viceversa-. La advertencia dirigía la cuestión a una pregunta concreta: ¿cómo una mujer podría enfrentarse a una situación en la que su propia condición de género la pondría en desventaja frente a un hombre, y más aún, un hombre “drogadicto”, en una eventualidad que resultara violenta o irrespetuosa?, pero para mí el asunto era un poco más amplio: ¿cómo hacer trabajo de campo cuando se es mujer? ¿cómo superar las desventajas a las que esa condición nos enfrenta por encima de nuestras cualidades y habilidades de investigación?

En efecto, infortunadamente, hay una serie de factores que nos exponen y nos pueden poner en situaciones de desventaja frente a los hombres y frente a los distintos actores y escenarios en campo, pero esto no solo ante aquellas poblaciones históricamente estigmatizadas. Por poner solo algunos ejemplos inmediatos, por un lado, en ciertos recorridos en campo, algunos hombres de diferentes ámbitos se sorprenden, se impactan, se sienten desconfiados, inseguros, en sus lógicas no cabe que una mujer esté con ellos en diferentes lugares donde desarrollan sus rutinas diarias, no caben explicaciones ni presentaciones, para ellos hay otro paradigma, las mujeres están en casa y si tienen esposo e hijos, todavía más. Algunos preguntan, tratan de entender, otros -uno en particular- acosan. Todos se contienen, una se sorprende y por momentos se asusta, pero finalmente hay un desenvolvimiento, una estrategia con la que se construye una imagen en procura de un trabajo honesto y objetivo, esta construcción que hacemos valdría la pena narrarla. Así mismo, por otro lado, esta lógica de desventajas construidas sobre las mujeres no se escapa del ámbito académico, allí, en algunos casos, principalmente entre los pares, también persisten desigualdades, discursos con los que las expectativas de un trabajo “exitoso” cuando es una mujer quien lo realiza son minimizadas, se mantiene la desconfianza, tal vez los celos profesionales, son reducidas las posibilidades de diálogo.

Hace falta entonces escribir textos conjuntos de nuestras experiencias, diferentes investigadores e investigadoras nos han invitado a hacerlo, apelando a la necesidad y la importancia de narrar y documentar estos procesos en cada experiencia en campo, pero siguen estando ausentes, cuán importante resultaría para todas, y para todos también, leernos, contarnos las historias, decirnos cómo fue que pudimos desenvolvernos en campo, frente a aquellos hombres que, socializados en un contexto específico, consideran que el lugar de una mujer es su casa, y que si se encuentra fuera de este espacio, probablemente ya no será merecedora de respeto y sí, tal vez, de acoso. Sería básico para estos estudios que realizamos, con poblaciones móviles -y otras no tan móviles-, con diferentes culturas y costumbres, poder encontrar un lugar donde se cuenten las historias y sobre cómo se superaron las pruebas y los obstáculos metodológicos y prácticos, qué importante sería que nuestros colegas hombres dejaran de subestimarnos por el hecho de ser mujeres, y participaran con nosotras en este diálogo, en la generación de estrategias para una inmersión en campo, como ya se dijo, honesta, con poblaciones históricamente estigmatizadas, tradicionalmente trabajadas por hombres, bajo la idea de “la fuerza”. ¿Cómo se han construido y de dónde han surgido estas desventajas en materia de campo para las mujeres?

Diario de campo: Nador, marzo 2016

Por ANA BELÉN ESTRADA GORRÍN

El siguiente texto es parte de la notas del diario de campo de un viaje que realicé recorriendo el trayecto Motril/Melilla/Nador entre el 24 y 29 de abril de 2016 para realizar un diagnóstico de la situación de los migrantes de África Occidental en Melilla y Marruecos. En este documento he omitido nombres de personas o lugares concretos y fotografías para proteger la intimidad de estas personas. Al final del documento adjunto una bibliografía de referencia que palia el hecho de que mis datos sean sesgados.

Sábado 26 de Marzo: Nador

Mi propósito para Nador es encontrarme con migrantes en tránsito hacia Europa provenientes de los países de la región de África Occidental que utilizan la ruta que llega a Marruecos a través de la frontera de Argelia limítrofe con la ciudad marroquí de Oujda

Imagen 1

Imagen 2

Ilustración 5 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1a/Africa_map_regions-es.svg/300px-Africa_map_regions-es.svg.png
Imagen 3Ilustración 6 http://ichef1.bbci.co.uk/news/ws/624/amz/worldservice/live/assets/images/2015/05/29/150529135948_4_africa_to_med_sp.gif

Marruecos supone para estos migrantes un punto de estancamiento. Para llegar a las ciudades de Ceuta y Melilla los migrantes provenientes de áfrica occidental intentan cruzar a través de los saltos de valla, escondidos en coches o a través del mar. También cruzan en embarcaciones desde el valle del Rif, zona norte de Marruecos, hacia las costas del sur de España. Existen por tanto mafias que ayudan a realizar estos viajes clandestinos; los precios para cruzar en barco a las costas de España están sobre los 2000 euros; cruzar escondido en un coche sobre los 5000 euros (según testimonios de los migrantes). Los saltos de valla, y la entrada por mar a Melilla o Ceuta, son la única opción para las personas que no pueden pagar estos precios; hay que tener en cuenta que llegar hasta Marruecos supone un enorme presupuesto, sobornando a los controles fronterizos entre países.

Las fronteras de Marruecos están fuertemente militarizadas, mediante las alambradas y una gran vigilancia policial. Existen graves violaciones de los derechos humanos en el trato que se les da a los migrantes. En primer lugar el “rechazo en frontera” es una práctica amparada por la Ley de Seguridad Ciudadana creada por el gobierno español, y con el apoyo de Europa. Rechazo en frontera es un eufemismo para nombrar la devolución en caliente, es decir, si un migrante llega a saltar la valla y es interceptado por la Guardia Civil, existen unas puertas en la valla mediante la cuales estas personas son devueltas a las autoridades marroquíes. Se viola así los principios de ‘no devolución’ (devolver a ciudadanos a un país donde sus vidas corren peligro) y el derecho de asilo de toda persona (que los migrantes puedan pedir protección internacional antes de ser devueltos a Marruecos).

Por otro lado la policía marroquí, financiada por Frontex, agrede gravemente a los migrantes que intentan cruzar a Ceuta o Melilla, o que simplemente esperan en campamentos en zonas boscosas cercanas a la frontera en suelo marroquí. Estas agresiones llegan a causar la muerte a los migrantes, o les dejan graves heridas tales como piernas o costillas partidas. Como dije no se producen solo en los intentos de cruce, sino que además la policía marroquí quema los campamentos de migrantes en un bosque cercano a la frontera donde tienen sus asentamientos y los agrede.

El estado de las personas en tránsito provenientes de África Occidental en Marruecos es el de migrantes irregulares, los que les hace tener que esconderse de la policía y vivir en campamentos alejados de las ciudades. Durante 2014, tras la presión ejercida por algunas ONG´s, el gobierno de Marruecos abre un periodo de regularización “excepcional” de migrantes en situación administrativa irregular; eso sí, con unas exigencias difícilmente cumplibles por la población subsahariana. A este proceso de regularización se le puso fin repentinamente  en febrero de 2015, lo que fue seguido por el desalojo y una fuerte represión en los campamentos, expulsando a ciudades del sur de Marruecos a unos 1200 personas.

Teniendo esta información como contexto elijo viajar a Nador en Marruecos, frontera con Melilla, para poder contactar con estas comunidades migrantes. Conozco que los campamentos siguen existiendo en torno al Monte Gurugú, y que debido a la represión policial se han desplazado a otras caras del monte más alejadas de la frontera. He intentado contactar con asociaciones y ONG´s que trabajan en el terreno, son: la Diócesis de Tánger, con delegación en Nador, que presta ayuda humanitaria; y la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, sección Nador, que presta apoyo militante, es decir a través de abogados y por la defensa de los derechos humanos. La presencia de asociaciones es escasa en Nador, teniendo en cuenta que allí viven unos 2000 migrantes en unos 12 asentamientos; según me informan estas asociaciones. No tengo cita con estas personas hasta el lunes próximo, tampoco conozco la localización a los campamentos ni como llegar allí sin vehículo; así que decido simplemente caminar por la ciudad

Mi esperanza era encontrar alguna comunidad de personas de países de África Occidental que hubiesen conseguido regularizarse y viviesen  Nador. Pensé que era una buena idea indagar la posibilidad de que existiese un restaurante senegalés, o camerunés, por ejemplo. Camino por la ciudad, mis expectativas se van desvaneciendo ya que a simple vista la población de Nador parece muy homogénea. Tras unas horas caminando me encuentro, cerca de la estación de autobús, a un chico de piel negra vendiendo en la calle; le pregunto por lo del restaurante, la comunidad, en mi francés mal hablado, siento sin embargo que lo estoy violentando, le resulta extraña la pregunta. Me dice que no conoce nada parecido en Nador. Yo tampoco estoy segura de que mi modo de acercare sea adecuado. Sigo caminando. Tras dar algunas vueltas me siento en una plaza, pasa otro chico de piel negra, le pregunto por lo del restaurante, me dice que no sabe y que él es Marroquí. Empiezo a reflexionar seriamente sobre la preguntita, sobre mis propios prejuicios, sobre la simpleza de mis categorías de racialización, sobre la complejidad de la identidad que yo no he tenido en cuenta haciendo juicios solo a través del color de la piel. Sin embargo no se me ocurre nada mejor, aunque ya casi había pensado tirar la toalla. Pasa otra persona de piel negra, es un chico más o menos joven, le pregunto por el restaurante, la comunidad… me mira extrañado, se ve nervioso, mira además a todos lados. Dice que si hay africanos, pero que viven fuera, en un bosque. Que él ha venido a pedir dinero a algún turista, que necesita dinero para las medicinas de su hijo. Le digo que yo tengo medicinas (las había traído porque me las pidió una asociación) que se las puedo dar. Me dice que mejor nos vayamos de ahí “hay mucho policía y yo soy indocumentado, sígueme”, nos adentramos en un zoco de comida, por sus pasillos, él camina a dos metros delante de mí. Nos sentamos en un lugar donde sirven té.

El me ve como turista, yo soy para él una mujer blanca occidental que dedica su tiempo a gastar dinero en viajes. En este orden, primero soy mujer; es decir, alguien mezcla de persona y objeto; luego blanca occidental, es decir, me sobra el dinero. Me pregunta si estoy casada, creo conveniente decir que sí, aunque esto tenga un efecto moderado en su actitud hacia mí; luego insiste mucho en el dinero que necesita para las medicinas, lo cual es un llamamiento a mi supuesta sensibilidad hacia los derechos humanos y el sufrimiento de las personas, y mi posición económica. Para mí él es un hombre negro, inmigrante, pobre y mezcla de sujeto y objeto de una investigación. Ambos tenemos interés en conocernos. Es importante que esto quede claro en este texto, ya que antes de conocernos como dos tábulas rasas, están estas expectativas que han propiciado y modulado el encuentro entre nosotros. A través de la convivencia estás categorías se van matizando y enriqueciendo. También por el fuerte autocuestionamiento que este encuentro va provocando sobre mí, sobre cuál es mi posición.

Pedimos un té. Z me habla de sí. Es camerunés, vive en Marruecos desde hace dos años. Ahora en un bosque a quince horas caminando desde Nador. En el bosque viven también mujeres y niños. Tiene 26 años, el vino con su mujer y dos hijos, 7 años el más adulto, tiene además otro hijo que nació en el bosque. Estudió ingeniería civil en la Universidad de Duala, no pudo terminarla y además no encontró trabajo. Migró con su  familia, viajando en autobús, sobornando a los policías con dinero en las fronteras. Entra de Argelia a Marruecos por Oujda, se instala en el Gurugú. Intenta saltar la valla, me enseña una ceja partida, y me dice que tuvo que cortarse las rastas porque los policías siempre lo agarraban del pelo. Me habla de Europa, de los derechos humanos, pero en Marruecos dice, todo está muy mal. Me dice que en el Gurugú ya no se puede vivir desde hace un tiempo, que la presión policial es muy fuerte y que han tenido que mudarse a otro lado, más alejado de la frontera. Insiste en su temor hacia la policía de Marruecos, repite que ha caminado 15 horas por una carretera escondiéndose de los policías. Dice que si la policía lo ve lo apresa y lo envía a ciudades del sur de Marruecos, lejos de la frontera. Pese al peligro él viene a Nador, algunos turistas europeos que encuentra allí le ayudan. Las personas de Nador son racistas, me explica, no tiene más que algún par de conocidos con los que no intimida más allá del saludar. Él habla árabe, lo compruebo cuando saludad a alguna gente en la tetería del mercado. Me dice que no puede trabajar, no tiene modo de ganar dinero en Nador. Le digo que me espere y vuelvo del hostal con las medicinas y una tienda de campaña y un saco de dormir que había traído conmigo. Se lo doy, lo acepta. Me invita a ir con él al bosque para presentarme a otros amigos, acepto. Habla de la posibilidad de ir en bus y taxi.

Salimos del mercado y por las calles secundarias llegamos a una plaza donde hay personas vendiendo en el suelo, esperamos escondidos detrás de una palmera a un autobús urbano que nos lleva a X. Tardamos una media hora en autobús en llegar allí. En X me dice que tenemos que tomar un taxi colectivo para ir más cerca del bosque. Los taxistas lo conocen y saludan, hablan en inglés. Subimos al taxi, con otros cuatro viajeros más el conductor. Hacemos un recorrido largo por una carretera a los pies de una montaña muy verde.

En un momento del trayecto en el arcén de la carretera comienzan a verse más personas de piel negra. Dice algo al taxista, este detiene el vehículo, bajamos del coche. Tres chicos mas vienen a recibirnos, son sus amigos, también de Camerún. Me presentan. Caminamos por el arcén. Saludamos a una mujer, sentada allí, con un niño de apenas un año. Seguimos caminando, Z me dice que ahora vamos al “petit forest”, que el “grand forest” está más adentro de la montaña y que habría que caminar aún unas cuantas horas. Nos sentamos en el bosque a los pies de la montaña, se nos une más gente. Son amables conmigo, me preguntan si estoy casada y que si soy turista y hablamos de España. Viene R, un amigo de Z que habla español. Me dicen de ir a una cafetería a ver un partido de fútbol. Me parece una buena idea. Volvemos a la carretera, caminamos un poco y llegamos a una edificación aislada, con una piscina y un restaurante y detrás, no se ve desde la carretera, una especie de almacén al que entramos. Allí hay unas 40 personas más, me explican, el grupo con el que estoy, que los demás son de Senegal, Mali, Nigeria… y también viven en el bosque. Me invitan a un refresco, lo trae un camarero marroquí desde el restaurante. Me dicen que allí pasan mucho tiempo al día. No hablamos mucho, todos tienen mucho interés en el partido y yo me limito a observar, también me siento fuertemente desubicada. Hacemos varios brindis por España. Acaba el partido y me despido. Me acompañan a la carretera, me dicen que vuelva mañana, paran a un taxi y subo. Luego el bus. Durante el trayecto me cuestiono con intensidad que clase de “turista” soy.

Domingo 27 de Marzo: Nador.

Por la mañana despierto después de haber tenido una pesadilla. Quiero tomar el barco en el puerto pero cuando compruebo el horario el barco ya había salido. Desayuno. Decido que es buena idea volver a la cafetería. Me dispongo a ir allí en torno a las 15,00 de la tarde. Al tomar el taxi le pregunto al taxista que si me recuerda de ayer, porque yo no sabía cómo se llamaba el lugar, me dice que sí, me pregunta que si voy al “bosque de los negros”. Me deja en la carretera, de nuevo había muchas personas por el arcén. Bajo del taxi y llega Z a recibirme. Vamos con su grupo de amigos que estaban a un lado de la carretera y me dicen de ir a la cafetería, “aquí no podemos estar, es peligroso que la policía nos vea contigo”. Los sigo a la cafetería, es decir, al almacén detrás del restaurante, donde hay unas mesas y sillas de plástico. Hoy no hay partido aún, allí están más o menos el mismo número de personas que el día anterior, hoy mirando una película en el televisor, sin hablar entre ellos. Me siento en una mesa con las personas que conocí ayer, al parecer estoy con “los de Camerún”.

Tomamos un refresco. Hoy pude hablar mucho más con ellos. Z me hablo de sus hijos, del que seguía en el hospital, tenía la barriga hinchada y no podía comer, su mujer y otros hijos estaban allí. Le doy un número de teléfono e indicaciones de una asociación que le puede ayudar. Sin guarda sin mucho interés. Un chico de Senegal, de la mesa de al lado, me pregunta que de donde soy; de España, le digo. Comienza a hacerme muchas preguntas, su novia está en Barcelona. Él quiere saber donde puede trabajar en España en la agricultura, porque es agricultor. Otra persona de la mesa me habla de que han intentado saltar la valla a Melilla, me enseña una costilla rota y me dice que ya no le duele, pero que si le duele el hombro, también las piernas. Recuerdo que me había llamado la atención al verlo caminar. La policía marroquí había impedido que llegase a saltar, pegándole. Z me habla de la vida en el bosque, es muy dura “nadie nos ayuda allí, la policía nos quema los campamentos y tenemos que correr más adentro en el bosque cuando la policía viene”. R, el chico que habla español, me cuenta que va a cruzar a España en barco, lleva ahí cinco meses, antes vivía en Tanger. Está esperando el buen tiempo para cruzar. Hace poco tres amigos suyos que salieron desde el boque murieron en el mar. El tiempo aún no es bueno, el mar tiene muchas olas. “Es muy caro, hay que pagar a la policía de marruecos 2000 euros para que te dejen salir en el barco; algún amigo que se queda en tierra llama a salvamento en España para que nos recoja”. Por Libia es más barato, e cuenta R, 1000 euros. Libia está en guerra y hay más tráfico de personas por haber menos controles en las costas. Pero es mucho más inseguro, llenan los barcos más allá de su capacidad y no llevas chaleco salvavidas. Aún así muchas personas se han ido de Marruecos a Libia. R tiene dos amigos en Italia. Él espera el buen tiempo para cruzar, me repite muchas veces, España, ya sólo en dos meses.

Empiezo a notar su ansiedad. Miro alrededor, ahora la cafetería me recuerda a una sala de espera de algún puerto. Nadie habla, solo en la mesa en la que estoy. Me enseñan fotos, un amigo que está en París que salió del bosque. Otro amigo que está en Bélgica, también salió de allí, también lo consiguió. Brindamos “inshala España”. Alguien llama por teléfono, es la novia de uno de ellos que está en España. Me preguntan cosas de España, también conocen bastante, algunos más que otros. Me preguntan si la gente es racista allí. Hay un pequeño grupo de marroquíes cerca de la entrada que al parecer hablan sobre mí, según me informa R, cuestionan mi presencia allí, hablan en árabe con los cameruneses. R me dice que el camarero marroquí está sorprendido ¿Qué hace un blanco hablando con un negro? Vemos videos de música de Camerún. Han pasado algunas horas. Decido que es momento de volver.

  1. y R. me acompañan a la carretera. Conozco que la gente del bosque va a la carretera los fines de semana; los sábados y los domingos no hay una fuerte vigilancia policial, estás personas van allí y hay marroquíes que los ayudan con alimentos, ropa o dinero. Entre semana tienen que estar más escondidos. Mañana es lunes. Les digo que mañana lunes vuelvo a España por la noche, ahora estamos en contacto por internet. R me dice que en dos meses nos vemos en España. Me despido. Subo a un taxi. Vuelvo al hostal.

Bibliografía de referencia:

Informes recientes sobre la frontera marroquí con CEUTAY MELILLA

-ALECMA, rapport Migration subsaharienne au Maroc. Observation dans les régions du Nord et Sud suite à la mise en place de la nouvelle politique migratoire au Maroc, 2015

-AMDH Nador, rapport annuel sur la situation des migrants à Nador, 2015

-Amnistía Internacional, Miedo y vallas. Los planteamientos de Europa para contener a las personas refugiadas. 2015

-APDHA, Derechos humanos en la frontera sur, 2015

-HRW, «Abus et expulsions: Les mauvais traitements infligés aux migrants d’Afrique subsaharienne au Maroc », 2014

-FIDH & GADEM « Maroc: entre rafles et régularisations, bilan d’une politique migratoire indécise », 2015

-Migreurop/GADEM, Gérer la frontière euro-africaine. Melilla, laboratoire de l’externalisation des frontières de l’UE au Maroc, 2015

-MSF, Violences, Vulnérabilité et Migration : Bloqués aux portes de l’Europe. Un rapport sur les migrants subsahariens en situation irrégulière au Maroc, 2014

Filmografía

-Les messagers, 2014, un film de Laetitia Tura y Helène Crouzillat

-The land between, 2014, un film de David Fedele

-Hope, 2015, un film de Boris Lojkine

-Melilla: Apagón de los Derechos Humanos, 2015, un video de la asociación Prodein

-Hasta que se abran las puertas, 2015, un reportaje de Conectando, Cordoba Internacional TV

Tarajal, desmontando la impunidad en la frontera sur, un documental coproducción Observatorio DESC et Metromuster.

Remesas inversas

Por Valentina Cappelletti

Si bien las intensas pláticas cotidianas al obscurecer del día y la tranquilidad en compartir diariamente el mismo espacio doméstico daban prueba de la profunda confianza en la cual se fundaba nuestra relación, Barbarita omitió contarme del envío de 300 dólares[1] a su hermana y a su sobrina residentes en California.

Barbarita es una mujer mayor de la comunidad de Jomulquillo del Municipio de Jerez (Estado de Zacatecas), una comunidad binacional, transnacional, norteñizada o cómo se la quiera definir. El hecho es que en este ranchito de alrededor de 270 ánimas, la migración internacional a Estados Unidos se presenta con fuerza al observador como un fenómeno cristalizado culturalmente, al punto que hasta al preguntar por dónde se te perdió tu gorra no es raro que alguien sarcásticamente conteste: “ya se fue pal norte”!

Fue el esposo de Barbarita, cuando ella no estaba, a explicarme la dinámica de la que podríamos definir una “remesa inversa” como la define Villarreal (2014), cuando le pregunté porque su esposa, después de haber recibido una carta, se fue preocupada al cuarto en donde se encontraban sus ahorros, sus “alcancillitas” como los solía llamar, ahí escondidos y revueltos con el ovillo de ropa recibida en el tiempo de los familiares en Estados Unidos.

La hermana de Barbarita, Luisa, acababa de cumplir con sus 65 años de trabajo cuando decidió dejar el empleo en una fabrica californiana. Tenía que elegir una sola opción entre la pensión por ella acumulada y la del marido fallecido, ligeramente más elevada. La mujer firmó por la segunda opción. Corría el año 2010 y la precariedad laboral de aquel tiempo afectaba también a la hija de Luisa que acababa de tener un hijo. El niño fue el resultado de la unión con un joven mexicano indocumentado originario del Estado de San Luis Potosí. “…Gente no conocida…¡No se sabía nada de quién era el güey!” cuenta el marido de Barbarita.

El joven quedó involucrado en un accidente con su carro y fue así que llegó puntual, pero sin avisar, su deportación. De él no se supo más nada.

Así que la pensión de Luisa y el sueldo del trabajo saltuario de su hija ya no alcanzaban para cubrir los gastos de este pequeño núcleo familiar con el hijo a cargo y los pagos del préstamo agarrado con el banco para comprar, varios años atrás, el pequeño departamento en donde residían.

Fue bajo estas circunstancias que Luisa, entre las líneas de una carta, dejó intuir a su hermana Barbarita la necesidad de una “ayudita” financiera, y el deseo de volver pronto al rancho. El regreso a su comunidad de origen, sin embargo, se veía obstaculizado por la exigencia de ocuparla como cuidadora del niño cuando la hija estaba trabajando.

Barbarita movida por un sentimiento de deber congénito a la buena relación con su hermana decidió ayudarla.

El hecho permaneció escondido en el rancho, también para tutelar la reputación de la hermana a consecuencia de lo que el chisme hubiera podido etiquetar como un fracaso migratorio, sobre todo en perspectiva de su posible regreso. La deuda quedó en suspenso entre las dos hermanas.

Un año más tarde Barbarita, en una de las comunicaciones telefónicas con Luisa le cuenta de la troca vieja y decrepita que el marido ya no lograba conducir. Quizá tenía que ser sustituida por un carro más pequeño y ágil. Pocos días después por teléfono Barbarita pudo tranquilamente darme a saber de cómo andaba agradecida con su hermana por los 5000 pesos recién recibidos e invertidos en la compra de flamante carrito usado.

La práctica de enviar remesas en sentido inverso, o sea del País de origen a los compaisanos que residen en el exterior, parece haber tomado importancia en consecuencia de la crisis económica mundial que desde 2007 ha ido afectando los Países de destino de los grandes flujos migratorios. Por lo tanto, se trata de una tendencia no solamente adscrita al contexto de la migración México-Estados Unidos, sino también se registran envíos de dinero, ya sea procedentes de los familiares no migrantes, ya sea por la venta de las casas construidas con los ahorros de la migración, que, por ejemplo, desde Ecuador transitan hacia España.

Sin embargo, como se percibe analizando el caso de Luisa y Barbarita se trata de una práctica no tan accesible al ojo del investigador; una práctica que los mismos actores tienden a esconder, porque transgrede las expectativas que la colectividad de referencia nutre hacia el comportamiento de los que viven y trabajan al otro lado. Este dinero se le puede percibir como el símbolo de un fracaso migratorio, que a veces fatiga a ser “excusado”, aunque sea provocado por los tumultos económicos y financieros que ocurren mucho más allá de los alcances de quien los sufre.

Este simple hecho invita al analista a adoptar una perspectiva interpretativa para el estudio del dinero que vaya más allá de cómo se ha abordado desde el enfoque cuantitativo y que no considere solamente el mero valor monetario. ¿A qué me refiero?

La remesa inversa podría representar una terreno de estudio hasta ahora poco explorado. Este objeto toma relevancia sobre todo si pensamos que la vía del retorno, no obstante haya ido emergiendo como una de las principales estrategias para hacer frente a un contexto laboral que de repente se hizo adverso, no siempre resulta un camino practicable. Luisa se encuentra “atrapada” en Estados Unidos como cuidadora del nieto para ayudar a su hija afectada por una situación laboral precaria.

Aprovechando de la debilidad de las estadísticas respecto a este flujo monetario, considerado poco común o irrisorio por cuantidad si comparado con el flujo dominante Norte-Sur, el aventurarse en este territorio de análisis podría llevar el objeto “dinero”, cuando éste toma la forma de remesa transnacional, a ser abordado bajo diferentes lentes analíticas.

Este dinero podría llegar a salir del laboratorio cuantitativo en donde los instrumentos de un científico preocupado en medir y predecir sus impactos en el crecimiento local, regional o nacional, lo abordan con cierto tecnicismo abstrayéndolo de su contexto de circulación.

El caso aquí narrado evidencia la dimensión social y simbólica del dinero introducido en el sistema de circulación de prestaciones intrafamiliares y de practicas que el individuo pone en escena para seguir perteneciendo a un universo familiar culturalmente concebido. Me sorprendió, una vez, detectar la ausencia de la foto de un hijo que no mandaba remesas a sus padres en el “rincón de la nostalgia” de la casa, donde ellos exponían las imágenes de los familiares cercanos que vivían al otro lado.

En este sistema el dinero de la remesa está sometido a tiempos y modalidad de circulación de deudas y a la asunción de deberes cuyo incumplimiento representa una amenaza al valor de la persona misma y al valor de su dinero futuro. Muchos individuos van a Estados Unidos justamente para poder cumplir con estos deberes de padres, hijos, maridos, así como entendidos en el contexto cultural de referencia, porque el entorno político-económico del lugar de origen no se lo permite. Con la remesa entonces circula el valor de la persona, y eso impone observar este fenómeno más allá del tiempo en que la transacción se realiza, y más allá de la inmediata relación entre quien envía y quien recibe, hasta abarcar el nivel comunitario y aquel de una comunidad transnacionalizada.

Luisa está en deuda con Barbarita, la deuda garantiza el mantenimiento del lazo social entre las dos y Luisa, después de un año, devuelve una suma de dinero más alta. Devuelve más de lo que Barbarita se esperaba y en cierto sentido establece una nueva deuda que de nuevo alimenta el vinculo entre las dos. Pues estamos en el ámbito de una deuda positiva, como la definirían en la literatura sobre el don, y estamos en el ámbito de una relación que goza de buena salud. Diría yo que la solidaridad entre hermanos se encuentra aquí bien expresada.

Además, la remesa inversa adentro del caso de Barbarita y Luisa puede ser considerada como uno de los muchos micro hechos por los cuales las grandes coyunturas político-económicas, como la recesión económica o la ley de inmigración de Estados Unidos y el consecuente régimen de deportación, entran en el mundo de vida de las personas, y se revelan en todo su poder de subversión.

Me refiero al poder de subvertir, por ejemplo, los patrones vigentes sobre la circulación de bienes en el ámbito familiar. Imaginémonos el caso de remesas inversas, y seguro que las hay, que circulan desde los padres que residen en México hacia el hijo soltero en dificultad económica en Estados Unidos. Pero me refiero también al poder de prácticas como esta de subvertir estereotipos e ideologías arraigados sobre el migrante: exitoso, héroe, proveedor o desarrollador.

A este propósito me parece extremamente interesante ver como los sujetos en juego, a pesar de las prácticas actuadas, hagan lo posible para mantenerse fieles, por lo menos a nivel formal y retórico, a estas ideologías sobre el migrante o sobre los lazos de dependencia adentro del parentesco, cuando estas se ven amenazadas. En el cuento del marido este envío se encuentra desvalorizado bajo la denominación de “ayudita”, y Barbarita nunca cuenta de la remesa enviada a la hermana. Barbarita cuida su reputación en la comunidad adonde ella quiere volver. Pero desafortunadamente esta remesa inversa nos aparece de momento como el símbolo tanto de un sueño americano (si en algún momento éste ha existido) como de un sueño mexicano que con dificultad llegan a realizarse.

Bibliografía

Villarreal M. (2014) “Mexicanos endeudados en
 la crisis hipotecaria en California” en Desacatos, núm. 44, enero-abril, pp. 19-34.

[1] Respetando el cambio vigente en 2010 estamos hablando de una suma de alrededor de 3600 pesos mexicanos.

Metodologías mixtas para el estudio de la Migración Internacional. Una charla con el Dr. Rodolfo García Zamora

El día 19 de febrero de 2016  en la instalaciones de El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, la Comunidad Interdisciplinaria de Estudios Migratorios  (CIEM) llevó a cabo una charla virtual con el Dr. Rodolfo García Zamora de la Universidad de Zacatecas y especialista en el tema de migración. En el encuentro el investigador presentó la metodología y los principales hallazgos del proyecto “El retorno de los migrantes mexicanos de Estados Unidos a Michoacán, Oaxaca y Zacatecas 2000-2012, hacia la construcción de un programa de reinserción integral de los migrantes y sus familias” financiado por la Fundación MacArthur.

En la charla participaron miembros de la CIEM así como otros colegas invitados.