El “making of” de la investigación

“Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”. Comentarios a la propuesta

 

Lorenia Urbalejo Castorena

lorenia.urbalejo@gmail.com

Los estudios sobre la migración como un tema “clásico” dentro de las ciencias sociales y las humanidades, en algunos momentos parecen detenerse, porque hay flujos que disminuyen, debido, entre otras razones, a que los migrantes deciden quedarse en los espacios de migración y eso modifica los patrones, o bien las personas se “incorporan” a las sociedades receptores, entre otra causas. Sin embargo, los movimientos espaciales, explicados así para ampliar la discusión sobre migración, según algunos académicas/os,  reviran  y presentan otras caras, las de los retornados forzadamente, los desplazados, los que van de paso. Así, como el proceso migratorio- expuesto ya en distintos estudios- no conlleva sólo una salida y una llegada, tampoco podemos suponer que la sociedad que recibe y expulsa no tendrá cambios donde se impliquen aspectos como los macroeconómicos o políticos, las sociedades precisamente son parte de las “grandes” decisiones del Estado, de las políticas de gubernamentalidad, y de las “decisiones” que desde lo personal y grupal se toman. De tal manera que, así como lxs investigadoras/os nos insertamos y damos cuenta de cambios y reconfiguraciones, sería poco posible pensar que nuestras herramientas de recolección de datos y análisis, y de la misma forma de nuestra participación en los comunidades donde desarrollamos nuestras investigaciones, no precisan de cambios, y de ninguna manera se  trata de apresurar metodologías novedosas, sino de dar cuenta que la llamada academia, algunas veces se ve rebasada en cuanto a propuestas de este tipo.

En consideración a lo dicho, refiero el seminario impartido por Ariel Mójica Madrigal, investigador y profesor del Colegio de Michoacán, con sede en Zamora, Mich., y quien pertenece al Observatorio Regional de las Migraciones de la misma institución. El doctor Mójica – quien tiene formación en historia y estudios rurales- presentó el pasado 13 de marzo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, el seminario, “Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico” ¿Qué podríamos encontrar de aportación aquí? ¿lo lúdico? él mismo investigador junto a algunas de las personas que asistieron dicen, hace décadas que se está trabajando desde esa perspectiva y refieren al teatro de lo lúdico;  la presentación entonces gira en una propuesta que permita un aporte “directo” a las comunidades, o incidir en éstas -si hay que apelar a las modas académicas-,  pero no desde las políticas públicas, eso es muy complicado menciona Ariel, nos rebasa, de tal forma que se centra en la inserción y reinserción de quienes regresan  a sus espacios de “origen”, considerando que ese regreso se da en una diversidad de condiciones.

Lorenia 1

 

Antes de  empezar a cantar la lotería de la migración  (uno de los productos de su investigación) se refirió a datos duros sobre el retorno, desde lo investigado por Fernando Alanís, y refirió a que el regreso de migrantes no es algo que inició durante las gestiones del presidente estadounidenses Barack Obama, y continua con Trump, lo explica para la consideración de los registros que de manera emergente parecen hacer los “retornólogos”, para puntualizar que debieran tener sus reservas al decir que esto es novedad, y como crítica apunta que, en ocasiones llama más la inmediatez que la investigación donde se problematiza.

Saber de números, del cuántos vuelven, es preocupación de los gobiernos, y el reinsertarlos ¿de quién? ¿qué pasa con quienes no conocen en ocasiones sus no-lugares de origen? ¿quién se responsabiliza del ambiente de hostilidad y violencia de quienes vuelven a su México y a los cuales se les cataloga como personas peligrosas?. Dar la bienvenida de regreso debiera ir más allá del recibimiento en las puertas internacionales, por eso en el trabajo de Ariel Mójica junto a un equipo, se han realizado diagnósticos sobre salud emocional, en los cuales dieron cuenta de la importancia de trabajar en la reinserción, y vieron la trascendencia de que en el proceso se involucrara la comunidad, consideraron, comenta el investigador, que no podían hacerlo solos y tendrían que horizontalizar la ayuda, entre profesionales de la salud mental, estudiantes de educación y claro las personas insertas en la problemática.

Lorenia2

Además de la producción académica que se cuentan en artículos, libros, presentaciones y vínculos institucionales, ¿cuál ha sido el resultado en su contenido lúdico? Cuentos infantiles como el de Larry y sus amigos, ilustrado por Carla Torres y escrito por Nat Jaspar, donde se desarrolla una historia acerca de la migración y socialización intercultural, con el objetivo de que  niñas y niños lleguen a una comprensión de una de las realidades del migrar, estar lejos de la red familiar y relacionarte con personas distintas a ti. La lotería de la migración que es uno de los juegos más difundidos y que puede solicitarse al Observatorio (con algunas condiciones) se elaboró con categorías explicadas por los migrantes y gente de la comunidad, algunas de las imágenes corresponden a quienes asistieron a los talleres y además se incluyen datos que refieren a los números -por ejemplo sobre remesas- y se contienen preguntas con el objetivo de repensarnos en el entorno migrante, qué harías si uno de tus familiares… Las radionovelas y el migraRap son otros productos.

Ariel enfatiza al decir que se puede señalar que su metodología no es “algo nuevo”, sin embargo si hacemos una revisión de los trabajos académicos que abordan la migración ¿con cuántos proyectos como este nos encontraríamos? Cuántas veces hemos dado cuenta de que en la plaza de un pueblo haya alguien haciendo un  flashmob con un juego gigante de serpientes y escaleras en donde se refiere a la vida del espacio próximo y alguien reflexioné sobre el por qué de los tatuajes de aquéllos que han vuelto, los mismos con quienes se encuentran en dicha plaza.

Las aportaciones de esta apuesta que hasta al momento ha encontrado buenos resultados y difusión, son muchas, aporta en lo metodológico, en las posibilidades de lo analítico, a la investigación participante y acerca de la responsabilidad social que nos corresponde  (sobre la que poco se evalúa en los centros de investigación).  La invitación a conocer y seguir discutiendo el proyecto queda abierta.

Las referencias para del Observatorio Regional de las Migraciones y sus proyectos son las siguientes:

 

https://www.facebook.com/ObservatorioRegionaldelasMigraciones/

https://www.youtube.com/channel/UCvpcmEMzkiT4g8nxaTYmHPw

 

* Fotografías: “Seminario Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”, Tijuana, Baja California, 13 de marzo de 2018. Lorenia Urbalejo.

 

Anuncios

Cuerpo y emoción: la experiencia en campo como investigadoras sociales

Por: Gabriela Pinillos

 

En mi entrada anterior al blog quise proponer una reflexión acerca de la importancia de discutir sobre los retos en campo que experimentamos las mujeres y escribir sobre las estrategias que se crean para superar las desventajas de género en esta materia.

Me interesa, en términos generales, el tema de las emociones y la corporalidad de las mujeres en la investigación y, particularmente, en esta nueva entrada mi objetivo es invitar a reflexionar sobre el tema de las estrategias de acercamiento que las mujeres investigadoras adoptamos en espacios principalmente dominados por hombres así como también sobre las estrategias de acercamiento con otras mujeres, y poner en consideración la denominada “objetividad epistemológica” que tanto se menciona en las aulas de clase y en donde se nos exige, para una investigación más exitosa, procurar la capacidad de tomar la distancia con el problema de estudio y verlo, en la medida de lo posible, como si nuestra presencia no irrumpiera en el espacio, de modo que la observación que hacemos pueda copiar la imagen más ajustada de la cotidianidad de las poblaciones que estudiamos.

En la experiencia en campo, como en la vida cotidiana, nos enfrentamos a una serie de circunstancias que nos confrontan, nos retan, nos desafían. ¿Qué hacemos con ello? ¿cómo nos enfrentamos a cada situación de esas? son cosas que no podemos saber hasta no vivirlas, esto no quiere decir que no podamos considerarlas previamente y crear-diseñar un plan estratégico para afrontar contingencias en campo. Pero ¿qué hacer con aquello que no podemos prever y que puede escaparse de cualquier plan previamente establecido?

Desde situaciones que podríamos llamar “límite” tales como experiencias de agresiones o violencia, hasta otras que pudiéramos considerar dentro de la normalidad, como el encuentro noble y considerado con la/el otra(o), nos exponen como investigadoras(es) a la expresión de sentimientos y emociones permanentemente. Experiencias de violencia, por un lado o de empatía, por otro: el enojo, el llanto, la ternura, el miedo están aunque no siempre presentes, sí se manifiestan latentes frente a lo inesperado, no es posible alejarnos totalmente de ellos. Sin duda, la forma en que estos sentimientos se manifiestan y cómo los manejamos depende de cada persona, y está sujeto, por supuesto, a la capacidad de cada individuo de manejar sus emociones. Por ello la riqueza de cada investigación también está en la experiencia de cada investigador y, en esa misma medida, los resultados siempre entregarán algo nuevo, aunque se trate de un tema “muy” explorado y aunque dos personas parezca que están interesados en el mismo problema de investigación. Pero esa riqueza será tal en la medida en que, al reconocer la importancia de plantearlo como un tema central en las ciencias sociales, la expresión de emociones y el manejo y las estrategias que se crean para asumirlas en cada inmersión en campo sea documentada y expuesta de manera abierta entre investigadores de todas las disciplinas.

En la experiencia que generan esas situaciones, y en específico, en mi experiencia en campo, he descubierto la importancia del cuerpo y la atención que se debe otorgar al mismo en el encuentro con el/la otro(a), el cuerpo para mí se convierte en un recurso. Planteo entonces que el reconocimiento de éste como una herramienta más de investigación y como un elemento que podemos explorar en la intervención en campo, debe ser necesario como una fuente de posibilidades en la definición de estrategias que nos permitan estar atentos a cómo nuestras emociones se representan y nos impactan en cada inmersión en campo.

En ese sentido, no solo es el cuerpo del otro el que observamos, sino es el propio cuerpo del investigador el que irrumpe en el espacio y lo trastoca invariablemente, razón por la cual debe ser también objeto de nuestra propia observación. El asunto entonces es que la consciencia de ello puede, entonces sí, permitirnos comprendernos a nosotros mismos con todas nuestras emociones, comprender al otro, comprender que en ese encuentro, en esa intervención que hacemos del espacio, nuestra corporalidad y nuestra emocionalidad impacta y es impactada en esa interacción, en lo que estamos observando, nuevamente, de manera personal y singular desde la experiencia de sujeto que investiga.

Los escritos sobre emociones están vinculados a las experiencias de las poblaciones que se estudian y que observamos en el trabajo de campo. Marina Ariza y otros autores vinculados a la Sociología de las Emociones escriben acerca de ello. La emocionalidad y la relación de ésta con la corporalidad son elementos indisolubles e indistintos de la experiencia en campo. Partimos de la idea de que la interacción y el acercamiento entre sujeto de investigación e investigador se encuentran atravesados por las emociones de cada uno las cuales son previas a dicha interacción y vienen dadas a partir del contexto en que cada quien se desenvuelve.

Es por ello que en el encuentro entre investigador y sujetos de estudio, ocurren un cúmulo de emociones y sensaciones que se producen y se combinan, se confrontan y se modifican. No son ajenas unas de otras. Quisiera entonces retomar dos ejemplos a partir de mi diario de campo para presentar lo que para mí ha significado el encuentro con diversos tipos de poblaciones y sujetos de estudio, y la forma en cómo he reconocido el papel no solo como estudiante-investigadora, sino como cuerpo que irrumpe en un espacio.

Resulta preciso fortalecer discusiones y debates en torno a cómo acercarse al campo, cómo el rol de quien investiga es puesto a prueba continuamente, sobre todo, por ejemplo, en el caso de las mujeres investigadoras que se aproximan a espacios dominados por hombres para estudiar las problemáticas que en torno a ellos ocurren, o cuando se trata mujeres que estudian poblaciones de mujeres y con las cuales puede ocurrir una suerte de efecto espejo. Esto particularmente en ciudades fronterizas, donde diferentes procesos y problemáticas sociales se traslapan, se conjuntan, se confunden y crean un escenario complejo donde queda atravesada la frontera geopolítica y, con ella, todas las fronteras simbólicas que se van creando en esa misma maraña de complejidades.

En mi reciente experiencia en campo, la alteridad y la emocionalidad han desafiado continuamente mi acercamiento y aproximación con mis sujetos de estudio. Por una parte, con algunos grupos de hombres migrantes en contextos de violencia, el miedo, el acoso, la objetivación del cuerpo, por poner algunos ejemplos, son elementos sobre los cuales he tenido que adoptar comportamientos que me han permitido resistir el tiempo de inmersión en campo, estrategias que van desde el vestuario, el uso de accesorios y objetos, la adopción de roles que mencionaré a continuación, que logren disuadir un poco la imagen que para ellos pueda representar la presencia de una mujer irrumpiendo en su espacio. Retomaré el caso de un espacio específico en la ciudad donde un grupo de hombres llega todos los días en busca de trabajo vinculado con los oficios de construcción.

En el año 2016 realicé una primera etapa de campo en el lugar, se trató de una exploración a través de observación directa, pláticas informales, y la búsqueda de rapport que pudiera apoyarme en el proceso. Luego, en el año 2017, primer semestre, en la segunda semana de inmersión de la segunda etapa de campo, donde mi tarea consistía ahora en realizar las entrevistas a profundidad con los sujetos del lugar, tuve que encontrarme con expresiones violentas, con formas de acoso. Era de mañana y mientras platicaba con Ramón, un sujeto que pasó muy cerca de nosotros grita: “dile que te gusta el pito“. Estaba muy agresivo y sentí miedo. Ramón tenía una pala de construcción en la mano, y me decía que la tenía para protegerse del otro hombre, era un arma de defensa. Luego, un rato después, en una conversación grupal, un sujeto se refiere a mí diciéndole a otro: “¿tú crees que es tonta? parece, pero no debe ser tanto cuando es capaz de estar aquí sola”. En esas y otras expresiones de los sujetos, comprendí una subjetivación sobre mí, sobre mi cuerpo, la observación que ellos hacían de mí, de mi corporalidad y de mi emocionalidad, una interpretación de quien yo era para ellos justo ahí en ese momento y en ese espacio.

Una mujer de origen colombiano, esa sola característica me podía poner frente a ellos en situaciones distintas, mientras para mí eso significaba la posibilidad de tener una empatía con ellos por ser o haber sido migrante, en realidad su percepción podría estar más asociada al imaginario que desde su experiencia, su socialización, su construcción tienen de Colombia y de las mujeres colombianas, esto por poner un ejemplo. Sus preguntas hacia mí siempre iban en la desconfianza y el escepticismo que podía generar la presencia de una mujer sola y joven en ese espacio constituido eminentemente por hombres.

Una de mis estrategias en este espacio fue usar ropa lo más grande posible, no ponerme maquillaje, no llevar aretes, ponerme un anillo que simulara que soy casada, esto ya lo había escuchado como recomendaciones de otras personas en sus experiencias en campo. Pienso que hasta cierto punto mi cuerpo les permitía no sentirse amenazados por mí. Las características del mismo y la forma en que yo lo reconocía y lo adoptaba, quizá les daba cierta seguridad al hablar conmigo. En la definición de mis estrategias entendí que debía estar siempre consciente de que era mi cuerpo el que irrumpía en el lugar, y que era yo debía adaptarme a el, resistir y soportar las condiciones de un lugar que estaba ordenado previamente, y que en esa conciencia yo debía el reconocimiento de las desigualdades de género, que nos exponen en cierta medida y que tenemos como mujeres que transgredir y enfrentar muchas veces para realizar nuestro trabajo, y poder encontrar en ello oportunidades y recursos como investigadoras sociales.

Ahora bien, por otra parte, del otro tema sobre el cual quería reflexionar, cuando se trata de mujeres que estudian poblaciones de mujeres, voy a retomar el ejemplo de mi acercamiento con mujeres migrantes, el efecto espejo del que hablo lo asocio a la empatía que surge, en muchos casos, durante los relatos de vida en donde se señala la experiencia vivida a partir de la ocurrencia de sucesos vitales como: el nacimiento de los hijos, la muerte, la separación, la migración misma. En la misma etapa de inmersión en campo realizada en el año 2017, me acerqué a un grupo de mujeres que tenían una organización para ayudar a otras mujeres que también se encontraran en situaciones difíciles a causa de su deportación desde Estados Unidos.

Con una de ellas, con quien al momento de conocernos hubo que darse un proceso de construcción de confianza que le permitiera a ella la posibilidad de contarme su historia a través de una entrevista, durante el relato de su historia, la narración que desarrolla sobre su experiencia como madre, el amor por los hijos y la separación con ellos, no podía dejar de resultarme, fundamentalmente, conmovedora, evidentemente pude y tuve que entender mi papel y asumir mi rol frente a ella. Pero resultó un momento de exigencia y de plena conciencia de los cuerpos y las emociones, tanto suyas como mías, una conciencia que demandó también la atención sobre mí misma.

Recuerdo que al terminar un periodo largo de entrevistas terminaba con un dolor muy fuerte en el cuello y la garganta, el médico me dijo que se trataba de un problema en la mordida que se podía deber entre otras a la tendencia a apretar los dientes de manera muy fuerte. Supe que ese dominio que había tenido que ejercer sobre mi cuerpo y sus expresiones en la interacción con la otra, en la escucha, en el silencio y en las pausas, me había generado una serie de sensaciones que requerían también de una estrategia fuera de campo: salir a correr, caminar, relajar, se volvía parte del ritual y de los pasos para terminar cada inmersión en campo. No siempre lo logré, porque luego también está la vida, aquí podemos retomar el planteamiento de Goffman (1989) nuestra actuación es siempre mejor que el conocimiento teórico que de ella tenemos”.

Identificar y reflexionar acerca de las emociones que genera esa interacción se convirtió en un mecanismo en la definición de mis estrategias para resolver los problemas epistemológicos: ¿cómo construir el conocimiento de la manera más clara posible y menos interrumpida por nuestras condiciones personales? ¿cómo considerar las consecuencias que esto tendrá en los resultados de investigación?. Identificar las emociones, reconocer nuestro cuerpo como elemento de intervención en campo, permitirá una mayor conciencia sobre el objeto que se estudia, sobre las comunidades que buscamos comprender y estudiar. El reconocimiento de las emociones y de la forma en que podía usar mi cuerpo de diferentes formas en cada población (como recurso en todos los casos, pero de diferentes formas dependiendo de la naturaleza del espacio, las poblaciones, el ambiente, etc), me permitió resolver el miedo de enfrentarme a ello, la fortaleza que puedo tener para pararme frente a cada sujeto y desenvolverme en cada espacio, con cuidado, con prudencia, con protocolos, pero también con honestidad, libertad y seguridad.

Quiero plantear esta discusión como una forma de invitar a una reflexión entre las y los jóvenes investigadoras(es) y a incluir en nuestros apartados metodológicos la reflexión o auto-reflexión de nuestra propia experiencia en campo, y así ir abonando a la construcción de literatura que se viene haciendo sobre herramientas y estrategias metodológicas y de acercamiento en campo. Pienso que reconocer el efecto que pueden tener estas interacciones permite si no la denominada “distancia epistemológica”, sí la conciencia del cuerpo como un instrumento en campo, y que esa consciencia sirva, a su vez, como elemento que permita superar los retos y obstáculos metodológicos que cada vez complejizan más la tarea de las y los investigadores por las mismas transformaciones y cambios acelerados que experimentamos en nuestras sociedades actualmente. Y, por último, creo que poner en la mesa estas experiencias, discutirlas de manera colectiva, nos puede ayudar a entendernos en nuestra labor de investigadoras y a tener consciencia, no sólo de los sujetos de estudio, sino de nosotras mismas.

¿Antrop(sic)ología de lo inútil? Reflexiones psicológicas acerca de qué hacer de las emociones en el trabajo de campo que no sirven para “el capítulo”

Valeria Giannuzzi
El Colegio de la Frontera Norte
Tijuana, 16 de Octubre de 2017
vgiannuzzidcs@colef.mx  

El proceso de investigación tiene momentos increíblemente divertidos y memorables, algunos de ellos son interesantes, otros muy difíciles. En la historia de vida de quien investiga, dicho proceso necesita ser interiorizado para poder ser entendido a muchos niveles, y no únicamente para los objetivos de una publicación. No es un caso que se utilice la identidad toda entera para decir de qué vivimos, no “trabajamos en una universidad”, sino que “somos investigadores”. Si es cierto que todo investigador de ciencias sociales necesita en algún momento de una recapitulación de la experiencia de campo, muchas veces no se reportan en los textos los procesos de atribución de sentido, de pensar las emociones, de reflexión y autorreflexión que no entran directamente en el objeto de estudio. ¿Qué hacer entonces de recuerdos, emociones y sensaciones que por razones de tiempo, espacio y criterios académicos parecen no tener un lugar adecuado?

¿De qué manera podemos reconocer las emociones (tanto en camino como a posteriori) y actuar consecuentemente para lograr un análisis profunda, honesta y que incluya la reflexión de nuestra propia experiencia?

Para contestar a estas preguntas, presentaré a continuación unas postales del trabajo de campo que realicé en Roma y en Londres con los migrantes de Bangladesh entre Abril de 2016 y Agosto de 2017[1], junto con unas notas de reflexión. Estas piezas, agarradas casi a caso desde carpetas reales y virtuales, diarios de campo, entrevistas, pláticas informales, son todavía muy vivas en mi memoria. No todo será útil, no todo entrará en la tesis.

La temporada de campo se cerró hace poco. Con las transcripciones aún por terminar, recuerdos que afloran de repente y un documento por escribir, es fundamental sacar cuentas con tanto material, y entender cómo y cuándo incluirlo en el corpus de un razonamiento coherente.

  • Diario de campo: Roma, 28 de mayo de 2016. “Voy a una fiesta multicultural de la escuela primaria de la colonia, lugar emblemático del barrio y del trabajo de integración que se hace desde las aulas, cada día. Cada año se reúnen las familias con la comida típica de los países de origen y los fondos recaudados van a financiar los proyectos de la escuela. Es un día soleado y placentero. Mientras platico cerca del banco bangladés, se acercan varias personas para tomar fotos con las mujeres, hermosísimas en su sari[2] de colores. Les digo que me encantaría ser elegante como ellas. En menos de media hora R., que había conocido pocos días antes de ese momento, me invita a su casa, me presta un bellísimo vestido, me maquilla y regresamos a la fiesta en donde ahora, todas las bangladeses quieren tomarse selfie conmigo y los italianos me miran como si fuera una “freak”. Veo una señora italiana ya mayor, vestida con ropa típica africana, me lanza una mirada cómplice”.

Más que la pena inicial, gana el sentimiento de valentía, y de acabar de utilizar una estrategia que nunca hubiera podido planificar. Gracias a esta mujer que me propuso vestirme como ellas, los demás vieron afuera mi deseo interior. Lo cual me hizo reflexionar sobre el manejo de las percepciones externas: todos somos extranjeros. La apropiación cultural es un tema muy delicado. Las situaciones siempre pueden ser leídas desde ángulos diferentes. Cuando vestía el traje prestado por R., he mezclado las cartas en la mesa, y cambié las distancias. Las mujeres bangladeses parecieron todas muy felices de verme así, se acercaban, me platicaban, era como estar vistiendo un canal para que ellas pudieran acercarse a mi. Los italianos, sin embargo, no parecieron apreciarlo, creo me consideraron irrespetuosa, rara, a través de sus miradas no me hicieron olvidar quien soy, que no aplico, que soy diferente. En otras ocasiones en donde habían muy pocos o ningún italiano, poco tiempo después, adaptar mi código de vestimenta se volvió una costumbre inmediata, tanteando en el terreno del encuentro cultural.

  • Diario de campo: Roma, 14 de junio de 2016. “Tenía cita con Priyesh para la entrevista, luego me cancela, luego me dice que vaya, pero tiene un problema. Decido ir. Después de todo, lo conozco desde hace años y nunca he visto donde trabaja. Llego a uno de estos miles de Bed & Breakfast escondidos en los viejos edificios reconvertidos de Piazza Vittorio, pegado a la columnata de la plaza. Priyesh está ahí, en la recepción. La jefa de Priyesh es china y se han peleado, y quieren que yo medie por ellos, los dos están muy enojados. Aunque la fascinación de estar viviendo en una novela de Amara Lakhous me agarra por unos momentos, recuerdo mi objetivo.”

Me sentía en una película, o bien en esta novela que tanto amo “Clash of Civilizations over an elevator in Piazza Vittorio”, estoy fascinada, me siento Indiana Jones en una parte de Roma poco frecuentada por los italianos, y descubro, se me perdone la banalidad, que ahí también la gente vive sus vidas, tiene sus dramas y victorias cotidianas. Reconozco el proceso de exotización que por tanto que quisiera evitar, ahí está. Y una vez reconocido, puedo actuar de consecuencia. Bien la curiosidad, mal el morbo. Reduzco la distancia alejándome. Reconociendo al Otro su “extraneidad”, sin por ello ponerlo arriba o abajo, sino a la par, y buscando constantemente el equilibrio de la relación a través de la conciencia de las formas implícitas de poder dadas por los roles, las proveniencias, las relaciones, las apariencias, el género.

  • Horas de grabación en las cuales se escuchan llamadas en bengali, entrevistados que discuten en su lengua sobre la respuesta apropiada que me van a dar durante una mediación, gente que pregunta “¿ella entiende?” que es, junto con otras pocas cosas, lo único que entiendo, y digo “no”, pero luego pienso que entender la palabra “entender” y responder que no, quizás sea un error.

Aprendí a tolerar la frustración de estar horas sin entender una palabra de lo que está diciendo la gente. (a no ser de que hablen de los días de la semana, o de alguna comida, en ese caso, si, entiendo). Aprendí a concentrarme en otras cosas. Observé como se disponen y hacen diferentes uso del espacio hombres y mujeres, hinduistas y musulmanes, jóvenes y ancianos. Cómo se tratan a las personas externas a la comunidad, sus fronteras a veces porosas, a veces visibles y físicas. De qué forma se vive el tiempo, y como está marcado por eventos. Cómo se empieza y termina una conversación, la manera de comer. No me aburrí nunca.

  • Diario de campo: Roma, 1 de julio de 2016

“El día del partido Italia-España estaba esperando a mi entrevistado Kamlesh, que me llama a la hora de la cita para decirme que había olvidado que había el partido y que llegaría después. En la espera, Italia mete su gol del 2 a 0 y un muchacho bangla sale gritando “Italia! Italia!” . Era la tienda de un barbero, habían unos 10 hombres, todos bangladeses, juntos alrededor de una pantalla, todos por Italia. Pasa una joven italiana que me dice “cómo si ahora hasta quieren apropiarse de nuestro equipo! Ellos no son italianos, que creen!” Le contesto algo cáustico, pero otra vez recuerdo el objetivo, sonrío y miro para otro lado.”

Estoy investigando, no estoy aquí para pelearme con una desconocida. Rabia. Control. Rabia. Me centro en otra cosa para no pensar en esta chica porque si, me hubiera encantado sentarme con ella y hablar. Por el partido, sólo hay una felicidad auténtica y sincera de que esta gente pertenece, el fútbol es un agregador sin iguales y en Italia, a veces, puede ser más importante tu equipo que el color de tu piel. Pienso que Kamlesh siempre se quedó pensando que se quería ir para Londres y nunca lo hizo, pasaron 20 años y aún seguía en Roma. Este partido tan importante me hace conectar con una frase que me dijo una vez cuando le pregunté porque él se había quedado: “No sé porqué sigo aquí. Puede que me hice más italiano de lo que quería, amo demasiado a este lugar”.

Parafraseando a Renzo Carli (2003), es fundamental en el trabajo que sigue la experiencia, la organización a través de categorías capaces de otorgar sentido a la relación, que concreta la experiencia misma. Es decir, “pensar las emociones” y las simbolizaciones afectivas o sea, los procesos que fundan la relación con el real como competencia metodológica para construir hipótesis acerca de la relación. En este sentido, el reto consiste en reconocer-se en relación con individuos, contextos, comunidades y, a partir de ello, insertarlas en el corpus teórico que hemos estado tejiendo antes y después de nuestro contacto con el campo.

No todo sirve para el capítulo, pero todo sirve al proceso de conocimiento.

Incluso leer y revivir el campo desde el escritorio, en una etapa necesaria de asentamiento de la experiencia, puede ser muy emocionante, capaz de enseñar cosas que cuando estábamos allá con cuerpo y alma todos enteros, no podíamos entender.

Reconocer y tomarse un tiempo para las muchas emociones por las cuales pasamos como investigadores, nos hace más conscientes, más capaces de organizar las informaciones, menos desubicados. Ignorar que la labor con las personas implica un gran trabajo emocional, tiene la consecuencia de un desgaste que presenta la cuenta a través de distracciones, malentendidos, huecos de razonamiento. Hace falta recordar que de humanos tratamos y humanos somos, y la fascinante complejidad que se desprende de este enlace, hace que no existan dos experiencias iguales, y por eso merece la pena estudiarlas.

La lógicas académicas implican entrega y cierre entro un marco necesariamente limitante, sin embargo, no se debe seguir confundiendo el concepto de útil en su derivación materialista, ya que la capacidad de insertar la conciencia emotiva en los conocimientos teóricos es quizás una de las metas más altas que como investigadores podamos perseguir.

[1] Todos los nombres de personas y lugares han sido alterados para proteger la privacidad de los sujetos;

[2] Traje típico del subcontinente indio;

Entre el quehacer y el hacer: breves y discutibles reflexiones sobre nuestro papel frente al periodo Trump y sus antecesores

Por: Lucía Ortiz Domínguez

 luciaortizdom@gmail.com

9 de febrero de 2017

Hay momentos históricos en los que el contexto habla por sí mismo y me parece que actualmente nos está gritando. Discursos y actos xenófobos hacia los migrantes que han contribuido a enriquecer al país que ahora los quiere expulsar; amenazas de continuar con las deportaciones que acrecientan el clima de miedo y hostilidad en la comunidad migrante; constantes intimidaciones públicas para construir otro muro (con dinero de los mexicanos), terminar el que está o edificar un muro sobre el muro; la posibilidad de concluir con el Tratado de Libre Comercio (TLC), el riesgo latente al desarraigado de los migrantes que han vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos, una política gubernamental mexicana que no ha respondido a los retornados y medianamente a los migrantes, son ejemplos de que nuestro presente histórico nos reclama, creo yo, a actuar.

Tanto las amenazas como los hechos impactan de distinta forma sobre nuestras subjetividades y vida cotidiana. Me incluyo porque lo que nos está sucediendo desde hace algunos años en materia migratoria y económica no es una cuestión exclusiva de los migrantes, si es que existe eso, sino es una realidad que nos incumbe y nos compromete a pensar para actuar.

Considerar que la migración es de competencia de quienes la viven es limitar el campo de acción colectiva, sería reducir o eliminar las responsabilidades que tenemos como estudiosos de la migración, como ciudadanos, como personas y como seres humanos. Con ello quiero decir que las visiones, perspectivas e ideas que se puedan generar sobre una hecho concreto, en este caso la migración, son fundamentales para poder proponer pequeños cambios. Un migrante sabe y conoce en carne propia lo que significa serlo, una persona deportada también. Los que no hemos vivido estos procesos, efectivamente carecemos de la experiencia vivida, pero contamos con otras herramientas que nos hacen capaces de generar y contribuir a que los migrantes y los retornados sean respetados y reconocidos por sus experiencias y sobre todo tratados con dignidad y respeto.

Quiero expresar que he percibido la existencia de una crítica recurrente de la sociedad civil, de quienes trabajan en instituciones gubernamentales e incluso de los estudiantes de posgrado hacia el quehacer y el impacto de la investigación académica en ciencias sociales en los problemas sociales. La crítica versa sobre la tendencia a realizar investigación académica que se queda en las bibliotecas o en congresos y que pocas veces logra conectar con la vida cotidiana y con sus irrupciones.

Pareciera que se hablan dos lenguajes distintos, los grupos u organizaciones de la sociedad civil consideran que las investigaciones académicas están dirigidas exclusivamente a responder a las necesidades del mundo académico mientras que los académicos consideran que al involucrarse con la sociedad civil se pierde la objetividad y el rigor científico.

Como estudiante de posgrado, que he colaborado con algunas organizaciones de migrantes, quisiera invitar a la reflexión sobre cómo podríamos construir códigos comunes entre dos mundos, sin perder el rigor y ética en nuestras investigaciones y para generar campos de reciprocidad entre nosotros.

Cuando hacemos investigación y buscamos exclusivamente reconocimiento académico a través del “rigor científico” corremos el riesgo de olvidar un elemento necesario de cualquier investigación, el para qué: ¿para qué queremos contribuir al conocimiento de la población migrante?, ¿para qué hacer una investigación sobre migración?, ¿a quién responde nuestra investigación?, y nos enfocamos en el cómo metodológico para demostrar que nuestra investigación está sustentada. Priorizar una cuestión sobre otra depende del tiempo que tenemos para realizar nuestras pesquisas y de una decisión personal, pero creo que se pueden hacer las dos cosas aunque podría implicar más trabajo. Por ejemplo, las organizaciones de la sociedad civil por lo regular necesitan datos sencillos que pueden ser construidos colectivamente y que no estén impregnados de tanta teoría, en ello podemos aportar nosotros como académicos para que nuestra investigación y nuestro quehacer puedan tener un impacto real, sencillo e inmediato sin el vanidoso deseo de cambiar al mundo. O bien, podemos estar en momentos coyunturales que les ayude a demostrar que somos más de uno los que estamos interesados en cambiar las cosas, siendo conscientes de que apoyamos como ciudadanos informados sin la necesidad de involucrar nuestras tarjetas institucionales. Con ello quiero decir que tenemos la oportunidad de apoyarlos desde nuestra identidad académica y desde nuestro derecho individual de ejercer una ciudadanía política informada. Los límites y la forma de participar o contribuir dependen de la ideología académica de cada quien, lo importante es que desde la posición que queramos adoptar intentemos contribuir con los conocimientos que generamos con pequeños actos que permitan enfrentar las problemáticas sociales.

También debemos tomar conciencia de que las investigaciones individuales en Ciencias Sociales en sentido literal son imposibles. Nosotros siempre necesitamos de la colaboración y cooperación de muchos actores para conducir nuestros propósitos investigativos, nos respaldamos en nuestros colegas, en personas expertas, en migrantes, en no migrantes, en retornados, para darle cuerpo a nuestra investigación. Hay que reconocer que nuestra investigación es un trabajo colectivo. En este sentido, al intercambiar experiencias generamos redes que nos permite conectar diversos actores. Esto se traduce en que a lo largo de nuestro proceso vamos generando capital social que podemos compartir de manera muy sencilla: presentando personas, poniendo en contacto organizaciones que consideramos que pueden trabajar juntos, organizando Foros, etcétera. Que se cristalicen o no las relaciones no depende de nosotros, es un trabajo que ya depende de ellos y de los encuentros y desencuentros que puedan tener. Nosotros simplemente podemos fungir como intermediarios entre personas y colectivos cuyos encuentros puedan traducirse en felices coincidencias.

En fin, lo escrito hasta aquí es solo una reflexión personal y creo que es momento de atrevernos a proponer formas para colaborar, aportar y generar empatía y solidaridad entre los que estamos interesados y dispuestos a que las cosas funcionen de una mejor forma para todos, sobre todo frente a este contexto que nos grita cada día más. Los invito a compartir ideas sobre las formas en que podemos colaborar más con nuestro entorno sin dejar a un lado nuestra responsabilidad de generar investigaciones de calidad.

bansky

Imagen: Banksy, (S/F), recuperado en: http://www.banksy.co.uk/out.asp, 9 de febrero de 2017.

Migración, organizaciones de inmigrantes y movimientos sociales en México ¿Es el tema migratorio un asunto de izquierda?

Por Christian Ángeles Salinas / Alumno del Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales / El Colegio de la Frontera Norte / 

 

El 20 de junio de 2016, en su columna del diario Milenio, Ricardo Alemán hizo un señalamiento muy preocupante sobre una de las más importantes organizaciones de inmigrantes a nivel internacional el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB)[1]. Afirmando lo siguiente: “la mafiosa CNTE también avanzó en los campos político y guerrillero. Por un lado estableció una alianza con Andrés Manuel López Obrador y su partido MORENA […] y por otro, pactó con organizaciones afines a la guerrilla, como el FIOB”. Más allá de la ostentosa ignorancia del señor Alemán que evidencia con ese señalamiento y de la difamación que hace de una de las organizaciones de inmigrantes más prolíficas en los últimos 30 años, su afirmación nos enfrenta como investigadores a una realidad que hasta hoy, creo, no hemos sido capaces de afrontar, me refiero a la imperiosa necesidad de la objetividad que desde la academia y de los críticos de ésta se nos impone a los investigadores para ocultar o tratar de no tomar partido a partir de nuestras investigaciones. Sin embargo, la realidad se encarga de ponernos siempre en nuestro lugar y de ofrecernos elementos ejemplares para afinar nuestros conceptos y categorías.

Por ejemplo, y volviendo al tema magisterial en México, la manifestación del FIOB a favor de la CNTE en diferentes ciudades en California es una muestra palpable del transnacionalismo del que hablaron Portes, Guarnizo y Landolt,  (1999) definido como un proceso en el cual los individuos inmigrantes de una comunidad mantienen relaciones sociales con sus lugares de origen y con los lugares de llegada. Después de visualizar esto, nos queda la pregunta, ¿podemos separar el tema migratorio de las demandas y movilizaciones sociales  tanto en México como en Estados Unidos? Las organizaciones de inmigrantes son una de las formas más eficientes para intensificar las relaciones sociales entre los que se van y los que se quedan (con esto no quiero decir que sean o que hayan sido las únicas). Por lo tanto, es importante siempre prestar atención al crisol de actores (entre ellos las organizaciones de inmigrantes) que rodean a una manifestación social.

Cuando realizamos d acercamientos a la realidad, como investigadores, (y hasta donde me dicta la conciencia), me es imposible no poder tomar partido a favor de una reforma migratoria en Estados Unidos con la que se vean beneficiadas miles de familias que hoy sufren el drama de la separación por la deportación, me es imposible no ponerme de lado de los dreamers o de los otros dreamers que buscan ser aceptados en el mercado laboral profesional en Estados Unidos. Lo cual no significa que tenga alguna afinidad política con Bernie Sanders, ex aspirante a la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, únicamente por ser quien se ha manifestado, explícitamente, en contra de las deportaciones y la separación familiar y a favor de un una reforma migratoria sin cortapisas. Y lo mismo sucede cuando se ha tenido la posibilidad de mirar la pobreza y la marginación en la que se encuentran muchas zonas de los estados del sur del México o hasta en la pujante e innovadora Tijuana. Uno no puede decir que no es necesaria una reforma educativa, y ante eso cualquier documento que se nos presente como reforma educativa se pensaría que es la panacea para la educación en México. Sin embargo, cuando a todas luces se trata disfrazar una reforma laboral como educativa se debe denunciar. La crítica se vuelve central, la aceptación de reformas no debe hacerse a ciegas, sin reflexionarlas y sobre todo sin consultar a los principales afectados. Así se trate de una reforma migratoria o una reforma educativa.

El crisol de agentes que interactúan en la realidad social, al interior de movimientos sociales, debe ser reconocido dentro del marco analítico de las investigaciones académicas; ahondar en la historicidad de los agentes y no sólo de los contextos actuales y/o inferencias a futuro. Besserer (2016) afirma que las diásporas y comunidades transnacionales son las receptoras de las decisiones de los estados nacionales yo añadiría que no sólo cuando se es migrante sino que las decisiones respecto a la migración impactan a los que se quedan y así mismo las decisiones hacia los que se quedan impactan a los que se van.

Desdeñar o desprestigiar el apoyo que reciben las movilizaciones sociales desde fuera es señal de aceptación sin ser crítico, por lo tanto, es tarea nuestra, de los académicos como diría Besserer (2016): criticar las decisiones de los estados nacionales y criticar a aquellos que no lo hagan. Lo cual no significa ser de izquierda o de derecha sino simplemente es poner en práctica todo aquello de lo que tanto nos vanagloriamos, conocimiento.

Referencias

Alemán, Ricardo, 2016, [columna], ¡Ya tienen sus muertos…! El nuevo crimen organizado, Milenio Diario, http://www.milenio.com/firmas/ricardo_aleman/Durante_anos-la_mafiosa_CNTE_busco_la_tragedia_18_759704056.html última consulta, 26 de agosto 2016.

Besserer, Federico, 2016, [conferencia], Culturales – Transnacionales. Historias de encuentros y desencuentros en el estudio de la realidad social contemporánea, El Colegio de la Frontera Norte, 26 de agosto 2016.

Portes, A., L. Guarnizo y P. Landolt, 1999, The study of transnationalism: pitfalls and promise of an emergent research field, Ethnic and Racial Studies Volume 22 Number 2 Marzo 1999.

Velasco, Laura, 2014, Organización y liderazgo de migrantes indígenas en México y Estados Unidos. El caso FIOB en Migración y desarrollo vol.12 no.23 Zacatecas  2014.

[1] El Frente Indígena de Organizaciones Binacionales tiene su antecedente más remoto en el Frente Indígena Mixteco-Zapoteco Binacional, fundado en 1991 en la ciudad de Los Ángeles, California. Desde entonces ha habido una recomposición de su membrecía y liderazgos que en cierta forma refleja el desenvolvimiento de la migración internacional y los retos de la acción colectiva en lugares urbanos y rurales, a la vez que en México y Estados Unidos. […] su trayectoria define en la actualidad al FIOB como un agente político que actúa localmente con un proyecto transnacional. Es decir, lo que en términos empíricos se observa es un conjunto de activistas organizados bajo un sistema de normas y reglas, con una cierta división del trabajo y que actúa en forma local en un campo político transnacional, aun cuando los comités regionales desarrollen intereses locales (Velasco, 2014: 106).

Reflexiones generales sobre los retos metodológicos y prácticos para las mujeres en campo

Por Gabriela Pinillos

Significativos y orientadores son los temas que se tratan en los manuales de investigación cualitativa y en los capítulos metodológicos de las tesis doctorales más recientes, sin embargo, un tema que resulta poco recurrente y para el cual no se elaboran manuales, es el de los retos metodológicos y prácticos que surgen en cada inmersión en campo, quizá por la particularidad de toda experiencia nueva en campo y de cada investigador e investigadora, quizá también por el hecho de que las habilidades para sortear retos y riesgos se adquieren, fundamentalmente, en la acumulación de experiencias, mismas que se logran básicamente bajo una dinámica de “ensayo-error”. Todavía menos recurrente es el reto que representa para una mujer este proceso de inmersión y acercamiento con el objeto de estudio y los sujetos de investigación.

En esta entrada al blog de la Comunidad Interdisciplinaria de Estudios Migratorios, quisiera referirme justamente a eso, a la importancia y la necesidad de la elaboración de apartados metodológicos que nos hablen sobre las experiencias particulares en campo, sobre la forma en que se van creando estrategias para superar las desventadas en materia de género, estrategias que posibilitan la seguridad y la libertad, y al tiempo, una inmersión profunda y comprometida con las comunidades con las que se trabaja. Este ejercicio de reflexión surge a partir de una experiencia reciente de inmersión en campo dentro del marco de elaboración de mi tesis doctoral, y de los desafíos y riesgos que, como estudiante, he tenido que asumir, en la mayoría de los casos, por mi condición de género, no solo frente a los diferentes sujetos de estudio, sino también frente a diversos actores en el ámbito académico.

Antes de entrar a hacer trabajo de campo ya había sido advertida por una investigadora sobre la dificultades a las que me enfrentaría, siendo una mujer, en el acercamiento, para mi caso particular, con poblaciones en situación de calle, ya que, como en el imaginario general, los sujetos que conforman esta población son automáticamente equiparables a usuarios de sustancias psicoactivas -y viceversa-. La advertencia dirigía la cuestión a una pregunta concreta: ¿cómo una mujer podría enfrentarse a una situación en la que su propia condición de género la pondría en desventaja frente a un hombre, y más aún, un hombre “drogadicto”, en una eventualidad que resultara violenta o irrespetuosa?, pero para mí el asunto era un poco más amplio: ¿cómo hacer trabajo de campo cuando se es mujer? ¿cómo superar las desventajas a las que esa condición nos enfrenta por encima de nuestras cualidades y habilidades de investigación?

En efecto, infortunadamente, hay una serie de factores que nos exponen y nos pueden poner en situaciones de desventaja frente a los hombres y frente a los distintos actores y escenarios en campo, pero esto no solo ante aquellas poblaciones históricamente estigmatizadas. Por poner solo algunos ejemplos inmediatos, por un lado, en ciertos recorridos en campo, algunos hombres de diferentes ámbitos se sorprenden, se impactan, se sienten desconfiados, inseguros, en sus lógicas no cabe que una mujer esté con ellos en diferentes lugares donde desarrollan sus rutinas diarias, no caben explicaciones ni presentaciones, para ellos hay otro paradigma, las mujeres están en casa y si tienen esposo e hijos, todavía más. Algunos preguntan, tratan de entender, otros -uno en particular- acosan. Todos se contienen, una se sorprende y por momentos se asusta, pero finalmente hay un desenvolvimiento, una estrategia con la que se construye una imagen en procura de un trabajo honesto y objetivo, esta construcción que hacemos valdría la pena narrarla. Así mismo, por otro lado, esta lógica de desventajas construidas sobre las mujeres no se escapa del ámbito académico, allí, en algunos casos, principalmente entre los pares, también persisten desigualdades, discursos con los que las expectativas de un trabajo “exitoso” cuando es una mujer quien lo realiza son minimizadas, se mantiene la desconfianza, tal vez los celos profesionales, son reducidas las posibilidades de diálogo.

Hace falta entonces escribir textos conjuntos de nuestras experiencias, diferentes investigadores e investigadoras nos han invitado a hacerlo, apelando a la necesidad y la importancia de narrar y documentar estos procesos en cada experiencia en campo, pero siguen estando ausentes, cuán importante resultaría para todas, y para todos también, leernos, contarnos las historias, decirnos cómo fue que pudimos desenvolvernos en campo, frente a aquellos hombres que, socializados en un contexto específico, consideran que el lugar de una mujer es su casa, y que si se encuentra fuera de este espacio, probablemente ya no será merecedora de respeto y sí, tal vez, de acoso. Sería básico para estos estudios que realizamos, con poblaciones móviles -y otras no tan móviles-, con diferentes culturas y costumbres, poder encontrar un lugar donde se cuenten las historias y sobre cómo se superaron las pruebas y los obstáculos metodológicos y prácticos, qué importante sería que nuestros colegas hombres dejaran de subestimarnos por el hecho de ser mujeres, y participaran con nosotras en este diálogo, en la generación de estrategias para una inmersión en campo, como ya se dijo, honesta, con poblaciones históricamente estigmatizadas, tradicionalmente trabajadas por hombres, bajo la idea de “la fuerza”. ¿Cómo se han construido y de dónde han surgido estas desventajas en materia de campo para las mujeres?

Diario de campo: Nador, marzo 2016

Por ANA BELÉN ESTRADA GORRÍN

El siguiente texto es parte de la notas del diario de campo de un viaje que realicé recorriendo el trayecto Motril/Melilla/Nador entre el 24 y 29 de abril de 2016 para realizar un diagnóstico de la situación de los migrantes de África Occidental en Melilla y Marruecos. En este documento he omitido nombres de personas o lugares concretos y fotografías para proteger la intimidad de estas personas. Al final del documento adjunto una bibliografía de referencia que palia el hecho de que mis datos sean sesgados.

Sábado 26 de Marzo: Nador

Mi propósito para Nador es encontrarme con migrantes en tránsito hacia Europa provenientes de los países de la región de África Occidental que utilizan la ruta que llega a Marruecos a través de la frontera de Argelia limítrofe con la ciudad marroquí de Oujda

Imagen 1

Imagen 2

Ilustración 5 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1a/Africa_map_regions-es.svg/300px-Africa_map_regions-es.svg.png
Imagen 3Ilustración 6 http://ichef1.bbci.co.uk/news/ws/624/amz/worldservice/live/assets/images/2015/05/29/150529135948_4_africa_to_med_sp.gif

Marruecos supone para estos migrantes un punto de estancamiento. Para llegar a las ciudades de Ceuta y Melilla los migrantes provenientes de áfrica occidental intentan cruzar a través de los saltos de valla, escondidos en coches o a través del mar. También cruzan en embarcaciones desde el valle del Rif, zona norte de Marruecos, hacia las costas del sur de España. Existen por tanto mafias que ayudan a realizar estos viajes clandestinos; los precios para cruzar en barco a las costas de España están sobre los 2000 euros; cruzar escondido en un coche sobre los 5000 euros (según testimonios de los migrantes). Los saltos de valla, y la entrada por mar a Melilla o Ceuta, son la única opción para las personas que no pueden pagar estos precios; hay que tener en cuenta que llegar hasta Marruecos supone un enorme presupuesto, sobornando a los controles fronterizos entre países.

Las fronteras de Marruecos están fuertemente militarizadas, mediante las alambradas y una gran vigilancia policial. Existen graves violaciones de los derechos humanos en el trato que se les da a los migrantes. En primer lugar el “rechazo en frontera” es una práctica amparada por la Ley de Seguridad Ciudadana creada por el gobierno español, y con el apoyo de Europa. Rechazo en frontera es un eufemismo para nombrar la devolución en caliente, es decir, si un migrante llega a saltar la valla y es interceptado por la Guardia Civil, existen unas puertas en la valla mediante la cuales estas personas son devueltas a las autoridades marroquíes. Se viola así los principios de ‘no devolución’ (devolver a ciudadanos a un país donde sus vidas corren peligro) y el derecho de asilo de toda persona (que los migrantes puedan pedir protección internacional antes de ser devueltos a Marruecos).

Por otro lado la policía marroquí, financiada por Frontex, agrede gravemente a los migrantes que intentan cruzar a Ceuta o Melilla, o que simplemente esperan en campamentos en zonas boscosas cercanas a la frontera en suelo marroquí. Estas agresiones llegan a causar la muerte a los migrantes, o les dejan graves heridas tales como piernas o costillas partidas. Como dije no se producen solo en los intentos de cruce, sino que además la policía marroquí quema los campamentos de migrantes en un bosque cercano a la frontera donde tienen sus asentamientos y los agrede.

El estado de las personas en tránsito provenientes de África Occidental en Marruecos es el de migrantes irregulares, los que les hace tener que esconderse de la policía y vivir en campamentos alejados de las ciudades. Durante 2014, tras la presión ejercida por algunas ONG´s, el gobierno de Marruecos abre un periodo de regularización “excepcional” de migrantes en situación administrativa irregular; eso sí, con unas exigencias difícilmente cumplibles por la población subsahariana. A este proceso de regularización se le puso fin repentinamente  en febrero de 2015, lo que fue seguido por el desalojo y una fuerte represión en los campamentos, expulsando a ciudades del sur de Marruecos a unos 1200 personas.

Teniendo esta información como contexto elijo viajar a Nador en Marruecos, frontera con Melilla, para poder contactar con estas comunidades migrantes. Conozco que los campamentos siguen existiendo en torno al Monte Gurugú, y que debido a la represión policial se han desplazado a otras caras del monte más alejadas de la frontera. He intentado contactar con asociaciones y ONG´s que trabajan en el terreno, son: la Diócesis de Tánger, con delegación en Nador, que presta ayuda humanitaria; y la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, sección Nador, que presta apoyo militante, es decir a través de abogados y por la defensa de los derechos humanos. La presencia de asociaciones es escasa en Nador, teniendo en cuenta que allí viven unos 2000 migrantes en unos 12 asentamientos; según me informan estas asociaciones. No tengo cita con estas personas hasta el lunes próximo, tampoco conozco la localización a los campamentos ni como llegar allí sin vehículo; así que decido simplemente caminar por la ciudad

Mi esperanza era encontrar alguna comunidad de personas de países de África Occidental que hubiesen conseguido regularizarse y viviesen  Nador. Pensé que era una buena idea indagar la posibilidad de que existiese un restaurante senegalés, o camerunés, por ejemplo. Camino por la ciudad, mis expectativas se van desvaneciendo ya que a simple vista la población de Nador parece muy homogénea. Tras unas horas caminando me encuentro, cerca de la estación de autobús, a un chico de piel negra vendiendo en la calle; le pregunto por lo del restaurante, la comunidad, en mi francés mal hablado, siento sin embargo que lo estoy violentando, le resulta extraña la pregunta. Me dice que no conoce nada parecido en Nador. Yo tampoco estoy segura de que mi modo de acercare sea adecuado. Sigo caminando. Tras dar algunas vueltas me siento en una plaza, pasa otro chico de piel negra, le pregunto por lo del restaurante, me dice que no sabe y que él es Marroquí. Empiezo a reflexionar seriamente sobre la preguntita, sobre mis propios prejuicios, sobre la simpleza de mis categorías de racialización, sobre la complejidad de la identidad que yo no he tenido en cuenta haciendo juicios solo a través del color de la piel. Sin embargo no se me ocurre nada mejor, aunque ya casi había pensado tirar la toalla. Pasa otra persona de piel negra, es un chico más o menos joven, le pregunto por el restaurante, la comunidad… me mira extrañado, se ve nervioso, mira además a todos lados. Dice que si hay africanos, pero que viven fuera, en un bosque. Que él ha venido a pedir dinero a algún turista, que necesita dinero para las medicinas de su hijo. Le digo que yo tengo medicinas (las había traído porque me las pidió una asociación) que se las puedo dar. Me dice que mejor nos vayamos de ahí “hay mucho policía y yo soy indocumentado, sígueme”, nos adentramos en un zoco de comida, por sus pasillos, él camina a dos metros delante de mí. Nos sentamos en un lugar donde sirven té.

El me ve como turista, yo soy para él una mujer blanca occidental que dedica su tiempo a gastar dinero en viajes. En este orden, primero soy mujer; es decir, alguien mezcla de persona y objeto; luego blanca occidental, es decir, me sobra el dinero. Me pregunta si estoy casada, creo conveniente decir que sí, aunque esto tenga un efecto moderado en su actitud hacia mí; luego insiste mucho en el dinero que necesita para las medicinas, lo cual es un llamamiento a mi supuesta sensibilidad hacia los derechos humanos y el sufrimiento de las personas, y mi posición económica. Para mí él es un hombre negro, inmigrante, pobre y mezcla de sujeto y objeto de una investigación. Ambos tenemos interés en conocernos. Es importante que esto quede claro en este texto, ya que antes de conocernos como dos tábulas rasas, están estas expectativas que han propiciado y modulado el encuentro entre nosotros. A través de la convivencia estás categorías se van matizando y enriqueciendo. También por el fuerte autocuestionamiento que este encuentro va provocando sobre mí, sobre cuál es mi posición.

Pedimos un té. Z me habla de sí. Es camerunés, vive en Marruecos desde hace dos años. Ahora en un bosque a quince horas caminando desde Nador. En el bosque viven también mujeres y niños. Tiene 26 años, el vino con su mujer y dos hijos, 7 años el más adulto, tiene además otro hijo que nació en el bosque. Estudió ingeniería civil en la Universidad de Duala, no pudo terminarla y además no encontró trabajo. Migró con su  familia, viajando en autobús, sobornando a los policías con dinero en las fronteras. Entra de Argelia a Marruecos por Oujda, se instala en el Gurugú. Intenta saltar la valla, me enseña una ceja partida, y me dice que tuvo que cortarse las rastas porque los policías siempre lo agarraban del pelo. Me habla de Europa, de los derechos humanos, pero en Marruecos dice, todo está muy mal. Me dice que en el Gurugú ya no se puede vivir desde hace un tiempo, que la presión policial es muy fuerte y que han tenido que mudarse a otro lado, más alejado de la frontera. Insiste en su temor hacia la policía de Marruecos, repite que ha caminado 15 horas por una carretera escondiéndose de los policías. Dice que si la policía lo ve lo apresa y lo envía a ciudades del sur de Marruecos, lejos de la frontera. Pese al peligro él viene a Nador, algunos turistas europeos que encuentra allí le ayudan. Las personas de Nador son racistas, me explica, no tiene más que algún par de conocidos con los que no intimida más allá del saludar. Él habla árabe, lo compruebo cuando saludad a alguna gente en la tetería del mercado. Me dice que no puede trabajar, no tiene modo de ganar dinero en Nador. Le digo que me espere y vuelvo del hostal con las medicinas y una tienda de campaña y un saco de dormir que había traído conmigo. Se lo doy, lo acepta. Me invita a ir con él al bosque para presentarme a otros amigos, acepto. Habla de la posibilidad de ir en bus y taxi.

Salimos del mercado y por las calles secundarias llegamos a una plaza donde hay personas vendiendo en el suelo, esperamos escondidos detrás de una palmera a un autobús urbano que nos lleva a X. Tardamos una media hora en autobús en llegar allí. En X me dice que tenemos que tomar un taxi colectivo para ir más cerca del bosque. Los taxistas lo conocen y saludan, hablan en inglés. Subimos al taxi, con otros cuatro viajeros más el conductor. Hacemos un recorrido largo por una carretera a los pies de una montaña muy verde.

En un momento del trayecto en el arcén de la carretera comienzan a verse más personas de piel negra. Dice algo al taxista, este detiene el vehículo, bajamos del coche. Tres chicos mas vienen a recibirnos, son sus amigos, también de Camerún. Me presentan. Caminamos por el arcén. Saludamos a una mujer, sentada allí, con un niño de apenas un año. Seguimos caminando, Z me dice que ahora vamos al “petit forest”, que el “grand forest” está más adentro de la montaña y que habría que caminar aún unas cuantas horas. Nos sentamos en el bosque a los pies de la montaña, se nos une más gente. Son amables conmigo, me preguntan si estoy casada y que si soy turista y hablamos de España. Viene R, un amigo de Z que habla español. Me dicen de ir a una cafetería a ver un partido de fútbol. Me parece una buena idea. Volvemos a la carretera, caminamos un poco y llegamos a una edificación aislada, con una piscina y un restaurante y detrás, no se ve desde la carretera, una especie de almacén al que entramos. Allí hay unas 40 personas más, me explican, el grupo con el que estoy, que los demás son de Senegal, Mali, Nigeria… y también viven en el bosque. Me invitan a un refresco, lo trae un camarero marroquí desde el restaurante. Me dicen que allí pasan mucho tiempo al día. No hablamos mucho, todos tienen mucho interés en el partido y yo me limito a observar, también me siento fuertemente desubicada. Hacemos varios brindis por España. Acaba el partido y me despido. Me acompañan a la carretera, me dicen que vuelva mañana, paran a un taxi y subo. Luego el bus. Durante el trayecto me cuestiono con intensidad que clase de “turista” soy.

Domingo 27 de Marzo: Nador.

Por la mañana despierto después de haber tenido una pesadilla. Quiero tomar el barco en el puerto pero cuando compruebo el horario el barco ya había salido. Desayuno. Decido que es buena idea volver a la cafetería. Me dispongo a ir allí en torno a las 15,00 de la tarde. Al tomar el taxi le pregunto al taxista que si me recuerda de ayer, porque yo no sabía cómo se llamaba el lugar, me dice que sí, me pregunta que si voy al “bosque de los negros”. Me deja en la carretera, de nuevo había muchas personas por el arcén. Bajo del taxi y llega Z a recibirme. Vamos con su grupo de amigos que estaban a un lado de la carretera y me dicen de ir a la cafetería, “aquí no podemos estar, es peligroso que la policía nos vea contigo”. Los sigo a la cafetería, es decir, al almacén detrás del restaurante, donde hay unas mesas y sillas de plástico. Hoy no hay partido aún, allí están más o menos el mismo número de personas que el día anterior, hoy mirando una película en el televisor, sin hablar entre ellos. Me siento en una mesa con las personas que conocí ayer, al parecer estoy con “los de Camerún”.

Tomamos un refresco. Hoy pude hablar mucho más con ellos. Z me hablo de sus hijos, del que seguía en el hospital, tenía la barriga hinchada y no podía comer, su mujer y otros hijos estaban allí. Le doy un número de teléfono e indicaciones de una asociación que le puede ayudar. Sin guarda sin mucho interés. Un chico de Senegal, de la mesa de al lado, me pregunta que de donde soy; de España, le digo. Comienza a hacerme muchas preguntas, su novia está en Barcelona. Él quiere saber donde puede trabajar en España en la agricultura, porque es agricultor. Otra persona de la mesa me habla de que han intentado saltar la valla a Melilla, me enseña una costilla rota y me dice que ya no le duele, pero que si le duele el hombro, también las piernas. Recuerdo que me había llamado la atención al verlo caminar. La policía marroquí había impedido que llegase a saltar, pegándole. Z me habla de la vida en el bosque, es muy dura “nadie nos ayuda allí, la policía nos quema los campamentos y tenemos que correr más adentro en el bosque cuando la policía viene”. R, el chico que habla español, me cuenta que va a cruzar a España en barco, lleva ahí cinco meses, antes vivía en Tanger. Está esperando el buen tiempo para cruzar. Hace poco tres amigos suyos que salieron desde el boque murieron en el mar. El tiempo aún no es bueno, el mar tiene muchas olas. “Es muy caro, hay que pagar a la policía de marruecos 2000 euros para que te dejen salir en el barco; algún amigo que se queda en tierra llama a salvamento en España para que nos recoja”. Por Libia es más barato, e cuenta R, 1000 euros. Libia está en guerra y hay más tráfico de personas por haber menos controles en las costas. Pero es mucho más inseguro, llenan los barcos más allá de su capacidad y no llevas chaleco salvavidas. Aún así muchas personas se han ido de Marruecos a Libia. R tiene dos amigos en Italia. Él espera el buen tiempo para cruzar, me repite muchas veces, España, ya sólo en dos meses.

Empiezo a notar su ansiedad. Miro alrededor, ahora la cafetería me recuerda a una sala de espera de algún puerto. Nadie habla, solo en la mesa en la que estoy. Me enseñan fotos, un amigo que está en París que salió del bosque. Otro amigo que está en Bélgica, también salió de allí, también lo consiguió. Brindamos “inshala España”. Alguien llama por teléfono, es la novia de uno de ellos que está en España. Me preguntan cosas de España, también conocen bastante, algunos más que otros. Me preguntan si la gente es racista allí. Hay un pequeño grupo de marroquíes cerca de la entrada que al parecer hablan sobre mí, según me informa R, cuestionan mi presencia allí, hablan en árabe con los cameruneses. R me dice que el camarero marroquí está sorprendido ¿Qué hace un blanco hablando con un negro? Vemos videos de música de Camerún. Han pasado algunas horas. Decido que es momento de volver.

  1. y R. me acompañan a la carretera. Conozco que la gente del bosque va a la carretera los fines de semana; los sábados y los domingos no hay una fuerte vigilancia policial, estás personas van allí y hay marroquíes que los ayudan con alimentos, ropa o dinero. Entre semana tienen que estar más escondidos. Mañana es lunes. Les digo que mañana lunes vuelvo a España por la noche, ahora estamos en contacto por internet. R me dice que en dos meses nos vemos en España. Me despido. Subo a un taxi. Vuelvo al hostal.

Bibliografía de referencia:

Informes recientes sobre la frontera marroquí con CEUTAY MELILLA

-ALECMA, rapport Migration subsaharienne au Maroc. Observation dans les régions du Nord et Sud suite à la mise en place de la nouvelle politique migratoire au Maroc, 2015

-AMDH Nador, rapport annuel sur la situation des migrants à Nador, 2015

-Amnistía Internacional, Miedo y vallas. Los planteamientos de Europa para contener a las personas refugiadas. 2015

-APDHA, Derechos humanos en la frontera sur, 2015

-HRW, «Abus et expulsions: Les mauvais traitements infligés aux migrants d’Afrique subsaharienne au Maroc », 2014

-FIDH & GADEM « Maroc: entre rafles et régularisations, bilan d’une politique migratoire indécise », 2015

-Migreurop/GADEM, Gérer la frontière euro-africaine. Melilla, laboratoire de l’externalisation des frontières de l’UE au Maroc, 2015

-MSF, Violences, Vulnérabilité et Migration : Bloqués aux portes de l’Europe. Un rapport sur les migrants subsahariens en situation irrégulière au Maroc, 2014

Filmografía

-Les messagers, 2014, un film de Laetitia Tura y Helène Crouzillat

-The land between, 2014, un film de David Fedele

-Hope, 2015, un film de Boris Lojkine

-Melilla: Apagón de los Derechos Humanos, 2015, un video de la asociación Prodein

-Hasta que se abran las puertas, 2015, un reportaje de Conectando, Cordoba Internacional TV

Tarajal, desmontando la impunidad en la frontera sur, un documental coproducción Observatorio DESC et Metromuster.