Relatos y experiencias migratorias

El ‘otro’ retorno. Una breve propuesta sobre el retorno subjetivo

Por Lucía Ortiz Domínguez

luciaortizdom@gmail.com

 

Home is where you heart is. Esta pequeña pero poderosa frase la repetía Emmanuel  -joven retornado que vive en el Estado de México- en el trayecto a casa mientras veníamos de una comida que había organizado, fuera de la ciudad, uno de sus amigos también retornado de Estados Unidos[1]. La frase me cimbró pues se vinculaba con la historia de Emma una de las integrantes de la organización Dreamers moms- Tijuana, quien estaba por regresar a Estados Unidos con su familia después de doce años de castigo por haber entrado a la Unión Americana de manera indocumentada hace más de 15 años y a quien unos días antes había tenido la oportunidad de entrevistar[2].

Emma se casó en el año 2001 en Estados Unidos. En ese mismo año comenzó su proceso migratorio para tramitar su residencia, derecho que tenía por haberse casado con un ciudadano americano. Fue en 2006, cuando recién había nacido su tercer hijo, que recibió una notificación para presentarse en Ciudad Juárez para continuar sus trámites migratorios. Cuenta que ella y su familia viajaban felices de California a Juárez, pues por fin iban a poder moverse sin miedo, a lo largo de la Unión Americana. Sin embargo, estando en Ciudad Juárez, le dijeron que no podía volver más a casa con su esposo e hijos, que tenía que esperar 10 años para estar con ellos. La habían castigado por entrar sin documentos y permanecer 6 años en esta situación en dicho país.

La noticia no fue grata para la familia, pues la madre no iba a poder regresar por un buen tiempo a casa. Pasaron algunos meses para que Emma y su esposo se pudieran organizar, incluso Emma pensó en el divorcio como una opción. Al principio los niños se quedaron con la madre en México, pero la situación en este país también resultó difícil para ella y sus hijos pues les negaron el acceso a las vacunas y a las escuelas públicas por no contar con acta de nacimiento mexicana. Ahí fue cuando Emma se volvió activista “ […] a mi me daba mucha impotencia ver a los dos gobiernos dándonos la espalda. El gobierno de Estados Unidos le estaba dando la espalda a mi esposo e hijos y no les estaba importando a ellos. Y mi país también me estaba dando la espalda como ciudadana, no me querían atender a mis hijos, no me los querían aceptar en las escuelas” cometa Emma.

Emma activista

Emma en la frontera México- Estados Unidos con la camiseta de Dreamers Moms-Tijuana. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Fue en entonces que Emma y su esposo comenzaron a tomar decisiones importantes. Por un lado, resolvieron que ella se quedara con sus hijos hasta que cumplieran cinco años, después se los llevaría su esposo a California a vivir con él. Por el otro, decidieron que Emma se estableciera en Tijuana por la cercanía con la frontera. Así, conforme iban creciendo los niños, se iban separando de la madre, aunque los veía algunos fines de semana y durante las vacaciones.

Durante doce años y medio vivieron esta separación familiar. Emma añoraba y contaba el tiempo para regresar a casa con su familia, hizo todo lo que estaba en sus manos para que esto sucediera. “Cuando mis  hijos eran chiquitos siempre le pedían a Santa Claus de regalo de navidad a su mamá y ya después juguetes. Ahora les digo a mis hijos, ‘mira ahora si te va a dar de regalo Santa Claus a tu mamá’ […] los deseos cuando de verdad vienen del corazón se cumplen”, narra Emma.

A Emma le llegó el pasaporte con el permiso a entrar a Estados Unidos para reunirse con su familia el día 7 de diciembre de 2018. Al otro día cruzó la frontera. Por fin llegaría a casa. Por fin podía participar de las tareas cotidianas con sus hijos. Por fin podía mirar sus logros. Se encontraba nerviosa cuando le realicé la entrevista, porque sabía que tenía que readaptarse a las nuevas circunstancias después de haber pasado muchos años lejos de su hogar.

Emma y su familia

Emma con sus tres hijos y esposo (lado derecho) así como reporteros (lado izquierdo) que registraron su “bienvenida a casa”. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Así como la historia de Emma, existen otras tantas que he tenido la oportunidad de escuchar y que me han hecho reflexionar sobre cómo nombrar aquél movimiento migratorio que implica volver, no al lugar de nacimiento, sino al lugar donde está tu corazón, tu casa, tu familia. En lo estudios migratorios, si bien se reconoce que la migración es un proceso inacabado, que tiene muchas idas y vueltas, un retornado se define como aquella persona que regresa al lugar de origen, de nacimiento, después de haber tenido una experiencia de migrante internacional (Gandini, Lozano- Ascenico, Gaspar, 2016).

La historia de Emma, además de mostrar un proceso de separación familiar, ejemplifica que, regresar al lugar/país del que los migrantes son expulsados también es posible a través de un proceso de reunificación familiar, si el o la migrante contrae matrimonio con un(a) ciudadano(a) estadounidense, por ejemplo; y cuando se cumplen los años de castigo. Es decir, es posible regresar y además de manera documentada (aunque no necesariamente), al lugar al que los migrantes consideran “su hogar” pese a que no sea su país de nacimiento, sino aquél donde está la familia o el corazón, tal y como lo señala Emmanuel a través de la frase con la que abrí este texto.

A este tipo de retorno propongo llamarlo “retorno subjetivo” pues es un regreso que alude a la parte emocional y por lo tanto subjetiva de la pertenencia. Asimismo, si pensamos en aquellos migrantes mexicanos de la generación 1.5 que crecieron en Estados Unidos, que retornaron a México bajo distintas circunstancias, y que por motivos diversos han podido regresar a Estados Unidos estamos, según esta breve propuesta, hablando de migrantes que también experimentan un retorno subjetivo. Pues están regresando al país que consideran su casa.

Si bien, el “retorno subjetivo” es un concepto para reflexionar y por supuesto discutir, considero que la historia de Emma así como otras experiencias, nos invitan a darle una vuelta de tuerca al concepto de retorno y nos sugieren incorporarle el factor subjetivo a la categoría, e involucrar elementos como reunificación familiar, hogar, emociones, raíces, entre otros. Ello con el objeto de explicar estos regresos al lugar de emigración luego de una experiencia de retorno o deportación al país de origen.

Bibliografía

Gandini, F. L. A. (2016). El retorno en el nuevo escenario de la migración entre México y Estados Unidos. Secretaría de Gobernación.

[1] Esta platica la sostuvimos el 9 de diciembre de 2018 en el Estado de México

[2] Entrevista telefónica realizada el 4 de diciembre de 2018.

 

 

 

 

Anuncios

Haciendo memoria: un relato fronterizo.

Por Maritza Rodríguez G.

mrodriguezmep@colef.mx

Es sábado, el día que marca el calendario con el número 30 del mes de abril. Aparentemente hoy será un día normal; pero lo que está a punto de suceder evidencia todo lo contrario. Son las 10:30 de la mañana y la locación que enmarca el escenario es la colonia Playas de Tijuana, muy cerca del faro, lo que muchos llaman la esquina de Latinoamérica; ahí donde rebotan los sueños.

            Imponente a la vista, ahí está, un muro de acero galvanizado de color marrón de aproximadamente cinco metros de altura; ya afectado por la corrosión que provoca la humedad y la sal del mar, como si aquello que divide a México de Estados Unidos se tradujera en algo que no pertenece al ecosistema y que la naturaleza se aferra a mostrar.

            Fijando la vista hacia el norte, se ven algunas familias hablando a través del muro, unos allá y algunos otros acá, como si de un picnic –divido por unas rejas- se tratase. Mientras avanza la mañana, va aumentando la concurrencia en el lugar; ahora no solo se observan familias sino un montón de camarógrafos, fotógrafos, reporteros y unos algunos otros uniformados con playeras de color morado, que traen grabada una leyenda en el pecho que reza “Border Angels”.

            Se percibe en el ambiente una mezcla de emociones que emanan de los rostros de algunas personas que parecieran estar a punto de recibir el más grande regalo que pudiesen imaginar. A su vez se escuchan los obturadores de las cámaras profesionales y el bullicio que indica que se acerca un momento que merece la atención de todos los ojos que están presentes.

            Aquellos que forman parte de este escenario comienzan a interactuar; se ve como algunos reporteros –acompañados de sus respectivos camarógrafos- entrevistan a algunos de los que antes, ese mismo día, se encontraban conviviendo con sus familiares que estaban al otro lado.

            Resalta del muro una puerta que parece estar sellada y que no tiene manera de ser operada desde el lado mexicano; decorado su marco con escrituras hechas con pinturas de colores que plasman –en esencia- que el amor no tiene fronteras. Un pasillo de la anchura de una banqueta separa esta puerta de una jardinera que forma parte de la decoración de este espacio, se ve una cinta color amarillo que dice “precaución” donde claramente su objetivo es delimitar el área y restringir el acceso. Dentro de la jardinera se encuentran montados los trípodes que próximamente sostendrán las cámaras que capturaran un hecho histórico.

            Deben haber pasado dos horas ya, pues la atención de todos los presentes se enfoca en esa puerta.  En el lado mexicano se observan entre la concurrencia, agentes de la policía federal, algunas familias simulando una fila de espera que inicia en la puerta y un montón de personas amontonadas alrededor de la cinta amarilla. En el otro lado -asomándose por la reja- es visible un multitud de personas; niños, mujeres, hombres y miembros de la Patrulla Fronteriza (CBP: Customs and Border Patrol). Pronto se escucha una voz que sobresale gracias al uso de un micrófono:

            – “Bueno… ¿me pueden oír?”

            – ¡Si! – exclama el público presente de lado mexicano, luego esa misma voz pero     ahora en inglés dirigiéndose a aquellos presentes en el lado estadounidense:

            – Can everyone hear me? Good afternoon everybody, my name is Enrique Morones            from “Border Angels”…  “Ángeles de la Frontera” and we in Mexico celebrate Childrens Day, we want to welcome you all, les queremos dar la bienvenida a todos         ustedes hoy en el día del niño, nos da mucho gusto que nos estén acompañando. Yo          soy Enrique Morones, el director y fundador de Ángeles de la Frontera…

            Se escuchan aplausos y unas cuantas palabras más por lo que se asume que ha llegado a su final el preámbulo que da paso a aquello que todos esperan; eso que hacia diferente ese 30 de abril de 2016.

            Son nueve minutos después de las doce y se escucha como los agentes de la patrulla fronteriza quitan la barra que asegura la puerta desde el lado estadounidense, lentamente se revela lo que antes no era visible, pues la puerta, ha sido abierta. Al fondo se divisan unos cuantos, principalmente medios de comunicación y a tres agentes de la patrulla fronteriza, portando ese uniforme de color verde aceituna que les caracteriza.

            Es por tercera ocasión[1] que la asociación civil Border Angels[2] gestiona y logra que la Patrulla Fronteriza (CBP) abra la puerta de emergencia que forma parte del muro que divide a México de Estados Unidos, con el fin de permitir a seis familias[3] –que han sido separadas por la deportación- poder establecer contacto físico mediante un abrazo. Se le fueron asignados tres minutos a cada una de las familias que, entre llanto y lágrimas de felicidad pudieron volver a abrazarse después de años.

            Fueron la emotividad y sensibilidad que estuvieron presentes en el aire; contagiándose las lágrimas a los presentes. Sin embargo, había alguien en especial que captaba la atención; pues representaba algo un tanto irónico pero también una linda reflexión. Custodiando la puerta se encontraba una oficial de la Patrulla Fronteriza, quien hacia lo posible por mostrarse seria y rígida ante la situación. Es cuestión de minutos para percatarse de que tiene los ojos cristalizados, los mismos que demuestran que, lejos de representar a una de las autoridades que regula a la inmigración indocumentada, hay un ser humano sensible que sabe que ahí cabe la injusticia.

            El relato anterior pretende desvelar una pequeña parte de lo que conforma el problema de la separación familiar y la necesidad de evidenciar el problema social que representa.

[1] La primera fue en 2013 y la segunda en 2015.

[2] Borde Angels o Ángeles de la Frontera es una organización civil sin fines de lucro, que opera tanto en Estados Unidos como en México. Tiene como objetivo abogar por los derechos humanos, una reforma migratoria humana y la justicia social con un enfoque especial en asuntos relacionados de Estados Unidos y México. http://www.borderangels.org/about-us/

[3] Estas familias fueron elegidas después de haber pasado por un proceso de selección.