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CIEM PARTICIPA EN LA IX ESCUELA INTERNACIONAL DE LA RED IBEROAMERICANA DE POSGRADOS EN INFANCIA Y JUVENTUD (RED INJU)

Por Chantal Lucero Vargas

6 de julio de 2019

Evento:

IX Escuela Internacional de la Red Iberoamericana de Posgrados en Infancia y Juventus (RED INJU).

Lugar:

El Colegio de la Frontera Norte (COLEF) sede Tijuana. 

Día (s):

Del 17 al 21 de junio de 2019.

Instituciones Organizadoras:

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud (UManizales-CINDE), El Colegio de México (COLMEX), Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Soacial (CIESAS).

Instituciones participantes

FLACSO-Argentina, Universidad Nacional de San Juan, Universidad de Antoquia,  Universidad de Lanús, CINDE, IIJ-UNAM, COLSAN, COLSON, COLEF,  COLMEX, ECOSUR, CEANJ, PUC-SP, Universidad de Buenos Aires, Universidad de Manizales, Universidad Paulista-BrasilOEA, RED-INJU, CIESAS, entre otros.

En días pasados se llevó a cabo en las instalaciones de El Colegio de la Frontera Norte (COLEF) sede Tijuana la IX Escuela Internacional de la Red Iberoamericana de Posgrados en Infancia y Juventus (RED INJU). La escuela que tuvo lugar los días 17 al 21 de junio pasado, esta vez tuvo como temática: “Nuevas estrategias de movilidad de niñas, niños y jóvenes a través de la migración y desplazamiento en América Latina y el Caribe”. 

En esta oportunidad la IX Escuela Internacional RED INJU contó con Conferencia Magistrales impartidas por Ricardo Bucio Mujíca (SIPINNA), Carlos Javier Echarri Cánovas (CONAPO), Rodolfo Tuirán Gutiérrez (COLMEX), Silvia Borelli (PUCSP), Silvia Giorguli (COLMEX), así como con la participación de Agustín Escobar Latapí (CIESAS).

El estudio de las infancias y juventudes fueron el eje rector en donde se pudieron apreciar líneas temáticas en torno a conflictos, violencias, memorias y ciudadanía; políticas y Estados; movimientos sociales y territoriales; procesos educativos; actores e instituciones educativas; socialización política y construcción de subjetividades, así como contextos, prácticas políticas y políticas públicas. 

 Dentro de estas temáticas nuestra compañera de CIEM, Chantal Lucero (COLEF) , participó en el Panel de “Estudios sobre niñez y juventud en América Latina: Perspectivas situadas”dirigido por Liliana Rivera (COLMEX), en donde también participaron Amanda Vargas Prieto, Marcela Alejandra Parra, Dolman Rubio y Mario Hernán López Becerra,  en calidad de estudiantes del Posdoctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud por la Universidad Católica de San Paulo, Universidad de Manizales, CINDE, COLEF y CLACSO.

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De otras fronteras: Brexit y la negociación Reino Unido – Unión Europea sobre la frontera de Irlanda

Por Valeria Giannuzzi

Londres, Abril 2019

vgiannuzzidcs@colef.mx

Escribir sobre Brexit en estos días presupone el riesgo que los eventos sobrepasen las palabras, y que todos los razonamientos e intentos de aclaraciones se queden atrás. 

Como se ha visto, la fecha del 29 de marzo 2019, indicada en pasado como la última y definitiva para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ha sido otra vez postergada.

En el mes de abril 2019 la primera ministra Theresa May pidió a los líderes europeos la enésima extensión para la actuación del artículo 50, indicando primero la fecha del 12 de abril, y otra vez la del 30 de junio. El Parlamento europeo votó y aprobó la extensión concediendo hasta el 31 de octubre, aunque ahora la cuestión se hace cada vez más delicada, ya que se acercan las elecciones europeas, a las cuales ya no queda claro si el Reino Unido participará o menos. 

Las elecciones son previstas para el 26 de mayo 2019, y la presencia de los parlamentarios ingleses puede cambiar profundamente los equilibrios, incluso algunos tienen la esperanza de que votando para los partidos a favor de la Unión Europea, se logre un nuevo referéndum. El gobierno inglés puede organizar las elecciones generales antes de esta fecha y así salir de la Unión Europea, aunque esta solución parece bastante difícil de obtener ya que en más de dos años y medio, nunca se llegó a un acuerdo, ni al interior del gobierno inglés, y tampoco con los líderes europeos de los demás 27 Estados Miembros.

Hay numerosos factores que impiden un “divorcio” sencillo, y aunque el Reino Unido siempre tuvo una posición peculiar en comparación a los demás Estados Miembros, salir por completo de la Unión Europea implica negociar acerca de los temas más diversos, desde los reglamentos sobre alimentos, a la protección de datos, hasta por supuesto, el movimiento tanto de bienes como de personas.

Uno de los temas más complejos de resolver y que con razón se encuentra al centro de los negociados, es el de la frontera entre Irlanda y Norte de Irlanda, visto por varios analistas políticos como la “clave” capaz de desbloquear esta situación de escaño.

Mapa Reino Unido e Irlanda [Irlanda del Norte en verde oscuro]

Fuente: Wikimedia Commons

La República de Irlanda colinda con Irlanda del Norte por una extensión de 499 km: esta sería la única frontera terrestre que separaría el Reino Unido de la Unión Europea.

Al momento ambos países, formando parte de la UE, responden a las mismas leyes de aduana y por lo tanto no necesitan de controles particulares. La frontera entre los dos países es considerada “suave”, no hay muros ni controles fronterizos y se puede pasar de un país al otro sin casi darse cuenta. Tal condición parece similar a los demás países de la Unión Europea una vez introducida la convención de Schengen, sin embargo hay una historia de guerra y conflicto muy reciente en este espacio, y se teme la alteración de un equilibrio muy precario.

La paz fue ratificada en el acuerdo de Viernes Santo de 1998, y ponía fin al conflicto entre los unionistas de Irlanda del Norte, protestantes y a favor de preservar los lazos con el Reino Unido, y los republicanos irlandeses, católicos y partidarios de la integración de la provincia en la República de Irlanda (McKittrick & McVea, 2001). El conflicto duraba desde 1968 y causó la muerte de unas 3,500 personas hasta 1998. 

De acuerdo con Kevin O’Rourke (2019), entre los puntos del acuerdo, se ratificaba la posibilidad para Irlanda del Norte de juntarse en cualquier momento a la República de Irlanda si así lo quisiera, y que todas las personas nacidas en Irlanda del Norte tienen derecho a ambas ciudadanías, irlandesa y británica.  El Acuerdo del Viernes Santo es visto como un triunfo de negociaciones pacíficas. Queda claro, sin embargo, como tales pactos se hayan tomado con relativa facilidad en relación a estos temas, ya que ambos países formaban parte de la Unión Europea. Tanto el Reino Unido como la República de Irlanda rechazaron la idea de reconstituir una frontera “dura”, con controles fronterizos y aduaneros, ya que el riesgo de reavivar una división es algo que nadie desea.

Pero una vez que el Reino Unido salga de la Unión, ¿cómo se puede lograr el mantenimiento del equilibrio? Con el fin de preservar la paz en esta región, una de las propuestas es que en caso de Brexit “duro”, o sea sin acuerdo, se quede algo denominado “backstop”, o sea una “red de seguridad”. En pocas palabras, con el fin de mantener la frontera tal como es ahora, la propuesta es de mantener al Reino Unido bajo la misma unión aduanera hasta que no se alcance un acuerdo conjunto. 

Los unionistas y los conservadores son los más críticos hacia esta propuesta, ya que una de las promesas principales del Brexit sería justamente la de una mayor independencia comercial del Reino Unido que, de esta manera, no tendría. La propuesta de la UE, de acuerdo con Ventura (El Economista en línea, 14 de noviembre de 2018) es que Irlanda del Norte permanezca indefinidamente dentro de las normas de la Unión Europea, de manera que la frontera se movería del interior de Irlanda al estrecho entre la isla y la de Gran Bretaña. Esta solución tampoco convence, ya que introducir una nueva frontera para salvar a otra parece injusto, y crearía profundas divisiones al interior del país, forzado a poner leyes y barreras para liberarse de la membresía europea. A la fecha, no hay todavía una solución que aparezca satisfactoria para ambas partes y que justifique el divorcioen términos económicos, políticos y sociales.

Frontera irlandesa en Lenamore Road 

Fuente: Wikimedia Commons

Contando además la cuestión migratoria, la frontera irlandesa pondría nuevos problemas con relación a las ciudadanías, pertenencias, identidades y (ir)regularidades. De acuerdo con una declaración de 2016 de Philip Hogan (The Guardian en línea, 9 de mayo de 2016), ex ministro del gabinete irlandés, ya había una preocupación difundida entre los políticos irlandeses a que las ciudades fronterizas de la República irlandesa se convirtieran en “las nuevas Calais”, o sea que los migrantes utilizarían el derecho de libertad de movimiento dentro de la Unión Europea para poder luego entrar de manera irregular a Reino Unido a través de la Irlanda del Norte. 

Es evidente por lo tanto como esta frontera sea particularmente delicada y las cuestiones alrededor de ella radican más allá de las recientes configuraciones geopolíticas. Desde afuera se ha admirado a la Unión Europea como el ejemplo más exitoso de integración económica de la historia. Pero no se debe olvidar que las fronteras aún existen y aún juegan un rol importante. Si a otras latitudes de la misma Europa se asistió al éxito de la abolición de muros y divisiones, el reto del Reino Unido hoy es lo de entender cuáles son los confines importantes para su soberanía y cuál es el precio a pagar: en ningún caso será barato, ya que no es posible considerar a los factores económicos sin los políticos, históricos, sociales, y todas las consecuencias que llevaría una actitud superficial acerca de esta barrera que hoy es invisible y que presupone la presencia de muchas otras para poder existir.

Bibliografía

McKittrick, David; McVea, David (2001). Making Sense of the Troubles, Penguin Books Ltd.

O’Rourke, Kevin (2019) A short History of Brexit. From Bentry to Backstop, Pelican Books

Páginas web consultadas:

–       https://www.eleconomista.es/internacional/noticias/9519188/11/18/Por-que-la-frontera-de-Irlanda-es-el-mayor-escollo-para-el-acuerdo-del-Brexit.html

–       https://fullfact.org/europe/eu-referendum-and-irish-border/

–       https://www.lettera43.it/it/articoli/mondo/2019/04/14/regno-unito-elezioni-europee-2019/231214/

–       https://www.publico.es/internacional/brexit-clave-brexit-frontera-irlanda.html

–       https://www.theguardian.com/politics/2016/may/09/brexit-irish-border-new-calais-eu-commissioner-phil-hogan

El Programa 3×1 para Migrantes entre “avales” y recortes al comienzo de la “Cuarta transformación”

Por Valentina Cappelletti

valentina.cappelletti2@gmail.com

1ro de Marzo de 2019

Los dirigentes y los miembros de las organizaciones de mexicanos residentes en Estados Unidos brincaron de la silla cuando echaron un ojo al primer Presupuesto de Egresos de la Federación elaborado por la administración de Andrés Manuel López Obrador recién instalada[1]. El fondo destinado al exitoso Programa 3×1 para Migrantes[2], por primera vez desde el año 2002, cuando esta política se extendió a escala nacional, sufría un recorte del 98%. Esta medida dejaba el Programa agonizante con un presupuesto de poco superior a los 9 millones de pesos.

Las primeras presiones a los diputados federales procedieron de los titulares de las Secretarías de Migrantes de Zacatecas, Guerrero y Michoacán, que viajaron a toda prisa a la Ciudad de México, y de los dirigentes de las mayores Federaciones de clubes de migrantes, que se reunieron para expresar su disconformidad desde California. En sus video mensajes se declaraban favorables a una reforma del Programa, pero en contra de un recorte tan drástico que, por un lado, deslegitimaba su larga trayectoria de participación en el desarrollo de sus comunidades de origen y, por el otro lado, disonaba con el flujo de remesas familiares recibidas por México para el 2018, que en el mes de mayo alcanzó su máximo histórico. 

El sector migrante no fue el único en levantar su queja y fue respaldado por las autoridades políticas, especialmente por los gobernadores de las entidades que más absorben el presupuesto federal del 3×1, in primisZacatecas. Fue ahí, de hecho, donde arrancó desde 1986 un proceso de institucionalización que paulatinamente convirtió las prácticas filantrópicas de los grupos de migrantes radicados en Estados Unidos para la “mejoría” de sus ranchos zacatecanos de origen, en Programa 3×1 para Migrantes, es decir, en una política pública federal a cargo de la SEDESOL, ahora Secretaría del Bienestar, para el “combate a la pobreza”. En Zacateca los presidentes municipales del estado se unieron en una rueda de prensa para protestar. Hasta el obispo de la diócesis de la capital expresó a la prensa local su descontento, porque el recorte afectaba la iglesia católica y la posibilidad para los ausentes de seguir apoyando la construcción y la restauración de los templos de la entidad.

La voz de todos estos sectores y actores interesados en un aumento del presupuesto del 3×1 no logró más que una ampliación de 200.000.000 de pesos determinada por la Cámara de Diputados, la que finalmente bajó el recorte a un 53%. 

Pero con qué propósito el ejecutivo federal decidió lanzar lo que podríamos identificar como un llamado de atención a todos estos actores? Y ¿qué sigue a este recorte? Para especular sobre tales interrogativos empezamos con considerar qué Programa 3×1 fue entregado a la nueva administración. 

Una política pública exitosa 

Desde la década de 1990 y hasta la actualidad el 3×1 ha capturado el interés de académicos, de autoridades políticas, de organismos internacionales y no gubernamentales del desarrollo que han convertido el Programa en un terreno de evaluaciones, de experimentación, de investigaciones desde diferentes disciplinas y acercamientos metodológicos.

Como quien escribe, investigadores e investigadoras han llegado desde lejos al estado de Zacatecas, transformado en un verdadero laboratorio de estudio de la remesa colectiva institucionalizada, para explorar la que podía representar una evidencia de la posibilidad del nexo entre migración y desarrollo y de una suerte de triple winderivada mágicamente del proceso migratorio entre México y Estados Unidos.

Efectivamente, para que el 3×1 funcione se deben de presentar un conjunto de condiciones relativamente improbables. Para empezar, los proyectos son el resultado de una colaboración que ocurre entre gobiernos generalmente diferentes en cuanto a orientación política. En adjunta, las obras sociales son el fruto de la voluntad de grupos organizados de individuos desplazados a otro país en búsqueda de las oportunidades que los gobiernos de sus regiones de origen no pudieron brindarles. Aún así, una vez alcanzado un mínimo de bienestar con el trabajo en el “Norte”, tales grupos deciden encargarse del desarrollo de sus lugares de nacimiento, del cual aquellos mismos gobiernos deberían hacerse responsables. 

Lo anterior nos habla de una cooperación producida casi por arte de magia, de una magia que no se ha repetido en otros países expulsores de migrantes y receptores de remesas como Somalia, Filipinas o El Salvador entre otros, donde se intentó replicar el mismo esquema de financiación sin obtener un producto que, como en el caso mexicano, perdurara en el tiempo, generara miles de proyectos de desarrollo social y activara un proceso de aprendizaje institucional para todos los participantes. 

Estos elementos bastan para entender por qué el discurso oficial que se ha ido construyendo alrededor del 3×1 es un discurso romántico, que celebra el Programa como un esquema de cooperación financiera exitosa surgida por iniciativa de la “sociedad civil organizada en el otro lado”. 

A pesar de este éxito, constantemente respaldado por número de proyectos o por la cobertura del Programa (número de personas y municipios beneficiados), o por un presupuesto federal, que entre 2012 y 2018 ha mantenido una media de 478 millones de pesos, no es oro todo lo que brilla. Durante una entrevista en el año 2010, un funcionario encargado del 3×1 en una secretaría del gobierno del estado de Zacatecas me dijo:

“Olvidándonos de todas las cosas, yo veo el éxito del Programa en todo lo que se ha hecho, cuando usted ve que hay más de 1,900 obras y acciones ya en las comunidades, este es el mayor éxito que se puede tener, haya llegado cómo haya llegado el recurso” (Entrevista a S.Q., 02/07/2010, Zacatecas)

Pero ¿a qué se refería exactamente con “haya llegado cómo haya llegado el recurso”? ¿qué se esconde detrás de este éxito?

Cuando las políticas bajan en el campo

La etnografía multisituada que siguió la “vida social” del 3×1 en Zacatecas y que llevé a cabo en periodos diferentes entre 2010 y 2018, vislumbra que a lado de un modelo clásico de aplicación del Programa, por el cual el club de migrantes decide la obra a realizar, la “población objetivo” y recauda el dinero para participar en la financiación del 25% del proyecto, había ido difundiéndose rápidamente otro modelo de aplicación, al cual todos los actores participantes referían con la denominación de “aval”. 

En el caso de Zacatecas, según considerado por algunos dirigentes de federaciones de clubes zacatecanos y por funcionarios de la dependencias estatales involucradas en el Programa, el 60-70% de los proyectos por cada ejercicio fiscal se concretan por “aval”. Sin embargo, la difusión y el aumento de este modelo de aplicación interesa también las otras entidades que participan en el Programa. El “aval”, en la práctica, infringe los principios básicos en los cuales se fundamenta el 3×1 sin dejar ninguna evidencia en la huella burocrática del Programa. Resulta de un acuerdo entre actores que se desarrolla en el backstage, antes de que la solicitud de un proyecto se introduzca en la maquinaria del 3×1. En la actualidad, una de las formas de “aval” más difundida es aquella promovida por la figura del presidente municipal, aunque éste a menudo reciba el respaldo desde el gobierno del estado sobre todo si de la misma orientación política. 

Bajo este modelo:

  1. no son los migrantes sino el presidente municipal que elige la comunidad beneficiada las obras que se solicitan con el Programa. 
  2. Es el mismo presidente municipal que, aparte su cuota, aporta el dinero del club y utiliza de manera instrumental las organizaciones de oriundos, existentes o por él formalizadas, solamente para poner las firmas en las solicitudes de las obras, es decir, como una especie de prestanombres. 
  3. Mientras en el caso de los proyectos gestionados y promovidos por un club de migrantes se detecta una mayor posibilidad de que la obra se realice por administración directa y se empleen maestros albañiles y la mano de obra de la comunidad recetora de la intervención, en el caso de los “avales” las obras se suelen ejecutar por contratista. Mejor dicho, se favorecen a los contratistas que en algún momento financiaron el alcalde en el poder. 

Un primer corolario de esta conducta es que los proyectos realizados por contratistas tiendan a distinguirse por una menor calidad con respecto a cuando el club se encarga de la gestión y de la micro gestión y la comunidad de realización de la obra. Un segundo corolario es que los proyectos que se dan por “aval” no necesariamente responden a un enfoque de anti-pobreza, aunque a menudo coincidan con obras de infraestructura básica, ni se concentran en las comunidades rurales con mayor nivel de emigración y marginación. Por el contrario, estos proyectos tienden a concentrarse en las comunidades y en las cabeceras más pobladas, demostrando obedecer más bien a una lógica de captura de votos. 

Si bien, los niveles superiores de gobierno tiendan a imputar de la expansión y la persistencia de esta práctica a la política “sucia” y baja de los niveles municipales de la administración, la firma de los “avales” ha seguido sin mayores obstáculos bajo el tácito consentimiento de todas las instituciones que participan en el 3×1.

Efectivamente el “aval” es hijo del proceso de descentralización de los recursos federales y de fortalecimiento municipal que se ha dado de la mano con el proceso de institucionalización del mismo 3×1. Asimismo, el “aval” deriva de la percepción de escasez de estas participaciones federales, sobre todo para la realización de infraestructura básica, que interesa a los presidentes municipales bajo la actual coyuntura social, económica y política. El “aval”, en cierto sentido, es un producto de estos tiempos y representa la apropiación de una política pública por parte de las lógicas del poder local.

Para empezar, las regiones receptoras de los proyectos del 3×1 son ruralidades en proceso de “desagrarización”[3], que se están convirtiendo en espacios residenciales, donde los habitantes reclaman a sus gobiernos intervenciones de infraestructura urbana más que para el campo. En estas regiones, paralelamente a la devaluación de la tierra y a la perdida de importancia de los encargados de su gestión, como los comisarios ejidales, se asiste a la emergencia de otros recursos colectivamente valorados, especialmente la obra pública con todos los capitales y actores que ella moviliza, como los empresarios de la construcción, los contratistas. 

Por otra parte, se trata de regiones políticas bajo un régimen multipartidista y de competencia electoral, que identifica justamente el municipio como un espacio de contienda. Así, el Programa 3×1 y el recurso a los “avales” adquieren una grande importancia para la reproducción del poder de los partidos en estos contextos submunicipales y sobre todo para los alcaldes. La sobrevivencia política de estos últimos, en el juego de la competencia entre un número siempre mayor de partidos, depende de su capacidad de conseguir recursos extraordinarios, como aquellos procedentes de la diáspora o de los contratistas, y de repartir estratégicamente el escaso presupuesto municipal en la localidades bajo su jurisdicción. 

Todos estos factores empujan hacia la afirmación de una “política del aval”, es decir una lucha por el poder político que se sirve también de la compra-venta de formas de clubes de migrantes necesarias para acceder a los recursos del 3×1 con la finalidad de administrar el consenso electoral mediante la realización de proyectos. Tales proyectos se concentraran en los lugares electoralmente rentables, más que en los más pobres.

Por su parte, en el seno de las organizaciones de migrantes emergen grupos críticos del “aval”. Ellos lo consideran como una “desvirtuación” del 3×1 y como el símbolo de la corrosión del poder y de la perdida de autonomía de estas organizaciones frente al Estado de origen. Sin embargo, otros clubes y federaciones participan en la “política del aval”. De hecho, muchas veces la firma en las solicitudes de las obras deseadas por el alcalde suele ser recompensada con bienes valorados como proyectos productivos o empleos en los ayuntamientos para los familiares de los dirigentes de los clubes que no migraron o que se regresaron a México. 

También esta participación debe de ser enmarcada en procesos que interesan a estas organizaciones y que a veces amenazan su sobrevivencia, como el escaso involucramiento de la segunda generación, la generación post-IRCA[4], o la recesión del 2008, que afectó la economía de muchos de los integrantes. Por lo tanto, la demanda de obras de la ciudadanía y de la política local llega a rebasar el poder de adquisición de los clubes de migrantes residentes en Estados Unidos. En este sentido, la firma de “avales” y la afiliación en las federaciones de clubes creados por los presidentes municipales para avalar sus obras constituyen una estrategia para la reproducción económica, social y política de estas organizaciones y de sus dirigentes, aún más en la época actual, cuando el foco de la intervención del sector gubernamental y no gubernamental se ha ido desplazando hacia las “nuevas” migraciones desde Centroamérica. 

¿Recorte seguido por reforma o recorte sin reforma?

En el Programa 3×1 entregado a la nueva administración federal cohabitan varias contradicciones. Por un lado, muchos clubes siguen dedicando tiempo y recursos para concretar su visión de desarrollo y bienestar en sus comunidades de origen, luchando con la “política del aval”. Por otro lado, se trata de un programa que, sin dejar de considerarse exitoso, se encuentra cooptado por la lógica electoral en la repartición de su presupuesto y atravesado por prácticas de compra de voto y relaciones clientelares, que no aplican un criterio de combate a la pobreza. A final de cuentas, el 3×1 se hubiera podido cancelar al igual que el Fondo de Atención a Migrantes (FAM), pero hubo interés en mantenerlo. Bajo la retorica de la “Cuarta transformación” y sus medidas de austeridad, este recorte alude a un cambio inminente del juego político que acompaña el despliegue del Programa, lo cual quizás anticiparía dos escenarios.

Como deseado por algunos grupos de migrantes organizados, se trataría de una estrategia para tomar tiempo antes de operar una reforma a las reglas de operación del Programa. En este sentido, todavía siguiendo esta retorica presidencial fundamentada en los discursos del combate a la corrupción y de la atención y desarrollo para el campo, nos esperaríamos la introducción de mecanismos que plasmen el 3×1 hacia tal dirección y quizás limiten la práctica del “aval”. 

Por ejemplo, se podrían fortalecer los mecanismos de transparencia; aquellos que permitan una participación mayor y más efectiva en el control social de las obras por parte de la población objetivo; o aquellos para reducir los desvíos de recursos que acompañan la gestión y micro gestión de los proyectos. Se podrían introducir sanciones para la figura del contratista, que no está considerada en las reglas de operación del Programa, cuando no cumpla con la calidad de la obra o cuando ésta se deje inconclusa; o sanciones para quien a nivel municipal realiza los expedientes técnicos elaborando presupuestos de obras excesivamente inflados. Manuel López Obrador en su discurso durante la ceremonia de entrega del Bastón del Mando, del 1ro de Diciembre de 2018 entre el humo del copal declaró:

Se harán las obras […]. Estos caminos se van a construir con trabajadores de las mismas comunidades para lograr un efecto multiplicador. […] se van a hacer de concreto y con revolvedora, para que se de mucho empleo. Además, los caminos de concreto duran más que esos caminos que hacen, bueno, que hacían los contratistas asociados con autoridades corruptas, que nada más pintaban las carreteras y así las inauguraban y al poco tiempo con la lluvia volvían a hacer estos caminos de terracería. ¡Esto se acabó!”. 

La coherencia con este discurso podría implicar el recupero de un modelo PRONASOL en la aplicación del 3×1, por lo menos para las obras de infraestructura básica, que son la mayoría, con la introducción de reglas que faciliten el empleo de los habitantes y de los maestros albañiles de las comunidades rurales e indígenas beneficiadas. Una vez reformado se podrá aumentar o menos el presupuesto.

Pero también podemos esperarnos el mantenimiento de un presupuesto bajo sin aplicar una reforma, para lograr un mayor control de su repartición desde la Ciudad de México, lo cual daría pié para pensar en la aplicación de un nuevo centralismo orientado a aflojar los gobiernos locales (estatales y municipales). Este recorte efectivamente está debilitando los gobiernos y obstaculizandola reproducción al poder de las administraciones estatales, pero no cualquiera, sino aquellas de las entidades donde más se invierte el recurso federal del 3×1: Zacatecas, Guerrero, Guanajuato, Michoacán, Durango, San Luis Potosí, Sinaloa, Hidalgo entre otros. Cabe mencionar que la mayoría de ellas se encuentran dirigidas por el PRI y el PAN por lo menos por los próximos dos años, cuando su electorado expresará de nuevo su preferencia a las urnas.


[1]Muchas reflexiones expuestas en esta nota derivan del material recolectado durante la investigación de Maestría y Doctorado desarrolladas entre 2010 y 2018 en Zacatecas y California. Para profundizar varios temas aquí tratados se vea: Cappelletti, Valentina (2018). “De la política para el desarrollo a la “política del aval”: el Programa 3×1 para Migrantes en la ruralidad zacatecana”. Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales. El Colegio de la Frontera Norte, A.C. México. 278 pp.

[2]El 3×1 es un programa del gobierno federal que apoya las iniciativas de los migrantes organizados para realizar proyectos que contribuyan al desarrollo de sus localidades de origen, mediante la aportación financiera de los tres órdenes de gobierno: federal, estatal y municipal, así como de organizaciones de migrantes en el extranjero.

[3]Para el concepto de “ruralidad desagrarizada” se vea Torres-Mazuera, Gabriela, 2012, La ruralidad urbanizada en el centro de México. Reflexiones sobre la reconfiguración del espacio rural en un contexto neoliberal, México, UNAM,Universidad Iberoamericana. 

[4]Es la Immigration Reform and Control Act (IRCA) de 1986. Esta ley aumenta las medidas de los Estados Unidos para obstaculizar la inmigración a través de reglamentaciones fronterizas reforzadas y sanciones para los empleadores que contratan extranjeros ilegales. La ley también ofreció a ciertos extranjeros ilegales elegibles la posibilidad de solicitar el estado de residente temporal. Más de 3 millones de personas regularizaron su estatus migratorio.

La mochila de la Patria y los objetos de la migración venezolana

Por Gabriela Pinillos Quintero

30 de enero de 2019

El objetivo de este texto es plantear una reflexión hacia lo que yo llamaría la resignificación de los objetos de la migración venezolana frente al pronunciamiento de un patriotismo desde los programas y políticas del gobierno bolivariano de Venezuela. Una observación que se realiza a partir de la consecuencia no esperada de las acciones de dicho gobierno, particularmente de los programas sociales y asistenciales, sobre la población con el propósito de promover los sentimientos asociados al patriotismo para fortalecer un tipo de gobierno que a la fecha ha sido fallido por múltiples razones y causas de orden interno, pero también acompañadas de bloqueos y boicots comerciales internacionales. En este caso, la reflexión surge de la observación de un objeto específico presente en el trayecto migratorio que realizan las y los venezolanos a pie a lo largo de la carretera que desde La Parada (Villa del Rosario, Colombia) conduce hasta Bogotá (Colombia). Se trata de “la Mochila de la Patria”, la cual es parte de un programa social oficial consistente en la entrega de mochilas y útiles escolares a niños y niñas y jóvenes de los liceos y escuelas públicas a lo largo de todo el territorio venezolano. 

Hablar de patriotismo, nacionalismo y Estado es un tema sumamente complejo que requiere de la elaboración analítica y una indagación muy extensa y profunda del origen de los términos, sus raíces etimológicas y la evolución del significado que adquieren en la actualidad cada uno de estos términos. En esta entrada al blog de la Comunidad Interdisciplinario de Estudios Migratorios no tendré oportunidad de realizar este ejercicio analítico ni tampoco es mi pretensión parecer especialista en el tema. Sin embargo, retomaré algunos conceptos básicos para poder desarrollar la idea del texto.

Patria, Nación y Estado, son conceptos que se encuentran interrelacionados, pero que se confunden en los discursos populares e incluso en los discursos académicos. A cada uno de estos conceptos corresponden una serie de símbolos creados para darles significado. La Nación, por ejemplo, señala el lugar donde un individuo ha nacido (Bandieri, 2007: 22), la nación es la expresión de un nosotros que se presenta bajo la forma de una comunidad de sangre, una comunidad de suelo o una comunidad de ciudadanos (López, 2014: 99). Es una agrupación de seres humanos que habitan en un mismo territorio y que tienen un origen y unas lenguas comunes e intereses, una serie de vivencias históricas comunes y en donde hay una clara voluntad de constituirse en Nación. El Estado es la Nación soberana organizada políticamente, sobre un territorio determinado, con ordenación jurídica de conductas.

La patria, por otro lado, suscita unas relaciones afectivas. El concepto ha ido evolucionando a lo largo de la historia, como concepto se encuentra en el centro de múltiples debates y críticas desde diversos sectores políticos y académicos. Pero interesa aquí destacar, como lo plantea Vázquez (2003) “su capacidad superior para evocar el poder de la emoción y la pasión, por encima de la razón. Y, derivando de ello, su mayor poderío como motor de comportamientos humanos” (Vázquez, 2003: 55) 

“Este concepto de patria, que precede al moderno concepto de nación, pone el énfasis en un aspecto telúrico: el lazo primario de pertenencia al territorio de padres y antepasados. Una distinción conceptual entre nacionalismo y patriotismo puede resultar relativamente fácil en tanto la mayoría de estudios escinden la identidad cultural de la identidad política, y asocian a la primera con el nacionalismo y a la segunda con el patriotismo” (López, 2014: 100-114). Los gobiernos de los Estados acuden a fortalecer los sentimientos patrióticos dentro de su población para fortalecer su control y poder sobre la misma y sobre el territorio.

“En esta perspectiva “patriotismo” denota una forma específica de lealtad: aquella de ser miembro de un país o un Estado. Sin embargo, la lealtad no cubre por sí sola la gama de valores que se asocian al patriotismo, dado que este también contiene un sentido de identificación personal con, y preocupación por, la existencia y el bienestar de ese país o Estado” (Arlotti, 2016: 3-4). Los sentimientos asociados a la pertenencia a “la patria” asumen distintos objetos a lo largo de los siglos. Los llamados “símbolos patrios” son objetos creados con el objetivo de promover los sentimientos patrióticos en los individuos pertenecientes a la Nación. En Venezuela, el patriotismo, pensado como el sentimiento asociado a esa preocupación y sentimiento de bienestar hacia su país, podría decirse, ha logrado su propósito de manera más pronunciada que en otros lugares del mundo, quizás esta pueda ser una afirmación arriesgada, pero cuando se observan los propósitos de los gobiernos que han dirigido dicho país no es difícil observar la manera en que se profundiza en el establecimiento de elementos patrióticos y nacionalistas. La relación con los elementos y símbolos patrios como el himno nacional, la bandera, el escudo destaca en los discursos de los y las venezolanas. 

En los discursos y en algunas de las acciones observadas en el tránsito por Colombia de las personas que han migrado desde Venezuela a causa de la crisis económica y política de los últimos años, destacan los sentimientos asociados al abandono que se ha tenido que hacer del lugar en el que se quiere permanecer y la preocupación por los procesos de crisis y caos que vive el país. La idea del retorno acompañada de la esperanza de una recuperación de la economía y el bienestar de la Nación. 

La masiva migración venezolana actual, considerada como la cuarta ola, como ha sido documentado ya, es consecuencia de una crisis profunda del modelo económico y político implementado por el gobierno bolivariano de Venezuela que ya lleva casi 20 años en el poder, que fue iniciado por Hugo Chávez y actualmente encabezado por Nicolás Maduro. Esta oleada está conformada por población colombiana en retorno y población venezolana sin familiares en Colombia. Es importante resaltar que la crisis económica, como lo plantean distintos economistas (Rodríguez, 2018)[1], ha sido el resultado no solo de los desaciertos del actual modelo de gobierno, sino que responde a un histórico y extendido abuso de los recursos y de malos manejos de gobiernos anteriores. En ese sentido, la crisis de la economía venezolana se trata de un asunto profundamente estructural y la comprensión de la misma merece la atención a diferentes y complejas variables. Pero sin lugar a dudas, la diáspora venezolana actual, no es otra cosa que el estallido de un modelo económico insostenible y fallido acompañado de bloqueos y boicots comerciales.

El gobierno bolivariano de Venezuela, dentro de su modelo de gobierno, ha buscado promover de una manera asidua los “valores y sentimientos de la patria”, no en vano el eslogan de su gobierno “Independencia, Patria y Socialismo. Viviremos y venceremos hasta la victoria siempre”. Dentro de dicho sistema de gobierno se han ido implementando unos programas sociales denominados “Misiones”[2], los cuales están dirigidos a ofrecer servicios y derechos a las poblaciones en condiciones de pobreza y pobreza extrema en cuestiones de salud, educación, trabajo, alimentación, entre otras. Bajo esa misma lógica, el actual gobierno creó un programa denominado “la mochila de la patria”, que consiste en la entrega de una mochila con útiles escolares para niñas y niños y jóvenes de escuelas públicas a lo largo de todo el país. La mochila con los colores amarillo, azul y rojo, como muchos de los elementos y objetos que otorga el gobierno venezolano, representa, a su vez, un objeto del patriotismo venezolano. Esta mochila que se ha convertido en “el símbolo de la diáspora venezolana”, como lo mencionan algunos medios como BBC Mundo[3], parece ser una mancha tricolor que se esparce a lo largo del trayecto migratorio, un objeto que las y los migrantes han resignificado a partir de su experiencia en el éxodo de su país por la hiperinflación, la escases de medicamentos y recursos, el desempleo y los bajos salarios. 

Foto: BBC Mundo.

La migración venezolana actual representa un drama y un reto para el gobierno venezolano y también para los gobiernos de los países que constituyen el destino y el tránsito de esta fuerte oleada de migrantes. Parte de esta migración ha llamado la atención en su tránsito por Colombia, que ha sido ya documentado principalmente por medios de comunicación de prensa y televisión internacionales (El Tiempo, BBC, New York Times). Este trayecto comienza desde La Parada, el corregimiento de Villa del Rosario municipio fronterizo de Norte de Santander contiguo al Puente Internacional Simón Bolívar del lado colombiano, sin contar el trayecto recorrido al interior de Venezuela y antes de cruzar la frontera. Desde allí cientos de personas comienzan su éxodo caminando por toda la carretera que pasa por Cúcuta y municipios del departamento de Norte de Santander, Bucaramanga y municipios del departamento de Santander, Tunja y municipios de Boyacá, hasta Bogotá. Una carretera que implica un recorrido por distintas temperaturas y alturas sobre el nivel del mar, un camino en subida desde Cúcuta (440 msnm), pasando por el páramo de Berlín, donde quizá se está a la mitad del camino cuya altura comprende entre 2.800 y 4.290 metros sobre el nivel del mar, y finalmente hasta Bogotá (2600 msnm) (Algunas personas continúan su trayecto caminando hasta Perú y Ecuador). “Una marcha de 554 kilómetros de Cúcuta a la capital de Colombia, que implica enfrentar el ascenso a la Cordillera Oriental de los Andes colombianos”[4].

            La Parada[5], con una temperatura alrededor de los 31 grados centígrados, donde el aire es seco y lleno de polvo, el lugar donde cientos de personas diariamente se desplazan de un lado a otro del Puente Simón Bolívar en la frontera entre Colombia y Venezuela, aquel puente que anteriormente fue el paso de miles y miles de vehículos y personas que transitaban diariamente la que, yo diría, “ingenuamente” investigadores y medios locales llamaban “frontera más transitada de Latinoamérica” es ahora un puente peatonal internacional. Las vallas dispuestas a lo largo del puente ordenan el flujo del tránsito de quienes caminan en una dirección y en otra. En este escenario: la mochila. Los colores amarillo, azul y rojo, destacan en la dinámica del paisaje.

Foto: Gabriela Pinillos


Foto: Gabriela Pinillos

La mochila de la patria, está en todas partes, puesta en un árbol junto a un carro de perros calientes donde su dueña, una mujer venezolana, se dedica a venderlos. También en la carretera, en los buses, en los vendedores ambulantes fronterizos, en las personas que se dirigen a las empresas de transporte que ofrecen traslados “legales” y “no legales”[1]hasta Chile. 

Foto: Gabriela Pinillos
Foto: Gabriela Pinillos

[La mochila que se otorga a las niños y niñas de las escuelas en Venezuela, según cuentan algunas personas contactadas en la frontera, es usada por madres y padres o familiares de dichos niños y niñas como un recurso u objeto de la migración y el tránsito migratorio por Colombia y los demás países latinoamericanos hasta donde se realiza la gran caminata migratoria. Rodrigo contactado en el trayecto migratorio en la vía a Pamplona reafirma esta dinámica alrededor de la mochila. 

            Es así que, mientras de acuerdo con versiones de los medios, de un lado, la crisis venezolana ha afectado la el sistema educativo en tanto se ha agudizado la deserción escolar y el ausentismo. ““Los niños no van al colegio, no se inscribieron, niños que están en situación de calle porque sus padres salieron del país, niños que se quedaron al cargo de sus abuelos, que a su vez no pueden llevarlos al colegio. Tampoco cuentan con alimentación adecuada para poder ir a un centro de estudios; no tienen cómo tomar el transporte público porque tampoco hay” Manifestó Melva Paredes (diputada de la Asamblea Nacional)” (www.elvenezolanonews.com) 

Foto: Cortesía de (AP Foto/Ariana Cubillos)  http://elvenezolanonews.com

Por otro lado, el gobierno venezolano expresa que constantemente realiza campañas que difunde a través de sus medios con el propósito de fortalecer la educación y hacer frente al problema de deserción y ausentismo que existe en el país, así como a la crisis de las escuelas privadas que se han ido cerrando y como consecuencia de ello dejando a muchos niños y niñas sin cupos. 

            La mochila, en todo caso, se representa tanto como un símbolo de un sistema educativo fallido, así como un elemento de los procesos de resignificación que con la migración y, en particular, durante el tránsito migratorio los sujetos realizan de los objetos escogidos para dicho movimiento. Una resignificación de los símbolos vinculados con un tipo de patriotismo que ha querido impulsar el gobierno bolivariano de Venezuela para fortalecer su modelo político y preservarse en el poder. 

            Resulta sumamente paradójico y parece ser una puesta en escena de cómo los alcances del control del Estado sobre la población, en este caso, venezolana, se quedan limitados en el marco de sus propias fronteras. Los sentimientos de nación acompañan la migración de los individuos y los símbolos sirven como un testimonio o símbolo, en el caso venezolano, de la denuncia que se busca hacer de las fallas del gobierno. La mancha tricolor con estrellas se esparce por todo el continente dejando en evidencia la crisis del modelo y los límites del Estado. 

            En este ejercicio de observación y reflexión general sobre patriotismo, objetos y significados, es importante retormar lo planteado por Alonso Rey acerca de la importancia de “indagar en los objetos seleccionados como acompañamiento en el viaje migratorio, ya que ello permitirá dar cuenta de procesos culturales de apropiación y resignificación de los objetos, que van al unísono con procesos de identificación y construcción de la propia vivencia biográfica y migratoria por parte de las personas migrantes” (Alonso Rey, 2012: 36). Los objetos y su significado establecen también una diferenciación en las sociedades, así como lo plantea Elías (1994) y establecen criterios de identidad. Por ello detenerse a pensar en los objetos de la migración es importante en tanto y por cuanto esta observación de la interrelación entre objetos y sujetos puede arrojar múltiples elementos de análisis para comprender los efectos y el impacto en la transformación de la sociedad que promueven las distintas movilidades de la población. 

            En esta observación realizada intento poner este tema en discusión y proponer la realización de estudios vinculados con ello, ya que, en lo personal, este representa un tema de interés por el que seguiré indagando y profundizando en otros espacios.

Referencias electrónicas de consulta:

https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/como-es-el-paso-de-un-migrante-venezolano-hasta-colombia-223974

https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/como-es-el-paso-de-un-migrante-venezolano-hasta-colombia-223974

https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/madres-venezuela-cruzan-frontera-dar-luz-colombia-noticia-499243

https://www.bancomundial.org/es/events/2018/10/25/migracion-desde-venezuela-a-colombia

https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872

Referencias bibliográficas

Alonso Rey, Natalia, 2012, Las cosas de la maleta. Objetos y experiencia migratoria. Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 12, 36-56

Arlotti, Raul, 2016, Anales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

Bandieri, Luis María, Patria, nación, estado “et de quibusdam aliis”. Revista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas [en linea] 2007, 37 (Enero-Junio)

Elias, Norbert, 1994, La teoría del símbolo, Ediciones Península.

López, Liliana Maria, 2014, Figuraciones de la tierra natal: patria, nación, república. Co-herencia, 11, Julio-diciembre

Vázquez, Javier Feal, 2003, Los símbolos de la patria, Boletín de Información, ISSN 0213-6864, Nº. 281


[1]Francisco Rodríguez** 30 de octubre 2018, https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/guia-para-comprender-el-colapso-economico-de-venezuela-285096

[2]https://es.wikipedia.org/wiki/sistema_nacional_de_misiones

[3]https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/madres-venezuela-cruzan-frontera-dar-luz-colombia-noticia-499243

[4]José Ospina-valencia https://www.dw.com/es/el-p%C3%A1ramo-de-berl%C3%ADn-el-desaf%C3%ADo-para-los-venezolanos-migrantes-en-colombia/a-45435200

[5]La Parada es un corregimiento del municipio de Villa del Rosario en Norte de Santander, Colombia que se encuentra contiguo al Puente Internacional Simón bolívar que establece el límite entre Colombia y Venezuela. 

[6]Algunas personas que migran de Venezuela a Colombia lo hacen sin contar con los documentos de identidad necesarios para tal movimiento y existen algunas empresas de transporte terrestre que han sido denunciadas por trasladar a personas sin contar con los documentos oficiales. Por lo que se convierte en una acción ilegal.