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“Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”. Comentarios a la propuesta

 

Lorenia Urbalejo Castorena

lorenia.urbalejo@gmail.com

Los estudios sobre la migración como un tema “clásico” dentro de las ciencias sociales y las humanidades, en algunos momentos parecen detenerse, porque hay flujos que disminuyen, debido, entre otras razones, a que los migrantes deciden quedarse en los espacios de migración y eso modifica los patrones, o bien las personas se “incorporan” a las sociedades receptores, entre otra causas. Sin embargo, los movimientos espaciales, explicados así para ampliar la discusión sobre migración, según algunos académicas/os,  reviran  y presentan otras caras, las de los retornados forzadamente, los desplazados, los que van de paso. Así, como el proceso migratorio- expuesto ya en distintos estudios- no conlleva sólo una salida y una llegada, tampoco podemos suponer que la sociedad que recibe y expulsa no tendrá cambios donde se impliquen aspectos como los macroeconómicos o políticos, las sociedades precisamente son parte de las “grandes” decisiones del Estado, de las políticas de gubernamentalidad, y de las “decisiones” que desde lo personal y grupal se toman. De tal manera que, así como lxs investigadoras/os nos insertamos y damos cuenta de cambios y reconfiguraciones, sería poco posible pensar que nuestras herramientas de recolección de datos y análisis, y de la misma forma de nuestra participación en los comunidades donde desarrollamos nuestras investigaciones, no precisan de cambios, y de ninguna manera se  trata de apresurar metodologías novedosas, sino de dar cuenta que la llamada academia, algunas veces se ve rebasada en cuanto a propuestas de este tipo.

En consideración a lo dicho, refiero el seminario impartido por Ariel Mójica Madrigal, investigador y profesor del Colegio de Michoacán, con sede en Zamora, Mich., y quien pertenece al Observatorio Regional de las Migraciones de la misma institución. El doctor Mójica – quien tiene formación en historia y estudios rurales- presentó el pasado 13 de marzo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, el seminario, “Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico” ¿Qué podríamos encontrar de aportación aquí? ¿lo lúdico? él mismo investigador junto a algunas de las personas que asistieron dicen, hace décadas que se está trabajando desde esa perspectiva y refieren al teatro de lo lúdico;  la presentación entonces gira en una propuesta que permita un aporte “directo” a las comunidades, o incidir en éstas -si hay que apelar a las modas académicas-,  pero no desde las políticas públicas, eso es muy complicado menciona Ariel, nos rebasa, de tal forma que se centra en la inserción y reinserción de quienes regresan  a sus espacios de “origen”, considerando que ese regreso se da en una diversidad de condiciones.

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Antes de  empezar a cantar la lotería de la migración  (uno de los productos de su investigación) se refirió a datos duros sobre el retorno, desde lo investigado por Fernando Alanís, y refirió a que el regreso de migrantes no es algo que inició durante las gestiones del presidente estadounidenses Barack Obama, y continua con Trump, lo explica para la consideración de los registros que de manera emergente parecen hacer los “retornólogos”, para puntualizar que debieran tener sus reservas al decir que esto es novedad, y como crítica apunta que, en ocasiones llama más la inmediatez que la investigación donde se problematiza.

Saber de números, del cuántos vuelven, es preocupación de los gobiernos, y el reinsertarlos ¿de quién? ¿qué pasa con quienes no conocen en ocasiones sus no-lugares de origen? ¿quién se responsabiliza del ambiente de hostilidad y violencia de quienes vuelven a su México y a los cuales se les cataloga como personas peligrosas?. Dar la bienvenida de regreso debiera ir más allá del recibimiento en las puertas internacionales, por eso en el trabajo de Ariel Mójica junto a un equipo, se han realizado diagnósticos sobre salud emocional, en los cuales dieron cuenta de la importancia de trabajar en la reinserción, y vieron la trascendencia de que en el proceso se involucrara la comunidad, consideraron, comenta el investigador, que no podían hacerlo solos y tendrían que horizontalizar la ayuda, entre profesionales de la salud mental, estudiantes de educación y claro las personas insertas en la problemática.

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Además de la producción académica que se cuentan en artículos, libros, presentaciones y vínculos institucionales, ¿cuál ha sido el resultado en su contenido lúdico? Cuentos infantiles como el de Larry y sus amigos, ilustrado por Carla Torres y escrito por Nat Jaspar, donde se desarrolla una historia acerca de la migración y socialización intercultural, con el objetivo de que  niñas y niños lleguen a una comprensión de una de las realidades del migrar, estar lejos de la red familiar y relacionarte con personas distintas a ti. La lotería de la migración que es uno de los juegos más difundidos y que puede solicitarse al Observatorio (con algunas condiciones) se elaboró con categorías explicadas por los migrantes y gente de la comunidad, algunas de las imágenes corresponden a quienes asistieron a los talleres y además se incluyen datos que refieren a los números -por ejemplo sobre remesas- y se contienen preguntas con el objetivo de repensarnos en el entorno migrante, qué harías si uno de tus familiares… Las radionovelas y el migraRap son otros productos.

Ariel enfatiza al decir que se puede señalar que su metodología no es “algo nuevo”, sin embargo si hacemos una revisión de los trabajos académicos que abordan la migración ¿con cuántos proyectos como este nos encontraríamos? Cuántas veces hemos dado cuenta de que en la plaza de un pueblo haya alguien haciendo un  flashmob con un juego gigante de serpientes y escaleras en donde se refiere a la vida del espacio próximo y alguien reflexioné sobre el por qué de los tatuajes de aquéllos que han vuelto, los mismos con quienes se encuentran en dicha plaza.

Las aportaciones de esta apuesta que hasta al momento ha encontrado buenos resultados y difusión, son muchas, aporta en lo metodológico, en las posibilidades de lo analítico, a la investigación participante y acerca de la responsabilidad social que nos corresponde  (sobre la que poco se evalúa en los centros de investigación).  La invitación a conocer y seguir discutiendo el proyecto queda abierta.

Las referencias para del Observatorio Regional de las Migraciones y sus proyectos son las siguientes:

 

https://www.facebook.com/ObservatorioRegionaldelasMigraciones/

https://www.youtube.com/channel/UCvpcmEMzkiT4g8nxaTYmHPw

 

* Fotografías: “Seminario Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”, Tijuana, Baja California, 13 de marzo de 2018. Lorenia Urbalejo.

 

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Reconceptualizaciones migratorias a partir de una reflexión geográfica de las fronteras políticas de México

Por Jorge Morales Cardiel

jorgemcardiel@gmail.com

14 de Febrero de 2018

Cuando se habla de migraciones internacionales muy pocas veces se reflexiona sobre un punto clave, una de las mayores determinantes de los flujos y contraflujos que representan los masivos movimientos de seres humanos contemporáneos: las fronteras. Estas representan un verdadero punto neurálgico, determinando las relaciones geopolíticas entre las regiones y las naciones involucradas. Fuera de los desplazamientos internos, dentro de los territorios nacionales, las fronteras juegan un papel fundamental en el tratamiento político y semántico de las migraciones internacionales.

A tal efecto, las fronteras no solo enmarcan en el plano cognitivo, territorios, soberanías o nacionalidades, sino también en el plano sublime proyectan identidades, historias y realidades sociales que quedan grabadas en el imaginario colectivo de las mayorías a lo largo del tiempo, siendo en gran parte responsables de la organización social interna. Sin ser todos estos estadios estáticos -importante decirlo- por las tensiones que se dan constantemente en un mundo cada vez más globalizado y fragmentado. Para Emanuel Kant, una de las cualidades de lo sublime es que carecía de fronteras o como decía más recientemente Zygmunt Bauman, al afirmar que las fronteras sociales y culturales coinciden cada vez menos.

Otra de las complejidades que tienen las fronteras es que son aliadas de los sistemas económicos de acumulación capitalista en los espacios geográficos que circunscriben y de donde emergen. Ya que en ellos está presente y pretende seguir reproduciéndose exponencialmente hasta el final, el control de la división del trabajo, el intercambio de bienes y el flujo de capital mediante los acuerdos comerciales transnacionales. Que han evolucionado hasta exhibir una de las principales características de estos sistemas internacionales de las migraciones con sus imbricadas fronteras: la circulación de trabajadores, en donde la libertad de movimiento es la excepción y su restricción es la norma.[1]

Restricciones en donde las fronteras parecen ser esos guardianes que aparecen al inicio de la novela “El Proceso” de Franz Kafka. Que representan a la ley cuando un campesino solicita permiso para entrar en esa misma ley, contestándole el centinela que por ahora no podía dejarlo entrar. Después el hombre reflexiona volviendo a preguntar si más tarde lo dejaría entrar. “Tal vez, pero no por ahora” contesta el guardián. Argumentando después: “Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y solo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro”.

Lo cierto es que más allá de las marcadas divisiones políticas y económicas que las fronteras intentan imprimir en la actualidad con las crecientes restricciones legales que existen en tiempos de crisis capitalista, para proteger mediante los mismos nacionalismos anacrónicos a las elites beneficiadas de siempre, es que existe otra realidad bastante sugerente dentro de los territorios; podemos decir que así como hay fronteras externas, también existen fronteras internas, inclusive hasta fronteras invisibles, lo que nos lleva a entender estas divisiones fuera de los muros. Tenemos las prácticas xenofóbicas y clasicistas que se anteponen a diario ante el arribo de más población extranjera, en mi opinión aquí encontramos una de las barreras más difíciles de derribar en la actualidad, el guardián kafkiano más sutil pero también el más poderoso al fondo del salón.

No obstante el doble sentido de las fronteras, legal-restrictivo y sublime-emancipador, estas jueguen un papel cada vez más importante dentro de los sistemas migratorios supranacionales. Sin estas condicionantes no existiría la tensión social que conllevan a los acalorados debates políticos y académicos, que no son del todo perniciosos ya que nos ayudan a avanzar en la comprensión por lo menos semántica de esta realidad, para a repensar ciertas categorías de análisis dentro del vasto campo sociológico de las migraciones.

Por ejemplo, la desigual aplicación restrictiva ante el arribo de más población extranjera y su tratamiento, que nos hacen recapacitar que no todos los que llegan son precisamente “migrantes”. Esto a raíz de la proliferación de clasificaciones excluyentes que tienen como base sistemas métricos neoliberales de un mundo en constante y frenético desarrollo. Parámetros distintivos para las migraciones calificadas o altamente calificadas como para las migraciones labores o voluntarias y que repercute directamente a las nuevas migraciones forzadas.

Vale lo mismo afirmar que las clasificaciones migratorias consideradas como voluntarias e involuntarias permiten inducir a los Estados una regularización y organización de los ingresos y egresos de personas mediante una selección de migrantes “deseados” o “indeseados”. Estos últimos han llegado a ser considerados inclusive como ilegales por encontrarse al margen de los sistemas de la migración regulada y las migraciones legales como aquellas deseadas de acuerdo con los intereses nacionales por su frenética carrera por el talento[2]. Elevando esta categorización hacia la perspectiva de ser inferidas como migración calificada o altamente calificada, retomando una perspectiva clasista que trasciende el propio capital humano y su pertinencia en el desarrollo que puedan generar.

Inclusive esta clasificación de migrantes “calificados” puede ser considerada como una política migratoria clientelista y meritocrática, al responder a lealtades políticas y a la opinión pública local, así lo considera Shachar[3], debido a que se funda en una clasificación selectiva y que apuntan a que los sistemas políticos de la migración se caractericen por la competitividad. Una manera más de discriminar a las personas según sus capacidades educativas, según Tannock[4].

Pareciera que la criminalización y persecución de los contingentes de migrantes que no tienen la posibilidad de acceder a este sistema de clasificación y que se encuentran expuestas en cualquier momento a detenciones arbitrarias, deportaciones o retornos forzados son más bien estrategias de depuración del mercado laboral, por ser una mano de obra desechable y superflua, así lo expresó de forma clara Márquez Covarrubias[5]. Sobre todo de los mercados labores pertenecientes a las economía desarrolladas, aunque en los últimos años se han unido a esta depuración las economías de los países de tránsito, como el caso de México. Deportaciones, huelga a decirlo más allá de las fronteras nacionales.

En este punto vuelve a ser importante seguir partiendo de la comprensión de que la mayoría de las migraciones internacionales responden a la desigual distribución espacial del capital y del trabajo, por lo que las fronteras existen en este punto para marcar esa línea no tan delgada, -no como las que representan en las mapas- de desigualdad social, sin descartar que internamente se presentan estas mismas desigualdades, sobre todo en las grandes ciudades.

Para quienes ven los procesos y fenómenos sociales en términos de conflicto y no de equilibrio, las fronteras mexicanas son un buen parámetro para profundizar en este análisis semántico. Al comparar fronteras, de un país tan complejo como México, de entrada no parecer lógico constreñirse a una sola teoría sociológica de las migraciones ni tampoco subsumir el concepto de fronteras a la ya de por si escasa discusión teórica sobre este tema. Ni mucho menos reducirse al marco analítico asentado en una perspectiva que hasta ahora solo se ha sostenidos dentro del nacionalismo metodológico. Esto sucede cuando se contemplan a los países como las unidades de análisis y como los actores principales.

México, resulta un escenario idóneo para estudiar en específico este fenómeno en ambas fronteras. En el sur, en donde no solo se colinda con Guatemala y Belice sino con el Triángulo norte de Centroamérica completo: Honduras, El Salvador y Nicaragua, se tiene desde hace una década una situación verdaderamente alarmante de crisis humanitaria, teniendo por origen del problema, precisamente, la propia condición y manejo de la supuesta irregularidad de este sujeto migrante.

Una situación que también se puede aplicar hacia la otra crisis humanitaria en la frontera norte, con las crecientes reinserciones producto de las deportaciones de mexicanos en ambos polos geográficos de la frontera norte del país[6], de los otros connacionales mexicanos que se desplazan hacia la misma frontera norte para intentar cruzarla de forma irregular o no documentada varados en algún punto esperando el momento para realizar el paso.

Si ponemos atención, más allá de los hechos cotidianos de persecución y violencia hacia el migrante no documentado centroamericano o mexicano en cualquier frontera, bien puede ser que todos estos cambios nos indiquen la presencia de nuevos patrones migratorios impuestos por los distintos dispositivos políticos. Inherentemente se abre la puerta a la aparición de otra nueva tendencia y la imperiosa necesidad de una nueva política por parte del Estado mexicano: los solicitantes de asilo. Tanto para los reinsertados en México desde los Estados Unidos, como para los que de nueva cuenta reinciden una vez reinstalados en sus países de origen en Centroamérica que volverán a internarse en tránsito migratorio por México y para nuevos contingentes de migrantes internacionales como los haitianos varados en el noreste del país.

Ante esta realidad me parece que desde las fronteras el tratamiento y reconceptualización de la migración forzada es clave en este sentido. Se necesita algo que se adelante a la normatividad y práctica administrativa institucional. Todos estos desplazamientos internos terminarían dándoles un tratamiento imposible de extranjeros en su propio país a los inmigrantes desde las legislaciones existentes. De este modo, ya no podemos hablar de derechos de los desplazados, sino de beneficios concedidos por el Estado en cuestión que ofrece la protección de forma selectiva, como si únicamente se tratara de recibir los beneficios democráticos y de ciudadanía que recibe un refugiado por el Estado que otorgó el asilo. Es decir, el verdadero interés humanitario por la crisis de los migrantes en tránsito se desvirtúa, pues las categorías dentro del sistema global de protección a migrantes se quedan cortas ante la realidad actual. Volviendo a Bauman para concluir mencionaba que los contingentes de migrantes desplazados como proscritos productos de la globalización, son el epítome y la encarnación más plena del espíritu de frontera.

NOTAS:

[1] Arango, Joaquín (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. [Versión electrónica], Red internacional de migración y desarrollo. En, http://migracionydesarrollo.org/.

[2] Shachar, Ayalet (2006). The race for talent: highly skilled migrants and competitive immigration regimes. En, New York University law review, núm. 81. Universidad de Toronto.

[3] Ibidem

[4] Tannock, Stuart (2011). Points of perjuice: educatios-based discrimination in Canada’s inmigration system. En, antipode, vol. 43, núm. 4, pp. 1330-1356.

[5] Marquez, Humberto (2013). El redoble de la migración forzada: inseguridad, migración y destierro. Migración y desarrollo, Segundo semestre. Vol. 12, 159-175.

[6] La perniciosa e inhumana estrategia de deportación y de control fronteriza de la Border Patrol –“La migra”- al deportar a los migrantes de extremo a extremo en la frontera norte. Teniendo como efectos la modificación de la organización comunitaria local, reconfigurando el mismo tejido social y las dinámicas económicas de las ciudades fronterizas. Además de condenar a la trashumancia a miles de repatriados que tienen que recorrer cientos de kilómetros para regresar a sus lugares de origen o para volver a intentar cruzar la frontera por el mismo lugar por donde lo intentaron antes de ser capturados, exponiéndolos abiertamente al tráfico ilícito de migrantes por parte del crimen organizado. Con todo esto, paradójicamente se están convirtiendo en indocumentados en su propio país.

SOBRE EL AUTOR:

Jorge Morales Cardiel consiguió su Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, y su Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México. obtuvo un Máster en Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña, España y actualmente es estudiante de Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA. Sus líneas de investigación son: Migración indocumentada, migración en tránsito, políticas públicas hacia la migración, migración y desarrollo, Sociología de las migraciones. Entre sus principales publicaciones: “La enchilada light”. Revista de San Gregorio de Portoviejo Ecuador. Octava edición, junio-diciembre 2014, ISSN 1390-7247. “La inmigración indocumentada por países de tránsito, nuevo paradigma de los sistemas migratorios: el caso de México y Marruecos”. Revista Perspectivas Geográficas Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Vol. 21, num, 2, 2016. El control de fronteras a cambio de los derechos humanos. 2017. Editorial Académica Española. ISBN: 978-3-639-53516-7. “Migración y (sub) desarrollo: una aproximación teórico-estructuralista”. Revista Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Cuajimalpa, Ciudad de México. Núm. 4.

 

 

Mor-Méx: horticultura y migración laboral interna

Quetzalli Estrada Lima

[1]queiraya@yahoo.com.mx

En nuestro país, desde el siglo pasado, la migración que se ha experimentado ha estado articulada por factores de expulsión (Revolución mexicana -durante y como resultado de-, sequías muy agudas, crisis económica y social, violencia), y factores de atracción (demanda de mano de obra para actividades de los diferentes sectores), siendo mayoritariamente los lugares de destino, los que definen su carácter temporal, pero siempre, buscando la complementariedad de los ingresos familiares para la subsistencia del grupo doméstico (Sánchez y Lutz, 2010).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “productor de tomate”, Totolapan, Morelos, 2005

Particularmente, respecto a la crisis del campo, se ha vivido y haciendo frente de distintas maneras y con diferentes recursos por parte de los campesinos que responden a sus contextos regionales. Algunos de ellos, con acceso a tierras y recursos económicos, pudieron hacer frente a estas crisis cambiando sus formas, modos y tipos de cultivo, pero otro grupo de campesinos, pobres, comenzó un proceso migratorio que se ha venido reproduciendo, generación tras generación, buscando mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, esa búsqueda no ha sido precisamente exitosa. La migración jornalera es atraída a regiones agrícolas de cultivos de exportación, principalmente, y de cultivos que demandan fuerza de trabajo temporal (hortalizas, floricultura, vitivinícolas, frutas, etc.) que, con dinámicas particulares, se vinculan uno con otro, en distintas redes de flujos y circuitos migratorios complejos, formando redes y relaciones sociales, económicas y hasta políticas.

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Foto: Quetzalli Estrada, “Jornaleros migrantes. Grupo parental”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2005

En el centro del país, en la zona de los Altos de Morelos y municipios vecinos de estado de México, a mediados del siglo pasado se dieron algunas transformaciones que provocaron cambios que favorecieron la funcionalidad del espacio como nichos migratorios. Resulta difícil señalar la cronología de los primeros hechos, así como una implicación directa. Sin embargo, puedo mencionar que los cambios comenzaron del lado de Morelos y poco más tarde del de Estado de México (Estrada, 2009):

a) La producción de cultivos básicos fue desplazada en parte, por cultivos comerciales como frutas y hortalizas, que resultaban más rentables para el mercado interno. Esta producción ha dependido, desde un inicio, de pequeños productores, dueños o arrendatarios de parcelas atomizadas, que de manera individual no ocupan grandes contingentes de fuerza de trabajo, ni de forma continua, pero que sumados, han venido generando una demanda considerable.

b) Inicio de desplazamientos temporales y permanentes del campo a la ciudad (Cuautla, Cuernavaca, Distrito Federal). Estos desplazamientos movilizaron hombres solos, mujeres jóvenes solteras y hasta grupos familiares completos.

c) Relacionando los hechos anteriores, se dio un incremento de la demanda de mano de obra en los Altos de Morelos, que primeramente fue cubierta con trabajadores de la misma región (tanto de Morelos como del estado de México), pero al no poder solventar esa demanda, los productores tuvieron que desplazarse a la contratación de mano de obra indígena, que ya llegaba a la ciudad de Cuautla para la zafra.

d) Posteriormente, los pequeños productores comenzaron a canalizar esa mano de obra a sus propias comunidades, llegando a formar las condiciones adecuadas para que año con año, durante el temporal, los jornaleros agrícolas migrantes llegaran directamente a esta región y cubrieran las tareas correspondientes a la producción de hortalizas (jitomate, tomate, pepino, calabaza).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “Empaque de jitomate”, Tlalámac, México, 2006

Actualmente, los productores de la región poseen entre media y cinco hectáreas, muchas veces repartidas en pequeñas parcelas, y son apoyados por sus grupos domésticos. Asimismo, la mayoría de ellos está inserto en una dinámica de subsistencia que se apoya en la multiactividad y en la diversidad agrícola, que le ha permitido, bajo esquemas, técnicas y practicas productivas de organización familiar, transgeneracional, consolidar estrategias de reproducción del grupo doméstico y comunitarias, que van redefiniendo sus identidades y su existencia cultural campesina, en un contexto económico y político desigual (Guzmán, 2005). Por lo tanto, para la mayoría de estos productores la horticultura no es su única fuente de ingresos, pues echan mano de otras actividades tales como la siembra de flores, el comercio local de frutas y alimentos (dentro y fuera de la región), o insertándose en subempleos del sector terciario.

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Foto: Quetzalli Estrada “Familia jornalera”, Totolapan, Morelos, 2005

A diferencia de otras zonas hortícolas del país, en esta región, las tareas del cultivo de hortalizas, se hacen de forma manual, desde la siembra hasta el empaque, por lo tanto, el periodo de demanda de fuerza de trabajo va de junio a noviembre (etapa intensa, septiembre y octubre). Además, el trato patrón-jornalero, se da de manera directa, sin figuras de intermediarios.

Otra característica de este mercado de trabajo, es que de acuerdo con Sánchez (2004:5) “la masiva afluencia de trabajadores en la temporada alta, tiende a mantener una sobreoferta, la cual puede agudizarse o neutralizarse por el errático comportamiento de los precios de mercado [alentando o inhibiendo la realización de las cosechas]”.

Bajo este contexto podemos distinguir cuatro centros de contratación de jornaleros migrantes, tres del lado de Morelos, y uno del de estado de México, surgidos en diferentes momentos y con algunas características particulares:

1) Atlatlahucan, municipio homónimo

2) Totolapan, municipio homónimo

3) Achichipico, municipio de Yecapixtla

4) Colonia Guadalupe Hidalgo, municipio de Atlautla

La población jornalera migrante puede ser de varones solos (Atlatlahucan), familiar, grupo parental, grupo mixto y paisanos, por lo tanto se pueden encontrar hombres, mujeres, adultos, jóvenes y niños, trabajando las parcelas de esta región. Las condiciones laborales han venido definiéndose históricamente por la experiencia, de trato directo con el “patrón”, y el precio de la jornada laboral es variable y corresponde con el precio del cultivo en el mercado, oscilando en promedio entre los 80 y 100 pesos por jornada laboral (un día). Por lo tanto, el empleo durante la temporada no es estable, ni de todos los días, lo que provoca entradas y salidas constantes de los jornaleros migrantes. Generalmente no hay pago diferenciado entre hombres y mujeres, pero sí en cuanto a las labores que se realizan. El trabajo infantil, no está “bien visto” en la región, por lo que no se hace trato con los niños, ellos pueden ayudar o no en las labores por las cuales fue contratado el padre o la madre.

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Foto: Quetzalli Estrada Lima. “Dos generaciones de jornaleros”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2006

Las comunidades de origen de esta población son principalmente, indígenas nahuas, mixtecas y tlapanecas de la Montaña de Guerrero (Atlamajalcingo del monte, Acatepec, San Luis Acatlán, Tlapa de Comonfort, Tlacoachistlahuaca y Metlatónoc), y la Mixteca oaxaqueña (San Pedro y San Pablo Teposcolula, Juxtlahuaca, Putla Villa de Guerrero, San Pablo Tijaltepec y Chalcatongo de Hidalgo). Y se han identificado dos principales modalidades migratorias importantes:

  1. a) la pendular: migrantes que se mueven desde su lugar regular de residencia a algún otro (en Morelos o estado de México), y de regreso.
  2. b) la circular: aquellos que viajan siguiendo las cosechas de jitomate, en diferentes regiones agrícolas del país, resaltando destinos como los campos agrícolas de Sinaloa, Michoacán y Baja California.

La naturaleza de las empresas agrícolas, marcadas por su limitada escala y nivel económico, por un lado, y las condiciones precarias laborales, con bajas remuneraciones y alto rendimiento de los trabajadores, por otro, han sido clave para la consolidación de un mercado laboral que ha favorecido la migración indígena jornalera. Es así como el nicho migratorio Mor- Méx se articula a un circuito migratorio complejo, que se suma a una geografía de flujos al interior de nuestro país, marcado por la agricultura comercial  (interna e internacional), donde la articulación del empleo estacional forma parte de las estrategias de sobrevivencia de hogares que se han especializado como jornaleros agrícolas.

 


 

Referencias bibliográficas:

Estrada, Quetzalli (2008), “Migración y empleo en el sureste del estado de México”  en Dilemas de la migración en la sociedad posindustrial, Pablo Castro Domingo (coord.), Miguel Angel Porrúa/UAEM México/UAM, México, pp. 113-136

Estrada, Quetzalli (2009), “La expansión del mercado de trabajo morelense hacia tierras del sureste mexiquense y sus centros de contratación”, en Buscando la vida. Productores y jornaleros migrantes en Morelos, Kim Sánchez y Adriana Saldaña (Coords.), Plaza y Valdés Editores, pp. 61-86

Guzmán, Elsa (2005), Resistencia, permanencia y cambio. Estrategias campesinas de vida en el poniente de Morelos, Plaza y Valdés Editores-UAEM Morelos

Sánchez, Martha J. y Bruno Lutz Bachère (2010) “Introducción” en Balance y perspectivas del campo mexicano: a más de una década del TLCAN y del movimiento zapatista, Instituto de Investigaciones Sociales (UNAM)-Asociación Mexicana de Estudios Rurales, pp. 15-26

Sánchez, Kim (2004), “Los jornaleros agrícolas migrantes en los Altos de Morelos”, Avances de investigación, México, Facultad de Humanidades-UAEM-Morelos

[1] Estudió la licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Como estudiante participó en el Proyecto de creación de Bases de Datos en la Unidad de Estudios Etnográficos y Antropológicos de la Facultad de Humanidades de la UAEM.

Ha colaborado en la realización de DVD-Documentales sobre danzas, en los estados de Guerrero (2006) y Tabasco (2010-2011), con grabaciones de campo, levantamiento de imágenes de video y fotos fijas, así como en la investigación para el sustento de los mismos. Ha sido miembro de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales A. C. (AMER) y la Asociación Mexicana de Estudios del Trabajo A. C. (AMET). Fue Becaria del CONACYT a través del proyecto red “La constitución de territorios migratorios como espacios de articulación de migraciones nacionales e internacionales. Cuatro estudios de caso” bajo la dirección general de la Dra. Sara M. Lara Flores del IIS-UNAM. Ha publicado artículos relacionados con los temas sobre mercados de trabajo rural, centros de contratación y migración laboral (2008, 2009a, 2009b, 2010).

Ha sido ponente en diversos foros de Congresos sobre temas del campo mexicano, patrimonio cultural inmaterial y educación media superior. Ha cursado diplomados sobre Patrimonio Cultural Inmaterial (CRIM-UNAM, 2013), Competencias docentes en el nivel medio superior (UAEMéx., 2013-2014), Derechos humanos (UACM, 2015). Y desde el 2011, es docente de nivel medio superior en el estado de México.Imagen 7

 

Cuerpo y emoción: la experiencia en campo como investigadoras sociales

Por: Gabriela Pinillos

 

En mi entrada anterior al blog quise proponer una reflexión acerca de la importancia de discutir sobre los retos en campo que experimentamos las mujeres y escribir sobre las estrategias que se crean para superar las desventajas de género en esta materia.

Me interesa, en términos generales, el tema de las emociones y la corporalidad de las mujeres en la investigación y, particularmente, en esta nueva entrada mi objetivo es invitar a reflexionar sobre el tema de las estrategias de acercamiento que las mujeres investigadoras adoptamos en espacios principalmente dominados por hombres así como también sobre las estrategias de acercamiento con otras mujeres, y poner en consideración la denominada “objetividad epistemológica” que tanto se menciona en las aulas de clase y en donde se nos exige, para una investigación más exitosa, procurar la capacidad de tomar la distancia con el problema de estudio y verlo, en la medida de lo posible, como si nuestra presencia no irrumpiera en el espacio, de modo que la observación que hacemos pueda copiar la imagen más ajustada de la cotidianidad de las poblaciones que estudiamos.

En la experiencia en campo, como en la vida cotidiana, nos enfrentamos a una serie de circunstancias que nos confrontan, nos retan, nos desafían. ¿Qué hacemos con ello? ¿cómo nos enfrentamos a cada situación de esas? son cosas que no podemos saber hasta no vivirlas, esto no quiere decir que no podamos considerarlas previamente y crear-diseñar un plan estratégico para afrontar contingencias en campo. Pero ¿qué hacer con aquello que no podemos prever y que puede escaparse de cualquier plan previamente establecido?

Desde situaciones que podríamos llamar “límite” tales como experiencias de agresiones o violencia, hasta otras que pudiéramos considerar dentro de la normalidad, como el encuentro noble y considerado con la/el otra(o), nos exponen como investigadoras(es) a la expresión de sentimientos y emociones permanentemente. Experiencias de violencia, por un lado o de empatía, por otro: el enojo, el llanto, la ternura, el miedo están aunque no siempre presentes, sí se manifiestan latentes frente a lo inesperado, no es posible alejarnos totalmente de ellos. Sin duda, la forma en que estos sentimientos se manifiestan y cómo los manejamos depende de cada persona, y está sujeto, por supuesto, a la capacidad de cada individuo de manejar sus emociones. Por ello la riqueza de cada investigación también está en la experiencia de cada investigador y, en esa misma medida, los resultados siempre entregarán algo nuevo, aunque se trate de un tema “muy” explorado y aunque dos personas parezca que están interesados en el mismo problema de investigación. Pero esa riqueza será tal en la medida en que, al reconocer la importancia de plantearlo como un tema central en las ciencias sociales, la expresión de emociones y el manejo y las estrategias que se crean para asumirlas en cada inmersión en campo sea documentada y expuesta de manera abierta entre investigadores de todas las disciplinas.

En la experiencia que generan esas situaciones, y en específico, en mi experiencia en campo, he descubierto la importancia del cuerpo y la atención que se debe otorgar al mismo en el encuentro con el/la otro(a), el cuerpo para mí se convierte en un recurso. Planteo entonces que el reconocimiento de éste como una herramienta más de investigación y como un elemento que podemos explorar en la intervención en campo, debe ser necesario como una fuente de posibilidades en la definición de estrategias que nos permitan estar atentos a cómo nuestras emociones se representan y nos impactan en cada inmersión en campo.

En ese sentido, no solo es el cuerpo del otro el que observamos, sino es el propio cuerpo del investigador el que irrumpe en el espacio y lo trastoca invariablemente, razón por la cual debe ser también objeto de nuestra propia observación. El asunto entonces es que la consciencia de ello puede, entonces sí, permitirnos comprendernos a nosotros mismos con todas nuestras emociones, comprender al otro, comprender que en ese encuentro, en esa intervención que hacemos del espacio, nuestra corporalidad y nuestra emocionalidad impacta y es impactada en esa interacción, en lo que estamos observando, nuevamente, de manera personal y singular desde la experiencia de sujeto que investiga.

Los escritos sobre emociones están vinculados a las experiencias de las poblaciones que se estudian y que observamos en el trabajo de campo. Marina Ariza y otros autores vinculados a la Sociología de las Emociones escriben acerca de ello. La emocionalidad y la relación de ésta con la corporalidad son elementos indisolubles e indistintos de la experiencia en campo. Partimos de la idea de que la interacción y el acercamiento entre sujeto de investigación e investigador se encuentran atravesados por las emociones de cada uno las cuales son previas a dicha interacción y vienen dadas a partir del contexto en que cada quien se desenvuelve.

Es por ello que en el encuentro entre investigador y sujetos de estudio, ocurren un cúmulo de emociones y sensaciones que se producen y se combinan, se confrontan y se modifican. No son ajenas unas de otras. Quisiera entonces retomar dos ejemplos a partir de mi diario de campo para presentar lo que para mí ha significado el encuentro con diversos tipos de poblaciones y sujetos de estudio, y la forma en cómo he reconocido el papel no solo como estudiante-investigadora, sino como cuerpo que irrumpe en un espacio.

Resulta preciso fortalecer discusiones y debates en torno a cómo acercarse al campo, cómo el rol de quien investiga es puesto a prueba continuamente, sobre todo, por ejemplo, en el caso de las mujeres investigadoras que se aproximan a espacios dominados por hombres para estudiar las problemáticas que en torno a ellos ocurren, o cuando se trata mujeres que estudian poblaciones de mujeres y con las cuales puede ocurrir una suerte de efecto espejo. Esto particularmente en ciudades fronterizas, donde diferentes procesos y problemáticas sociales se traslapan, se conjuntan, se confunden y crean un escenario complejo donde queda atravesada la frontera geopolítica y, con ella, todas las fronteras simbólicas que se van creando en esa misma maraña de complejidades.

En mi reciente experiencia en campo, la alteridad y la emocionalidad han desafiado continuamente mi acercamiento y aproximación con mis sujetos de estudio. Por una parte, con algunos grupos de hombres migrantes en contextos de violencia, el miedo, el acoso, la objetivación del cuerpo, por poner algunos ejemplos, son elementos sobre los cuales he tenido que adoptar comportamientos que me han permitido resistir el tiempo de inmersión en campo, estrategias que van desde el vestuario, el uso de accesorios y objetos, la adopción de roles que mencionaré a continuación, que logren disuadir un poco la imagen que para ellos pueda representar la presencia de una mujer irrumpiendo en su espacio. Retomaré el caso de un espacio específico en la ciudad donde un grupo de hombres llega todos los días en busca de trabajo vinculado con los oficios de construcción.

En el año 2016 realicé una primera etapa de campo en el lugar, se trató de una exploración a través de observación directa, pláticas informales, y la búsqueda de rapport que pudiera apoyarme en el proceso. Luego, en el año 2017, primer semestre, en la segunda semana de inmersión de la segunda etapa de campo, donde mi tarea consistía ahora en realizar las entrevistas a profundidad con los sujetos del lugar, tuve que encontrarme con expresiones violentas, con formas de acoso. Era de mañana y mientras platicaba con Ramón, un sujeto que pasó muy cerca de nosotros grita: “dile que te gusta el pito“. Estaba muy agresivo y sentí miedo. Ramón tenía una pala de construcción en la mano, y me decía que la tenía para protegerse del otro hombre, era un arma de defensa. Luego, un rato después, en una conversación grupal, un sujeto se refiere a mí diciéndole a otro: “¿tú crees que es tonta? parece, pero no debe ser tanto cuando es capaz de estar aquí sola”. En esas y otras expresiones de los sujetos, comprendí una subjetivación sobre mí, sobre mi cuerpo, la observación que ellos hacían de mí, de mi corporalidad y de mi emocionalidad, una interpretación de quien yo era para ellos justo ahí en ese momento y en ese espacio.

Una mujer de origen colombiano, esa sola característica me podía poner frente a ellos en situaciones distintas, mientras para mí eso significaba la posibilidad de tener una empatía con ellos por ser o haber sido migrante, en realidad su percepción podría estar más asociada al imaginario que desde su experiencia, su socialización, su construcción tienen de Colombia y de las mujeres colombianas, esto por poner un ejemplo. Sus preguntas hacia mí siempre iban en la desconfianza y el escepticismo que podía generar la presencia de una mujer sola y joven en ese espacio constituido eminentemente por hombres.

Una de mis estrategias en este espacio fue usar ropa lo más grande posible, no ponerme maquillaje, no llevar aretes, ponerme un anillo que simulara que soy casada, esto ya lo había escuchado como recomendaciones de otras personas en sus experiencias en campo. Pienso que hasta cierto punto mi cuerpo les permitía no sentirse amenazados por mí. Las características del mismo y la forma en que yo lo reconocía y lo adoptaba, quizá les daba cierta seguridad al hablar conmigo. En la definición de mis estrategias entendí que debía estar siempre consciente de que era mi cuerpo el que irrumpía en el lugar, y que era yo debía adaptarme a el, resistir y soportar las condiciones de un lugar que estaba ordenado previamente, y que en esa conciencia yo debía el reconocimiento de las desigualdades de género, que nos exponen en cierta medida y que tenemos como mujeres que transgredir y enfrentar muchas veces para realizar nuestro trabajo, y poder encontrar en ello oportunidades y recursos como investigadoras sociales.

Ahora bien, por otra parte, del otro tema sobre el cual quería reflexionar, cuando se trata de mujeres que estudian poblaciones de mujeres, voy a retomar el ejemplo de mi acercamiento con mujeres migrantes, el efecto espejo del que hablo lo asocio a la empatía que surge, en muchos casos, durante los relatos de vida en donde se señala la experiencia vivida a partir de la ocurrencia de sucesos vitales como: el nacimiento de los hijos, la muerte, la separación, la migración misma. En la misma etapa de inmersión en campo realizada en el año 2017, me acerqué a un grupo de mujeres que tenían una organización para ayudar a otras mujeres que también se encontraran en situaciones difíciles a causa de su deportación desde Estados Unidos.

Con una de ellas, con quien al momento de conocernos hubo que darse un proceso de construcción de confianza que le permitiera a ella la posibilidad de contarme su historia a través de una entrevista, durante el relato de su historia, la narración que desarrolla sobre su experiencia como madre, el amor por los hijos y la separación con ellos, no podía dejar de resultarme, fundamentalmente, conmovedora, evidentemente pude y tuve que entender mi papel y asumir mi rol frente a ella. Pero resultó un momento de exigencia y de plena conciencia de los cuerpos y las emociones, tanto suyas como mías, una conciencia que demandó también la atención sobre mí misma.

Recuerdo que al terminar un periodo largo de entrevistas terminaba con un dolor muy fuerte en el cuello y la garganta, el médico me dijo que se trataba de un problema en la mordida que se podía deber entre otras a la tendencia a apretar los dientes de manera muy fuerte. Supe que ese dominio que había tenido que ejercer sobre mi cuerpo y sus expresiones en la interacción con la otra, en la escucha, en el silencio y en las pausas, me había generado una serie de sensaciones que requerían también de una estrategia fuera de campo: salir a correr, caminar, relajar, se volvía parte del ritual y de los pasos para terminar cada inmersión en campo. No siempre lo logré, porque luego también está la vida, aquí podemos retomar el planteamiento de Goffman (1989) nuestra actuación es siempre mejor que el conocimiento teórico que de ella tenemos”.

Identificar y reflexionar acerca de las emociones que genera esa interacción se convirtió en un mecanismo en la definición de mis estrategias para resolver los problemas epistemológicos: ¿cómo construir el conocimiento de la manera más clara posible y menos interrumpida por nuestras condiciones personales? ¿cómo considerar las consecuencias que esto tendrá en los resultados de investigación?. Identificar las emociones, reconocer nuestro cuerpo como elemento de intervención en campo, permitirá una mayor conciencia sobre el objeto que se estudia, sobre las comunidades que buscamos comprender y estudiar. El reconocimiento de las emociones y de la forma en que podía usar mi cuerpo de diferentes formas en cada población (como recurso en todos los casos, pero de diferentes formas dependiendo de la naturaleza del espacio, las poblaciones, el ambiente, etc), me permitió resolver el miedo de enfrentarme a ello, la fortaleza que puedo tener para pararme frente a cada sujeto y desenvolverme en cada espacio, con cuidado, con prudencia, con protocolos, pero también con honestidad, libertad y seguridad.

Quiero plantear esta discusión como una forma de invitar a una reflexión entre las y los jóvenes investigadoras(es) y a incluir en nuestros apartados metodológicos la reflexión o auto-reflexión de nuestra propia experiencia en campo, y así ir abonando a la construcción de literatura que se viene haciendo sobre herramientas y estrategias metodológicas y de acercamiento en campo. Pienso que reconocer el efecto que pueden tener estas interacciones permite si no la denominada “distancia epistemológica”, sí la conciencia del cuerpo como un instrumento en campo, y que esa consciencia sirva, a su vez, como elemento que permita superar los retos y obstáculos metodológicos que cada vez complejizan más la tarea de las y los investigadores por las mismas transformaciones y cambios acelerados que experimentamos en nuestras sociedades actualmente. Y, por último, creo que poner en la mesa estas experiencias, discutirlas de manera colectiva, nos puede ayudar a entendernos en nuestra labor de investigadoras y a tener consciencia, no sólo de los sujetos de estudio, sino de nosotras mismas.

H.R. 495 – LEY DE PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS 2017: ¿Protección de la niñez o solución al problema de la migración infantil irregular?

Por Chantal Lucero Vargas

 chantallucero@gmail.com

         En el año 2008, el Congreso de los Estados Unidos de América aprobó la Ley William Wilberforce de Reautorización para la Protección de las Víctimas de  Trata de Personas o lo que se conoce como William Wilberforce Trafficking Protection Reauthorization Act of 2008. Si bien esta ley se creó con la finalidad de implementar mecanismos en relación a la protección a las víctimas de trata, la misma tiene un apartado especial con el fin de mejorar los esfuerzos para combatir el tráfico de niños en la frontera y los puertos de entrada a los Estados Unidos, estableciéndose con ese objetivo la implementación de políticas y procedimientos para asegurar que los niños extranjeros no acompañados (UAC_) que llegaban a territorio norteamericano, fueran repatriados en forma segura a su país de origen o al país de su última residencia habitual.

         Esta ley tiene dos vertientes: la primera es en relación a los niños menores no acompañados provenientes de países contiguos a Estados Unidos (México y Canadá). Para estos niños no es necesario llevar a cabo un procedimiento formal de remoción (repatriación), esto es, cuando un menor extranjero es detenido, el oficial de inmigración deberá verificar primeramente: a) que el menor no haya sido víctima o que no haya pruebas de que será víctima de una forma grave de trata de personas; b) que el menor no tenga temor de regresar a su país de origen o al país de su última residencia habitual y; c) que el niño sea capaz de tomar la decisión de retirar la solicitud de admisión a territorio norteamericano. Si no se cumple ninguna de las anteriores hipótesis, el oficial de inmigración tiene la libertad de tomar la decisión de regresar al niño a su país de origen o al país de su última residencia habitual sin que medie ningún procedimiento formal de remoción de por medio. Para lo anterior, la misma ley estipula que la repatriación de estos menores se hará con base a acuerdos que se pactarán entre el Secretario de Estado de  los Estados Unidos y los gobiernos de México y Canadá, respectivamente.

         La segunda vertiente, por exclusión, es la que se lleva a cabo en relación a niños migrantes no acompañados provenientes de países no contiguos a Estados Unidos. Una vez que estos niños son detenidos en territorio norteamericano, se tiene un lapso de 48 horas para determinar si el mismo cumple con alguna de las características mencionadas anteriormente, si no cumpliera con la misma o no se pudiera hacer determinación alguna dentro de las 48 horas señaladas, el niño deberá ser transferido al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) para que se le inicie un procedimiento formal de remoción.

         Estados Unidos ha sido el país de destino por excelencia de todo aquel inmigrante irregular proveniente de  México y Centro América. En lo que respecta a la migración infantil irregular, la anterior ley da la pauta para hacer una distinción entre los niños migrantes no acompañados provenientes de algún país contiguo, en este caso México, y los provenientes de cualquier otro país como por ejemplo Honduras Guatemala y El Salvador. En este sentido, desde el año 2000 la migración infantil no acompañada proveniente de alguno de estos países y principalmente de México, iba en aumento. La Ley William Wilberforce de Reautorización para la Protección de las Víctimas de  Trata de Personas de 2008, si bien se creó para proteger a los menores de ser víctimas de trata, parecería que respondía mas bien al número elevado de menores migrantes no acompañados que se registraba en la región en ese momento y a la preocupación de que no se estuvieran analizando adecuadamente las razones por las que no se debería regresar a sus países de origen a estos menores no acompañados.

         Según cifras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), para el año fiscal 2008, año en que se aprobó la Ley de Reautorización para la Protección de Trata de Personas en comento, se detuvieron por parte de la Patrulla Fronteriza en la frontera entre Estados Unidos y México 8,041 menores migrantes que viajaban en calidad de no acompañados, la mayoría provenía de territorio mexicano (Kandel, 2016). En los años subsecuente esta cifra fue en aumento, sin embargo, estos menores migrantes ya no provenían en mayor medida de México, sino de Honduras, Guatemala y El Salvador. El año 2014, en particular, fue un parte aguas para esta migración ya que el entonces Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, decretó las 71,000 aprensiones realizadas por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos de menores migrantes no acompañados entre el primero de octubre de 2012 al 31 de mayo de 2014 como una emergencia humanitaria. (Notimex, 2014).

Chantal

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Departamento de Seguridad Nacional. Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, 2017.

         A partir de lo anterior, hubo una baja en las detenciones por parte de la Patrulla Fronteriza de niños migrantes no acompañados. Lo anterior en mayor medida se debe a las acciones tomadas para frenar la migración irregular, entre ellas el endurecimiento de la vigilancia de la Frontera Sur, tanto de Estados Unidos como de México, sin embargo, a pesar de la disminución de las cifras en relación a las detenciones de este grupo migratorio en específico, la migración infantil no acompañada seguía siendo una población que representaba un problema para Estados Unidos.

         El 20 de enero de 2017 el Republicano Donald Trump tomó posesión como el Presidente número 45 de los Estados Unidos de América. Su campaña estuvo marcada por un discurso anti-inmigrante y por estar en contra de las políticas de inmigración que prevalecían en ese entonces. Por lo anterior, no es de extrañarse que el Congresista Republicano por el Estado de Texas, Jhon R. Carter, el 12 de enero de 2017, esto es, 8 día antes de la toma de posesión del Presidente Trump, introdujera ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el proyecto de ley H.R. 495 o lo que se conoce como Protection of Children Act of 2017.

         Entre las reformas establecidas en este proyecto para ser aplicadas a cualquier niño no autorizado aprehendido en o después del 15 de junio de 2012 se encuentran:

         a). Eliminar los requerimientos especiales de repatriación para niños extranjeros no acompañados, esto es, si algún oficial de inmigración encuentra a un niño extranjero no acompañado inadmisible, este devolverá al niño a su país de nacionalidad o de su última residencia habitual. Actualmente esa autoridad es discrecional.

  1. b) Autorizar al Departamento de Estado para negociar acuerdos entre los Estados Unidos y otros países para la repatriación de niños. Actualmente el Departamento de Estado sólo está autorizado para negociar acuerdos con países contiguos (Canadá y México).
  2. c) Implementar nuevas reglas en relación a los niños extranjeros no acompañados que no sean víctimas de una forma grave de trata de personas y que no tenga temor de regresar a su país de nacionalidad o última residencia habitual pero que se encuentren en las siguientes hipótesis: 1). Si el niño extranjero no acompañado estuviera sometido a un procedimiento de expulsión, tendrá una audiencia ante un juez de inmigración dentro de 14 días y; 2) Si se encuentra en custodia federal, será transferido a la custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) dentro de 30 días.
  3. d) Los niños extranjeros no acompañados que se encuentren bajo custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) o del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tendrán acceso a asesoría legal sin costo para el gobierno de Estados Unidos.

         e)Antes de colocar a un niño extranjero no acompañado con un individuo, el Departamento de Salud y Servicios Humanos deberá de proporcionar al Departamento de Seguridad Nacional el nombre del individuo, número de Seguro Social, fecha de nacimiento, lugar de residencia y estado de inmigración, si se conoce. Por lo anterior, el Departamento de Seguridad Nacional investigará el estatus migratorio del individuo con quien se coloca al niño y iniciará los procedimientos de remoción si ese individuo está ilegalmente presente en los Estados Unidos.

         ¿Pero, qué es lo que verdaderamente busca la H.R. 495? ¿Son estas medidas necesarias para la protección de los niños extranjeros no acompañados detenidos en Estados Unidos? No se debe pasar por alto que este grupo en específico, el de los niños migrantes no acompañados, es un grupo sumamente vulnerable, no solamente al tráfico de personas sino a un sin fin de peligros durante todo su proceso migratorio. Las causas relacionadas a esta migración son de diversa índole sin embargo, entre las principales se encuentran las altas tazas de criminalidad (sobre todo en países como Honduras, Guatemala y El Salvador), el alto índice de pobreza, así como la presencia sostenida del crimen organizado y de pandillas (IFRC, 2016; UNICEF México, 2014; Amnistía Internacional, 2013). Lo anterior pone de manifiesto que la mayoría de estos niños migran al verse en la necesidad de salvar su vida ante la violencia sistematizada que presentan sus países de origen y la pobreza, muchas veces extrema, que se vive en los mismos.

         El Foro para la Inmigración Nacional (2017) ya se ha pronunciado respecto a esta propuesta de ley manifestando que, más que frenar el tráfico de personas, lo que busca es legalizar la repatriación expedita de menores extranjeros no acompañados que son incapaces de probar que han sido víctimas de tráfico de personas o tienen un temor fundado de regresar a sus países de origen. Bajo esta tesitura, esta propuesta de ley sólo los hace más vulnerable a los traficantes y criminales, lo anterior sin contar los efectos negativos provocados por una detención prolongada (LIRS et al., 2017).

         Si esta iniciativa de ley se llegara a aprobar en el Congreso, ya no habría diferencia entre niños extranjeros no acompañados provenientes de países contiguos y los provenientes de cualquier otro país, provocando con esto una restricción al acceso a un procedimiento formal de remoción para aquellos niños procedentes de algún país no contiguo a Estados Unidos,  en el cual el menor pudiera ser escuchado y fundamentar por qué su vida correría peligro si se le regresa a su país de origen. Lo anterior cobra especial relevancia para los niños no acompañados provenientes de alguno de los países del Triángulo del Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) donde la violencia y las pandillas, como ya se mencionó anteriormente, van en aumento.

         También, se ampliarían los tiempos de detención de estos menores migrantes no acompañados, lo anterior permitiría al Departamento de Seguridad Nacional retener a un menor hasta por 30 días. En relación a lo anterior, se ha demostrado que someter a un niño a un largo proceso de custodia tiene un impacto negativo en la salud física y mental del mismo, aunado a que estos niños, al momento de la detención, pueden presentar depresión, períodos de estrés, pérdida de apetito y trastornos relacionados con el sueño (NIF, 2017).

         Otra de las consecuencias de esta ley sería que los menores extranjeros no acompañados que se encuentren bajo custodia del gobierno de los Estados Unidos, si bien pueden tener acceso a una representación legal, la misma ya no sería responsabilidad del Departamento de Salud y Servicios Humanos, como ha venido siendo hasta ahora. Si bien el niño tiene el derecho de una representación legal el Estado ya no tendría la obligación de brindársela, pudiendo dejar con ello en un total estado de indefensión a estos niños migrantes no acompañados.

         Por último y no menos grave es la responsabilidad de informar al Departamento de Seguridad Nacional la información referente al estatus migratorio de la persona que tendrá la custodia del menor mientras se regula su situación migratoria, si esta persona tuviera un estatus migratorio irregular, se procederá de inmediato el procedimiento para su deportación. Una de las consecuencias de lo anterior sería la restricción al principio de  reunificación familiar debido a que muchos padres o familiares del menor, derivado de su irregularidad migratoria, preferirían que éste quedara en custodia de un extraño por el temor ha ser deportados.

         Actualmente esta propuesta de ley se encuentra en su etapa inicial, sin embargo la misma no es un hecho aislado. A esta se suma la también propuesta de ley H.R. 391 conocida como Asylum Reform and Border Protection Act of 2015 la cual, entre otras cosas, prohíbe a los menores extranjeros no acompañados solicitar asilo si los mismos pueden ser enviados a un tercer país, así como también  la cancelación por parte del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos del Programa de Menores Centroamericanos (CAM). Dicho programa cancelado tan solo el 16 de agosto pasado, permitía establecerse en el país a menores de El Salvador, Guatemala y Honduras que venían huyendo de la violencia, incluso podían acogerse a este programa niños a los que incluso se les había negado la condición de refugiados. Este Programa tuvo sus orígenes en el año 2014 bajo la administración del entonces  presidente Barack Obama en respuesta a decenas de miles de menores no acompañados y de familias de Centroamérica que cruzaron la frontera entre EEUU y México. Con la suspensión del CAM, los más de 2, 700 niños que esperaban una aprobación, la mayoría provenientes de El Salvador, tendrán que ser regresados a sus países de origen (Rosenberg, 2017).

         La migración infantil, principalmente la no acompañada, es un fenómeno que va en aumento. En esta tesitura, las actuales propuestas de leyes bajo la administración del Presidente Donald Trump en relación a la niñez migrante no acompañada, no hacen mas que acrecentar la vulnerabilidad de los mismos y restringir sus derechos, poniendo en una incertidumbre el futuro de estos niños una vez que llegan a territorio norteamericano. Las anteriores circunstancias, como bien lo señala Kandel (2017) plantean desafiantes cuestiones de política que pueden poner en duda qué se hace bajo la premisa de “el interés superior del niño” contra lo que es permisible bajo la Ley de Inmigración de Estados Unidos y otras leyes relativas a la materia

 

REFERENCIAS

         Amnistía Internacional (2013). Migrantes en México: Viajes Invisibles. consultable en:  https://www.amnesty.org/es/latest/news/2013/10/migrants-mexico-invisible-journeys/

         Congreso de los Estados Unidos de América. H.R. 495 – Protection of Children Act of 2017. Consultable en: https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/495

         Congreso de los Estados Unidos de América. H.R. 391 – Asylum Reform and Border Protection Act of 2015. Consultable en: https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/391

         Departamento de Estado de los Estados Unidos. William Wilberforce Trafficking Protection Reauthorization Act of 2008. Consultable en: https://www.state.gov/j/tip/laws/113178.htm

         Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (2014). UNICEF por los Derechos de la Niñez Migrante. Consultable en: http://www.unicef.org/mexico/spanish/proteccion_12170.htm

         International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (2016). Smart practices that enhance resilience of migrants. Consultable en: http://www.ifrc.org/Global/Publications/migration/Smart-practices-summary-report_EN.pdf

         Kandel, William A. (2016). A resurgence of a Unaccompanied Alien Children?. Consultable en: https://fas.org/sgp/crs/homesec/IN10493.pdf

         Kandel, William A. (2017). Unaccompanied Alien Children: An Overview. Congressional Research Service. Consultable en: https://fas.org/sgp/crs/homesec/R43599.pdf

         Lutheran Immigration and Refugee Service, Kids in Need of Defense and the Women’s Refugee Commission (2017). Statement of The Protection of Children Act of 2017. Consultable en: https://supportkind.org/wp-content/uploads/2017/06/6.21.2017-LIRS-WRC-KIND-statement-Protection-of-Children-Act-FINAL.pdf

         National Immigration Forum (2017). Protection of Children Act of 2017. Consultable en: http://immigrationforum.org/blog/protection-of-children-act-of-2017-bill-summary/

         Notimex (2014). En 20 meses, más de 71 mil menores detenidos en frontera EUA-México. uniradioinforma.com 3 de junio de 2014. Consultable en: http://www.uniradioinforma.com/noticias/estadosunidos/273484/en-20-meses-mas-de-71-mil-menores-detenidos-en-frontera-eua-mexico.html

         Rosenberg, M. (2017). EEUU cancela programa ayuda a menores centroamericanos que huyen de violencia. Reuters. Consultable en: https://lta.reuters.com/article/domesticNews/idLTAKCN1AW2QU-OUSLD

         Sperber, M. y J. Bruggeman (2017). The Protection of Children Act is anything but. The Hill 15 de agosto de 2017. Consultable en: http://thehill.com/blogs/pundits-blog/international/339203-protection-of-children-act-or-protection-of-traffickers-act

 

 

Las implicaciones del imaginario en la migración

Dra. Olga Lorenia Urbalejo Castorena

lurbalejo@gmail.mx

CIEM

 1ro Septiembre de 2017

 

Referir a los imaginarios es hacerlo sobre procesos de pensamiento donde la imagen toma centralidad como guía de una realidad, que involucra llevarlos a la práctica, es decir a la concreción de “vida” en base a esa forma de traducción de la imagen mental, como los refiere Hiernaux (2007). La producción teórica sobre el tema es amplia, destacaré que en estos –los imaginarios- se involucran las subjetividades en el entramado social, paradójicamente parecen objetivizar lo simbólico, permeando todas las esferas de la vida colectiva e individual. Los imaginarios se dan en un espacio-tiempo, por tal motivo se sitúan en un momento sociohistórico, como señala Castoriadis (2010). Gilbert Durán apunta que también se involucra el contexto epistemológico y refiere a los arquetipos[1] como los puntos de unión entre los imaginarios y los procesos racionales, los cuales se corresponde con imágenes que difieren según las culturas suporponiendo varios esquemas (Durán, 1992: 63-64). Así, el cómo se involucra la creación de significados e imágenes en una sociedad migrante, es hacia donde se dirige el presente texto, destacando algunos aspectos de la migración laboral.

Imaginar a dónde se migrará

El imaginario de quien pude migrar se crea desde el lugar donde se está, el de primera migración (o bien los llamados lugares de origen), las primeras imágenes pueden sustentarse en algo que se desconoce desde la experiencia propia, pero su importancia se centra en ser uno de los primeros pasos para emprender el proyecto migratorio, lo anterior porque no podemos tener consideración de vida sin un espacio (físico o subjetivo). Al pensar hacia donde se migrará se contempla, tener un lugar donde llegar a vivir, o el lugar de trabajo, pero también se piensa en las “totalidades”, la ciudad, por ejemplo; de esta forma se mueven escalas en el imaginario, que conciernen al conocimiento propio de nuestro mundo inmediato. De tal forma que, se parte de lo ya conocido, estas son las estabilidades de las cuales se precisa para tener una imagen, y en la cual se entrecruzan las circunstancias sociales y culturales.

El imaginario además se concibe por la narración del otro, los que se han ido, como lo expone Sarzuri-Lima, “implican que el primer contacto del sujeto potencialmente migrante con la migración es a partir de una narración sobre el acto de emigrar proveniente de una persona que vive o vivió un proyecto migratorio o una persona que conoce a alguien con esa experiencia (la narrativización de las experiencias migratorias)” (2013: 132). La recepción e identificación de dicha narración, continua el autor, dependerá de la situación límite[2] en que se encuentre quien escucha, pensemos que –regularmente- se construyen historias de éxito, de esta forma los lugares de destino se idealizan, aun si la descripción física no es totalmente amable, pero considerar mejorar las condiciones de vida, da fuerza a la idea de migrar.

A Tijuana, la ciudad fronteriza que articula, según algunos, una zona comercial con el estado sureño de California, se le ha atribuido el imaginario de ciudad de trabajo (Veloz, 2011) esto hace que se piense que dicho espacio asegura tener cubiertas las necesidades “básicas” requeridas en el cotidiano. Al ser un lugar receptor de migrantes que se han socializado en la ruralidad, en sus relaciones con las actividades del campo, el ritmo urbano permite imaginar mayores ventajas respecto a los de la naturaleza, con los que se guían en los lugares agrícolas, algunos de ellos aun de autoconsumo. En el campo hay que esperar las temporadas para comer, pero en las ciudades industriales- como se han categorizado algunas ciudades fronterizas del norte, no hay que esperar meses para tener una cosecha e irse moviendo al ritmo rural, aquí hay que moverse al ritmo propio y conseguir un trabajo que no dependa del temporal. Rogelio, que llegó a Tijuana mediante una red social de ayuda solidaria, característica de las zonas señaladas, implicó en su proyecto migratorio ese imaginario, el de trabajo, habiendo migrado encontró algo distinto, así lo explica al preguntarle sobre su situación en la ciudad: “Pues una parte de mi mal, cuando no tengo trabajo y así, sin trabajo uno no puede hacer nada. Tienes trabajo, pues tienes para todo, no te preocupas de nada. Pero cuando no tienes trabajo, te preocupa cualquier cosa. Eso es lo que está complicado acá en la ciudad (2016).

Al referir la correspondencia con el espacio, el imaginario de la migración, en relación a sus subjetividades y expectativas, hay que considerar entonces que rebasa los límites geográficos, los propios como ya señalaba, y la migración tiene relación con lo apuntado por Armando Silva: “¿Acaso la imaginación no apunta por naturaleza al futuro? Y entonces ¿el mundo imaginado no es tiempo sin realizar en un espacio inexistente? Pero también ¿la ciudad imaginada no es el sustento de esa real de los espacios ciertos o constatables? (2003, p. 98). En ese futuro de un espacio inexistente el imaginario, en un lugar que no es, pero a donde se migrará, encuentra sus contradicciones. Carmen llegó a Tijuana en la década de 1960 junto a su familia, de su primer encuentro con la ciudad relata: “Recuerdo cuando nosotros entramos a Tijuana, que veíamos con papá, que veníamos de Morelia que le dicen a mamá, ya esto es Tijuana, y que no podía creerlo [la ciudad era un rancho comparada con Morelia] porque así estaba toda la avenida esa lo que es el bulevar y así quedo por muchos años” (Carmen, 2017). La permanencia de Carmen le ha permitido ver la expansión de Tijuana y la consolidación comercial, cultural y escolar en algunos sectores[3].

Los imaginarios en la migración además, pueden desplegar cambios en los lugares de origen, la socióloga del trabajo Lilia Solís, da cuenta de cómo en Santa Cruz Tacache de Mina, Oaxaca, se han construido barrios como el de la Colonia Nueva, donde los terrenos fueron adquiridos mayormente por migrantes que viven en Nueva York, en Queens, el Bronx y New Jersey, de tal forma que popularmente se le conoce como El Manhattan, el cual tiene construcciones que se diferencian de las del resto del pueblo. En una circulación de imaginarios, los pobladores de Tache de Mina pueden ver una “materialización” de la vida migrante, esa narración a la que referí, se expone a la vista de todos, a pesar de que la autora hace hincapié en que la crisis de 2008 ha disminuido las remesas y por supuesto la continuidad de las construcciones (2015). No obstante, el imaginario que se data en un contexto más próspero “suprime” las dificultades económicas actuales para dar continuidad a un proyecto migratorio ya planteado.

Del otro en las ciudades de Las Vegas, Portland, Fresno, Nueva York y Washington donde viven algunos de los tacachenos, movilizados espacialmente por la relación de subjetividades que produce el imaginario, dan cuenta de sus precariedades, de las paradojas entre vivir en el pueblo con carencias, pero en un espacio conocido donde además guardan afectos, y hacerlo hacinados en departamentos, con un horario laboral exhaustivo, pero que contradictoriamente ha permitido vislumbrar futuras migraciones de sus paisanos, mismos a quienes les recomendarían no hacerlo (discusiones, seminario la Ciudad transnacional, 2012-2014). Solís describe de esta forma su realidad, ya no imaginada:

Las condiciones de la vivienda son sumamente precarias, ya que por las altas cuotas de renta que les cobran varias familias se ven obligadas a vivir en un solo departamento. Conocí un caso en el que en un departamento vivían cuatro matrimonios diferentes y cada uno con hijos propios, además de algunas mujeres y hombres sin pareja […] Bajo el lodo, entre la tierra y detrás del ex estadio de los Mets de Nueva York, los trabajadores conviven, reparan, comen y socializan con los clientes que buscan refacciones baratas o incluso autos de segunda mano económicos. En el mismo lugar, algunas mujeres originarias de Tacache de Mina hacen y venden alimentos típicos de su pueblo, trabajando a la intemperie, en verano a temperaturas altas que alcanzan los 100 grados Fahrenheit, y en invierno a temperaturas bajas que alcanzan los 30 grados Fahrenheit. Bajo el sol, la lluvia, el lodo, la nieve y el polvo, pasan sus días trabajando (2015: 193-194).

Para finalizar

No es mi intención dejar la idea de que el imaginario de la migración se enfrente a una realidad desalentadora, sino invitar a la reflexión y al análisis más profundo de su importancia en el proyecto que se emprenden. Hay que considerar que una vez habiendo migrado los imaginarios son otros, como el urbano en el caso de los tacahenos que no tienen “derecho a la ciudad” lo cual restringe su circulación, entre otros aspectos, o bien indagar sobre los imaginarios del regreso, esto cuando se considera un retorno a un lugar que yo no es el que fue vivido.

 Fuentes

Castoriadis C. (2010). La Institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires: Tusquets editores.

Discusiones de seminarios del proyecto CONACYT, “La Ciudad Transnacional”, 2012-2014.

Hiernaux, D. (2007). Los imaginarios urbanos: de la teoría y los aterrizajes en los estudios urbanos. Eure (Santiago)33(99), 17-30.

Sarzuri-Lima, M. (2013). La construcción del” sueño español”: La migración desde los imaginarios sociales. Revista Integra Educativa6(1), 127-140.

Veloz, A. (2011). Mujeres purépechas en las maquiladoras de Tijuana: Experiencias y significados del trabajo. Madrid: Editorial Académica Española.

Silva, A. (2003). Imaginarios sociales y estética ciudadana. Escribanía. Nº11;(julio diciembre). Manizales: Universidad de Manizales.

Solís, L. (2015). Manhattan para los mixtecos. En F. Besserer y R. Nieto (editores), La ciudad transnacional comparada, la modos de vida gubernamentabilidad y desposesión (pp. 183-208). México. Universidad Autónoma Metropolitana, Juan Pablos editores.

Entrevistas:

Carmen Aguirre, realizada por Tadeo Calles Vega, 3 de mayo de 2017, Tijuana.

Rogelio Salazar, realizado por Olga Lorenia Urbalejo Castorena, 12 de septiembre de 2016, Tijuana.

[1] El concepto de arquetipo es más complejo de lo que expongo, y es uno de los aportes realizados por Durán a la teoría del imaginario, por lo tanto se puede ampliar consultando la obra del autor

[2] En el texto se expone a las situaciones límite como: “momentos en los que existencialmente creemos encontrar barreras para continuar” (Sarzuri-Lima 2013: 130).

[3] Agradezco a Tadeo Calles Vega por compartir la entrevista que realizó y permitirme hacer uso de la misma.

Algunas referencias acerca de la migración entre Colombia y Venezuela

Por: Gabriela Pinillos.

gabrielapinillos@gmail.com

En esta entrada pretendo mostrar un panorama muy general y breve de los movimientos migratorios entre Colombia y Venezuela a partir de lo que se considera la segunda ola de migración de colombianos hacia su vecino país, y destacando algunos cambios que se han suscitado en los últimos años con los cuales se habla de procesos de retorno de colombianos y sus familias desde Venezuela y en general un periodo importante de inmigración en Colombia. Es importante aclarar que los datos son generales y que al intentar cubrir un amplio periodo de tiempo en la descripción del fenómeno, se llega a omitir datos y hechos históricos importantes, en este sentido, el objetivo que se persigue es, como ya se dijo y a partir de la experiencia propia y algunos documentos de prensa y académicos, presentar un sencillo y corto relato sobre el fenómeno de la migración desde Venezuela hacia Colombia como consecuencia de la crisis socioeconómica y política y, en general, del contexto actual que se vive en Venezuela y que demanda la atención de los estudiosos en migración y de los movimientos sur-sur.

Colombia ha sido reconocido históricamente como un país de emigración. Las cifras oficiales de migración en Colombia señalan que el porcentaje de personas que sale del país ha sido mayor que el de los extranjeros que ingresan al mismo. En los registros se destacan tres olas de emigración. La primera durante la década de los años sesenta (mayoritariamente hacia Estados Unidos), la segunda en la década de los años ochenta (dirigido a Venezuela) y la tercera durante los años noventa (en rutas hacia España). (Oficina de Migración Colombia)

La segunda ola, teniendo como destino Venezuela, sucedió principalmente en un periodo de gran crecimiento económico y una etapa de prosperidad petrolera que vivió este país y que despuntó a principios de los años ochenta. “La nacionalización del petróleo y el hierro, unida al incremento del precio del primero a partir de 1973, significó para el estado venezolano una masa importante de recursos, que en el marco de una estabilidad democrática desde 1958 y un crecimiento económico sostenido, y de los impactos de una crisis en los países industrializados sobre los países latinoamericanos no exportadores de petróleo, constituyó una coyuntura especial para la atracción de inmigrantes, particularmente colombianos”. (Mejía, 2012: 190)

En aquella época en la frontera colombo-venezolana el comercio se incrementó significativamente, beneficiados por la proximidad geográfica, muchos empresarios invirtieron en empresas y mantuvieron su capital en moneda venezolana, esto es, en bolívares. Los colombianos fronterizos hacían sus negocios en Venezuela, mientras que los venezolanos se trasladaban a la frontera del lado colombiano para hacer compras, las cuales resultaban ser muy rentables gracias al valor superior que tenía el bolívar frente al peso colombiano. A la par de estas condiciones, una cantidad de colombianos decidieron emigrar a Venezuela, motivados por la oportunidad que parecía ofrecer Venezuela frente a los problemas sociales que se vivían en Colombia en gran parte a causa del conflicto interno y la violencia que azotaba al país en ese momento. La interdependencia entre los dos países se hizo más profunda entonces. Las relaciones transnacionales y los vínculos familiares se fortalecieron con estos movimientos migratorios.

El 18 de febrero de 1983, denominado “Viernes Negro”, cambió el panorama y los movimientos migratorios de colombianos hacia Venezuela. “La caída de los precios del petróleo y la disminución de sus exportaciones agravaron circunstancias que se habían empezado a incubar en 1979 y se generó una condición de crisis que redujo drásticamente el flujo de colombianos hacia Venezuela y aceleró el retorno (Flores, 2006 citado en Mejía, 2012: 191). La debacle en el precio del bolívar frente al dólar a partir de entonces ha llevado una constante devaluación de dicha moneda hasta la fecha. Aquel amanecer del Viernes Negro en el que un gran número de colombianos llegaron a la quiebra representó un parteaguas en el intercambio y las relaciones binacionales entre Colombia y Venezuela.

En los años posteriores de la llegada a la presidencia Hugo Chávez en 1999 y con la devaluación paulatina de la moneda venezolana que venía ocurriendo desde los años 80, la dinámica de intercambio en las zonas fronterizas fue cambiando de dirección respecto a lo que había sido en los años previos de crecimiento económico venezolano. Con todos los cambios ocurridos durante más de una década, los colombianos fronterizos se adaptaron a nuevas formas de comercio y encontraron en las nuevas condiciones promovidas por el gobierno bolivariano de Chávez nuevas y diversas formas de subsistencia y de comercio, una de ellas y quizá la más documentada principalmente por los medios ha sido o fue el comercio informal de combustible traído desde Venezuela y vendido en Colombia, que representó durante muchos años grandes ganancias propiciadas por el precio del mismo en Venezuela (el más bajo en América Latina) y la diferencia en el tipo de cambio: el combustible en Venezuela es 20 veces más barato que en Colombia (uno de los más altos en América Latina) (Márquez, 2008).

Los beneficios que ofrecía el gobierno de Chávez a través de sus programas sociales en salud, educación, alimentación, beneficiaron a colombianos que tenían doble ciudadanía por los vínculos familiares fuertes entre los dos países, y también por el otorgamiento de cédulas venezolanas que promovió Chávez hacia el año 2003 cuando un alto número personas de nacionalidad colombiana obtuvieron ciudadanía venezolana. Los programas sociales, principalmente los denominados “Mercales”[1], fueron aprovechados por una parte de la población de los estratos medios y bajos en Colombia que adquirían productos de la canasta familiar en bolívares y los traían para su consumo o para ser vendidos en Colombia en moneda nacional. Así muchas familias utilizaron estos negocios como formas de subsistencia.

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Foto: Puente Internacional Simón Bolívar, Cúcuta, Colombia. 2008.

Con la muerte de Chávez, la crisis en Venezuela, que ya venía sucediendo, se agudizó de manera significativa. En la frontera la situación económica se presenta como crítica y el comercio se ha reducido drásticamente. El movimiento de personas es mínimo. Los colombianos que en el pasado emigraron a Venezuela están retornando con sus familias, así como ciudadanos venezolanos sin familia en Colombia.. Esta situación ha llevado a que Colombia se enfrente a procesos de inmigración y retorno, ante los cuales, según las autoridades de dicho país, no se tiene la capacidad necesaria para poder atender las necesidades de tanta población que ha llegado desde Venezuela. De acuerdo con diario El Tiempo “la oficina de Migración Colombia tiene reportados 40.000 venezolanos viviendo legalmente y calcula que estén 60.000 irregularmente,  pero investigadores y académicos estiman que son 900.000 los venezolanos -incluyendo los que tienen doble nacionalidad- (el 1,8 por ciento de la población colombiana), los que han llegado al país en los últimos 20 años, por el efecto de la llamada ‘revolución bolivariana’ y la crisis social en ese país.” (El Tiempo, 30 de marzo 2017).

En la frontera las condiciones para quienes han vivido del vaivén del bolívar y, en general, para toda la población de un lado y de otro, son complejas. Los colombianos ya no compran en Venezuela, no hay abastecimiento y la inflación es insostenible. Por el puente internacional Simón Bolívar transitan ahora muchas personas provenientes del territorio venezolano con la intención de quedarse en Colombia, con el deseo de buscar trabajo llegan a una de las ciudades colombianas con los más altos índices de desempleo. Las oportunidades en la frontera se agotan, en Cúcuta, capital de Norte de Santander, departamento fronterizo del lado colombiano, así como en los pueblos cercanos uno de los recursos de los que se echa mano es el trabajo sexual. Quienes cuentan con mayores recursos y redes sólidas logran moverse hacia otras ciudades, mientras que el gobierno colombiano intenta prepararse y buscar estrategias para responder a una situación que sin duda quedará registrada en términos migratorios como una gran ola de inmigración en Colombia, y en general, como un periodo complejo de cambios y transformaciones sociales profundas para ambos países.

Referencias:

Cancillería de Colombia, Oficina de migración. http://www.cancilleria.gov.co/colombia/migracion/historia

Márquez, Humberto, 2008, VENEZUELA: El costo de la gasolina más barata del mundo, Inter Press Service, http://www.ipsnoticias.net/2008/12/venezuela-el-costo-de-la-gasolina-mas-barata-del-mundo/

Mejía, William, 2012, Colombia y las migraciones internacionales. Evolución reciente y panorama actual a partir de las cifras, Revista Interdisciplinar de Mobilidade Humana, Brasília, Ano XX, Nº 39, p. 185-210.

Redacción El Tiempo, 2017, [Nota periodística], Venezolanos, la migración más grande en la historia del país, http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872

[1] La Misión Mercal S.A. (Mercado de Alimentos) es uno de los programas sociales incentivados por el gobierno venezolano. Creada oficialmente el 24 de abril de 2003, la Misión Mercal está destinada al sector alimentario, dependiente del Ministerio de la Alimentación.

El programa consiste en construir y dotar almacenes y supermercados con alimentos y otros productos de primera necesidad a bajos precios para que sean accesibles a la población más necesitada. Los alimentos están subvencionados y llegan a los estantes sin intermediarios, de manera que los precios ofrecidos suelen tener un descuento de entre el 30 y el 45 por ciento de los observados en las otras cadenas de distribución (Wikipedia)