¿Quiénes somos?

La Comunidad Interdisciplinaria de Estudios Migratorios -CIEM- está conformada por jóvenes investigadoras/es que abordan la migración desde diversas disciplinas y perspectivas a través de metodologías cualitativas, cuantitativas o mixtas. Ubicados, en su mayoría, en la frontera México-Estados Unidos, los integrantes enfocan sus investigaciones  en estos países y en algunos de la Unión Europea y América Latina. Esto permite un análisis transversal, dotado de características que se particularizan por los contextos, las zonas geográficas y por los migrantes. La CIEM tiene como objetivo aportar a los temas actuales sobre migración y movilidad, y de la misma manera participar en su divulgación y difusión; además se interesa en propiciar un espacio crítico y colaborativo con otros grupos e investigadores que compartan intereses de investigación. Por tal razón la CIEM  es receptiva de quienes tengan interés en colaborar en esta comunidad.

Contacto: ciem.comunidad@gmail.com

 

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El ‘otro’ retorno. Una breve propuesta sobre el retorno subjetivo

Por Lucía Ortiz Domínguez

luciaortizdom@gmail.com

 

Home is where you heart is. Esta pequeña pero poderosa frase la repetía Emmanuel  -joven retornado que vive en el Estado de México- en el trayecto a casa mientras veníamos de una comida que había organizado, fuera de la ciudad, uno de sus amigos también retornado de Estados Unidos[1]. La frase me cimbró pues se vinculaba con la historia de Emma una de las integrantes de la organización Dreamers moms- Tijuana, quien estaba por regresar a Estados Unidos con su familia después de doce años de castigo por haber entrado a la Unión Americana de manera indocumentada hace más de 15 años y a quien unos días antes había tenido la oportunidad de entrevistar[2].

Emma se casó en el año 2001 en Estados Unidos. En ese mismo año comenzó su proceso migratorio para tramitar su residencia, derecho que tenía por haberse casado con un ciudadano americano. Fue en 2006, cuando recién había nacido su tercer hijo, que recibió una notificación para presentarse en Ciudad Juárez para continuar sus trámites migratorios. Cuenta que ella y su familia viajaban felices de California a Juárez, pues por fin iban a poder moverse sin miedo, a lo largo de la Unión Americana. Sin embargo, estando en Ciudad Juárez, le dijeron que no podía volver más a casa con su esposo e hijos, que tenía que esperar 10 años para estar con ellos. La habían castigado por entrar sin documentos y permanecer 6 años en esta situación en dicho país.

La noticia no fue grata para la familia, pues la madre no iba a poder regresar por un buen tiempo a casa. Pasaron algunos meses para que Emma y su esposo se pudieran organizar, incluso Emma pensó en el divorcio como una opción. Al principio los niños se quedaron con la madre en México, pero la situación en este país también resultó difícil para ella y sus hijos pues les negaron el acceso a las vacunas y a las escuelas públicas por no contar con acta de nacimiento mexicana. Ahí fue cuando Emma se volvió activista “ […] a mi me daba mucha impotencia ver a los dos gobiernos dándonos la espalda. El gobierno de Estados Unidos le estaba dando la espalda a mi esposo e hijos y no les estaba importando a ellos. Y mi país también me estaba dando la espalda como ciudadana, no me querían atender a mis hijos, no me los querían aceptar en las escuelas” cometa Emma.

Emma activista

Emma en la frontera México- Estados Unidos con la camiseta de Dreamers Moms-Tijuana. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Fue en entonces que Emma y su esposo comenzaron a tomar decisiones importantes. Por un lado, resolvieron que ella se quedara con sus hijos hasta que cumplieran cinco años, después se los llevaría su esposo a California a vivir con él. Por el otro, decidieron que Emma se estableciera en Tijuana por la cercanía con la frontera. Así, conforme iban creciendo los niños, se iban separando de la madre, aunque los veía algunos fines de semana y durante las vacaciones.

Durante doce años y medio vivieron esta separación familiar. Emma añoraba y contaba el tiempo para regresar a casa con su familia, hizo todo lo que estaba en sus manos para que esto sucediera. “Cuando mis  hijos eran chiquitos siempre le pedían a Santa Claus de regalo de navidad a su mamá y ya después juguetes. Ahora les digo a mis hijos, ‘mira ahora si te va a dar de regalo Santa Claus a tu mamá’ […] los deseos cuando de verdad vienen del corazón se cumplen”, narra Emma.

A Emma le llegó el pasaporte con el permiso a entrar a Estados Unidos para reunirse con su familia el día 7 de diciembre de 2018. Al otro día cruzó la frontera. Por fin llegaría a casa. Por fin podía participar de las tareas cotidianas con sus hijos. Por fin podía mirar sus logros. Se encontraba nerviosa cuando le realicé la entrevista, porque sabía que tenía que readaptarse a las nuevas circunstancias después de haber pasado muchos años lejos de su hogar.

Emma y su familia

Emma con sus tres hijos y esposo (lado derecho) así como reporteros (lado izquierdo) que registraron su “bienvenida a casa”. Fuente: Foto tomada del muro de Facebook de Emma Sánchez

Así como la historia de Emma, existen otras tantas que he tenido la oportunidad de escuchar y que me han hecho reflexionar sobre cómo nombrar aquél movimiento migratorio que implica volver, no al lugar de nacimiento, sino al lugar donde está tu corazón, tu casa, tu familia. En lo estudios migratorios, si bien se reconoce que la migración es un proceso inacabado, que tiene muchas idas y vueltas, un retornado se define como aquella persona que regresa al lugar de origen, de nacimiento, después de haber tenido una experiencia de migrante internacional (Gandini, Lozano- Ascenico, Gaspar, 2016).

La historia de Emma, además de mostrar un proceso de separación familiar, ejemplifica que, regresar al lugar/país del que los migrantes son expulsados también es posible a través de un proceso de reunificación familiar, si el o la migrante contrae matrimonio con un(a) ciudadano(a) estadounidense, por ejemplo; y cuando se cumplen los años de castigo. Es decir, es posible regresar y además de manera documentada (aunque no necesariamente), al lugar al que los migrantes consideran “su hogar” pese a que no sea su país de nacimiento, sino aquél donde está la familia o el corazón, tal y como lo señala Emmanuel a través de la frase con la que abrí este texto.

A este tipo de retorno propongo llamarlo “retorno subjetivo” pues es un regreso que alude a la parte emocional y por lo tanto subjetiva de la pertenencia. Asimismo, si pensamos en aquellos migrantes mexicanos de la generación 1.5 que crecieron en Estados Unidos, que retornaron a México bajo distintas circunstancias, y que por motivos diversos han podido regresar a Estados Unidos estamos, según esta breve propuesta, hablando de migrantes que también experimentan un retorno subjetivo. Pues están regresando al país que consideran su casa.

Si bien, el “retorno subjetivo” es un concepto para reflexionar y por supuesto discutir, considero que la historia de Emma así como otras experiencias, nos invitan a darle una vuelta de tuerca al concepto de retorno y nos sugieren incorporarle el factor subjetivo a la categoría, e involucrar elementos como reunificación familiar, hogar, emociones, raíces, entre otros. Ello con el objeto de explicar estos regresos al lugar de emigración luego de una experiencia de retorno o deportación al país de origen.

Bibliografía

Gandini, F. L. A. (2016). El retorno en el nuevo escenario de la migración entre México y Estados Unidos. Secretaría de Gobernación.

[1] Esta platica la sostuvimos el 9 de diciembre de 2018 en el Estado de México

[2] Entrevista telefónica realizada el 4 de diciembre de 2018.

 

 

 

 

BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA CARAVANA -ÉXODO- MIGRANTE

Foto: Omar Martínez/Cuartoscuro.com

Por Chantal Lucero Vargas / CIEM 

chantallucero@gmail.com

28/11/2018

Introducción

El tema de la migración no es algo nuevo, como tampoco lo es la xenofobia, ni el nacionalismo, tres palabras que enmarcan mucho lo que se vive actualmente con la Caravana Migrante que transita por México con la finalidad de solicitar asilo en los Estados Unidos. Este éxodo migratorio -como ha sido denominado por distintos académicos en materia migratoria-no ha tenido un andar fácil.  Dejando a un lado los rumores de que el mismo es una Caravana con un tinte político muy grande involucrando distintos intereses de por medio, la realidad es que Centroamérica, especialmente los países que forman el llamado Triángulo del Norte -Guatemala, Honduras y El Salvador-, presentan índices alarmantes de violencia y pobreza extrema. 

Principales factores de expulsión de las personas provenientes del Triángulo del Norte

La violencia experimentada sistemáticamente por la población del Triángulo del Norte no es diferente a la violencia que se vive en un país de guerra. Los asesinatos, secuestros y extorsiones son algo cotidiano, los mismos son llevados a cabo en su mayoría por bandas criminales que propagan la inseguridad y reclutan a la fuerza a individuos para engrosar sus filas, y en donde la violencia sexual -principalmente a mujeres- se utiliza como una herramienta de intimidación y control (MSF, 2017), todo esto, aunado a la extrema pobreza que se vive en los mismos, trae como consecuencia la emigración hacia el norte de miles de personas año con año. De lo anterior dan cuenta las cifras dadas a conocer por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2016), en donde se refleja que unas 500,000 personas procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, entran anualmente a territorio mexicano con la finalidad de escapar de esta violencia y pobreza que impera en sus países de origen. Desgraciadamente su paso por México no es algo distinto.

Cruzar en Caravana como forma de protección

La vulnerabilidad a la que se enfrentan las personas que transitan por territorio mexicano sin los permisos correspondientes se traduce en asaltos, robos, violaciones, explotación laboral y sexual, abuso de autoridades y crimen organizado; a lo anterior se suman las condiciones climáticas extremas las cuales se presentan en gran parte del país (WOLA, 2014; CRS, 2010). Esta vulnerabilidad presentada en el tránsito migratorio ha sido uno de los motivos por los que esta población ha decidido migrar juntos, como ellos señalan: ‘para protegerse unos con otros’ y así poder llegar a Estados Unidos en busca del tan anhelado sueño americano. Sin embargo, como todo sueño, también puede haber algunas pesadillas. 

Visibilización de la Caravana Migrante a su paso por México

Según informes de Pueblos Sin Fronteras -la organización que se asume como uno de los organizadores de esta Caravana-se espera que transiten por México con la finalidad de llegar hasta la ciudad de Tijuana para de ahí cruzar juntos hacia los Estados Unidos, 30,000 migrantes. Esta cantidad está compuesta en su mayoría por hombres pero también por mujeres -algunas embarazadas-, adolescentes, niños, personas de la tercera edad así como miembros de la comunidad LGBTTTIQ (Acevedo, 2018). 30,000 migrantes que es sólo una parte de los 500,000 que año con año cruzan el país con la finalidad de llegar a Estados Unidos. Entonces: ¿por qué ahora sí los visibilizamos? 

La Caravana Migrante que actualmente transita en territorio mexicano, no es la primera de este tipo en nuestro país

La primera Caravana se inició hace más de quince años, sin embargo, ninguna había tenido tanta visibilidad como esta. Por un lado, gran parte de esta “publicidad” se la dio el propio Donald J. Trump al twittear incesantemente sobre la misma, lo anterior resultó en una atención mediática sin precedentes por la prensa a nivel mundial; por otro lado, esta Caravana quiso ser visibilizada, tal vez sea como una medida de protección para poder exigir a los países en tránsito el respecto a sus derechos humanos con todo lo que ello conlleva, tal vez, como lo señala el Padre Solalinde, sea un ardil orquestado por Pueblos Sin Fronteras para llevar de forma “impactante” a miles de migrantes centroamericanos pero también, a polleros y personas armadas (Rosagel, 2018) o quizá haya otros intereses -políticos- de por medio. 

            Tristemente esta visibilización se dio con un grupo de migrantes que el 18 de octubre del presente año derivaron la valla policial entre México y Guatemala logrando cruzar a territorio mexicano gritando ‘sí se pudo’ y ondeando la bandera hondureña. Estas actitudes despertaron el nacionalismo de varios mexicanos transformándose el mismo en  actitudes xenófobas al catalogar a este grupo de migrantes como “delincuentes”, “asesinos”, “mareros”, “drogadictos” y al empezarse a preguntar por qué México no los detenía y les daba libre paso si habían violentado la soberanía nacional.

El papel del Estado Mexicano 

México tiene firmados la mayoría de los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos. Los derechos consagrados en los mismos, por mandato Constitucional, tienen que ser respetados y garantizados a toda persona bajo jurisdicción del Estado Mexicano, sin distinción alguna y con independencia de su estatus migratorio[1].  En este contexto, si bien, los Estados tienen todo el derecho soberano de decidir quien entra y no a su territorio y por lo anterior, adoptar medidas relativas a la migración y a la seguridad de sus fronteras, también deben de cumplir con las obligaciones que les impone el derecho internacional en relación a los derechos humanos de los migrantes sin discriminación de ningún tipo, prestando asistencia y socorro a los migrantes que lo necesiten con independencia de su situación migratoria y, a la par, crear un entorno seguro y propicio para que las personas y organizaciones que presten ayuda a este grupo en particular lo hagan sin obstáculos y en un ambiente seguro (ONU, 2015). Por lo anterior, el Estado Mexicano tiene la obligación no sólo jurídica en virtud de los distintos instrumentos internacionales en materia de derechos humanos a los que se ha adherido, sino moral, de respetar los derechos humanos de toda persona migrante bajo su jurisdicción sin importar su estatus migratorio o la manera a la que entraron al territorio.

La respuesta de Estados Unidos hacia el Éxodo Migrante

Para nadie es novedad que, desde su campaña para la Presidencia de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump ha promovido una serie de acciones para frenar la migración irregular. Una de estas acciones fue la famosa iniciativa para construir un muro entre México y Estados Unidos con el fin de detener a la migración irregular procedente de México y Centroamérica. Una vez que asumió el puesto de Presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump cumplió sus promesas y en enero del 2017 – a tan sólo unos días de su toma de protesta- empezó a emitir distintas órdenes ejecutivas y reformas migratorias con la finalidad de restringir la migración irregular, sobre todo la que involucra a estos países aduciendo que Estados Unidos enfrenta una ‘crisis migratoria’[2]

            En lo concerniente a la población procedente de Centroamérica, a principio de junio del año en curso el entonces Fiscal Federal de los Estados Unidos Jeff Sessions emitió una orden para que los jueces de inmigración rechazaran las peticiones de asilo de aquellos inmigrantes que alegaran violencia de pandillas o violencia doméstica, lo anterior, al considerar que se trataba de “delitos privados” que no eran motivo para otorgar el beneficio de asilo (García, 2018). De ahí en adelante las restricciones interpuestas a este grupo en específico sólo fueron en aumento. La más reciente llegó el nueve del presente mes y año cuando el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva mediante la cual interponía nuevas reglas en materia de asilo como negar el mismo a toda aquella persona que cruzara la frontera de manera irregular. Aunque por el momento esta orden ejecutiva se encuentra paralizada hasta que la Corte tome una decisión sobre el caso y la misma sea aplicable a nivel nacional, esta orden ejecutiva es una más de las medidas tomadas por el actual gobierno de los Estados Unidos para frenar la migración irregular.

Factibilidad de las personas que integran la Caravana Migrante de la obtención de asilo en los Estados Unidos de América

Es un hecho que gran parte de las personas que forman parte de este éxodo migratorio vienen huyendo de la violencia generalizada que se vive en sus países de origen, también, una gran mayoría migra por motivos económicos en busca de una oportunidad con la finalidad de tener un futuro mejor para ellos y sus familias, sin embargo, bajo la nueva política migratoria de los Estados Unidos, éstos no son motivos válidos para solicitar asilo.

            Acorde a la Ley de Inmigración y Nacionalidad de los Estados Unidos de América, será considerado como refugiado[3] toda aquella persona que no pueda o no quiere regresar a su país por motivos persecución o un temor fundado de la misma, en razón de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un cierto grupo social o derivado de su opinión política.En este contexto, ¿qué tan posible es que Estados Unidos les conceda el asilo solicitado a las personas que integran este éxodo migrante?

GRAFICA 1. MOTIVOS PRINCIPALES DE EMIGRACIÓN DE PERSONAS PROVENIENTES DE CENTROAMÉRICA, 2017 (% EVENTOS)

Fuente: Prontuario sobre movilidad y migración internacional en la Frontera Sur de México (SEGOB, 2017)

Las personas que ostentan otra nacionalidad que no sea la estadounidense -como en el caso de las personas que integran este éxodo migrante- y que se presentan por voluntad propia ante un oficial de inmigración en alguno de los puertos oficiales de entrada a los Estados Unidos, son sujetos de una remoción expedita, la cual no es más que un proceso acelerado que autoriza al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a realizar una deportación expedita de estos individuos. Ante esta remoción, las personas que se encuentren en esta situación tienen el derecho de solicitar el asilo por la vía defensiva[1]cuando manifiesten que existe un temor fundado de que su vida correría peligro o su libertad estaría en riesgo si son regresados a sus países de origen. Si se determina que, en efecto, hay un temor creíble de que la vida o libertad de esta persona estaría en peligro si se le regresa a su país, la misma sería referida a una corte de inmigración para continuar con su proceso de asilo mismo que puede tardar años, en los cuales, la persona puede vivir en los Estados Unidos hasta que se resuelva su situación migratoria, o, en el peor de los casos, se le mantendría en detención hasta que su petición de asilo sea resuelta. En el caso que el oficial de inmigración determine que no hay un temor creíble de que la vida de la persona correría peligro si se regresara a la misma a su país de origen, lo que procedería sería su deportación inmediata (AIC, 2018).  

            Las cifras más recientes de la Oficina de Estadística Migratoria (OIS) dependiente del Departamento de Seguridad de Estados Unidos señaló que en el año 2016 hubo 65,218 solicitudes de asilo por la vía defensiva, -un aumento del 35.93 por ciento en comparación con las 45,770 solicitudes de asilo recibidas en 2015-, en donde de este número 39,881 provenían de alguno de los países que conforman el Triángulo del Norte, 12,831 de México y 1,840 de China. En ese año -2016-, tan sólo 8,726 solicitudes de asilo fueron otorgadas (Mossaad y Baugh, 2018). Lo anterior sólo ejemplifica la difícil situación a la que se enfrentarían los migrantes que integran esta Caravana si deciden solicitar asilo en los Estados Unidos en donde, cada día, se ven más reducidas sus posibilidades de acceder al mismo.

Caravana Migrante. Un futuro incierto 

Es imposible saber lo que les depara a los miles de migrantes en tránsitoque integran la actual Caravana migrante. Ya sea que decidan quedarse en México con la posibilidad de regularizar su situación migratoria o, por el contrario, decidan solicitar asilo en los Estados Unidos, su panorama se ve poco favorecedor. El actual gobierno del Presidente Donald J. Trump ha sido muy enfático al señalar que la mayoría de las personas que forman este éxodo migratorio no van a entrar a  territorio Estadounidense y, los que soliciten asilo, lo tendrán que hacer por las vías legales correspondientes, es decir, respetando cabalmente las leyes de dicho país. Lo anterior es sólo el resultado de esta política migratoria de “catch and release”[2]que el Gobierno de los Estados Unidos no tiene intención de perpetuar, tal vez por eso está desarrollando junto con México el programa “Quédate en México”, mediante el cual, las personas que soliciten asilo al vecino país se quedarían en territorio mexicano mientras se resuelva su situación migratoria. 

            Sea cual sea su decisión algo que sí ha quedado claro es que la Política Migratoria por parte del Estado Mexicano para hacer frente a una emergencia humanitaria de este tipo es aún muy endeble. Una solución en la que ya se lleva tiempo trabajando en el plano internacional es en relación al Pacto Mundial de la Migración Segura, Ordenada y Regular el cual busca gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional, si bien, el mismo no sería vinculante para los Estados, sí sería un precedente basado en una cooperación internacional en relación al tema migratorio. Lo anterior va de la mano con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, ya que la misma tiene, como uno de sus objetivos, facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas, lo que, a palabras de Starfield (2017), implicaría entre otras cosas asociarse con otros países y con organizaciones internas que proporcionan migraciones seguras y regulares trayendo como consecuencia la disminución de la tasa de criminalidad, explotaciones, abuso y la mortalidad a lo largo de las rutas migratorias tanto en los países de tránsito como en los países de destino. 

Referencias bibliográficas 

Acevedo, N. (2018). ¿Qué es Pueblo Sin Fronteras, organizador de la caravana que enfurece a Trump?.Noticias Telemundo. Disponible en: https://www.telemundo.com/noticias/2018/04/05/que-es-pueblo-sin-fronteras-organizador-de-la-caravana-que-enfurece-trump

American Immigration Council (2018). Asylum in the United States.Disponible en: https://www.americanimmigrationcouncil.org/research/asylum-united-states

Asamblea General de las Naciones Unidas (2015). Protección de los derechos humanos de los migrantes: migrantes en tránsito. Consejo de Derechos Humanos. Disponible en: https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2015/10161.pdf

Catholic Relief Services, (2010) Niñez migrante: Detención y repatriación desde México de niños, niñas y adolescentes migrantes centroamericanos no acompañados. Estados Unidos, CRS. 

García, J. (2018). Jeff Session ordena negar asilo a inmigrantes víctimas de pandillas y violencia doméstica.El Diario. Disponible en: https://eldiariony.com/2018/06/11/jeff-sessions-ordena-negar-asilo-a-inmigrantes-victimas-de-pandillas-y-violencia-domestica/

Médicos Sin Fronteras, (2017) Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada.Disponible en: https://www.msf.mx/document/forzados-a-huir-del-triangulo-norte-de-centroamerica-una-crisis-humanitaria-olvidada

Mossaad, A. y R, Baugh, (2018). Refugees and Asylees: 2016. Annual Flow Report.Office of Immigration Statistics. Estados Unidos, Homeland Security. 

Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2016). Situación de los Migrantes en Tránsito, OHCHR. Disponible en: https://www.ohchr.org/Documents/Issues/Migration/StudyMigrants/OHCHR_2016_Report-migrants-transit_SP.pdf    

Rosagel, S. (2018). Padre Solalinde advierte: ONG acarrea a traficantes de armas y de personas entre los migrantes. Disponible en:https://www.sinembargo.mx/23-11-2018/3501913

Stanfield, G. (2017). Children and Migration in the Sustainable Development Goals. En Appave, G. y N. Sinha, Migration in the 2030 Agenda. Suiza. Organización Mundial de las Migraciones.

Washington Office in Latin America (2014). Mexico’s Other Border. Security, Migration, and the Humanitarian Crisis at the Line with Central America.Disponible en:http://www.wola.org/files/mxgt/report/


[1]Hay dos formas de aplicar para el beneficio del asilo en los Estados Unidos, por la vía afirmativa y por la vía defensiva. La primera se da cuando la persona no enfrenta un procedimiento de remoción expedita y aplica a la misma a través del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS); la segunda, -por la vía defensiva- surte efectos cuando la persona enfrenta un procedimiento de remoción expedita, esto es, es defensivo porque la persona se defiende contra dicha remoción (AIC, 2018).

[2]El término “catch and release” es el término peyorativo con el cual se hace referencia a la práctica que permite que una persona que tiene un procedimiento ante un Juez de Inmigración de los Estados Unidos, pueda, durante todo el tiempo que el mismo tarde en resolverse, enfrentar dicho proceso en libertad. Este término es usado actualmente para referirse a todas las políticas de inmigración que no permiten mantener en detención a los migrantes que enfrentan un proceso migratorio.

[1]En relación a los migrantes que transitan por territorio mexicano, la Asamblea General de las Naciones Unidas a través Consejo de Derechos Humanos (2015) ha señalando que la Declaración de Derechos Humanos proclama que toda persona tiene derecho de circular y elegir su residencia en el territorio de un Estado así como el derecho de salir de cualquier país, incluso del propio y regresar a su país, en este escenario, toda persona tiene derecho de disfrutar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales sin distinción de ningún tipo, con independencia del lugar donde se encuentre y de su situación migratoria, por lo anterior, los Estados tienen la responsabilidad de promover y proteger los derechos humanos de todas las personas, incluidos los migrantes en situación irregular que se encuentren en su territorio y sometidos a su jurisdicción, especialmente de las personas vulnerables como son mujeres y niños. (ONU, 2015).

[2]No hay una definición canónica que defina qué es una crisis migratoria, sin embargo, cuando se habla de la misma se refiere generalmente a una situación crítica presentada por el incremento del flujo descontrolado de un determinado país o hacia un determinado país de personas solicitantes de asilo, refugiados, migrantes económicos así como otros migrantes en situación de vulnerabilidad. 

[3]En Estados Unidos, el asilo es una garantía otorgada al extranjero que se encuentre en dicho país o en la frontera del mismo y que encaje con la definición de refugiado acorde a la legislación internacional (AIC, 2018).

“Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”. Comentarios a la propuesta

 

Lorenia Urbalejo Castorena

lorenia.urbalejo@gmail.com

Los estudios sobre la migración como un tema “clásico” dentro de las ciencias sociales y las humanidades, en algunos momentos parecen detenerse, porque hay flujos que disminuyen, debido, entre otras razones, a que los migrantes deciden quedarse en los espacios de migración y eso modifica los patrones, o bien las personas se “incorporan” a las sociedades receptores, entre otra causas. Sin embargo, los movimientos espaciales, explicados así para ampliar la discusión sobre migración, según algunos académicas/os,  reviran  y presentan otras caras, las de los retornados forzadamente, los desplazados, los que van de paso. Así, como el proceso migratorio- expuesto ya en distintos estudios- no conlleva sólo una salida y una llegada, tampoco podemos suponer que la sociedad que recibe y expulsa no tendrá cambios donde se impliquen aspectos como los macroeconómicos o políticos, las sociedades precisamente son parte de las “grandes” decisiones del Estado, de las políticas de gubernamentalidad, y de las “decisiones” que desde lo personal y grupal se toman. De tal manera que, así como lxs investigadoras/os nos insertamos y damos cuenta de cambios y reconfiguraciones, sería poco posible pensar que nuestras herramientas de recolección de datos y análisis, y de la misma forma de nuestra participación en los comunidades donde desarrollamos nuestras investigaciones, no precisan de cambios, y de ninguna manera se  trata de apresurar metodologías novedosas, sino de dar cuenta que la llamada academia, algunas veces se ve rebasada en cuanto a propuestas de este tipo.

En consideración a lo dicho, refiero el seminario impartido por Ariel Mójica Madrigal, investigador y profesor del Colegio de Michoacán, con sede en Zamora, Mich., y quien pertenece al Observatorio Regional de las Migraciones de la misma institución. El doctor Mójica – quien tiene formación en historia y estudios rurales- presentó el pasado 13 de marzo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, el seminario, “Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico” ¿Qué podríamos encontrar de aportación aquí? ¿lo lúdico? él mismo investigador junto a algunas de las personas que asistieron dicen, hace décadas que se está trabajando desde esa perspectiva y refieren al teatro de lo lúdico;  la presentación entonces gira en una propuesta que permita un aporte “directo” a las comunidades, o incidir en éstas -si hay que apelar a las modas académicas-,  pero no desde las políticas públicas, eso es muy complicado menciona Ariel, nos rebasa, de tal forma que se centra en la inserción y reinserción de quienes regresan  a sus espacios de “origen”, considerando que ese regreso se da en una diversidad de condiciones.

Lorenia 1

 

Antes de  empezar a cantar la lotería de la migración  (uno de los productos de su investigación) se refirió a datos duros sobre el retorno, desde lo investigado por Fernando Alanís, y refirió a que el regreso de migrantes no es algo que inició durante las gestiones del presidente estadounidenses Barack Obama, y continua con Trump, lo explica para la consideración de los registros que de manera emergente parecen hacer los “retornólogos”, para puntualizar que debieran tener sus reservas al decir que esto es novedad, y como crítica apunta que, en ocasiones llama más la inmediatez que la investigación donde se problematiza.

Saber de números, del cuántos vuelven, es preocupación de los gobiernos, y el reinsertarlos ¿de quién? ¿qué pasa con quienes no conocen en ocasiones sus no-lugares de origen? ¿quién se responsabiliza del ambiente de hostilidad y violencia de quienes vuelven a su México y a los cuales se les cataloga como personas peligrosas?. Dar la bienvenida de regreso debiera ir más allá del recibimiento en las puertas internacionales, por eso en el trabajo de Ariel Mójica junto a un equipo, se han realizado diagnósticos sobre salud emocional, en los cuales dieron cuenta de la importancia de trabajar en la reinserción, y vieron la trascendencia de que en el proceso se involucrara la comunidad, consideraron, comenta el investigador, que no podían hacerlo solos y tendrían que horizontalizar la ayuda, entre profesionales de la salud mental, estudiantes de educación y claro las personas insertas en la problemática.

Lorenia2

Además de la producción académica que se cuentan en artículos, libros, presentaciones y vínculos institucionales, ¿cuál ha sido el resultado en su contenido lúdico? Cuentos infantiles como el de Larry y sus amigos, ilustrado por Carla Torres y escrito por Nat Jaspar, donde se desarrolla una historia acerca de la migración y socialización intercultural, con el objetivo de que  niñas y niños lleguen a una comprensión de una de las realidades del migrar, estar lejos de la red familiar y relacionarte con personas distintas a ti. La lotería de la migración que es uno de los juegos más difundidos y que puede solicitarse al Observatorio (con algunas condiciones) se elaboró con categorías explicadas por los migrantes y gente de la comunidad, algunas de las imágenes corresponden a quienes asistieron a los talleres y además se incluyen datos que refieren a los números -por ejemplo sobre remesas- y se contienen preguntas con el objetivo de repensarnos en el entorno migrante, qué harías si uno de tus familiares… Las radionovelas y el migraRap son otros productos.

Ariel enfatiza al decir que se puede señalar que su metodología no es “algo nuevo”, sin embargo si hacemos una revisión de los trabajos académicos que abordan la migración ¿con cuántos proyectos como este nos encontraríamos? Cuántas veces hemos dado cuenta de que en la plaza de un pueblo haya alguien haciendo un  flashmob con un juego gigante de serpientes y escaleras en donde se refiere a la vida del espacio próximo y alguien reflexioné sobre el por qué de los tatuajes de aquéllos que han vuelto, los mismos con quienes se encuentran en dicha plaza.

Las aportaciones de esta apuesta que hasta al momento ha encontrado buenos resultados y difusión, son muchas, aporta en lo metodológico, en las posibilidades de lo analítico, a la investigación participante y acerca de la responsabilidad social que nos corresponde  (sobre la que poco se evalúa en los centros de investigación).  La invitación a conocer y seguir discutiendo el proyecto queda abierta.

Las referencias para del Observatorio Regional de las Migraciones y sus proyectos son las siguientes:

 

https://www.facebook.com/ObservatorioRegionaldelasMigraciones/

https://www.youtube.com/channel/UCvpcmEMzkiT4g8nxaTYmHPw

 

* Fotografías: “Seminario Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”, Tijuana, Baja California, 13 de marzo de 2018. Lorenia Urbalejo.

 

Reconceptualizaciones migratorias a partir de una reflexión geográfica de las fronteras políticas de México

Por Jorge Morales Cardiel

jorgemcardiel@gmail.com

14 de Febrero de 2018

Cuando se habla de migraciones internacionales muy pocas veces se reflexiona sobre un punto clave, una de las mayores determinantes de los flujos y contraflujos que representan los masivos movimientos de seres humanos contemporáneos: las fronteras. Estas representan un verdadero punto neurálgico, determinando las relaciones geopolíticas entre las regiones y las naciones involucradas. Fuera de los desplazamientos internos, dentro de los territorios nacionales, las fronteras juegan un papel fundamental en el tratamiento político y semántico de las migraciones internacionales.

A tal efecto, las fronteras no solo enmarcan en el plano cognitivo, territorios, soberanías o nacionalidades, sino también en el plano sublime proyectan identidades, historias y realidades sociales que quedan grabadas en el imaginario colectivo de las mayorías a lo largo del tiempo, siendo en gran parte responsables de la organización social interna. Sin ser todos estos estadios estáticos -importante decirlo- por las tensiones que se dan constantemente en un mundo cada vez más globalizado y fragmentado. Para Emanuel Kant, una de las cualidades de lo sublime es que carecía de fronteras o como decía más recientemente Zygmunt Bauman, al afirmar que las fronteras sociales y culturales coinciden cada vez menos.

Otra de las complejidades que tienen las fronteras es que son aliadas de los sistemas económicos de acumulación capitalista en los espacios geográficos que circunscriben y de donde emergen. Ya que en ellos está presente y pretende seguir reproduciéndose exponencialmente hasta el final, el control de la división del trabajo, el intercambio de bienes y el flujo de capital mediante los acuerdos comerciales transnacionales. Que han evolucionado hasta exhibir una de las principales características de estos sistemas internacionales de las migraciones con sus imbricadas fronteras: la circulación de trabajadores, en donde la libertad de movimiento es la excepción y su restricción es la norma.[1]

Restricciones en donde las fronteras parecen ser esos guardianes que aparecen al inicio de la novela “El Proceso” de Franz Kafka. Que representan a la ley cuando un campesino solicita permiso para entrar en esa misma ley, contestándole el centinela que por ahora no podía dejarlo entrar. Después el hombre reflexiona volviendo a preguntar si más tarde lo dejaría entrar. “Tal vez, pero no por ahora” contesta el guardián. Argumentando después: “Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y solo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro”.

Lo cierto es que más allá de las marcadas divisiones políticas y económicas que las fronteras intentan imprimir en la actualidad con las crecientes restricciones legales que existen en tiempos de crisis capitalista, para proteger mediante los mismos nacionalismos anacrónicos a las elites beneficiadas de siempre, es que existe otra realidad bastante sugerente dentro de los territorios; podemos decir que así como hay fronteras externas, también existen fronteras internas, inclusive hasta fronteras invisibles, lo que nos lleva a entender estas divisiones fuera de los muros. Tenemos las prácticas xenofóbicas y clasicistas que se anteponen a diario ante el arribo de más población extranjera, en mi opinión aquí encontramos una de las barreras más difíciles de derribar en la actualidad, el guardián kafkiano más sutil pero también el más poderoso al fondo del salón.

No obstante el doble sentido de las fronteras, legal-restrictivo y sublime-emancipador, estas jueguen un papel cada vez más importante dentro de los sistemas migratorios supranacionales. Sin estas condicionantes no existiría la tensión social que conllevan a los acalorados debates políticos y académicos, que no son del todo perniciosos ya que nos ayudan a avanzar en la comprensión por lo menos semántica de esta realidad, para a repensar ciertas categorías de análisis dentro del vasto campo sociológico de las migraciones.

Por ejemplo, la desigual aplicación restrictiva ante el arribo de más población extranjera y su tratamiento, que nos hacen recapacitar que no todos los que llegan son precisamente “migrantes”. Esto a raíz de la proliferación de clasificaciones excluyentes que tienen como base sistemas métricos neoliberales de un mundo en constante y frenético desarrollo. Parámetros distintivos para las migraciones calificadas o altamente calificadas como para las migraciones labores o voluntarias y que repercute directamente a las nuevas migraciones forzadas.

Vale lo mismo afirmar que las clasificaciones migratorias consideradas como voluntarias e involuntarias permiten inducir a los Estados una regularización y organización de los ingresos y egresos de personas mediante una selección de migrantes “deseados” o “indeseados”. Estos últimos han llegado a ser considerados inclusive como ilegales por encontrarse al margen de los sistemas de la migración regulada y las migraciones legales como aquellas deseadas de acuerdo con los intereses nacionales por su frenética carrera por el talento[2]. Elevando esta categorización hacia la perspectiva de ser inferidas como migración calificada o altamente calificada, retomando una perspectiva clasista que trasciende el propio capital humano y su pertinencia en el desarrollo que puedan generar.

Inclusive esta clasificación de migrantes “calificados” puede ser considerada como una política migratoria clientelista y meritocrática, al responder a lealtades políticas y a la opinión pública local, así lo considera Shachar[3], debido a que se funda en una clasificación selectiva y que apuntan a que los sistemas políticos de la migración se caractericen por la competitividad. Una manera más de discriminar a las personas según sus capacidades educativas, según Tannock[4].

Pareciera que la criminalización y persecución de los contingentes de migrantes que no tienen la posibilidad de acceder a este sistema de clasificación y que se encuentran expuestas en cualquier momento a detenciones arbitrarias, deportaciones o retornos forzados son más bien estrategias de depuración del mercado laboral, por ser una mano de obra desechable y superflua, así lo expresó de forma clara Márquez Covarrubias[5]. Sobre todo de los mercados labores pertenecientes a las economía desarrolladas, aunque en los últimos años se han unido a esta depuración las economías de los países de tránsito, como el caso de México. Deportaciones, huelga a decirlo más allá de las fronteras nacionales.

En este punto vuelve a ser importante seguir partiendo de la comprensión de que la mayoría de las migraciones internacionales responden a la desigual distribución espacial del capital y del trabajo, por lo que las fronteras existen en este punto para marcar esa línea no tan delgada, -no como las que representan en las mapas- de desigualdad social, sin descartar que internamente se presentan estas mismas desigualdades, sobre todo en las grandes ciudades.

Para quienes ven los procesos y fenómenos sociales en términos de conflicto y no de equilibrio, las fronteras mexicanas son un buen parámetro para profundizar en este análisis semántico. Al comparar fronteras, de un país tan complejo como México, de entrada no parecer lógico constreñirse a una sola teoría sociológica de las migraciones ni tampoco subsumir el concepto de fronteras a la ya de por si escasa discusión teórica sobre este tema. Ni mucho menos reducirse al marco analítico asentado en una perspectiva que hasta ahora solo se ha sostenidos dentro del nacionalismo metodológico. Esto sucede cuando se contemplan a los países como las unidades de análisis y como los actores principales.

México, resulta un escenario idóneo para estudiar en específico este fenómeno en ambas fronteras. En el sur, en donde no solo se colinda con Guatemala y Belice sino con el Triángulo norte de Centroamérica completo: Honduras, El Salvador y Nicaragua, se tiene desde hace una década una situación verdaderamente alarmante de crisis humanitaria, teniendo por origen del problema, precisamente, la propia condición y manejo de la supuesta irregularidad de este sujeto migrante.

Una situación que también se puede aplicar hacia la otra crisis humanitaria en la frontera norte, con las crecientes reinserciones producto de las deportaciones de mexicanos en ambos polos geográficos de la frontera norte del país[6], de los otros connacionales mexicanos que se desplazan hacia la misma frontera norte para intentar cruzarla de forma irregular o no documentada varados en algún punto esperando el momento para realizar el paso.

Si ponemos atención, más allá de los hechos cotidianos de persecución y violencia hacia el migrante no documentado centroamericano o mexicano en cualquier frontera, bien puede ser que todos estos cambios nos indiquen la presencia de nuevos patrones migratorios impuestos por los distintos dispositivos políticos. Inherentemente se abre la puerta a la aparición de otra nueva tendencia y la imperiosa necesidad de una nueva política por parte del Estado mexicano: los solicitantes de asilo. Tanto para los reinsertados en México desde los Estados Unidos, como para los que de nueva cuenta reinciden una vez reinstalados en sus países de origen en Centroamérica que volverán a internarse en tránsito migratorio por México y para nuevos contingentes de migrantes internacionales como los haitianos varados en el noreste del país.

Ante esta realidad me parece que desde las fronteras el tratamiento y reconceptualización de la migración forzada es clave en este sentido. Se necesita algo que se adelante a la normatividad y práctica administrativa institucional. Todos estos desplazamientos internos terminarían dándoles un tratamiento imposible de extranjeros en su propio país a los inmigrantes desde las legislaciones existentes. De este modo, ya no podemos hablar de derechos de los desplazados, sino de beneficios concedidos por el Estado en cuestión que ofrece la protección de forma selectiva, como si únicamente se tratara de recibir los beneficios democráticos y de ciudadanía que recibe un refugiado por el Estado que otorgó el asilo. Es decir, el verdadero interés humanitario por la crisis de los migrantes en tránsito se desvirtúa, pues las categorías dentro del sistema global de protección a migrantes se quedan cortas ante la realidad actual. Volviendo a Bauman para concluir mencionaba que los contingentes de migrantes desplazados como proscritos productos de la globalización, son el epítome y la encarnación más plena del espíritu de frontera.

NOTAS:

[1] Arango, Joaquín (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. [Versión electrónica], Red internacional de migración y desarrollo. En, http://migracionydesarrollo.org/.

[2] Shachar, Ayalet (2006). The race for talent: highly skilled migrants and competitive immigration regimes. En, New York University law review, núm. 81. Universidad de Toronto.

[3] Ibidem

[4] Tannock, Stuart (2011). Points of perjuice: educatios-based discrimination in Canada’s inmigration system. En, antipode, vol. 43, núm. 4, pp. 1330-1356.

[5] Marquez, Humberto (2013). El redoble de la migración forzada: inseguridad, migración y destierro. Migración y desarrollo, Segundo semestre. Vol. 12, 159-175.

[6] La perniciosa e inhumana estrategia de deportación y de control fronteriza de la Border Patrol –“La migra”- al deportar a los migrantes de extremo a extremo en la frontera norte. Teniendo como efectos la modificación de la organización comunitaria local, reconfigurando el mismo tejido social y las dinámicas económicas de las ciudades fronterizas. Además de condenar a la trashumancia a miles de repatriados que tienen que recorrer cientos de kilómetros para regresar a sus lugares de origen o para volver a intentar cruzar la frontera por el mismo lugar por donde lo intentaron antes de ser capturados, exponiéndolos abiertamente al tráfico ilícito de migrantes por parte del crimen organizado. Con todo esto, paradójicamente se están convirtiendo en indocumentados en su propio país.

SOBRE EL AUTOR:

Jorge Morales Cardiel consiguió su Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, y su Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México. obtuvo un Máster en Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña, España y actualmente es estudiante de Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA. Sus líneas de investigación son: Migración indocumentada, migración en tránsito, políticas públicas hacia la migración, migración y desarrollo, Sociología de las migraciones. Entre sus principales publicaciones: “La enchilada light”. Revista de San Gregorio de Portoviejo Ecuador. Octava edición, junio-diciembre 2014, ISSN 1390-7247. “La inmigración indocumentada por países de tránsito, nuevo paradigma de los sistemas migratorios: el caso de México y Marruecos”. Revista Perspectivas Geográficas Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Vol. 21, num, 2, 2016. El control de fronteras a cambio de los derechos humanos. 2017. Editorial Académica Española. ISBN: 978-3-639-53516-7. “Migración y (sub) desarrollo: una aproximación teórico-estructuralista”. Revista Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Cuajimalpa, Ciudad de México. Núm. 4.

 

 

¿Quién para cuidarnos? La migración laboral que seguirá fluyendo

Por Lorena Mena Iturralde

Mujeres migrates, El Universo

Despedidas en el aeropuerto de Quito /Foto tomada de Diario El Universo

Durante los primeros años del nuevo milenio, una imagen común en los aeropuertos de Ecuador y de otros países de la región andina era la de mujeres despidiendo entre llantos a sus familias, dejando a sus hijos a cargo de hermanas, abuelas o cónyuges, y tomando un avión hacia España o Italia, con boleto de retorno incierto. No es una novedad contar lo que esos países tenían preparado a aquellas mujeres que escapaban de las crisis económicas de sus lugares de origen. La llamada feminización de las migraciones ha sido objeto de infinidad de estudios surgidos a raíz de las transformaciones que la globalización, la baja fertilidad y el envejecimiento poblacional provocó en las naciones desarrolladas, demandando mano de obra no solo barata, sino dispuesta a ocupar nichos laborales considerados de poca cualificación.

En esa categoría, el trabajo reproductivo remunerado, concretamente el servicio doméstico y de cuidados ha estado a cargo principalmente de mujeres migrantes, cuya movilidad dejó de estar ligada únicamente al acompañamiento de sus cónyuges, convirtiéndose así en migrantes laborales autónomas (Martínez, 2007; Pedone, 2012). Datos publicados por el Instituto de Estudios y Divulgación sobre Migración (INEDIM) señalan que del total de migrantes internacionales que se contabilizan en el mundo (244 millones de personas, en 2015), el 48% son mujeres, y que en América Latina y el Caribe su número ha aumentado en las últimas décadas.

Al respecto, creo necesario reflexionar sobre ciertos escenarios que hacen prever que los flujos de mujeres que emigran para insertarse en la economía del cuidado de otros países no solo seguirán existiendo, sino también ampliando. Lo traigo a colación a propósito de un interesante artículo titulado El último trabajo humano, que reseña cómo el gobierno de Japón se ha anticipado a la falta de cuidadores para una población que envejece con rapidez, invirtiendo en “cuidadores automatizados”, esto es, robots para cargar pacientes desde la silla de ruedas hasta la cama, otros para compañía de ancianos, máquinas que ayudan a caminar, hasta los que asisten en las tareas de la casa.

Robear

Robear es una especie de oso robótico que puede cargar a los pacientes desde la silla de ruedas hasta la cama/ Foto tomada del portal http://www.engadget.com

Dicho ensayo destaca también que Estados Unidos está invirtiendo en tecnología enfocada a este sector poblacional creando, por ejemplo, llamadas telefónicas administradas con inteligencia artificial y sensores para el hogar para monitorear eventos inusuales en las actividades diarias -como detectar que nadie ha abierto la puerta del refrigerador en varios días-, algo vital en un país en el que suelen reportarse casos de adultos mayores fallecidos en sus domicilios sin que alguien lo note hasta semanas, meses e incluso años después. Para muestra, me remito a la reveladora crónica Morir solo en Nueva York de The New York Times, y al espeluznante reportaje La muerte habita el piso de al lado de Diario El País, que expone similares situaciones en España.

El temor de los gobiernos del primer mundo a que no haya suficientes humanos para cuidar a sus enfermos y adultos mayores, obedece a que para 2030, solo en los Estados Unidos se proyecta que harán falta 151,000 cuidadores pagados y 3.8 millones de familiares sin pago que se hagan cargo de ellos. A raíz de esto, se discute en la actualidad que este tipo de empleos que requieren de un toque humano serán los últimos que entregaremos a las máquinas -si es que alguna vez sucede- por la imposibilidad de que robots y algoritmos puedan generar empatía, adentrarse a las esferas del dolor de las personas o sean aceptados en su totalidad por los pacientes.

En ese sentido hay expertos que sugieren empezar a hacer más atractivas las ofertas de empleo relacionadas con el cuidado de los otros, pues es conocido que la fuerza de trabajo asociada a ello, a menudo gana el salario mínimo o menos por los prejuicios históricos existentes en torno a esas tareas. A ello hay que sumar un marcado componente de género, que asume que las mujeres tienen la obligación de encararlo, así como una dimensión étnica [la idea de que son ‘oficios de inmigrantes’] y de clase.

Mujeres migrantes retornadas de España y de Italia a las que entrevisté durante mi trabajo de campo en Ecuador, solían hacer hincapié en sus aprendizajes positivos y negativos haciendo labores de cuidado remuneradas, las cuales, aunque les eran rentables económicamente al traducirse en remesas, no constituían un trabajo deseable para ellas. A algunas, las condiciones laborales las ubicaban en desventaja, pues se les solía contratar para tareas específicas como cuidar niños o ancianos, pero en la práctica, se les asignaba también trabajo doméstico, con horas extras sin paga, siendo latente su temor a denunciar tal situación por estar indocumentadas.

Fui a trabajar en esa época con un joven con discapacidad. Tenía que atenderlo y cuando había tiempo sacarlo a pasear. En ese trabajo, cuando yo entré, trabajaban tres italianas y las italianas decían que ellas pedían que las enrolaran y ellos (los jefes) no querían, porque allá en Italia decían que si eran italianos mismos tenían que pagarles todas las de ley y querían extranjeros, porque a esos les podían hacer lo que les daba la gana y ya. Entonces a esas tres chicas italianas las botaron y solo me cogieron a mí. Trabajaba día y noche, haciendo de todo
(Esther, retornada de Italia)


Comencé a trabajar cuidando ancianos, que es lo típico. Hacerles compañía, y arreglar la casa. Bueno, realmente aprendes bastante, porque es un trabajo bien humano. Cuando te contratan eres como una especie de auxiliar de enfermería, porque tienes que darles sus pastillitas, ver que su comida se la preparen en condiciones buenas, cambiarles sus pañales, entonces sí aprendes. Yo por lo menos que nunca sabía de eso, es un trabajo bastante delicado y sensible, porque también tienes que tratarles bien, con cariño, con amor. Aunque ellos dicen que por nuestra propia forma de hablar ya somos cariñosas
(Rosa, retornada de España)

Algunos testimonios que recabé, si bien dan cuenta de lo humano que es el trabajo del cuidado, también resaltan lo difícil que es atender a personas con discapacidad motriz, así como a adultos mayores con Alzheimer u otros trastornos mentales. El estar poco preparadas para asumir un rol que involucra la salud, llevó a algunas a tomar cursos de capacitación y certificación en enfermería, inclusive como medio para lograr contratos laborales mejor remunerados en centros geriátricos. No obstante, hay investigaciones que señalan que el servicio doméstico y del cuidado opera como un embudo, no solo por la segmentación étnica que viven las mujeres migrantes dentro de ese mercado laboral, sino también por las características propias de esos oficios, como son el aislamiento que genera vivir en el mismo lugar donde se trabaja, y relaciones de salarios y horarios a discreción del patrono (Pagnotta, 2012).

Para algunas de mis entrevistadas, insertarse en estos nichos laborales fue su única posibilidad durante la experiencia migratoria. “Era lo que había”, me contaban, y no todas, pese a su escolaridad [había mujeres con estudios universitarios], lograron salir de esa espiral durante el tiempo que vivieron en el extranjero.

Más ancianos, menos jóvenes

El envejecimiento de la población y menos nacimientos es una realidad desde hace mucho tiempo en los países desarrollados, de ahí que dentro de sus llamados Estados de Bienestar hay conciencia, políticas migratorias y sistemas adaptados para dar cabida a la oferta y demanda de este tipo de oficios [con ventajas y aun así con desventajas para las mujeres migrantes]. Pero existe preocupación por lo que ocurrirá en las próximas décadas, incluyendo a los países del llamado Sur global, en los que la estructura mediante la cual se han resuelto tradicionalmente los cuidados ha sido la familia, cayendo el peso sobre las mujeres. Muchas de ellas, aunque activas en el mundo laboral, duplican sus jornadas de trabajo [extra e intra domiciliario] o terminan asignando esta responsabilidad a otras de su círculo cercano, sin remuneración de por medio por lo general.

De acuerdo con el informe Perspectivas de la Población Mundial de la Organización de las Naciones Unidas, se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050 y triplique para 2100 [ver gráfico], pues a nivel mundial, este grupo de población crece más rápidamente que los de personas más jóvenes. Europa es la región con más personas perteneciente a este grupo (25%), pero ese grado de envejecimiento de la población, advierte la ONU, también llegará a otras partes del mundo para 2050, con excepción de África.

Envejecimiento ONU

Envejecimiento de la población. Fuente: ONU, 2017

En el caso de México, el Consejo Nacional de Población (Conapo) proyecta que para 2030 el porcentaje de adultos mayores será de 20.4 millones, lo que representará el 14.8% del total de su población, ante lo cual, la demanda de servicios derivados de esta condición humana irá en aumento. En Ecuador, donde acualmente el 7% de sus habitantes tiene más de 65 años, otros estudios estiman que para 2025 llegará al 10%; en Perú, alcanzará el 13,2% en 2030, mientras que en países como Chile y Brasil, la esperanza de vida está mostrando aumentos acelerados.

Como explica del Río (2004), la crisis de los cuidados alcanzará dimensiones alarmantes, por lo que es necesario que esta problemática pase de la esfera de “lo privado” [los hogares] a un problema político de primer orden. En este marco, destaca que se requiere una corresponsabilidad no solo de los hombres, sino también del mercado, mediante la reorganización del sistema económico y laboral; y del Estado, vía políticas públicas.

Finalmente me quedan algunas interrogantes, que más bien, son una invitación a la reflexión sobre el tema: a) ¿Serán los Estados de los países del Sur Global capaces de gestionar el problema de la Cuidadanía de manera similar a la de los países desarrollados, en términos de bienestar social?; b) las migraciones laborales venideras, ¿seguirán reproduciendo la dimensión de género tradicional o ante la demanda, involucrará a hombres en lo concerniente a los cuidados?; c) las condiciones laborales para este tipo de oficios en América Latina, donde la precariedad es más profunda, ¿tendrán reconfiguraciones significativas que atraigan mano de obra [nacional o extranjera], con menores riesgos de ser víctimas de explotación?; y d) el peso que tiene la familia en los contextos latinoamericanos para asumir los cuidados, ¿sufrirá cambios sustanciales en vista de procesos demográficos que tienden a hogares con cada vez menos miembros y con necesidad de salir a trabajar? Seguramente habrá más preguntas que respuestas a estos desafíos.Ancianos 1


Referencias bibliográficas

Del Río, Sira, 2004, “La crisis de los cuidados. Precariedad a flor de piel”, Rebelión. En  http://www.rebelion.org/hemeroteca/economia/040308sira.htm

Martínez P., Jorge, 2007, “La feminización de las migraciones en América Latina: Discusiones y significados para políticas”, CEPAL, En https://www.cepal.org/celade/noticias/documentosdetrabajo/3/36563/JM_2007_FeminizacionMigracionesAL.pdf

Pagnotta, Chiara, 2012, “El espacio migratorio entre Guayaquil y Génova”, Mouseion, Dossiê Narrativas de Imigração, núm. 12, may-ago, pp. 56-69.

Pedone, Claudia, 2011, “Familias en movimiento. El abordaje teórico-metodológico del transnacionalismo familiar latinoamericano en el debate académico español”, Revista Latinoamericana de Estudios de Familia, núm. 3, pp. 223-244.

 

Mor-Méx: horticultura y migración laboral interna

Quetzalli Estrada Lima

[1]queiraya@yahoo.com.mx

En nuestro país, desde el siglo pasado, la migración que se ha experimentado ha estado articulada por factores de expulsión (Revolución mexicana -durante y como resultado de-, sequías muy agudas, crisis económica y social, violencia), y factores de atracción (demanda de mano de obra para actividades de los diferentes sectores), siendo mayoritariamente los lugares de destino, los que definen su carácter temporal, pero siempre, buscando la complementariedad de los ingresos familiares para la subsistencia del grupo doméstico (Sánchez y Lutz, 2010).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “productor de tomate”, Totolapan, Morelos, 2005

Particularmente, respecto a la crisis del campo, se ha vivido y haciendo frente de distintas maneras y con diferentes recursos por parte de los campesinos que responden a sus contextos regionales. Algunos de ellos, con acceso a tierras y recursos económicos, pudieron hacer frente a estas crisis cambiando sus formas, modos y tipos de cultivo, pero otro grupo de campesinos, pobres, comenzó un proceso migratorio que se ha venido reproduciendo, generación tras generación, buscando mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, esa búsqueda no ha sido precisamente exitosa. La migración jornalera es atraída a regiones agrícolas de cultivos de exportación, principalmente, y de cultivos que demandan fuerza de trabajo temporal (hortalizas, floricultura, vitivinícolas, frutas, etc.) que, con dinámicas particulares, se vinculan uno con otro, en distintas redes de flujos y circuitos migratorios complejos, formando redes y relaciones sociales, económicas y hasta políticas.

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Foto: Quetzalli Estrada, “Jornaleros migrantes. Grupo parental”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2005

En el centro del país, en la zona de los Altos de Morelos y municipios vecinos de estado de México, a mediados del siglo pasado se dieron algunas transformaciones que provocaron cambios que favorecieron la funcionalidad del espacio como nichos migratorios. Resulta difícil señalar la cronología de los primeros hechos, así como una implicación directa. Sin embargo, puedo mencionar que los cambios comenzaron del lado de Morelos y poco más tarde del de Estado de México (Estrada, 2009):

a) La producción de cultivos básicos fue desplazada en parte, por cultivos comerciales como frutas y hortalizas, que resultaban más rentables para el mercado interno. Esta producción ha dependido, desde un inicio, de pequeños productores, dueños o arrendatarios de parcelas atomizadas, que de manera individual no ocupan grandes contingentes de fuerza de trabajo, ni de forma continua, pero que sumados, han venido generando una demanda considerable.

b) Inicio de desplazamientos temporales y permanentes del campo a la ciudad (Cuautla, Cuernavaca, Distrito Federal). Estos desplazamientos movilizaron hombres solos, mujeres jóvenes solteras y hasta grupos familiares completos.

c) Relacionando los hechos anteriores, se dio un incremento de la demanda de mano de obra en los Altos de Morelos, que primeramente fue cubierta con trabajadores de la misma región (tanto de Morelos como del estado de México), pero al no poder solventar esa demanda, los productores tuvieron que desplazarse a la contratación de mano de obra indígena, que ya llegaba a la ciudad de Cuautla para la zafra.

d) Posteriormente, los pequeños productores comenzaron a canalizar esa mano de obra a sus propias comunidades, llegando a formar las condiciones adecuadas para que año con año, durante el temporal, los jornaleros agrícolas migrantes llegaran directamente a esta región y cubrieran las tareas correspondientes a la producción de hortalizas (jitomate, tomate, pepino, calabaza).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “Empaque de jitomate”, Tlalámac, México, 2006

Actualmente, los productores de la región poseen entre media y cinco hectáreas, muchas veces repartidas en pequeñas parcelas, y son apoyados por sus grupos domésticos. Asimismo, la mayoría de ellos está inserto en una dinámica de subsistencia que se apoya en la multiactividad y en la diversidad agrícola, que le ha permitido, bajo esquemas, técnicas y practicas productivas de organización familiar, transgeneracional, consolidar estrategias de reproducción del grupo doméstico y comunitarias, que van redefiniendo sus identidades y su existencia cultural campesina, en un contexto económico y político desigual (Guzmán, 2005). Por lo tanto, para la mayoría de estos productores la horticultura no es su única fuente de ingresos, pues echan mano de otras actividades tales como la siembra de flores, el comercio local de frutas y alimentos (dentro y fuera de la región), o insertándose en subempleos del sector terciario.

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Foto: Quetzalli Estrada “Familia jornalera”, Totolapan, Morelos, 2005

A diferencia de otras zonas hortícolas del país, en esta región, las tareas del cultivo de hortalizas, se hacen de forma manual, desde la siembra hasta el empaque, por lo tanto, el periodo de demanda de fuerza de trabajo va de junio a noviembre (etapa intensa, septiembre y octubre). Además, el trato patrón-jornalero, se da de manera directa, sin figuras de intermediarios.

Otra característica de este mercado de trabajo, es que de acuerdo con Sánchez (2004:5) “la masiva afluencia de trabajadores en la temporada alta, tiende a mantener una sobreoferta, la cual puede agudizarse o neutralizarse por el errático comportamiento de los precios de mercado [alentando o inhibiendo la realización de las cosechas]”.

Bajo este contexto podemos distinguir cuatro centros de contratación de jornaleros migrantes, tres del lado de Morelos, y uno del de estado de México, surgidos en diferentes momentos y con algunas características particulares:

1) Atlatlahucan, municipio homónimo

2) Totolapan, municipio homónimo

3) Achichipico, municipio de Yecapixtla

4) Colonia Guadalupe Hidalgo, municipio de Atlautla

La población jornalera migrante puede ser de varones solos (Atlatlahucan), familiar, grupo parental, grupo mixto y paisanos, por lo tanto se pueden encontrar hombres, mujeres, adultos, jóvenes y niños, trabajando las parcelas de esta región. Las condiciones laborales han venido definiéndose históricamente por la experiencia, de trato directo con el “patrón”, y el precio de la jornada laboral es variable y corresponde con el precio del cultivo en el mercado, oscilando en promedio entre los 80 y 100 pesos por jornada laboral (un día). Por lo tanto, el empleo durante la temporada no es estable, ni de todos los días, lo que provoca entradas y salidas constantes de los jornaleros migrantes. Generalmente no hay pago diferenciado entre hombres y mujeres, pero sí en cuanto a las labores que se realizan. El trabajo infantil, no está “bien visto” en la región, por lo que no se hace trato con los niños, ellos pueden ayudar o no en las labores por las cuales fue contratado el padre o la madre.

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Foto: Quetzalli Estrada Lima. “Dos generaciones de jornaleros”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2006

Las comunidades de origen de esta población son principalmente, indígenas nahuas, mixtecas y tlapanecas de la Montaña de Guerrero (Atlamajalcingo del monte, Acatepec, San Luis Acatlán, Tlapa de Comonfort, Tlacoachistlahuaca y Metlatónoc), y la Mixteca oaxaqueña (San Pedro y San Pablo Teposcolula, Juxtlahuaca, Putla Villa de Guerrero, San Pablo Tijaltepec y Chalcatongo de Hidalgo). Y se han identificado dos principales modalidades migratorias importantes:

  1. a) la pendular: migrantes que se mueven desde su lugar regular de residencia a algún otro (en Morelos o estado de México), y de regreso.
  2. b) la circular: aquellos que viajan siguiendo las cosechas de jitomate, en diferentes regiones agrícolas del país, resaltando destinos como los campos agrícolas de Sinaloa, Michoacán y Baja California.

La naturaleza de las empresas agrícolas, marcadas por su limitada escala y nivel económico, por un lado, y las condiciones precarias laborales, con bajas remuneraciones y alto rendimiento de los trabajadores, por otro, han sido clave para la consolidación de un mercado laboral que ha favorecido la migración indígena jornalera. Es así como el nicho migratorio Mor- Méx se articula a un circuito migratorio complejo, que se suma a una geografía de flujos al interior de nuestro país, marcado por la agricultura comercial  (interna e internacional), donde la articulación del empleo estacional forma parte de las estrategias de sobrevivencia de hogares que se han especializado como jornaleros agrícolas.

 

 

 

Referencias bibliográficas:

Estrada, Quetzalli (2008), “Migración y empleo en el sureste del estado de México”  en Dilemas de la migración en la sociedad posindustrial, Pablo Castro Domingo (coord.), Miguel Angel Porrúa/UAEM México/UAM, México, pp. 113-136

Estrada, Quetzalli (2009), “La expansión del mercado de trabajo morelense hacia tierras del sureste mexiquense y sus centros de contratación”, en Buscando la vida. Productores y jornaleros migrantes en Morelos, Kim Sánchez y Adriana Saldaña (Coords.), Plaza y Valdés Editores, pp. 61-86

Guzmán, Elsa (2005), Resistencia, permanencia y cambio. Estrategias campesinas de vida en el poniente de Morelos, Plaza y Valdés Editores-UAEM Morelos

Sánchez, Martha J. y Bruno Lutz Bachère (2010) “Introducción” en Balance y perspectivas del campo mexicano: a más de una década del TLCAN y del movimiento zapatista, Instituto de Investigaciones Sociales (UNAM)-Asociación Mexicana de Estudios Rurales, pp. 15-26

Sánchez, Kim (2004), “Los jornaleros agrícolas migrantes en los Altos de Morelos”, Avances de investigación, México, Facultad de Humanidades-UAEM-Morelos

[1] Estudió la licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Como estudiante participó en el Proyecto de creación de Bases de Datos en la Unidad de Estudios Etnográficos y Antropológicos de la Facultad de Humanidades de la UAEM.

Ha colaborado en la realización de DVD-Documentales sobre danzas, en los estados de Guerrero (2006) y Tabasco (2010-2011), con grabaciones de campo, levantamiento de imágenes de video y fotos fijas, así como en la investigación para el sustento de los mismos. Ha sido miembro de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales A. C. (AMER) y la Asociación Mexicana de Estudios del Trabajo A. C. (AMET). Fue Becaria del CONACYT a través del proyecto red “La constitución de territorios migratorios como espacios de articulación de migraciones nacionales e internacionales. Cuatro estudios de caso” bajo la dirección general de la Dra. Sara M. Lara Flores del IIS-UNAM. Ha publicado artículos relacionados con los temas sobre mercados de trabajo rural, centros de contratación y migración laboral (2008, 2009a, 2009b, 2010).

Ha sido ponente en diversos foros de Congresos sobre temas del campo mexicano, patrimonio cultural inmaterial y educación media superior. Ha cursado diplomados sobre Patrimonio Cultural Inmaterial (CRIM-UNAM, 2013), Competencias docentes en el nivel medio superior (UAEMéx., 2013-2014), Derechos humanos (UACM, 2015). Y desde el 2011, es docente de nivel medio superior en el estado de México.Imagen 7

 

Cuerpo y emoción: la experiencia en campo como investigadoras sociales

Por: Gabriela Pinillos

 

En mi entrada anterior al blog quise proponer una reflexión acerca de la importancia de discutir sobre los retos en campo que experimentamos las mujeres y escribir sobre las estrategias que se crean para superar las desventajas de género en esta materia.

Me interesa, en términos generales, el tema de las emociones y la corporalidad de las mujeres en la investigación y, particularmente, en esta nueva entrada mi objetivo es invitar a reflexionar sobre el tema de las estrategias de acercamiento que las mujeres investigadoras adoptamos en espacios principalmente dominados por hombres así como también sobre las estrategias de acercamiento con otras mujeres, y poner en consideración la denominada “objetividad epistemológica” que tanto se menciona en las aulas de clase y en donde se nos exige, para una investigación más exitosa, procurar la capacidad de tomar la distancia con el problema de estudio y verlo, en la medida de lo posible, como si nuestra presencia no irrumpiera en el espacio, de modo que la observación que hacemos pueda copiar la imagen más ajustada de la cotidianidad de las poblaciones que estudiamos.

En la experiencia en campo, como en la vida cotidiana, nos enfrentamos a una serie de circunstancias que nos confrontan, nos retan, nos desafían. ¿Qué hacemos con ello? ¿cómo nos enfrentamos a cada situación de esas? son cosas que no podemos saber hasta no vivirlas, esto no quiere decir que no podamos considerarlas previamente y crear-diseñar un plan estratégico para afrontar contingencias en campo. Pero ¿qué hacer con aquello que no podemos prever y que puede escaparse de cualquier plan previamente establecido?

Desde situaciones que podríamos llamar “límite” tales como experiencias de agresiones o violencia, hasta otras que pudiéramos considerar dentro de la normalidad, como el encuentro noble y considerado con la/el otra(o), nos exponen como investigadoras(es) a la expresión de sentimientos y emociones permanentemente. Experiencias de violencia, por un lado o de empatía, por otro: el enojo, el llanto, la ternura, el miedo están aunque no siempre presentes, sí se manifiestan latentes frente a lo inesperado, no es posible alejarnos totalmente de ellos. Sin duda, la forma en que estos sentimientos se manifiestan y cómo los manejamos depende de cada persona, y está sujeto, por supuesto, a la capacidad de cada individuo de manejar sus emociones. Por ello la riqueza de cada investigación también está en la experiencia de cada investigador y, en esa misma medida, los resultados siempre entregarán algo nuevo, aunque se trate de un tema “muy” explorado y aunque dos personas parezca que están interesados en el mismo problema de investigación. Pero esa riqueza será tal en la medida en que, al reconocer la importancia de plantearlo como un tema central en las ciencias sociales, la expresión de emociones y el manejo y las estrategias que se crean para asumirlas en cada inmersión en campo sea documentada y expuesta de manera abierta entre investigadores de todas las disciplinas.

En la experiencia que generan esas situaciones, y en específico, en mi experiencia en campo, he descubierto la importancia del cuerpo y la atención que se debe otorgar al mismo en el encuentro con el/la otro(a), el cuerpo para mí se convierte en un recurso. Planteo entonces que el reconocimiento de éste como una herramienta más de investigación y como un elemento que podemos explorar en la intervención en campo, debe ser necesario como una fuente de posibilidades en la definición de estrategias que nos permitan estar atentos a cómo nuestras emociones se representan y nos impactan en cada inmersión en campo.

En ese sentido, no solo es el cuerpo del otro el que observamos, sino es el propio cuerpo del investigador el que irrumpe en el espacio y lo trastoca invariablemente, razón por la cual debe ser también objeto de nuestra propia observación. El asunto entonces es que la consciencia de ello puede, entonces sí, permitirnos comprendernos a nosotros mismos con todas nuestras emociones, comprender al otro, comprender que en ese encuentro, en esa intervención que hacemos del espacio, nuestra corporalidad y nuestra emocionalidad impacta y es impactada en esa interacción, en lo que estamos observando, nuevamente, de manera personal y singular desde la experiencia de sujeto que investiga.

Los escritos sobre emociones están vinculados a las experiencias de las poblaciones que se estudian y que observamos en el trabajo de campo. Marina Ariza y otros autores vinculados a la Sociología de las Emociones escriben acerca de ello. La emocionalidad y la relación de ésta con la corporalidad son elementos indisolubles e indistintos de la experiencia en campo. Partimos de la idea de que la interacción y el acercamiento entre sujeto de investigación e investigador se encuentran atravesados por las emociones de cada uno las cuales son previas a dicha interacción y vienen dadas a partir del contexto en que cada quien se desenvuelve.

Es por ello que en el encuentro entre investigador y sujetos de estudio, ocurren un cúmulo de emociones y sensaciones que se producen y se combinan, se confrontan y se modifican. No son ajenas unas de otras. Quisiera entonces retomar dos ejemplos a partir de mi diario de campo para presentar lo que para mí ha significado el encuentro con diversos tipos de poblaciones y sujetos de estudio, y la forma en cómo he reconocido el papel no solo como estudiante-investigadora, sino como cuerpo que irrumpe en un espacio.

Resulta preciso fortalecer discusiones y debates en torno a cómo acercarse al campo, cómo el rol de quien investiga es puesto a prueba continuamente, sobre todo, por ejemplo, en el caso de las mujeres investigadoras que se aproximan a espacios dominados por hombres para estudiar las problemáticas que en torno a ellos ocurren, o cuando se trata mujeres que estudian poblaciones de mujeres y con las cuales puede ocurrir una suerte de efecto espejo. Esto particularmente en ciudades fronterizas, donde diferentes procesos y problemáticas sociales se traslapan, se conjuntan, se confunden y crean un escenario complejo donde queda atravesada la frontera geopolítica y, con ella, todas las fronteras simbólicas que se van creando en esa misma maraña de complejidades.

En mi reciente experiencia en campo, la alteridad y la emocionalidad han desafiado continuamente mi acercamiento y aproximación con mis sujetos de estudio. Por una parte, con algunos grupos de hombres migrantes en contextos de violencia, el miedo, el acoso, la objetivación del cuerpo, por poner algunos ejemplos, son elementos sobre los cuales he tenido que adoptar comportamientos que me han permitido resistir el tiempo de inmersión en campo, estrategias que van desde el vestuario, el uso de accesorios y objetos, la adopción de roles que mencionaré a continuación, que logren disuadir un poco la imagen que para ellos pueda representar la presencia de una mujer irrumpiendo en su espacio. Retomaré el caso de un espacio específico en la ciudad donde un grupo de hombres llega todos los días en busca de trabajo vinculado con los oficios de construcción.

En el año 2016 realicé una primera etapa de campo en el lugar, se trató de una exploración a través de observación directa, pláticas informales, y la búsqueda de rapport que pudiera apoyarme en el proceso. Luego, en el año 2017, primer semestre, en la segunda semana de inmersión de la segunda etapa de campo, donde mi tarea consistía ahora en realizar las entrevistas a profundidad con los sujetos del lugar, tuve que encontrarme con expresiones violentas, con formas de acoso. Era de mañana y mientras platicaba con Ramón, un sujeto que pasó muy cerca de nosotros grita: “dile que te gusta el pito“. Estaba muy agresivo y sentí miedo. Ramón tenía una pala de construcción en la mano, y me decía que la tenía para protegerse del otro hombre, era un arma de defensa. Luego, un rato después, en una conversación grupal, un sujeto se refiere a mí diciéndole a otro: “¿tú crees que es tonta? parece, pero no debe ser tanto cuando es capaz de estar aquí sola”. En esas y otras expresiones de los sujetos, comprendí una subjetivación sobre mí, sobre mi cuerpo, la observación que ellos hacían de mí, de mi corporalidad y de mi emocionalidad, una interpretación de quien yo era para ellos justo ahí en ese momento y en ese espacio.

Una mujer de origen colombiano, esa sola característica me podía poner frente a ellos en situaciones distintas, mientras para mí eso significaba la posibilidad de tener una empatía con ellos por ser o haber sido migrante, en realidad su percepción podría estar más asociada al imaginario que desde su experiencia, su socialización, su construcción tienen de Colombia y de las mujeres colombianas, esto por poner un ejemplo. Sus preguntas hacia mí siempre iban en la desconfianza y el escepticismo que podía generar la presencia de una mujer sola y joven en ese espacio constituido eminentemente por hombres.

Una de mis estrategias en este espacio fue usar ropa lo más grande posible, no ponerme maquillaje, no llevar aretes, ponerme un anillo que simulara que soy casada, esto ya lo había escuchado como recomendaciones de otras personas en sus experiencias en campo. Pienso que hasta cierto punto mi cuerpo les permitía no sentirse amenazados por mí. Las características del mismo y la forma en que yo lo reconocía y lo adoptaba, quizá les daba cierta seguridad al hablar conmigo. En la definición de mis estrategias entendí que debía estar siempre consciente de que era mi cuerpo el que irrumpía en el lugar, y que era yo debía adaptarme a el, resistir y soportar las condiciones de un lugar que estaba ordenado previamente, y que en esa conciencia yo debía el reconocimiento de las desigualdades de género, que nos exponen en cierta medida y que tenemos como mujeres que transgredir y enfrentar muchas veces para realizar nuestro trabajo, y poder encontrar en ello oportunidades y recursos como investigadoras sociales.

Ahora bien, por otra parte, del otro tema sobre el cual quería reflexionar, cuando se trata de mujeres que estudian poblaciones de mujeres, voy a retomar el ejemplo de mi acercamiento con mujeres migrantes, el efecto espejo del que hablo lo asocio a la empatía que surge, en muchos casos, durante los relatos de vida en donde se señala la experiencia vivida a partir de la ocurrencia de sucesos vitales como: el nacimiento de los hijos, la muerte, la separación, la migración misma. En la misma etapa de inmersión en campo realizada en el año 2017, me acerqué a un grupo de mujeres que tenían una organización para ayudar a otras mujeres que también se encontraran en situaciones difíciles a causa de su deportación desde Estados Unidos.

Con una de ellas, con quien al momento de conocernos hubo que darse un proceso de construcción de confianza que le permitiera a ella la posibilidad de contarme su historia a través de una entrevista, durante el relato de su historia, la narración que desarrolla sobre su experiencia como madre, el amor por los hijos y la separación con ellos, no podía dejar de resultarme, fundamentalmente, conmovedora, evidentemente pude y tuve que entender mi papel y asumir mi rol frente a ella. Pero resultó un momento de exigencia y de plena conciencia de los cuerpos y las emociones, tanto suyas como mías, una conciencia que demandó también la atención sobre mí misma.

Recuerdo que al terminar un periodo largo de entrevistas terminaba con un dolor muy fuerte en el cuello y la garganta, el médico me dijo que se trataba de un problema en la mordida que se podía deber entre otras a la tendencia a apretar los dientes de manera muy fuerte. Supe que ese dominio que había tenido que ejercer sobre mi cuerpo y sus expresiones en la interacción con la otra, en la escucha, en el silencio y en las pausas, me había generado una serie de sensaciones que requerían también de una estrategia fuera de campo: salir a correr, caminar, relajar, se volvía parte del ritual y de los pasos para terminar cada inmersión en campo. No siempre lo logré, porque luego también está la vida, aquí podemos retomar el planteamiento de Goffman (1989) nuestra actuación es siempre mejor que el conocimiento teórico que de ella tenemos”.

Identificar y reflexionar acerca de las emociones que genera esa interacción se convirtió en un mecanismo en la definición de mis estrategias para resolver los problemas epistemológicos: ¿cómo construir el conocimiento de la manera más clara posible y menos interrumpida por nuestras condiciones personales? ¿cómo considerar las consecuencias que esto tendrá en los resultados de investigación?. Identificar las emociones, reconocer nuestro cuerpo como elemento de intervención en campo, permitirá una mayor conciencia sobre el objeto que se estudia, sobre las comunidades que buscamos comprender y estudiar. El reconocimiento de las emociones y de la forma en que podía usar mi cuerpo de diferentes formas en cada población (como recurso en todos los casos, pero de diferentes formas dependiendo de la naturaleza del espacio, las poblaciones, el ambiente, etc), me permitió resolver el miedo de enfrentarme a ello, la fortaleza que puedo tener para pararme frente a cada sujeto y desenvolverme en cada espacio, con cuidado, con prudencia, con protocolos, pero también con honestidad, libertad y seguridad.

Quiero plantear esta discusión como una forma de invitar a una reflexión entre las y los jóvenes investigadoras(es) y a incluir en nuestros apartados metodológicos la reflexión o auto-reflexión de nuestra propia experiencia en campo, y así ir abonando a la construcción de literatura que se viene haciendo sobre herramientas y estrategias metodológicas y de acercamiento en campo. Pienso que reconocer el efecto que pueden tener estas interacciones permite si no la denominada “distancia epistemológica”, sí la conciencia del cuerpo como un instrumento en campo, y que esa consciencia sirva, a su vez, como elemento que permita superar los retos y obstáculos metodológicos que cada vez complejizan más la tarea de las y los investigadores por las mismas transformaciones y cambios acelerados que experimentamos en nuestras sociedades actualmente. Y, por último, creo que poner en la mesa estas experiencias, discutirlas de manera colectiva, nos puede ayudar a entendernos en nuestra labor de investigadoras y a tener consciencia, no sólo de los sujetos de estudio, sino de nosotras mismas.