¿Quiénes somos?

La Comunidad Interdisciplinaria de Estudios Migratorios -CIEM- está conformada por jóvenes investigadoras/es que abordan la migración desde diversas disciplinas y perspectivas a través de metodologías cualitativas, cuantitativas o mixtas. Ubicados, en su mayoría, en la frontera México-Estados Unidos, los integrantes enfocan sus investigaciones  en estos países y en algunos de la Unión Europea y América Latina. Esto permite un análisis transversal, dotado de características que se particularizan por los contextos, las zonas geográficas y por los migrantes. La CIEM tiene como objetivo aportar a los temas actuales sobre migración y movilidad, y de la misma manera participar en su divulgación y difusión; además se interesa en propiciar un espacio crítico y colaborativo con otros grupos e investigadores que compartan intereses de investigación. Por tal razón la CIEM  es receptiva de quienes tengan interés en colaborar en esta comunidad.

Contacto: ciem.comunidad@gmail.com

 

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“Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”. Comentarios a la propuesta

 

Lorenia Urbalejo Castorena

lorenia.urbalejo@gmail.com

Los estudios sobre la migración como un tema “clásico” dentro de las ciencias sociales y las humanidades, en algunos momentos parecen detenerse, porque hay flujos que disminuyen, debido, entre otras razones, a que los migrantes deciden quedarse en los espacios de migración y eso modifica los patrones, o bien las personas se “incorporan” a las sociedades receptores, entre otra causas. Sin embargo, los movimientos espaciales, explicados así para ampliar la discusión sobre migración, según algunos académicas/os,  reviran  y presentan otras caras, las de los retornados forzadamente, los desplazados, los que van de paso. Así, como el proceso migratorio- expuesto ya en distintos estudios- no conlleva sólo una salida y una llegada, tampoco podemos suponer que la sociedad que recibe y expulsa no tendrá cambios donde se impliquen aspectos como los macroeconómicos o políticos, las sociedades precisamente son parte de las “grandes” decisiones del Estado, de las políticas de gubernamentalidad, y de las “decisiones” que desde lo personal y grupal se toman. De tal manera que, así como lxs investigadoras/os nos insertamos y damos cuenta de cambios y reconfiguraciones, sería poco posible pensar que nuestras herramientas de recolección de datos y análisis, y de la misma forma de nuestra participación en los comunidades donde desarrollamos nuestras investigaciones, no precisan de cambios, y de ninguna manera se  trata de apresurar metodologías novedosas, sino de dar cuenta que la llamada academia, algunas veces se ve rebasada en cuanto a propuestas de este tipo.

En consideración a lo dicho, refiero el seminario impartido por Ariel Mójica Madrigal, investigador y profesor del Colegio de Michoacán, con sede en Zamora, Mich., y quien pertenece al Observatorio Regional de las Migraciones de la misma institución. El doctor Mójica – quien tiene formación en historia y estudios rurales- presentó el pasado 13 de marzo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California, el seminario, “Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico” ¿Qué podríamos encontrar de aportación aquí? ¿lo lúdico? él mismo investigador junto a algunas de las personas que asistieron dicen, hace décadas que se está trabajando desde esa perspectiva y refieren al teatro de lo lúdico;  la presentación entonces gira en una propuesta que permita un aporte “directo” a las comunidades, o incidir en éstas -si hay que apelar a las modas académicas-,  pero no desde las políticas públicas, eso es muy complicado menciona Ariel, nos rebasa, de tal forma que se centra en la inserción y reinserción de quienes regresan  a sus espacios de “origen”, considerando que ese regreso se da en una diversidad de condiciones.

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Antes de  empezar a cantar la lotería de la migración  (uno de los productos de su investigación) se refirió a datos duros sobre el retorno, desde lo investigado por Fernando Alanís, y refirió a que el regreso de migrantes no es algo que inició durante las gestiones del presidente estadounidenses Barack Obama, y continua con Trump, lo explica para la consideración de los registros que de manera emergente parecen hacer los “retornólogos”, para puntualizar que debieran tener sus reservas al decir que esto es novedad, y como crítica apunta que, en ocasiones llama más la inmediatez que la investigación donde se problematiza.

Saber de números, del cuántos vuelven, es preocupación de los gobiernos, y el reinsertarlos ¿de quién? ¿qué pasa con quienes no conocen en ocasiones sus no-lugares de origen? ¿quién se responsabiliza del ambiente de hostilidad y violencia de quienes vuelven a su México y a los cuales se les cataloga como personas peligrosas?. Dar la bienvenida de regreso debiera ir más allá del recibimiento en las puertas internacionales, por eso en el trabajo de Ariel Mójica junto a un equipo, se han realizado diagnósticos sobre salud emocional, en los cuales dieron cuenta de la importancia de trabajar en la reinserción, y vieron la trascendencia de que en el proceso se involucrara la comunidad, consideraron, comenta el investigador, que no podían hacerlo solos y tendrían que horizontalizar la ayuda, entre profesionales de la salud mental, estudiantes de educación y claro las personas insertas en la problemática.

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Además de la producción académica que se cuentan en artículos, libros, presentaciones y vínculos institucionales, ¿cuál ha sido el resultado en su contenido lúdico? Cuentos infantiles como el de Larry y sus amigos, ilustrado por Carla Torres y escrito por Nat Jaspar, donde se desarrolla una historia acerca de la migración y socialización intercultural, con el objetivo de que  niñas y niños lleguen a una comprensión de una de las realidades del migrar, estar lejos de la red familiar y relacionarte con personas distintas a ti. La lotería de la migración que es uno de los juegos más difundidos y que puede solicitarse al Observatorio (con algunas condiciones) se elaboró con categorías explicadas por los migrantes y gente de la comunidad, algunas de las imágenes corresponden a quienes asistieron a los talleres y además se incluyen datos que refieren a los números -por ejemplo sobre remesas- y se contienen preguntas con el objetivo de repensarnos en el entorno migrante, qué harías si uno de tus familiares… Las radionovelas y el migraRap son otros productos.

Ariel enfatiza al decir que se puede señalar que su metodología no es “algo nuevo”, sin embargo si hacemos una revisión de los trabajos académicos que abordan la migración ¿con cuántos proyectos como este nos encontraríamos? Cuántas veces hemos dado cuenta de que en la plaza de un pueblo haya alguien haciendo un  flashmob con un juego gigante de serpientes y escaleras en donde se refiere a la vida del espacio próximo y alguien reflexioné sobre el por qué de los tatuajes de aquéllos que han vuelto, los mismos con quienes se encuentran en dicha plaza.

Las aportaciones de esta apuesta que hasta al momento ha encontrado buenos resultados y difusión, son muchas, aporta en lo metodológico, en las posibilidades de lo analítico, a la investigación participante y acerca de la responsabilidad social que nos corresponde  (sobre la que poco se evalúa en los centros de investigación).  La invitación a conocer y seguir discutiendo el proyecto queda abierta.

Las referencias para del Observatorio Regional de las Migraciones y sus proyectos son las siguientes:

 

https://www.facebook.com/ObservatorioRegionaldelasMigraciones/

https://www.youtube.com/channel/UCvpcmEMzkiT4g8nxaTYmHPw

 

* Fotografías: “Seminario Migraciones: una apuesta al trabajo comunitario desde lo lúdico”, Tijuana, Baja California, 13 de marzo de 2018. Lorenia Urbalejo.

 

Reconceptualizaciones migratorias a partir de una reflexión geográfica de las fronteras políticas de México

Por Jorge Morales Cardiel

jorgemcardiel@gmail.com

14 de Febrero de 2018

Cuando se habla de migraciones internacionales muy pocas veces se reflexiona sobre un punto clave, una de las mayores determinantes de los flujos y contraflujos que representan los masivos movimientos de seres humanos contemporáneos: las fronteras. Estas representan un verdadero punto neurálgico, determinando las relaciones geopolíticas entre las regiones y las naciones involucradas. Fuera de los desplazamientos internos, dentro de los territorios nacionales, las fronteras juegan un papel fundamental en el tratamiento político y semántico de las migraciones internacionales.

A tal efecto, las fronteras no solo enmarcan en el plano cognitivo, territorios, soberanías o nacionalidades, sino también en el plano sublime proyectan identidades, historias y realidades sociales que quedan grabadas en el imaginario colectivo de las mayorías a lo largo del tiempo, siendo en gran parte responsables de la organización social interna. Sin ser todos estos estadios estáticos -importante decirlo- por las tensiones que se dan constantemente en un mundo cada vez más globalizado y fragmentado. Para Emanuel Kant, una de las cualidades de lo sublime es que carecía de fronteras o como decía más recientemente Zygmunt Bauman, al afirmar que las fronteras sociales y culturales coinciden cada vez menos.

Otra de las complejidades que tienen las fronteras es que son aliadas de los sistemas económicos de acumulación capitalista en los espacios geográficos que circunscriben y de donde emergen. Ya que en ellos está presente y pretende seguir reproduciéndose exponencialmente hasta el final, el control de la división del trabajo, el intercambio de bienes y el flujo de capital mediante los acuerdos comerciales transnacionales. Que han evolucionado hasta exhibir una de las principales características de estos sistemas internacionales de las migraciones con sus imbricadas fronteras: la circulación de trabajadores, en donde la libertad de movimiento es la excepción y su restricción es la norma.[1]

Restricciones en donde las fronteras parecen ser esos guardianes que aparecen al inicio de la novela “El Proceso” de Franz Kafka. Que representan a la ley cuando un campesino solicita permiso para entrar en esa misma ley, contestándole el centinela que por ahora no podía dejarlo entrar. Después el hombre reflexiona volviendo a preguntar si más tarde lo dejaría entrar. “Tal vez, pero no por ahora” contesta el guardián. Argumentando después: “Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y solo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro”.

Lo cierto es que más allá de las marcadas divisiones políticas y económicas que las fronteras intentan imprimir en la actualidad con las crecientes restricciones legales que existen en tiempos de crisis capitalista, para proteger mediante los mismos nacionalismos anacrónicos a las elites beneficiadas de siempre, es que existe otra realidad bastante sugerente dentro de los territorios; podemos decir que así como hay fronteras externas, también existen fronteras internas, inclusive hasta fronteras invisibles, lo que nos lleva a entender estas divisiones fuera de los muros. Tenemos las prácticas xenofóbicas y clasicistas que se anteponen a diario ante el arribo de más población extranjera, en mi opinión aquí encontramos una de las barreras más difíciles de derribar en la actualidad, el guardián kafkiano más sutil pero también el más poderoso al fondo del salón.

No obstante el doble sentido de las fronteras, legal-restrictivo y sublime-emancipador, estas jueguen un papel cada vez más importante dentro de los sistemas migratorios supranacionales. Sin estas condicionantes no existiría la tensión social que conllevan a los acalorados debates políticos y académicos, que no son del todo perniciosos ya que nos ayudan a avanzar en la comprensión por lo menos semántica de esta realidad, para a repensar ciertas categorías de análisis dentro del vasto campo sociológico de las migraciones.

Por ejemplo, la desigual aplicación restrictiva ante el arribo de más población extranjera y su tratamiento, que nos hacen recapacitar que no todos los que llegan son precisamente “migrantes”. Esto a raíz de la proliferación de clasificaciones excluyentes que tienen como base sistemas métricos neoliberales de un mundo en constante y frenético desarrollo. Parámetros distintivos para las migraciones calificadas o altamente calificadas como para las migraciones labores o voluntarias y que repercute directamente a las nuevas migraciones forzadas.

Vale lo mismo afirmar que las clasificaciones migratorias consideradas como voluntarias e involuntarias permiten inducir a los Estados una regularización y organización de los ingresos y egresos de personas mediante una selección de migrantes “deseados” o “indeseados”. Estos últimos han llegado a ser considerados inclusive como ilegales por encontrarse al margen de los sistemas de la migración regulada y las migraciones legales como aquellas deseadas de acuerdo con los intereses nacionales por su frenética carrera por el talento[2]. Elevando esta categorización hacia la perspectiva de ser inferidas como migración calificada o altamente calificada, retomando una perspectiva clasista que trasciende el propio capital humano y su pertinencia en el desarrollo que puedan generar.

Inclusive esta clasificación de migrantes “calificados” puede ser considerada como una política migratoria clientelista y meritocrática, al responder a lealtades políticas y a la opinión pública local, así lo considera Shachar[3], debido a que se funda en una clasificación selectiva y que apuntan a que los sistemas políticos de la migración se caractericen por la competitividad. Una manera más de discriminar a las personas según sus capacidades educativas, según Tannock[4].

Pareciera que la criminalización y persecución de los contingentes de migrantes que no tienen la posibilidad de acceder a este sistema de clasificación y que se encuentran expuestas en cualquier momento a detenciones arbitrarias, deportaciones o retornos forzados son más bien estrategias de depuración del mercado laboral, por ser una mano de obra desechable y superflua, así lo expresó de forma clara Márquez Covarrubias[5]. Sobre todo de los mercados labores pertenecientes a las economía desarrolladas, aunque en los últimos años se han unido a esta depuración las economías de los países de tránsito, como el caso de México. Deportaciones, huelga a decirlo más allá de las fronteras nacionales.

En este punto vuelve a ser importante seguir partiendo de la comprensión de que la mayoría de las migraciones internacionales responden a la desigual distribución espacial del capital y del trabajo, por lo que las fronteras existen en este punto para marcar esa línea no tan delgada, -no como las que representan en las mapas- de desigualdad social, sin descartar que internamente se presentan estas mismas desigualdades, sobre todo en las grandes ciudades.

Para quienes ven los procesos y fenómenos sociales en términos de conflicto y no de equilibrio, las fronteras mexicanas son un buen parámetro para profundizar en este análisis semántico. Al comparar fronteras, de un país tan complejo como México, de entrada no parecer lógico constreñirse a una sola teoría sociológica de las migraciones ni tampoco subsumir el concepto de fronteras a la ya de por si escasa discusión teórica sobre este tema. Ni mucho menos reducirse al marco analítico asentado en una perspectiva que hasta ahora solo se ha sostenidos dentro del nacionalismo metodológico. Esto sucede cuando se contemplan a los países como las unidades de análisis y como los actores principales.

México, resulta un escenario idóneo para estudiar en específico este fenómeno en ambas fronteras. En el sur, en donde no solo se colinda con Guatemala y Belice sino con el Triángulo norte de Centroamérica completo: Honduras, El Salvador y Nicaragua, se tiene desde hace una década una situación verdaderamente alarmante de crisis humanitaria, teniendo por origen del problema, precisamente, la propia condición y manejo de la supuesta irregularidad de este sujeto migrante.

Una situación que también se puede aplicar hacia la otra crisis humanitaria en la frontera norte, con las crecientes reinserciones producto de las deportaciones de mexicanos en ambos polos geográficos de la frontera norte del país[6], de los otros connacionales mexicanos que se desplazan hacia la misma frontera norte para intentar cruzarla de forma irregular o no documentada varados en algún punto esperando el momento para realizar el paso.

Si ponemos atención, más allá de los hechos cotidianos de persecución y violencia hacia el migrante no documentado centroamericano o mexicano en cualquier frontera, bien puede ser que todos estos cambios nos indiquen la presencia de nuevos patrones migratorios impuestos por los distintos dispositivos políticos. Inherentemente se abre la puerta a la aparición de otra nueva tendencia y la imperiosa necesidad de una nueva política por parte del Estado mexicano: los solicitantes de asilo. Tanto para los reinsertados en México desde los Estados Unidos, como para los que de nueva cuenta reinciden una vez reinstalados en sus países de origen en Centroamérica que volverán a internarse en tránsito migratorio por México y para nuevos contingentes de migrantes internacionales como los haitianos varados en el noreste del país.

Ante esta realidad me parece que desde las fronteras el tratamiento y reconceptualización de la migración forzada es clave en este sentido. Se necesita algo que se adelante a la normatividad y práctica administrativa institucional. Todos estos desplazamientos internos terminarían dándoles un tratamiento imposible de extranjeros en su propio país a los inmigrantes desde las legislaciones existentes. De este modo, ya no podemos hablar de derechos de los desplazados, sino de beneficios concedidos por el Estado en cuestión que ofrece la protección de forma selectiva, como si únicamente se tratara de recibir los beneficios democráticos y de ciudadanía que recibe un refugiado por el Estado que otorgó el asilo. Es decir, el verdadero interés humanitario por la crisis de los migrantes en tránsito se desvirtúa, pues las categorías dentro del sistema global de protección a migrantes se quedan cortas ante la realidad actual. Volviendo a Bauman para concluir mencionaba que los contingentes de migrantes desplazados como proscritos productos de la globalización, son el epítome y la encarnación más plena del espíritu de frontera.

NOTAS:

[1] Arango, Joaquín (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. [Versión electrónica], Red internacional de migración y desarrollo. En, http://migracionydesarrollo.org/.

[2] Shachar, Ayalet (2006). The race for talent: highly skilled migrants and competitive immigration regimes. En, New York University law review, núm. 81. Universidad de Toronto.

[3] Ibidem

[4] Tannock, Stuart (2011). Points of perjuice: educatios-based discrimination in Canada’s inmigration system. En, antipode, vol. 43, núm. 4, pp. 1330-1356.

[5] Marquez, Humberto (2013). El redoble de la migración forzada: inseguridad, migración y destierro. Migración y desarrollo, Segundo semestre. Vol. 12, 159-175.

[6] La perniciosa e inhumana estrategia de deportación y de control fronteriza de la Border Patrol –“La migra”- al deportar a los migrantes de extremo a extremo en la frontera norte. Teniendo como efectos la modificación de la organización comunitaria local, reconfigurando el mismo tejido social y las dinámicas económicas de las ciudades fronterizas. Además de condenar a la trashumancia a miles de repatriados que tienen que recorrer cientos de kilómetros para regresar a sus lugares de origen o para volver a intentar cruzar la frontera por el mismo lugar por donde lo intentaron antes de ser capturados, exponiéndolos abiertamente al tráfico ilícito de migrantes por parte del crimen organizado. Con todo esto, paradójicamente se están convirtiendo en indocumentados en su propio país.

SOBRE EL AUTOR:

Jorge Morales Cardiel consiguió su Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, y su Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México. obtuvo un Máster en Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña, España y actualmente es estudiante de Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA. Sus líneas de investigación son: Migración indocumentada, migración en tránsito, políticas públicas hacia la migración, migración y desarrollo, Sociología de las migraciones. Entre sus principales publicaciones: “La enchilada light”. Revista de San Gregorio de Portoviejo Ecuador. Octava edición, junio-diciembre 2014, ISSN 1390-7247. “La inmigración indocumentada por países de tránsito, nuevo paradigma de los sistemas migratorios: el caso de México y Marruecos”. Revista Perspectivas Geográficas Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Vol. 21, num, 2, 2016. El control de fronteras a cambio de los derechos humanos. 2017. Editorial Académica Española. ISBN: 978-3-639-53516-7. “Migración y (sub) desarrollo: una aproximación teórico-estructuralista”. Revista Diarios del Terruño. Reflexiones sobre migración y movilidad. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Cuajimalpa, Ciudad de México. Núm. 4.

 

 

¿Quién para cuidarnos? La migración laboral que seguirá fluyendo

Por Lorena Mena Iturralde

Mujeres migrates, El Universo

Despedidas en el aeropuerto de Quito /Foto tomada de Diario El Universo

Durante los primeros años del nuevo milenio, una imagen común en los aeropuertos de Ecuador y de otros países de la región andina era la de mujeres despidiendo entre llantos a sus familias, dejando a sus hijos a cargo de hermanas, abuelas o cónyuges, y tomando un avión hacia España o Italia, con boleto de retorno incierto. No es una novedad contar lo que esos países tenían preparado a aquellas mujeres que escapaban de las crisis económicas de sus lugares de origen. La llamada feminización de las migraciones ha sido objeto de infinidad de estudios surgidos a raíz de las transformaciones que la globalización, la baja fertilidad y el envejecimiento poblacional provocó en las naciones desarrolladas, demandando mano de obra no solo barata, sino dispuesta a ocupar nichos laborales considerados de poca cualificación.

En esa categoría, el trabajo reproductivo remunerado, concretamente el servicio doméstico y de cuidados ha estado a cargo principalmente de mujeres migrantes, cuya movilidad dejó de estar ligada únicamente al acompañamiento de sus cónyuges, convirtiéndose así en migrantes laborales autónomas (Martínez, 2007; Pedone, 2012). Datos publicados por el Instituto de Estudios y Divulgación sobre Migración (INEDIM) señalan que del total de migrantes internacionales que se contabilizan en el mundo (244 millones de personas, en 2015), el 48% son mujeres, y que en América Latina y el Caribe su número ha aumentado en las últimas décadas.

Al respecto, creo necesario reflexionar sobre ciertos escenarios que hacen prever que los flujos de mujeres que emigran para insertarse en la economía del cuidado de otros países no solo seguirán existiendo, sino también ampliando. Lo traigo a colación a propósito de un interesante artículo titulado El último trabajo humano, que reseña cómo el gobierno de Japón se ha anticipado a la falta de cuidadores para una población que envejece con rapidez, invirtiendo en “cuidadores automatizados”, esto es, robots para cargar pacientes desde la silla de ruedas hasta la cama, otros para compañía de ancianos, máquinas que ayudan a caminar, hasta los que asisten en las tareas de la casa.

Robear

Robear es una especie de oso robótico que puede cargar a los pacientes desde la silla de ruedas hasta la cama/ Foto tomada del portal http://www.engadget.com

Dicho ensayo destaca también que Estados Unidos está invirtiendo en tecnología enfocada a este sector poblacional creando, por ejemplo, llamadas telefónicas administradas con inteligencia artificial y sensores para el hogar para monitorear eventos inusuales en las actividades diarias -como detectar que nadie ha abierto la puerta del refrigerador en varios días-, algo vital en un país en el que suelen reportarse casos de adultos mayores fallecidos en sus domicilios sin que alguien lo note hasta semanas, meses e incluso años después. Para muestra, me remito a la reveladora crónica Morir solo en Nueva York de The New York Times, y al espeluznante reportaje La muerte habita el piso de al lado de Diario El País, que expone similares situaciones en España.

El temor de los gobiernos del primer mundo a que no haya suficientes humanos para cuidar a sus enfermos y adultos mayores, obedece a que para 2030, solo en los Estados Unidos se proyecta que harán falta 151,000 cuidadores pagados y 3.8 millones de familiares sin pago que se hagan cargo de ellos. A raíz de esto, se discute en la actualidad que este tipo de empleos que requieren de un toque humano serán los últimos que entregaremos a las máquinas -si es que alguna vez sucede- por la imposibilidad de que robots y algoritmos puedan generar empatía, adentrarse a las esferas del dolor de las personas o sean aceptados en su totalidad por los pacientes.

En ese sentido hay expertos que sugieren empezar a hacer más atractivas las ofertas de empleo relacionadas con el cuidado de los otros, pues es conocido que la fuerza de trabajo asociada a ello, a menudo gana el salario mínimo o menos por los prejuicios históricos existentes en torno a esas tareas. A ello hay que sumar un marcado componente de género, que asume que las mujeres tienen la obligación de encararlo, así como una dimensión étnica [la idea de que son ‘oficios de inmigrantes’] y de clase.

Mujeres migrantes retornadas de España y de Italia a las que entrevisté durante mi trabajo de campo en Ecuador, solían hacer hincapié en sus aprendizajes positivos y negativos haciendo labores de cuidado remuneradas, las cuales, aunque les eran rentables económicamente al traducirse en remesas, no constituían un trabajo deseable para ellas. A algunas, las condiciones laborales las ubicaban en desventaja, pues se les solía contratar para tareas específicas como cuidar niños o ancianos, pero en la práctica, se les asignaba también trabajo doméstico, con horas extras sin paga, siendo latente su temor a denunciar tal situación por estar indocumentadas.

Fui a trabajar en esa época con un joven con discapacidad. Tenía que atenderlo y cuando había tiempo sacarlo a pasear. En ese trabajo, cuando yo entré, trabajaban tres italianas y las italianas decían que ellas pedían que las enrolaran y ellos (los jefes) no querían, porque allá en Italia decían que si eran italianos mismos tenían que pagarles todas las de ley y querían extranjeros, porque a esos les podían hacer lo que les daba la gana y ya. Entonces a esas tres chicas italianas las botaron y solo me cogieron a mí. Trabajaba día y noche, haciendo de todo
(Esther, retornada de Italia)


Comencé a trabajar cuidando ancianos, que es lo típico. Hacerles compañía, y arreglar la casa. Bueno, realmente aprendes bastante, porque es un trabajo bien humano. Cuando te contratan eres como una especie de auxiliar de enfermería, porque tienes que darles sus pastillitas, ver que su comida se la preparen en condiciones buenas, cambiarles sus pañales, entonces sí aprendes. Yo por lo menos que nunca sabía de eso, es un trabajo bastante delicado y sensible, porque también tienes que tratarles bien, con cariño, con amor. Aunque ellos dicen que por nuestra propia forma de hablar ya somos cariñosas
(Rosa, retornada de España)

Algunos testimonios que recabé, si bien dan cuenta de lo humano que es el trabajo del cuidado, también resaltan lo difícil que es atender a personas con discapacidad motriz, así como a adultos mayores con Alzheimer u otros trastornos mentales. El estar poco preparadas para asumir un rol que involucra la salud, llevó a algunas a tomar cursos de capacitación y certificación en enfermería, inclusive como medio para lograr contratos laborales mejor remunerados en centros geriátricos. No obstante, hay investigaciones que señalan que el servicio doméstico y del cuidado opera como un embudo, no solo por la segmentación étnica que viven las mujeres migrantes dentro de ese mercado laboral, sino también por las características propias de esos oficios, como son el aislamiento que genera vivir en el mismo lugar donde se trabaja, y relaciones de salarios y horarios a discreción del patrono (Pagnotta, 2012).

Para algunas de mis entrevistadas, insertarse en estos nichos laborales fue su única posibilidad durante la experiencia migratoria. “Era lo que había”, me contaban, y no todas, pese a su escolaridad [había mujeres con estudios universitarios], lograron salir de esa espiral durante el tiempo que vivieron en el extranjero.

Más ancianos, menos jóvenes

El envejecimiento de la población y menos nacimientos es una realidad desde hace mucho tiempo en los países desarrollados, de ahí que dentro de sus llamados Estados de Bienestar hay conciencia, políticas migratorias y sistemas adaptados para dar cabida a la oferta y demanda de este tipo de oficios [con ventajas y aun así con desventajas para las mujeres migrantes]. Pero existe preocupación por lo que ocurrirá en las próximas décadas, incluyendo a los países del llamado Sur global, en los que la estructura mediante la cual se han resuelto tradicionalmente los cuidados ha sido la familia, cayendo el peso sobre las mujeres. Muchas de ellas, aunque activas en el mundo laboral, duplican sus jornadas de trabajo [extra e intra domiciliario] o terminan asignando esta responsabilidad a otras de su círculo cercano, sin remuneración de por medio por lo general.

De acuerdo con el informe Perspectivas de la Población Mundial de la Organización de las Naciones Unidas, se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050 y triplique para 2100 [ver gráfico], pues a nivel mundial, este grupo de población crece más rápidamente que los de personas más jóvenes. Europa es la región con más personas perteneciente a este grupo (25%), pero ese grado de envejecimiento de la población, advierte la ONU, también llegará a otras partes del mundo para 2050, con excepción de África.

Envejecimiento ONU

Envejecimiento de la población. Fuente: ONU, 2017

En el caso de México, el Consejo Nacional de Población (Conapo) proyecta que para 2030 el porcentaje de adultos mayores será de 20.4 millones, lo que representará el 14.8% del total de su población, ante lo cual, la demanda de servicios derivados de esta condición humana irá en aumento. En Ecuador, donde acualmente el 7% de sus habitantes tiene más de 65 años, otros estudios estiman que para 2025 llegará al 10%; en Perú, alcanzará el 13,2% en 2030, mientras que en países como Chile y Brasil, la esperanza de vida está mostrando aumentos acelerados.

Como explica del Río (2004), la crisis de los cuidados alcanzará dimensiones alarmantes, por lo que es necesario que esta problemática pase de la esfera de “lo privado” [los hogares] a un problema político de primer orden. En este marco, destaca que se requiere una corresponsabilidad no solo de los hombres, sino también del mercado, mediante la reorganización del sistema económico y laboral; y del Estado, vía políticas públicas.

Finalmente me quedan algunas interrogantes, que más bien, son una invitación a la reflexión sobre el tema: a) ¿Serán los Estados de los países del Sur Global capaces de gestionar el problema de la Cuidadanía de manera similar a la de los países desarrollados, en términos de bienestar social?; b) las migraciones laborales venideras, ¿seguirán reproduciendo la dimensión de género tradicional o ante la demanda, involucrará a hombres en lo concerniente a los cuidados?; c) las condiciones laborales para este tipo de oficios en América Latina, donde la precariedad es más profunda, ¿tendrán reconfiguraciones significativas que atraigan mano de obra [nacional o extranjera], con menores riesgos de ser víctimas de explotación?; y d) el peso que tiene la familia en los contextos latinoamericanos para asumir los cuidados, ¿sufrirá cambios sustanciales en vista de procesos demográficos que tienden a hogares con cada vez menos miembros y con necesidad de salir a trabajar? Seguramente habrá más preguntas que respuestas a estos desafíos.Ancianos 1


Referencias bibliográficas

Del Río, Sira, 2004, “La crisis de los cuidados. Precariedad a flor de piel”, Rebelión. En  http://www.rebelion.org/hemeroteca/economia/040308sira.htm

Martínez P., Jorge, 2007, “La feminización de las migraciones en América Latina: Discusiones y significados para políticas”, CEPAL, En https://www.cepal.org/celade/noticias/documentosdetrabajo/3/36563/JM_2007_FeminizacionMigracionesAL.pdf

Pagnotta, Chiara, 2012, “El espacio migratorio entre Guayaquil y Génova”, Mouseion, Dossiê Narrativas de Imigração, núm. 12, may-ago, pp. 56-69.

Pedone, Claudia, 2011, “Familias en movimiento. El abordaje teórico-metodológico del transnacionalismo familiar latinoamericano en el debate académico español”, Revista Latinoamericana de Estudios de Familia, núm. 3, pp. 223-244.

 

Mor-Méx: horticultura y migración laboral interna

Quetzalli Estrada Lima

[1]queiraya@yahoo.com.mx

En nuestro país, desde el siglo pasado, la migración que se ha experimentado ha estado articulada por factores de expulsión (Revolución mexicana -durante y como resultado de-, sequías muy agudas, crisis económica y social, violencia), y factores de atracción (demanda de mano de obra para actividades de los diferentes sectores), siendo mayoritariamente los lugares de destino, los que definen su carácter temporal, pero siempre, buscando la complementariedad de los ingresos familiares para la subsistencia del grupo doméstico (Sánchez y Lutz, 2010).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “productor de tomate”, Totolapan, Morelos, 2005

Particularmente, respecto a la crisis del campo, se ha vivido y haciendo frente de distintas maneras y con diferentes recursos por parte de los campesinos que responden a sus contextos regionales. Algunos de ellos, con acceso a tierras y recursos económicos, pudieron hacer frente a estas crisis cambiando sus formas, modos y tipos de cultivo, pero otro grupo de campesinos, pobres, comenzó un proceso migratorio que se ha venido reproduciendo, generación tras generación, buscando mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, esa búsqueda no ha sido precisamente exitosa. La migración jornalera es atraída a regiones agrícolas de cultivos de exportación, principalmente, y de cultivos que demandan fuerza de trabajo temporal (hortalizas, floricultura, vitivinícolas, frutas, etc.) que, con dinámicas particulares, se vinculan uno con otro, en distintas redes de flujos y circuitos migratorios complejos, formando redes y relaciones sociales, económicas y hasta políticas.

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Foto: Quetzalli Estrada, “Jornaleros migrantes. Grupo parental”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2005

En el centro del país, en la zona de los Altos de Morelos y municipios vecinos de estado de México, a mediados del siglo pasado se dieron algunas transformaciones que provocaron cambios que favorecieron la funcionalidad del espacio como nichos migratorios. Resulta difícil señalar la cronología de los primeros hechos, así como una implicación directa. Sin embargo, puedo mencionar que los cambios comenzaron del lado de Morelos y poco más tarde del de Estado de México (Estrada, 2009):

a) La producción de cultivos básicos fue desplazada en parte, por cultivos comerciales como frutas y hortalizas, que resultaban más rentables para el mercado interno. Esta producción ha dependido, desde un inicio, de pequeños productores, dueños o arrendatarios de parcelas atomizadas, que de manera individual no ocupan grandes contingentes de fuerza de trabajo, ni de forma continua, pero que sumados, han venido generando una demanda considerable.

b) Inicio de desplazamientos temporales y permanentes del campo a la ciudad (Cuautla, Cuernavaca, Distrito Federal). Estos desplazamientos movilizaron hombres solos, mujeres jóvenes solteras y hasta grupos familiares completos.

c) Relacionando los hechos anteriores, se dio un incremento de la demanda de mano de obra en los Altos de Morelos, que primeramente fue cubierta con trabajadores de la misma región (tanto de Morelos como del estado de México), pero al no poder solventar esa demanda, los productores tuvieron que desplazarse a la contratación de mano de obra indígena, que ya llegaba a la ciudad de Cuautla para la zafra.

d) Posteriormente, los pequeños productores comenzaron a canalizar esa mano de obra a sus propias comunidades, llegando a formar las condiciones adecuadas para que año con año, durante el temporal, los jornaleros agrícolas migrantes llegaran directamente a esta región y cubrieran las tareas correspondientes a la producción de hortalizas (jitomate, tomate, pepino, calabaza).

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Foto: Quetzalli Estrada Lima, “Empaque de jitomate”, Tlalámac, México, 2006

Actualmente, los productores de la región poseen entre media y cinco hectáreas, muchas veces repartidas en pequeñas parcelas, y son apoyados por sus grupos domésticos. Asimismo, la mayoría de ellos está inserto en una dinámica de subsistencia que se apoya en la multiactividad y en la diversidad agrícola, que le ha permitido, bajo esquemas, técnicas y practicas productivas de organización familiar, transgeneracional, consolidar estrategias de reproducción del grupo doméstico y comunitarias, que van redefiniendo sus identidades y su existencia cultural campesina, en un contexto económico y político desigual (Guzmán, 2005). Por lo tanto, para la mayoría de estos productores la horticultura no es su única fuente de ingresos, pues echan mano de otras actividades tales como la siembra de flores, el comercio local de frutas y alimentos (dentro y fuera de la región), o insertándose en subempleos del sector terciario.

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Foto: Quetzalli Estrada “Familia jornalera”, Totolapan, Morelos, 2005

A diferencia de otras zonas hortícolas del país, en esta región, las tareas del cultivo de hortalizas, se hacen de forma manual, desde la siembra hasta el empaque, por lo tanto, el periodo de demanda de fuerza de trabajo va de junio a noviembre (etapa intensa, septiembre y octubre). Además, el trato patrón-jornalero, se da de manera directa, sin figuras de intermediarios.

Otra característica de este mercado de trabajo, es que de acuerdo con Sánchez (2004:5) “la masiva afluencia de trabajadores en la temporada alta, tiende a mantener una sobreoferta, la cual puede agudizarse o neutralizarse por el errático comportamiento de los precios de mercado [alentando o inhibiendo la realización de las cosechas]”.

Bajo este contexto podemos distinguir cuatro centros de contratación de jornaleros migrantes, tres del lado de Morelos, y uno del de estado de México, surgidos en diferentes momentos y con algunas características particulares:

1) Atlatlahucan, municipio homónimo

2) Totolapan, municipio homónimo

3) Achichipico, municipio de Yecapixtla

4) Colonia Guadalupe Hidalgo, municipio de Atlautla

La población jornalera migrante puede ser de varones solos (Atlatlahucan), familiar, grupo parental, grupo mixto y paisanos, por lo tanto se pueden encontrar hombres, mujeres, adultos, jóvenes y niños, trabajando las parcelas de esta región. Las condiciones laborales han venido definiéndose históricamente por la experiencia, de trato directo con el “patrón”, y el precio de la jornada laboral es variable y corresponde con el precio del cultivo en el mercado, oscilando en promedio entre los 80 y 100 pesos por jornada laboral (un día). Por lo tanto, el empleo durante la temporada no es estable, ni de todos los días, lo que provoca entradas y salidas constantes de los jornaleros migrantes. Generalmente no hay pago diferenciado entre hombres y mujeres, pero sí en cuanto a las labores que se realizan. El trabajo infantil, no está “bien visto” en la región, por lo que no se hace trato con los niños, ellos pueden ayudar o no en las labores por las cuales fue contratado el padre o la madre.

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Foto: Quetzalli Estrada Lima. “Dos generaciones de jornaleros”, Colonia Guadalupe Hidalgo, México, 2006

Las comunidades de origen de esta población son principalmente, indígenas nahuas, mixtecas y tlapanecas de la Montaña de Guerrero (Atlamajalcingo del monte, Acatepec, San Luis Acatlán, Tlapa de Comonfort, Tlacoachistlahuaca y Metlatónoc), y la Mixteca oaxaqueña (San Pedro y San Pablo Teposcolula, Juxtlahuaca, Putla Villa de Guerrero, San Pablo Tijaltepec y Chalcatongo de Hidalgo). Y se han identificado dos principales modalidades migratorias importantes:

  1. a) la pendular: migrantes que se mueven desde su lugar regular de residencia a algún otro (en Morelos o estado de México), y de regreso.
  2. b) la circular: aquellos que viajan siguiendo las cosechas de jitomate, en diferentes regiones agrícolas del país, resaltando destinos como los campos agrícolas de Sinaloa, Michoacán y Baja California.

La naturaleza de las empresas agrícolas, marcadas por su limitada escala y nivel económico, por un lado, y las condiciones precarias laborales, con bajas remuneraciones y alto rendimiento de los trabajadores, por otro, han sido clave para la consolidación de un mercado laboral que ha favorecido la migración indígena jornalera. Es así como el nicho migratorio Mor- Méx se articula a un circuito migratorio complejo, que se suma a una geografía de flujos al interior de nuestro país, marcado por la agricultura comercial  (interna e internacional), donde la articulación del empleo estacional forma parte de las estrategias de sobrevivencia de hogares que se han especializado como jornaleros agrícolas.

 


 

Referencias bibliográficas:

Estrada, Quetzalli (2008), “Migración y empleo en el sureste del estado de México”  en Dilemas de la migración en la sociedad posindustrial, Pablo Castro Domingo (coord.), Miguel Angel Porrúa/UAEM México/UAM, México, pp. 113-136

Estrada, Quetzalli (2009), “La expansión del mercado de trabajo morelense hacia tierras del sureste mexiquense y sus centros de contratación”, en Buscando la vida. Productores y jornaleros migrantes en Morelos, Kim Sánchez y Adriana Saldaña (Coords.), Plaza y Valdés Editores, pp. 61-86

Guzmán, Elsa (2005), Resistencia, permanencia y cambio. Estrategias campesinas de vida en el poniente de Morelos, Plaza y Valdés Editores-UAEM Morelos

Sánchez, Martha J. y Bruno Lutz Bachère (2010) “Introducción” en Balance y perspectivas del campo mexicano: a más de una década del TLCAN y del movimiento zapatista, Instituto de Investigaciones Sociales (UNAM)-Asociación Mexicana de Estudios Rurales, pp. 15-26

Sánchez, Kim (2004), “Los jornaleros agrícolas migrantes en los Altos de Morelos”, Avances de investigación, México, Facultad de Humanidades-UAEM-Morelos

[1] Estudió la licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Como estudiante participó en el Proyecto de creación de Bases de Datos en la Unidad de Estudios Etnográficos y Antropológicos de la Facultad de Humanidades de la UAEM.

Ha colaborado en la realización de DVD-Documentales sobre danzas, en los estados de Guerrero (2006) y Tabasco (2010-2011), con grabaciones de campo, levantamiento de imágenes de video y fotos fijas, así como en la investigación para el sustento de los mismos. Ha sido miembro de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales A. C. (AMER) y la Asociación Mexicana de Estudios del Trabajo A. C. (AMET). Fue Becaria del CONACYT a través del proyecto red “La constitución de territorios migratorios como espacios de articulación de migraciones nacionales e internacionales. Cuatro estudios de caso” bajo la dirección general de la Dra. Sara M. Lara Flores del IIS-UNAM. Ha publicado artículos relacionados con los temas sobre mercados de trabajo rural, centros de contratación y migración laboral (2008, 2009a, 2009b, 2010).

Ha sido ponente en diversos foros de Congresos sobre temas del campo mexicano, patrimonio cultural inmaterial y educación media superior. Ha cursado diplomados sobre Patrimonio Cultural Inmaterial (CRIM-UNAM, 2013), Competencias docentes en el nivel medio superior (UAEMéx., 2013-2014), Derechos humanos (UACM, 2015). Y desde el 2011, es docente de nivel medio superior en el estado de México.Imagen 7

 

Cuerpo y emoción: la experiencia en campo como investigadoras sociales

Por: Gabriela Pinillos

 

En mi entrada anterior al blog quise proponer una reflexión acerca de la importancia de discutir sobre los retos en campo que experimentamos las mujeres y escribir sobre las estrategias que se crean para superar las desventajas de género en esta materia.

Me interesa, en términos generales, el tema de las emociones y la corporalidad de las mujeres en la investigación y, particularmente, en esta nueva entrada mi objetivo es invitar a reflexionar sobre el tema de las estrategias de acercamiento que las mujeres investigadoras adoptamos en espacios principalmente dominados por hombres así como también sobre las estrategias de acercamiento con otras mujeres, y poner en consideración la denominada “objetividad epistemológica” que tanto se menciona en las aulas de clase y en donde se nos exige, para una investigación más exitosa, procurar la capacidad de tomar la distancia con el problema de estudio y verlo, en la medida de lo posible, como si nuestra presencia no irrumpiera en el espacio, de modo que la observación que hacemos pueda copiar la imagen más ajustada de la cotidianidad de las poblaciones que estudiamos.

En la experiencia en campo, como en la vida cotidiana, nos enfrentamos a una serie de circunstancias que nos confrontan, nos retan, nos desafían. ¿Qué hacemos con ello? ¿cómo nos enfrentamos a cada situación de esas? son cosas que no podemos saber hasta no vivirlas, esto no quiere decir que no podamos considerarlas previamente y crear-diseñar un plan estratégico para afrontar contingencias en campo. Pero ¿qué hacer con aquello que no podemos prever y que puede escaparse de cualquier plan previamente establecido?

Desde situaciones que podríamos llamar “límite” tales como experiencias de agresiones o violencia, hasta otras que pudiéramos considerar dentro de la normalidad, como el encuentro noble y considerado con la/el otra(o), nos exponen como investigadoras(es) a la expresión de sentimientos y emociones permanentemente. Experiencias de violencia, por un lado o de empatía, por otro: el enojo, el llanto, la ternura, el miedo están aunque no siempre presentes, sí se manifiestan latentes frente a lo inesperado, no es posible alejarnos totalmente de ellos. Sin duda, la forma en que estos sentimientos se manifiestan y cómo los manejamos depende de cada persona, y está sujeto, por supuesto, a la capacidad de cada individuo de manejar sus emociones. Por ello la riqueza de cada investigación también está en la experiencia de cada investigador y, en esa misma medida, los resultados siempre entregarán algo nuevo, aunque se trate de un tema “muy” explorado y aunque dos personas parezca que están interesados en el mismo problema de investigación. Pero esa riqueza será tal en la medida en que, al reconocer la importancia de plantearlo como un tema central en las ciencias sociales, la expresión de emociones y el manejo y las estrategias que se crean para asumirlas en cada inmersión en campo sea documentada y expuesta de manera abierta entre investigadores de todas las disciplinas.

En la experiencia que generan esas situaciones, y en específico, en mi experiencia en campo, he descubierto la importancia del cuerpo y la atención que se debe otorgar al mismo en el encuentro con el/la otro(a), el cuerpo para mí se convierte en un recurso. Planteo entonces que el reconocimiento de éste como una herramienta más de investigación y como un elemento que podemos explorar en la intervención en campo, debe ser necesario como una fuente de posibilidades en la definición de estrategias que nos permitan estar atentos a cómo nuestras emociones se representan y nos impactan en cada inmersión en campo.

En ese sentido, no solo es el cuerpo del otro el que observamos, sino es el propio cuerpo del investigador el que irrumpe en el espacio y lo trastoca invariablemente, razón por la cual debe ser también objeto de nuestra propia observación. El asunto entonces es que la consciencia de ello puede, entonces sí, permitirnos comprendernos a nosotros mismos con todas nuestras emociones, comprender al otro, comprender que en ese encuentro, en esa intervención que hacemos del espacio, nuestra corporalidad y nuestra emocionalidad impacta y es impactada en esa interacción, en lo que estamos observando, nuevamente, de manera personal y singular desde la experiencia de sujeto que investiga.

Los escritos sobre emociones están vinculados a las experiencias de las poblaciones que se estudian y que observamos en el trabajo de campo. Marina Ariza y otros autores vinculados a la Sociología de las Emociones escriben acerca de ello. La emocionalidad y la relación de ésta con la corporalidad son elementos indisolubles e indistintos de la experiencia en campo. Partimos de la idea de que la interacción y el acercamiento entre sujeto de investigación e investigador se encuentran atravesados por las emociones de cada uno las cuales son previas a dicha interacción y vienen dadas a partir del contexto en que cada quien se desenvuelve.

Es por ello que en el encuentro entre investigador y sujetos de estudio, ocurren un cúmulo de emociones y sensaciones que se producen y se combinan, se confrontan y se modifican. No son ajenas unas de otras. Quisiera entonces retomar dos ejemplos a partir de mi diario de campo para presentar lo que para mí ha significado el encuentro con diversos tipos de poblaciones y sujetos de estudio, y la forma en cómo he reconocido el papel no solo como estudiante-investigadora, sino como cuerpo que irrumpe en un espacio.

Resulta preciso fortalecer discusiones y debates en torno a cómo acercarse al campo, cómo el rol de quien investiga es puesto a prueba continuamente, sobre todo, por ejemplo, en el caso de las mujeres investigadoras que se aproximan a espacios dominados por hombres para estudiar las problemáticas que en torno a ellos ocurren, o cuando se trata mujeres que estudian poblaciones de mujeres y con las cuales puede ocurrir una suerte de efecto espejo. Esto particularmente en ciudades fronterizas, donde diferentes procesos y problemáticas sociales se traslapan, se conjuntan, se confunden y crean un escenario complejo donde queda atravesada la frontera geopolítica y, con ella, todas las fronteras simbólicas que se van creando en esa misma maraña de complejidades.

En mi reciente experiencia en campo, la alteridad y la emocionalidad han desafiado continuamente mi acercamiento y aproximación con mis sujetos de estudio. Por una parte, con algunos grupos de hombres migrantes en contextos de violencia, el miedo, el acoso, la objetivación del cuerpo, por poner algunos ejemplos, son elementos sobre los cuales he tenido que adoptar comportamientos que me han permitido resistir el tiempo de inmersión en campo, estrategias que van desde el vestuario, el uso de accesorios y objetos, la adopción de roles que mencionaré a continuación, que logren disuadir un poco la imagen que para ellos pueda representar la presencia de una mujer irrumpiendo en su espacio. Retomaré el caso de un espacio específico en la ciudad donde un grupo de hombres llega todos los días en busca de trabajo vinculado con los oficios de construcción.

En el año 2016 realicé una primera etapa de campo en el lugar, se trató de una exploración a través de observación directa, pláticas informales, y la búsqueda de rapport que pudiera apoyarme en el proceso. Luego, en el año 2017, primer semestre, en la segunda semana de inmersión de la segunda etapa de campo, donde mi tarea consistía ahora en realizar las entrevistas a profundidad con los sujetos del lugar, tuve que encontrarme con expresiones violentas, con formas de acoso. Era de mañana y mientras platicaba con Ramón, un sujeto que pasó muy cerca de nosotros grita: “dile que te gusta el pito“. Estaba muy agresivo y sentí miedo. Ramón tenía una pala de construcción en la mano, y me decía que la tenía para protegerse del otro hombre, era un arma de defensa. Luego, un rato después, en una conversación grupal, un sujeto se refiere a mí diciéndole a otro: “¿tú crees que es tonta? parece, pero no debe ser tanto cuando es capaz de estar aquí sola”. En esas y otras expresiones de los sujetos, comprendí una subjetivación sobre mí, sobre mi cuerpo, la observación que ellos hacían de mí, de mi corporalidad y de mi emocionalidad, una interpretación de quien yo era para ellos justo ahí en ese momento y en ese espacio.

Una mujer de origen colombiano, esa sola característica me podía poner frente a ellos en situaciones distintas, mientras para mí eso significaba la posibilidad de tener una empatía con ellos por ser o haber sido migrante, en realidad su percepción podría estar más asociada al imaginario que desde su experiencia, su socialización, su construcción tienen de Colombia y de las mujeres colombianas, esto por poner un ejemplo. Sus preguntas hacia mí siempre iban en la desconfianza y el escepticismo que podía generar la presencia de una mujer sola y joven en ese espacio constituido eminentemente por hombres.

Una de mis estrategias en este espacio fue usar ropa lo más grande posible, no ponerme maquillaje, no llevar aretes, ponerme un anillo que simulara que soy casada, esto ya lo había escuchado como recomendaciones de otras personas en sus experiencias en campo. Pienso que hasta cierto punto mi cuerpo les permitía no sentirse amenazados por mí. Las características del mismo y la forma en que yo lo reconocía y lo adoptaba, quizá les daba cierta seguridad al hablar conmigo. En la definición de mis estrategias entendí que debía estar siempre consciente de que era mi cuerpo el que irrumpía en el lugar, y que era yo debía adaptarme a el, resistir y soportar las condiciones de un lugar que estaba ordenado previamente, y que en esa conciencia yo debía el reconocimiento de las desigualdades de género, que nos exponen en cierta medida y que tenemos como mujeres que transgredir y enfrentar muchas veces para realizar nuestro trabajo, y poder encontrar en ello oportunidades y recursos como investigadoras sociales.

Ahora bien, por otra parte, del otro tema sobre el cual quería reflexionar, cuando se trata de mujeres que estudian poblaciones de mujeres, voy a retomar el ejemplo de mi acercamiento con mujeres migrantes, el efecto espejo del que hablo lo asocio a la empatía que surge, en muchos casos, durante los relatos de vida en donde se señala la experiencia vivida a partir de la ocurrencia de sucesos vitales como: el nacimiento de los hijos, la muerte, la separación, la migración misma. En la misma etapa de inmersión en campo realizada en el año 2017, me acerqué a un grupo de mujeres que tenían una organización para ayudar a otras mujeres que también se encontraran en situaciones difíciles a causa de su deportación desde Estados Unidos.

Con una de ellas, con quien al momento de conocernos hubo que darse un proceso de construcción de confianza que le permitiera a ella la posibilidad de contarme su historia a través de una entrevista, durante el relato de su historia, la narración que desarrolla sobre su experiencia como madre, el amor por los hijos y la separación con ellos, no podía dejar de resultarme, fundamentalmente, conmovedora, evidentemente pude y tuve que entender mi papel y asumir mi rol frente a ella. Pero resultó un momento de exigencia y de plena conciencia de los cuerpos y las emociones, tanto suyas como mías, una conciencia que demandó también la atención sobre mí misma.

Recuerdo que al terminar un periodo largo de entrevistas terminaba con un dolor muy fuerte en el cuello y la garganta, el médico me dijo que se trataba de un problema en la mordida que se podía deber entre otras a la tendencia a apretar los dientes de manera muy fuerte. Supe que ese dominio que había tenido que ejercer sobre mi cuerpo y sus expresiones en la interacción con la otra, en la escucha, en el silencio y en las pausas, me había generado una serie de sensaciones que requerían también de una estrategia fuera de campo: salir a correr, caminar, relajar, se volvía parte del ritual y de los pasos para terminar cada inmersión en campo. No siempre lo logré, porque luego también está la vida, aquí podemos retomar el planteamiento de Goffman (1989) nuestra actuación es siempre mejor que el conocimiento teórico que de ella tenemos”.

Identificar y reflexionar acerca de las emociones que genera esa interacción se convirtió en un mecanismo en la definición de mis estrategias para resolver los problemas epistemológicos: ¿cómo construir el conocimiento de la manera más clara posible y menos interrumpida por nuestras condiciones personales? ¿cómo considerar las consecuencias que esto tendrá en los resultados de investigación?. Identificar las emociones, reconocer nuestro cuerpo como elemento de intervención en campo, permitirá una mayor conciencia sobre el objeto que se estudia, sobre las comunidades que buscamos comprender y estudiar. El reconocimiento de las emociones y de la forma en que podía usar mi cuerpo de diferentes formas en cada población (como recurso en todos los casos, pero de diferentes formas dependiendo de la naturaleza del espacio, las poblaciones, el ambiente, etc), me permitió resolver el miedo de enfrentarme a ello, la fortaleza que puedo tener para pararme frente a cada sujeto y desenvolverme en cada espacio, con cuidado, con prudencia, con protocolos, pero también con honestidad, libertad y seguridad.

Quiero plantear esta discusión como una forma de invitar a una reflexión entre las y los jóvenes investigadoras(es) y a incluir en nuestros apartados metodológicos la reflexión o auto-reflexión de nuestra propia experiencia en campo, y así ir abonando a la construcción de literatura que se viene haciendo sobre herramientas y estrategias metodológicas y de acercamiento en campo. Pienso que reconocer el efecto que pueden tener estas interacciones permite si no la denominada “distancia epistemológica”, sí la conciencia del cuerpo como un instrumento en campo, y que esa consciencia sirva, a su vez, como elemento que permita superar los retos y obstáculos metodológicos que cada vez complejizan más la tarea de las y los investigadores por las mismas transformaciones y cambios acelerados que experimentamos en nuestras sociedades actualmente. Y, por último, creo que poner en la mesa estas experiencias, discutirlas de manera colectiva, nos puede ayudar a entendernos en nuestra labor de investigadoras y a tener consciencia, no sólo de los sujetos de estudio, sino de nosotras mismas.

¿Antrop(sic)ología de lo inútil? Reflexiones psicológicas acerca de qué hacer de las emociones en el trabajo de campo que no sirven para “el capítulo”

Valeria Giannuzzi
El Colegio de la Frontera Norte
Tijuana, 16 de Octubre de 2017
vgiannuzzidcs@colef.mx  

El proceso de investigación tiene momentos increíblemente divertidos y memorables, algunos de ellos son interesantes, otros muy difíciles. En la historia de vida de quien investiga, dicho proceso necesita ser interiorizado para poder ser entendido a muchos niveles, y no únicamente para los objetivos de una publicación. No es un caso que se utilice la identidad toda entera para decir de qué vivimos, no “trabajamos en una universidad”, sino que “somos investigadores”. Si es cierto que todo investigador de ciencias sociales necesita en algún momento de una recapitulación de la experiencia de campo, muchas veces no se reportan en los textos los procesos de atribución de sentido, de pensar las emociones, de reflexión y autorreflexión que no entran directamente en el objeto de estudio. ¿Qué hacer entonces de recuerdos, emociones y sensaciones que por razones de tiempo, espacio y criterios académicos parecen no tener un lugar adecuado?

¿De qué manera podemos reconocer las emociones (tanto en camino como a posteriori) y actuar consecuentemente para lograr un análisis profunda, honesta y que incluya la reflexión de nuestra propia experiencia?

Para contestar a estas preguntas, presentaré a continuación unas postales del trabajo de campo que realicé en Roma y en Londres con los migrantes de Bangladesh entre Abril de 2016 y Agosto de 2017[1], junto con unas notas de reflexión. Estas piezas, agarradas casi a caso desde carpetas reales y virtuales, diarios de campo, entrevistas, pláticas informales, son todavía muy vivas en mi memoria. No todo será útil, no todo entrará en la tesis.

La temporada de campo se cerró hace poco. Con las transcripciones aún por terminar, recuerdos que afloran de repente y un documento por escribir, es fundamental sacar cuentas con tanto material, y entender cómo y cuándo incluirlo en el corpus de un razonamiento coherente.

  • Diario de campo: Roma, 28 de mayo de 2016. “Voy a una fiesta multicultural de la escuela primaria de la colonia, lugar emblemático del barrio y del trabajo de integración que se hace desde las aulas, cada día. Cada año se reúnen las familias con la comida típica de los países de origen y los fondos recaudados van a financiar los proyectos de la escuela. Es un día soleado y placentero. Mientras platico cerca del banco bangladés, se acercan varias personas para tomar fotos con las mujeres, hermosísimas en su sari[2] de colores. Les digo que me encantaría ser elegante como ellas. En menos de media hora R., que había conocido pocos días antes de ese momento, me invita a su casa, me presta un bellísimo vestido, me maquilla y regresamos a la fiesta en donde ahora, todas las bangladeses quieren tomarse selfie conmigo y los italianos me miran como si fuera una “freak”. Veo una señora italiana ya mayor, vestida con ropa típica africana, me lanza una mirada cómplice”.

Más que la pena inicial, gana el sentimiento de valentía, y de acabar de utilizar una estrategia que nunca hubiera podido planificar. Gracias a esta mujer que me propuso vestirme como ellas, los demás vieron afuera mi deseo interior. Lo cual me hizo reflexionar sobre el manejo de las percepciones externas: todos somos extranjeros. La apropiación cultural es un tema muy delicado. Las situaciones siempre pueden ser leídas desde ángulos diferentes. Cuando vestía el traje prestado por R., he mezclado las cartas en la mesa, y cambié las distancias. Las mujeres bangladeses parecieron todas muy felices de verme así, se acercaban, me platicaban, era como estar vistiendo un canal para que ellas pudieran acercarse a mi. Los italianos, sin embargo, no parecieron apreciarlo, creo me consideraron irrespetuosa, rara, a través de sus miradas no me hicieron olvidar quien soy, que no aplico, que soy diferente. En otras ocasiones en donde habían muy pocos o ningún italiano, poco tiempo después, adaptar mi código de vestimenta se volvió una costumbre inmediata, tanteando en el terreno del encuentro cultural.

  • Diario de campo: Roma, 14 de junio de 2016. “Tenía cita con Priyesh para la entrevista, luego me cancela, luego me dice que vaya, pero tiene un problema. Decido ir. Después de todo, lo conozco desde hace años y nunca he visto donde trabaja. Llego a uno de estos miles de Bed & Breakfast escondidos en los viejos edificios reconvertidos de Piazza Vittorio, pegado a la columnata de la plaza. Priyesh está ahí, en la recepción. La jefa de Priyesh es china y se han peleado, y quieren que yo medie por ellos, los dos están muy enojados. Aunque la fascinación de estar viviendo en una novela de Amara Lakhous me agarra por unos momentos, recuerdo mi objetivo.”

Me sentía en una película, o bien en esta novela que tanto amo “Clash of Civilizations over an elevator in Piazza Vittorio”, estoy fascinada, me siento Indiana Jones en una parte de Roma poco frecuentada por los italianos, y descubro, se me perdone la banalidad, que ahí también la gente vive sus vidas, tiene sus dramas y victorias cotidianas. Reconozco el proceso de exotización que por tanto que quisiera evitar, ahí está. Y una vez reconocido, puedo actuar de consecuencia. Bien la curiosidad, mal el morbo. Reduzco la distancia alejándome. Reconociendo al Otro su “extraneidad”, sin por ello ponerlo arriba o abajo, sino a la par, y buscando constantemente el equilibrio de la relación a través de la conciencia de las formas implícitas de poder dadas por los roles, las proveniencias, las relaciones, las apariencias, el género.

  • Horas de grabación en las cuales se escuchan llamadas en bengali, entrevistados que discuten en su lengua sobre la respuesta apropiada que me van a dar durante una mediación, gente que pregunta “¿ella entiende?” que es, junto con otras pocas cosas, lo único que entiendo, y digo “no”, pero luego pienso que entender la palabra “entender” y responder que no, quizás sea un error.

Aprendí a tolerar la frustración de estar horas sin entender una palabra de lo que está diciendo la gente. (a no ser de que hablen de los días de la semana, o de alguna comida, en ese caso, si, entiendo). Aprendí a concentrarme en otras cosas. Observé como se disponen y hacen diferentes uso del espacio hombres y mujeres, hinduistas y musulmanes, jóvenes y ancianos. Cómo se tratan a las personas externas a la comunidad, sus fronteras a veces porosas, a veces visibles y físicas. De qué forma se vive el tiempo, y como está marcado por eventos. Cómo se empieza y termina una conversación, la manera de comer. No me aburrí nunca.

  • Diario de campo: Roma, 1 de julio de 2016

“El día del partido Italia-España estaba esperando a mi entrevistado Kamlesh, que me llama a la hora de la cita para decirme que había olvidado que había el partido y que llegaría después. En la espera, Italia mete su gol del 2 a 0 y un muchacho bangla sale gritando “Italia! Italia!” . Era la tienda de un barbero, habían unos 10 hombres, todos bangladeses, juntos alrededor de una pantalla, todos por Italia. Pasa una joven italiana que me dice “cómo si ahora hasta quieren apropiarse de nuestro equipo! Ellos no son italianos, que creen!” Le contesto algo cáustico, pero otra vez recuerdo el objetivo, sonrío y miro para otro lado.”

Estoy investigando, no estoy aquí para pelearme con una desconocida. Rabia. Control. Rabia. Me centro en otra cosa para no pensar en esta chica porque si, me hubiera encantado sentarme con ella y hablar. Por el partido, sólo hay una felicidad auténtica y sincera de que esta gente pertenece, el fútbol es un agregador sin iguales y en Italia, a veces, puede ser más importante tu equipo que el color de tu piel. Pienso que Kamlesh siempre se quedó pensando que se quería ir para Londres y nunca lo hizo, pasaron 20 años y aún seguía en Roma. Este partido tan importante me hace conectar con una frase que me dijo una vez cuando le pregunté porque él se había quedado: “No sé porqué sigo aquí. Puede que me hice más italiano de lo que quería, amo demasiado a este lugar”.

Parafraseando a Renzo Carli (2003), es fundamental en el trabajo que sigue la experiencia, la organización a través de categorías capaces de otorgar sentido a la relación, que concreta la experiencia misma. Es decir, “pensar las emociones” y las simbolizaciones afectivas o sea, los procesos que fundan la relación con el real como competencia metodológica para construir hipótesis acerca de la relación. En este sentido, el reto consiste en reconocer-se en relación con individuos, contextos, comunidades y, a partir de ello, insertarlas en el corpus teórico que hemos estado tejiendo antes y después de nuestro contacto con el campo.

No todo sirve para el capítulo, pero todo sirve al proceso de conocimiento.

Incluso leer y revivir el campo desde el escritorio, en una etapa necesaria de asentamiento de la experiencia, puede ser muy emocionante, capaz de enseñar cosas que cuando estábamos allá con cuerpo y alma todos enteros, no podíamos entender.

Reconocer y tomarse un tiempo para las muchas emociones por las cuales pasamos como investigadores, nos hace más conscientes, más capaces de organizar las informaciones, menos desubicados. Ignorar que la labor con las personas implica un gran trabajo emocional, tiene la consecuencia de un desgaste que presenta la cuenta a través de distracciones, malentendidos, huecos de razonamiento. Hace falta recordar que de humanos tratamos y humanos somos, y la fascinante complejidad que se desprende de este enlace, hace que no existan dos experiencias iguales, y por eso merece la pena estudiarlas.

La lógicas académicas implican entrega y cierre entro un marco necesariamente limitante, sin embargo, no se debe seguir confundiendo el concepto de útil en su derivación materialista, ya que la capacidad de insertar la conciencia emotiva en los conocimientos teóricos es quizás una de las metas más altas que como investigadores podamos perseguir.

[1] Todos los nombres de personas y lugares han sido alterados para proteger la privacidad de los sujetos;

[2] Traje típico del subcontinente indio;

H.R. 495 – LEY DE PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS 2017: ¿Protección de la niñez o solución al problema de la migración infantil irregular?

Por Chantal Lucero Vargas

 chantallucero@gmail.com

         En el año 2008, el Congreso de los Estados Unidos de América aprobó la Ley William Wilberforce de Reautorización para la Protección de las Víctimas de  Trata de Personas o lo que se conoce como William Wilberforce Trafficking Protection Reauthorization Act of 2008. Si bien esta ley se creó con la finalidad de implementar mecanismos en relación a la protección a las víctimas de trata, la misma tiene un apartado especial con el fin de mejorar los esfuerzos para combatir el tráfico de niños en la frontera y los puertos de entrada a los Estados Unidos, estableciéndose con ese objetivo la implementación de políticas y procedimientos para asegurar que los niños extranjeros no acompañados (UAC_) que llegaban a territorio norteamericano, fueran repatriados en forma segura a su país de origen o al país de su última residencia habitual.

         Esta ley tiene dos vertientes: la primera es en relación a los niños menores no acompañados provenientes de países contiguos a Estados Unidos (México y Canadá). Para estos niños no es necesario llevar a cabo un procedimiento formal de remoción (repatriación), esto es, cuando un menor extranjero es detenido, el oficial de inmigración deberá verificar primeramente: a) que el menor no haya sido víctima o que no haya pruebas de que será víctima de una forma grave de trata de personas; b) que el menor no tenga temor de regresar a su país de origen o al país de su última residencia habitual y; c) que el niño sea capaz de tomar la decisión de retirar la solicitud de admisión a territorio norteamericano. Si no se cumple ninguna de las anteriores hipótesis, el oficial de inmigración tiene la libertad de tomar la decisión de regresar al niño a su país de origen o al país de su última residencia habitual sin que medie ningún procedimiento formal de remoción de por medio. Para lo anterior, la misma ley estipula que la repatriación de estos menores se hará con base a acuerdos que se pactarán entre el Secretario de Estado de  los Estados Unidos y los gobiernos de México y Canadá, respectivamente.

         La segunda vertiente, por exclusión, es la que se lleva a cabo en relación a niños migrantes no acompañados provenientes de países no contiguos a Estados Unidos. Una vez que estos niños son detenidos en territorio norteamericano, se tiene un lapso de 48 horas para determinar si el mismo cumple con alguna de las características mencionadas anteriormente, si no cumpliera con la misma o no se pudiera hacer determinación alguna dentro de las 48 horas señaladas, el niño deberá ser transferido al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) para que se le inicie un procedimiento formal de remoción.

         Estados Unidos ha sido el país de destino por excelencia de todo aquel inmigrante irregular proveniente de  México y Centro América. En lo que respecta a la migración infantil irregular, la anterior ley da la pauta para hacer una distinción entre los niños migrantes no acompañados provenientes de algún país contiguo, en este caso México, y los provenientes de cualquier otro país como por ejemplo Honduras Guatemala y El Salvador. En este sentido, desde el año 2000 la migración infantil no acompañada proveniente de alguno de estos países y principalmente de México, iba en aumento. La Ley William Wilberforce de Reautorización para la Protección de las Víctimas de  Trata de Personas de 2008, si bien se creó para proteger a los menores de ser víctimas de trata, parecería que respondía mas bien al número elevado de menores migrantes no acompañados que se registraba en la región en ese momento y a la preocupación de que no se estuvieran analizando adecuadamente las razones por las que no se debería regresar a sus países de origen a estos menores no acompañados.

         Según cifras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), para el año fiscal 2008, año en que se aprobó la Ley de Reautorización para la Protección de Trata de Personas en comento, se detuvieron por parte de la Patrulla Fronteriza en la frontera entre Estados Unidos y México 8,041 menores migrantes que viajaban en calidad de no acompañados, la mayoría provenía de territorio mexicano (Kandel, 2016). En los años subsecuente esta cifra fue en aumento, sin embargo, estos menores migrantes ya no provenían en mayor medida de México, sino de Honduras, Guatemala y El Salvador. El año 2014, en particular, fue un parte aguas para esta migración ya que el entonces Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, decretó las 71,000 aprensiones realizadas por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos de menores migrantes no acompañados entre el primero de octubre de 2012 al 31 de mayo de 2014 como una emergencia humanitaria. (Notimex, 2014).

Chantal

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Departamento de Seguridad Nacional. Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, 2017.

         A partir de lo anterior, hubo una baja en las detenciones por parte de la Patrulla Fronteriza de niños migrantes no acompañados. Lo anterior en mayor medida se debe a las acciones tomadas para frenar la migración irregular, entre ellas el endurecimiento de la vigilancia de la Frontera Sur, tanto de Estados Unidos como de México, sin embargo, a pesar de la disminución de las cifras en relación a las detenciones de este grupo migratorio en específico, la migración infantil no acompañada seguía siendo una población que representaba un problema para Estados Unidos.

         El 20 de enero de 2017 el Republicano Donald Trump tomó posesión como el Presidente número 45 de los Estados Unidos de América. Su campaña estuvo marcada por un discurso anti-inmigrante y por estar en contra de las políticas de inmigración que prevalecían en ese entonces. Por lo anterior, no es de extrañarse que el Congresista Republicano por el Estado de Texas, Jhon R. Carter, el 12 de enero de 2017, esto es, 8 día antes de la toma de posesión del Presidente Trump, introdujera ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el proyecto de ley H.R. 495 o lo que se conoce como Protection of Children Act of 2017.

         Entre las reformas establecidas en este proyecto para ser aplicadas a cualquier niño no autorizado aprehendido en o después del 15 de junio de 2012 se encuentran:

         a). Eliminar los requerimientos especiales de repatriación para niños extranjeros no acompañados, esto es, si algún oficial de inmigración encuentra a un niño extranjero no acompañado inadmisible, este devolverá al niño a su país de nacionalidad o de su última residencia habitual. Actualmente esa autoridad es discrecional.

  1. b) Autorizar al Departamento de Estado para negociar acuerdos entre los Estados Unidos y otros países para la repatriación de niños. Actualmente el Departamento de Estado sólo está autorizado para negociar acuerdos con países contiguos (Canadá y México).
  2. c) Implementar nuevas reglas en relación a los niños extranjeros no acompañados que no sean víctimas de una forma grave de trata de personas y que no tenga temor de regresar a su país de nacionalidad o última residencia habitual pero que se encuentren en las siguientes hipótesis: 1). Si el niño extranjero no acompañado estuviera sometido a un procedimiento de expulsión, tendrá una audiencia ante un juez de inmigración dentro de 14 días y; 2) Si se encuentra en custodia federal, será transferido a la custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) dentro de 30 días.
  3. d) Los niños extranjeros no acompañados que se encuentren bajo custodia del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) o del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tendrán acceso a asesoría legal sin costo para el gobierno de Estados Unidos.

         e)Antes de colocar a un niño extranjero no acompañado con un individuo, el Departamento de Salud y Servicios Humanos deberá de proporcionar al Departamento de Seguridad Nacional el nombre del individuo, número de Seguro Social, fecha de nacimiento, lugar de residencia y estado de inmigración, si se conoce. Por lo anterior, el Departamento de Seguridad Nacional investigará el estatus migratorio del individuo con quien se coloca al niño y iniciará los procedimientos de remoción si ese individuo está ilegalmente presente en los Estados Unidos.

         ¿Pero, qué es lo que verdaderamente busca la H.R. 495? ¿Son estas medidas necesarias para la protección de los niños extranjeros no acompañados detenidos en Estados Unidos? No se debe pasar por alto que este grupo en específico, el de los niños migrantes no acompañados, es un grupo sumamente vulnerable, no solamente al tráfico de personas sino a un sin fin de peligros durante todo su proceso migratorio. Las causas relacionadas a esta migración son de diversa índole sin embargo, entre las principales se encuentran las altas tazas de criminalidad (sobre todo en países como Honduras, Guatemala y El Salvador), el alto índice de pobreza, así como la presencia sostenida del crimen organizado y de pandillas (IFRC, 2016; UNICEF México, 2014; Amnistía Internacional, 2013). Lo anterior pone de manifiesto que la mayoría de estos niños migran al verse en la necesidad de salvar su vida ante la violencia sistematizada que presentan sus países de origen y la pobreza, muchas veces extrema, que se vive en los mismos.

         El Foro para la Inmigración Nacional (2017) ya se ha pronunciado respecto a esta propuesta de ley manifestando que, más que frenar el tráfico de personas, lo que busca es legalizar la repatriación expedita de menores extranjeros no acompañados que son incapaces de probar que han sido víctimas de tráfico de personas o tienen un temor fundado de regresar a sus países de origen. Bajo esta tesitura, esta propuesta de ley sólo los hace más vulnerable a los traficantes y criminales, lo anterior sin contar los efectos negativos provocados por una detención prolongada (LIRS et al., 2017).

         Si esta iniciativa de ley se llegara a aprobar en el Congreso, ya no habría diferencia entre niños extranjeros no acompañados provenientes de países contiguos y los provenientes de cualquier otro país, provocando con esto una restricción al acceso a un procedimiento formal de remoción para aquellos niños procedentes de algún país no contiguo a Estados Unidos,  en el cual el menor pudiera ser escuchado y fundamentar por qué su vida correría peligro si se le regresa a su país de origen. Lo anterior cobra especial relevancia para los niños no acompañados provenientes de alguno de los países del Triángulo del Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) donde la violencia y las pandillas, como ya se mencionó anteriormente, van en aumento.

         También, se ampliarían los tiempos de detención de estos menores migrantes no acompañados, lo anterior permitiría al Departamento de Seguridad Nacional retener a un menor hasta por 30 días. En relación a lo anterior, se ha demostrado que someter a un niño a un largo proceso de custodia tiene un impacto negativo en la salud física y mental del mismo, aunado a que estos niños, al momento de la detención, pueden presentar depresión, períodos de estrés, pérdida de apetito y trastornos relacionados con el sueño (NIF, 2017).

         Otra de las consecuencias de esta ley sería que los menores extranjeros no acompañados que se encuentren bajo custodia del gobierno de los Estados Unidos, si bien pueden tener acceso a una representación legal, la misma ya no sería responsabilidad del Departamento de Salud y Servicios Humanos, como ha venido siendo hasta ahora. Si bien el niño tiene el derecho de una representación legal el Estado ya no tendría la obligación de brindársela, pudiendo dejar con ello en un total estado de indefensión a estos niños migrantes no acompañados.

         Por último y no menos grave es la responsabilidad de informar al Departamento de Seguridad Nacional la información referente al estatus migratorio de la persona que tendrá la custodia del menor mientras se regula su situación migratoria, si esta persona tuviera un estatus migratorio irregular, se procederá de inmediato el procedimiento para su deportación. Una de las consecuencias de lo anterior sería la restricción al principio de  reunificación familiar debido a que muchos padres o familiares del menor, derivado de su irregularidad migratoria, preferirían que éste quedara en custodia de un extraño por el temor ha ser deportados.

         Actualmente esta propuesta de ley se encuentra en su etapa inicial, sin embargo la misma no es un hecho aislado. A esta se suma la también propuesta de ley H.R. 391 conocida como Asylum Reform and Border Protection Act of 2015 la cual, entre otras cosas, prohíbe a los menores extranjeros no acompañados solicitar asilo si los mismos pueden ser enviados a un tercer país, así como también  la cancelación por parte del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos del Programa de Menores Centroamericanos (CAM). Dicho programa cancelado tan solo el 16 de agosto pasado, permitía establecerse en el país a menores de El Salvador, Guatemala y Honduras que venían huyendo de la violencia, incluso podían acogerse a este programa niños a los que incluso se les había negado la condición de refugiados. Este Programa tuvo sus orígenes en el año 2014 bajo la administración del entonces  presidente Barack Obama en respuesta a decenas de miles de menores no acompañados y de familias de Centroamérica que cruzaron la frontera entre EEUU y México. Con la suspensión del CAM, los más de 2, 700 niños que esperaban una aprobación, la mayoría provenientes de El Salvador, tendrán que ser regresados a sus países de origen (Rosenberg, 2017).

         La migración infantil, principalmente la no acompañada, es un fenómeno que va en aumento. En esta tesitura, las actuales propuestas de leyes bajo la administración del Presidente Donald Trump en relación a la niñez migrante no acompañada, no hacen mas que acrecentar la vulnerabilidad de los mismos y restringir sus derechos, poniendo en una incertidumbre el futuro de estos niños una vez que llegan a territorio norteamericano. Las anteriores circunstancias, como bien lo señala Kandel (2017) plantean desafiantes cuestiones de política que pueden poner en duda qué se hace bajo la premisa de “el interés superior del niño” contra lo que es permisible bajo la Ley de Inmigración de Estados Unidos y otras leyes relativas a la materia

 

REFERENCIAS

         Amnistía Internacional (2013). Migrantes en México: Viajes Invisibles. consultable en:  https://www.amnesty.org/es/latest/news/2013/10/migrants-mexico-invisible-journeys/

         Congreso de los Estados Unidos de América. H.R. 495 – Protection of Children Act of 2017. Consultable en: https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/495

         Congreso de los Estados Unidos de América. H.R. 391 – Asylum Reform and Border Protection Act of 2015. Consultable en: https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/391

         Departamento de Estado de los Estados Unidos. William Wilberforce Trafficking Protection Reauthorization Act of 2008. Consultable en: https://www.state.gov/j/tip/laws/113178.htm

         Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (2014). UNICEF por los Derechos de la Niñez Migrante. Consultable en: http://www.unicef.org/mexico/spanish/proteccion_12170.htm

         International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (2016). Smart practices that enhance resilience of migrants. Consultable en: http://www.ifrc.org/Global/Publications/migration/Smart-practices-summary-report_EN.pdf

         Kandel, William A. (2016). A resurgence of a Unaccompanied Alien Children?. Consultable en: https://fas.org/sgp/crs/homesec/IN10493.pdf

         Kandel, William A. (2017). Unaccompanied Alien Children: An Overview. Congressional Research Service. Consultable en: https://fas.org/sgp/crs/homesec/R43599.pdf

         Lutheran Immigration and Refugee Service, Kids in Need of Defense and the Women’s Refugee Commission (2017). Statement of The Protection of Children Act of 2017. Consultable en: https://supportkind.org/wp-content/uploads/2017/06/6.21.2017-LIRS-WRC-KIND-statement-Protection-of-Children-Act-FINAL.pdf

         National Immigration Forum (2017). Protection of Children Act of 2017. Consultable en: http://immigrationforum.org/blog/protection-of-children-act-of-2017-bill-summary/

         Notimex (2014). En 20 meses, más de 71 mil menores detenidos en frontera EUA-México. uniradioinforma.com 3 de junio de 2014. Consultable en: http://www.uniradioinforma.com/noticias/estadosunidos/273484/en-20-meses-mas-de-71-mil-menores-detenidos-en-frontera-eua-mexico.html

         Rosenberg, M. (2017). EEUU cancela programa ayuda a menores centroamericanos que huyen de violencia. Reuters. Consultable en: https://lta.reuters.com/article/domesticNews/idLTAKCN1AW2QU-OUSLD

         Sperber, M. y J. Bruggeman (2017). The Protection of Children Act is anything but. The Hill 15 de agosto de 2017. Consultable en: http://thehill.com/blogs/pundits-blog/international/339203-protection-of-children-act-or-protection-of-traffickers-act